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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 27 de mayo de 2017

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Francisco Luis Redondo Álvaro

Francisco Luis Redondo Álvaro nació en Úbeda (Jaén), el 20 de diciembre de 1938. Doctor en Medicina y Cirugía, hizo su especialidad en Nueva York y el doctorado en Bolonia, como colegial del Colegio de España. Tras una breve estancia en Lausanne, ha ejercido en Madrid, en donde se licenció también en Filosofía y Letras. Ha sido profesor en la Universidad Complutense, ha publicado libros de medicina y numerosos trabajos científicos, en revistas españolas y extranjeras, y ha sido elegido miembro de diferentes sociedades científicas internacionales. Fue Secretario General de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas, desde 1997 a 2001.

El profesor italiano Arnaldo Cherubini, de la Universidad de Siena, escribió sobre el autor: "En su exposición clara y su estilo preciso hay también una erudición amable, acompañada siempre de una simpática ironía. Cualquier relato suyo basta para intuir la calidad del narrador, en la invención, forma, diálogo y ambientación". En la presentación de su novela en Madrid, el Prof. José Luis Moralejo comentó que "está llena de ingenio y del mejor humor, algo que apreciarán cuantos creen que la primera obligación de un escritor es no aburrir a sus lectores". Y el Prof. José Biedma escribió sobre sus relatos cortos: "Lo que hay en estos encantadores relatos es la reflexión inteligente de un médico y profesor, culto y maduro, ofrecida limpiamente en un castellano trasparente, sobrio y correctísimo".

La opinión del propio autor sobre su quehacer, queda bien reflejada en el Epílogo de su novela Las increíbles vidas de Roberto Milfuegos: "para la persona que os habla, escribir nunca le pareció tarea urgente ni considerable ni necesaria, pero sí un hondo placer secreto. Me deleito en volcar sobre el papel algunas de las pocas claridades que me habitan o de los, todavía menos, demonios que me atormentan". Y, según la opinión de cualquier lector imparcial, es verdad que hay pocos demonios en la obra del Dr. Redondo, en la que todos los personajes son discretamente amables y hasta candorosos, porque él mismo confiesa que no sabe crear personajes malvados.

Según las palabras del autor: "en literatura, o se hace exactitud y claridad, o se hace belleza. Hay pocas cosas más. Las extravagancias, formales o de fondo, no significan nada. En ocasiones se ha de coquetear con la filigrana y la erudición, pero dentro siempre de la mesura. [...] Mi idea es escribir con sencillez y con la intención fundamental de divertir y distraer. Y, eso sí, ser exigente a la hora de rechazar el mal gusto, la coprolalia o la agresividad gratuita".

Hay una corta biografía del Dr. Redondo, y una muestra de su obra, en la antología de Aurelio Valladares y también viene mencionado en el Diccionario Biográfico Español.

Datos personales

Nombre: Francisco Luis Redondo Álvaro

Correo electrónico: franredal@telefonica.net

Correo postal: Madre Antonia Paris, 4-10º D. 28027 Madrid

Teléfono: 914044927

Datos complutenses

Vinculación

Centro

Inicio

1978

Fin

1991

Datos literarios

Obras

Premios y reconocimientos

(Sólo primeros premios)

- Primer Premio de Ensayo "Memorial Fernando Monasterio", 1993. Convocado por la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas.

- Primer Premio en el Concurso de Relatos "Gregorio Marañón", 1998. Convocado por el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

- Primer Premio en el XI Certamen Literario Nacional de Relato y Poesía. Convocado por Ibercaja, Zaragoza, 2008.

Traducciones

Bibliografía

- "Francisco L. Redondo": Resumen biográfico en el libro del Prof. Arnaldo Cherubini, "Medici Scrittori di Spagna, XV-XX secolo", 161-162. Siena: Ciso Toscano Editore, 2001.

- "Francisco Luis Redondo Álvaro". Resumen biográfico y fragmentos de su obra en La imagen de Úbeda a través del tiempo. Antología literaria, de Aurelio Valladares Reguero, 510-519. Úbeda: Editorial El Olivo, 2005.

Moralejo, José Luis (2010). En «Encuentro de profesionales sanitarios y humanistas». PSN Información, 34, p. 30-31.

Biedma, José (2004). «En torno a los cuentos de Francisco Luis Redondo Álvaro». Ibiut, 135, p. 10-11.

Enlaces en Internet

Otros datos de interés

Biblioteca de autor

El error en las pruebas de diagnóstico clínico (2002)

Science that jumps to measurement too soon is as unsound as science that ignores measurement too long (John Rodgers).     

Siempre hay, o debería haber, algunas razones para escribir un libro y, seguramente, muchas más para no hacerlo. Entre las primeras, que son de muy diverso gálibo, querría manifestar que algunas me son completamente ajenas. Se escribe a veces, y con perfecto derecho, simplemente para hacer curriculum, para opositar a una plaza, etc. Cuando se divisa ya el horizonte de la jubilación y se ha conseguido lo que estaba escrito, desde siempre, en el grand ruleau là-haut, al que tantas veces alude el escritor francés Denis Diderot en su Jacques le fataliste y la "partida" está ya casi acabada en lo profesional, es claro que esas razones concretas que insinúo no han operado sobre mí, en ninguna medida.

Lo he escrito sólo porque me gustan los números y ocurre que muchas pruebas diagnósticas, y desde luego casi todas las del laboratorio, ofrecen resultados que son numéricos y pueden ser tratados con los métodos habituales en la matemática. Incluso en los tests  binarios, con dos respuestas posibles únicamente, o los semicuantitativos, con varias, el tratamiento de los mismos, para calcular su valor diagnóstico, requiere operaciones matemáticas más o menos complejas. Estos resultados tienen que ser traducidos en información válida y esto reclama forzosamente la colaboración entre las personas que facilitan los números y las que los utilizan en su relación con el paciente. Es esta frontera, esta interfase la que tenemos presente al redactar este libro.

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La lógica en la interpretación de las pruebas diagnósticas (1989)

La característica más importante de las pruebas diagnósticas ha de ser su utilidad clínica. ¿De qué sirve que, en el terreno de los análisis de laboratorio, por ejemplo, se puedan ofrecer hoy día resultados de gran precisión y exactitud si éstos no diferencian claramente entre los sanos y los enfermos? Al médico no le interesa conocer, per se, la concentración en sangre de un determinado constituyente. Lo que quiere es disponer de razones y argumentos para clasificar correctamente a su paciente.

Un resultado concreto, ¿es sugestivo de una cierta enfermedad? ¿Con qué frecuencia se presenta entre los afectados? ¿Puede darse en un individuo completamente sano o en sujetos con otras enfermedades? Estas son las preguntas pertinentes y cuyas respuestas deben ser conocidas para que el médico integre racionalmente la información recibida del laboratorio o del Servicio de Radiología, etc., con el resto de los datos que ha ido obteniendo de su paciente en el camino hacia el diagnóstico.

Este libro trata, fundamentalmente, sobre el tratamiento lógico de los datos proporcionados por las diferentes pruebas complementarias. Se explican en él, sucintamente, algunas de las características de los tests cuya comprensión en profundidad es necesaria para la interpretación de los resultados.

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Antología de Juan José López Ibor (1961)

En los finales años cincuenta, la Editorial Doncel estaba publicando, con el título España y lo español, una colección de antologías en las que se trataba de seleccionar, en la obra de ciertos escritores españoles escogidos, todo lo que habían escrito en relación con el tema de España, su historia, su pensamiento, su cultura, sus raíces, etc. No eran sólo textos de carácter histórico, sino también meditaciones y pensamientos de los autores sobre la realidad española, en su sentido más amplio. Siendo yo todavía estudiante de Medicina, exactamente en el 1960, con veintiún años, y seguramente por esa circunstancia de mi formación médica, me encargaron hacer las antologías, separadas, de dos de estos escritores, médicos los dos: Santiago Ramón y Cajal y Juan José López Ibor. Hice la selección, catalogación y ordenación de los textos, escribí un prólogo-estudio para cada libro, pero la editorial cambió sus planes, abandonó la colección y quedaron sin publicar. Habían sido escritos por encargo, me pagaron por ellos, los mecanografió pulcramente una secretaria... y ahí los he tenido desde entonces, cuidadosamente guardados. En algún momento tuve la tentación de darlos a la imprenta, pero se me pasó enseguida.

Cada uno tiene algo más de cien páginas, tamaño folio (el normal en España en aquel tiempo, mucho antes de que se promulgara la norma ISO216, en el año 1975, que impuso el formato A4). En el prólogo dedicado a López Ibor escribí: una nota sobreabunda en la obra y caracteriza, sobre todo, el pensamiento de López Ibor: el optimismo, la confianza en el genio y la misión de España, el enamoramiento patriótico frente a su estilo.

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Antología de Santiago Ramón y Cajal (1961)

En los finales años cincuenta, la Editorial Doncel estaba publicando, con el título España y lo español, una colección de antologías en las que se trataba de seleccionar, en la obra de ciertos escritores españoles escogidos, todo lo que habían escrito en relación con el tema de España, su historia, su pensamiento, su cultura, sus raíces, etc. No eran sólo textos de carácter histórico, sino también meditaciones y pensamientos de los autores sobre la realidad española, en su sentido más amplio. Siendo yo todavía estudiante de Medicina, exactamente en el 1960, con veintiún años, y seguramente por esa circunstancia de mi formación médica, me encargaron hacer las antologías, separadas, de dos de estos escritores, médicos los dos: Santiago Ramón y Cajal y Juan José López Ibor. Hice la selección, catalogación y ordenación de los textos, escribí un prólogo-estudio para cada libro, pero la editorial cambió sus planes, abandonó la colección y quedaron sin publicar. Habían sido escritos por encargo, me pagaron por ellos, los mecanografió pulcramente una secretaria... y ahí los he tenido desde entonces, cuidadosamente guardados. En algún momento tuve la tentación de darlos a la imprenta, pero se me pasó enseguida.

Cada uno tiene algo más de cien páginas, tamaño folio (el normal en España en aquel tiempo, mucho antes de que se promulgara la norma ISO216, en el año 1975, que impuso el formato A4). En el prólogo dedicado a Ramón y Cajal, recogía yo la opinión de don Santiago de que "España es un país intelectualmente atrasado, no decadente", señalando que nuestra situación no reflejaba un agotamiento biológico irrecuperable, sino que era simplemente una constatación histórica pasajera y mudable. Quedaba así abierta la posibilidad, todavía, de una tarea, una 'misión española' en el mundo.

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Las trescientas entradas de mi blog Sobretarde (2016)

 

INTRODUCCIÓN

 

Ya anuncié que pensaba dar forma de libro a las primeras trescientas entradas de mi blog Sobretarde, con el título, precisamente, de Las trescientas. Para los que no lo recuerden, El laberinto de la fortuna (o Las trezientas), fue un poema del siglo XV, de 300 estrofas, escrito por el poeta Juan de Mena, nacido en Córdoba. En mi caso se trata de trescientas entradas o posts de un blog y el título sería una pequeña broma, un gesto cómplice al lector sabio en literaturas.

Aprovechando la capacidad del procesador de textos Word para contar palabras, diré que las de mi blog suman unas 230000. Considerando que mi novela Las increíbles vidas de Roberto Milfuegos, con 110000 palabras, tiene 363 páginas, el blog convertido en libro, que incluye además algunas fotos y esquemas, tendrá unas 800 páginas, lo que lo sitúa ya en el ámbito de la pura obscenidad. Podría decirse que creció demasiado, que se salió de madre. Claro que, por su índole, no es para ser leído de un tirón.

Siempre que publico un libro me cuestiono su oportunidad, su necesidad. Lector, no he sabido encontrar en este caso grandes razones que lo hagan imprescindible. Quizá se trata sólo de una pequeña vanidad más, de las muchas que pueblan nuestras vidas; la vanidad de creer que uno tiene cosas que decir. Y la verdad es que estoy convencido de que cualquiera, hasta el más humilde de los mortales, tiene algo que decir: de su poquedad, de sus sueños, de su descaecer, de sus derrotas. Lo que ocurre es que mucho de lo que decimos es de pobre valor y se lo podríamos ahorrar al prójimo, a los demás. También pienso que el ruido turbulento e irracional del mundo se ha hecho demasiado intenso y es difícil ya oír nada e inútil decir algo.

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Estudio sobre De morbis artificum diatriba, de B. Ramazzini (1983, 1999, 2003)

Última edición: Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo, Escuela Nacional de Medicina del Trabajo e Instituto de Salud Carlos III, 2003.

Se trata de un estudio, concebido como prólogo y presentación de esta importante obra, a la que se considera como el verdadero principio de la moderna Medicina del Trabajo o Medicina Ocupacional. Fue la primera publicación de la obra completa, en español y publicada en España, traducida directamente del latín original por los profesores José Luis Moralejo y Francisco Pejenaute, utilizando la edición de Padua de 1713 y con la incorporación de una biografía del autor, escrita por su sobrino Bartolommeo Ramazzini. Se muestran los primeros párrafos del estudio.

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Historia inicial de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (1999)

Madrid: Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (Asemeya), 1999

Este libro fue escrito durante el tiempo en que fui Secretario General de la Asociación y recoge su historia desde su fundación. Está, sin embargo, dedicado especialmente a los años iniciales, desde 1928 hasta 1943, aunque se ofrecen datos hasta la fecha de su publicación, en 1999. He escogido unas páginas para dar una idea de la obra, de su carácter y de su orientación.

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Una noche en Nueva York (2004)

Málaga: Grupo editorial 33, 2004.

Este fue mi primer libro de relatos, con el primero de ellos, Una noche en Nueva York, que da título al volumen, muy influenciado por mi prolongada estancia en esa ciudad. Como se decía en la Carta al lector, que va al principio, eran relatos amables y casi siempre esperanzados. Tomo algunas líneas de las solapas de cubierta.

En este libro se recogen algunas narraciones, salpicadas con detalles de amena erudición y evidente preocupación por los aspectos más formales de la literatura, que pretenden capturar desde el primer momento la atención del lector. Una noche en Nueva York, Marina / Deneb, Alucinación o Las investigaciones del Prof. Rubén Cisnal, se desenvuelven en  una atmósfera de ensoñación, irrealidad y misterio. En Adonis, las resonancias clásicas son inmediatas y poderosas, mientras que en El espontáneo, Paquita o La timidez del Secretario, lo que predomina es un humor suave, inteligente, sugeridor y nunca hiriente. Goethe en el Guadalquivir o Viaje en un tren nocturno son más intimistas y tiernas, entramadas sobre delicados recuerdos infantiles.  En De Beirut a Damasco se intensifica el lirismo presente en todos los relatos. 

     Literatura escrita, sobre todo, a pesar de sus nada oculta complejidad, para distraer y llevar suavemente a mundos extraños e inolvidables, casi nunca inquietantes. Se muestran las primeras páginas del primer relato:

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La solución está en Shakespeare (2005)

Málaga: Grupo Editorial 33, 2005.

No resulta evidente por qué o para qué se escribe un libro y es cauto suponer que las motivaciones y las finalidades son muy diversas. En mi caso, dice el autor de esta obra, lo hago siempre tras vencer una innegable resistencia y preguntándome sinceramente qué derecho me asiste al arrogarme este papel de autor. Lo primero que uno tiende a plantearse es si, viviendo en el mundo en que vivimos, el escribir ficción es disculpable. Me ampararé aquí, por citar a alguien, en la autoridad de Álvaro Cunqueiro, que dijo que "en la aspereza de la vida cotidiana, soñar es necesario". Estoy de acuerdo y pienso que soy simplemente un donante ocasional de sueños, para aquellos que los requieren, que los entienden, que los precisan. ¿Y por qué yo? Pues sólo porque tengo algún tiempo y me gusta compartir mis fantasías. Al fin y al cabo -me digo para tranquilizarme-, he leído infinitamente más que he escrito.

En esta obra se recogen diez relatos. El que da título al volumen, La solución está en Shakespeare, es una trama policíaca en la que un perspicaz escritor cree descubrir una angustiosa petición de auxilio, a través de las citas de Shakespeare esparcidas en la correspondencia de un cultísimo médico de más de noventa años. Se llega finalmente a la verdad gracias a una secuencia implacable de razonamientos e intuiciones. El amor, entendido en su sentido más amplio, luminoso y libre, es el que vertebra Pierrot en el parque y Carta de amor. De la Fortuna y el Tiempo reconstruye poéticamente, con una esmerada prosa, la estancia del emperador Carlos V en Yuste, mientras que Semana Santa en Úbeda recrea la ciudad y la llena de fantasía y nostalgia, mezclando hábilmente realidad y ficción. Las restantes narraciones -La perplejidad del meteorólogo, Don Apolonio, El Dr. Fernández y el médico bohemio, Una ducha potente y Desfile de modelos- se desarrollan en muy diferentes ambientes y sólo tienen en común un humor ligeramente desenfadado, a veces crítico y siempre amable. Se ofrecen ahora las primeras páginas del primer relato del libro:

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El secuestro del sabio (2006)

Málaga: Grupo Editorial 33, 2006.

Mi tercer libro de relatos es del 2006. De su Carta al lector, tomo lo siguiente: A mí me gusta escribir cuentos amables, bienintencionados, y no me importa mucho que la vida vaya muchas veces por otros caminos. No se escribe ficción para retratar la vida; se escribe para suplantarla, para olvidarla, para intentar cambiarla, aunque sea con la más candorosa modestia. En cuanto a las tramas o finales felices en la literatura, hay diversos gustos. En el segundo acto de La importancia de llamarse Ernesto, de Óscar Wilde, Cecilia dice claramente que a ella no le gustan las novelas que terminan felizmente, que eso la deprime mucho. En cambio, la Srta. Prism, que había escrito una novela, aunque no llegó a publicarla, aclara que, en ella, los buenos acababan bien y los malos mal. "Eso es lo que quiere decir ficción", añadía. A mí, en la ficción, me gusta que las cosas sean así. Y también me gustaría que fueran así en la realidad.

En la solapa de este libro, se puede leer: El secuestro del sabio narra las sucesivas e implacables deducciones de un físico secuestrado, elaboradas con estricta lógica científica a partir de detalles aparentemente banales, que le llevan a descubrir el lugar exacto de su cautiverio, logrando así su liberación. Dirvashi, El hilo y el laberinto, Investigaciones sobre la memoria y Una foto de amigos se desarrollan en ambientes levemente oníricos, en los que resulta difícil distinguir entre la realidad y una fantasía casi siempre muy cercana al límite de lo posible. El gran Juicio y El solitario remiten a conceptos y sentimientos tan viejos como nuestra propia cultura. Teresa es un tierno y esperanzador apunte social de innegable actualidad. Como es frecuente en otros libros del autor, no podía faltar el humor, que llena los relatos titulados Sesión literaria sobre el planeta de los toros, Historia de un cálculo renal, El muchacho del hacha y Crónica verdadera de los famosos descubrimientos de la Academia de Magnetismo Astragalomántico. En definitiva, literatura amena, escrita siempre con la máxima consideración intelectual para el lector. Se copian ahora las primeras páginas del primer relato:

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Las increíbles vidas de Roberto Milfuegos (2009)

Málaga: Grupo Editorial 33, 2009.

Esta fue mi primera novela, aunque quizá tenga una estructura algo peculiar; hasta entonces me había dedicado al relato. En cuanto al mérito de este último género literario, mencionaré que, frente a una posible infravaloración del mismo en el pasado reciente, Augusto Monterroso ha dicho, con ironía y evidente exageración, a mi juicio, que "la novela es una buena preparación para escribir relatos y no al revés". También Gabriel García Márquez escribe, en el prólogo a Doce cuentos peregrinos, que "el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela". Todos los que escriben relatos están, por una vez, completamente de acuerdo.

Pero no todos piensan igual. A Arthur Schnitzler -médico, autor de un fino e inteligente relato titulado La Ronda, llevado luego deliciosamente al cine por Max Ophüls- su padre, también médico, famoso en la Viena de finales del siglo XIX, le regañaba por no escribir novelas. En cualquier caso, la narración de largo alcance, la novela, me tentaba desde hacía tiempo y al final traté de hacer una.

Mi novela tiene un tinte, un aire de farsa, que ni pude ni quise remediar. Como se dice en su contraportada, casi todos los personajes -las máscaras- que intervienen en esta farsa son gentes aturdidas y hasta desquiciadas por la literatura. Han leído mucho y en sus vidas perdura un mundo de fábulas y leyendas, que les ronda y persigue incansablemente. Hay en ellos un cierto grado de unworldliness, de alejamiento de la cotidianidad, como si no pertenecieran por entero al mundo real.

Son máscaras, muy distintas de aquellas de la tradición medieval o italiana, a las que sorprendí cuando buscaban una oportunidad para reinventar, en estos tiempos nuevos, los viejos enredos. Hay un muy atenuado reflejo de aquel Dottore de la commedia dell'arte, aunque el de hoy no es nada pedante y sólo es pródigo en recuerdos y melancolías. Y podrían verse trazos del Meneghino lombardo o del Gianduia piamontés en el D. Fernando de nuestra historia. Pero aquí se trata de un hombre moderadamente sabio, que fustiga a la sociedad en la que vive, a la que en ocasiones trata de burlar utilizando sus propias trampas. Y hay, eso sí, enamorados como los de siempre, atolondrados y tiernos, que nada en el mundo es tan permanente e invariable como esa locura del amor: una Marta, ignorada durante años por el hombre a quien ama y que no se resigna a su suerte; una Marie Laure, golpeada por la desgracia, que encuentra alguna forma frágil de felicidad y olvido, y un Roberto de belleza insólita, mimado desde que nació y echado a perder entre todos. Al final, la ficción resultó una mezcla de planteamientos y de caprichos, de azar y necesidad; por eso fue tan divertido escribirla.

La novela tiene 363 páginas y la transcripción de cualquier capítulo aquí, daría una imagen muy parcial y tal vez distorsionada de la misma. Me limitaré a reproducir el prólogo, en el que se exponen algunas de mis ideas sobre la obra.

 

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Dos relatos para amigos (2009)

Madrid: Edición no venal, 2009.

Alguien, un buen amigo mío, animado sin duda por los más filantrópicos propósitos y con el deseo de contribuir a la difusión de mis escritos, me pidió que escribiera algo, para editarlo y enviarlo a los clientes de sus empresas, como regalo de Navidad. Naturalmente, accedí a lo que me pedía y así se publicó este pequeño libro, con carácter no venal. En uno de los relatos, el titulado Mis primeros pasos, muy basado en hechos reales, cuento mis experiencias iniciales en el complicado mundo de la edición. Hay en él también algunos pasajes, ligeramente disparatados, de fantasía y humor y he escogido uno de ellos para mostrarlo aquí.

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Don Juan de Bergerac (2011)

Publicación digital. Amazon, 2011.

Esta es una obra de ese teatro que podríamos llamar tradicional. Querría que la gente, el público, cuando entre en la sala, se olvidara del mundo de fuera, de las prisas y el torbellino de fuera. Para mí, la sala del teatro puede ser como un oasis, un refugio, en donde el tiempo transcurra lentamente, casi deteniéndose a veces. Y en donde las palabras y las hablas no sean las de todos los días, y los personajes tengan algo de especial, que los distinga de los que nos encontramos en la vida ordinaria. Ha sido así durante decenas de siglos y yo creo que sigue siendo así. En el fondo, apenas hay diferencia entre lo que vemos hoy en una sala de vanguardia y lo que ya contemplaron los griegos, cuando se extasiaban con Eurípides.

No tengo nada contra la realidad, pero entiendo que no es obligado copiarla continuamente. Vivimos en la realidad, no es fácil escaparse de ella, ¿por qué no podríamos tratar de olvidarla, de suplantarla, durante un par de horas, de vez en cuando? En algún sitio especial, en algún sitio único: en una sala de teatro.

Y no me importa engolfarme en los temas eternos, en los de siempre. Son eternos, precisamente porque nadie los ha resuelto aún, quizá porque no tienen solución. O tienen muchas y cambiantes, y cada uno tiene que encontrar la suya, la propia, la que fue creando y moldeando a lo largo de su vida.

El protagonista de esta obra es un Don Juan otoñal, bien conservado, antiguo y famoso actor de teatro, que vive solo en una residencia para mayores. Una joven y bella enfermera, Inés, es capaz todavía de despertar en él la pasión y el amor. Un amor sereno y dulce, en el que Don Juan sabe que no es el ganador de siempre y adopta más bien el papel resignado y tierno, esperanzado a veces, del Cyrano de Bergerac.

Teatro escrito para ser representado, naturalmente. Pero que, por su carácter y estructura, permite también la lectura sosegada y amena.

                                          

                                                                  

 

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Desaparición en el túnel (2011)

Publicación digital. Amazon, 2011.

Un joven médico de una ciudad del Sur de España, Úbeda, desaparece al cruzar con su coche un corto túnel, situado sobre el trazado de una antigua vía férrea que nunca se llegó a construir. El hecho es tan inexplicable que alguien incluso lanza la hipótesis de una posible abducción por extraterrestres.

Al conocerse la noticia, llegan a la tranquila ciudad gentes de la más variada condición: nigromantes, arúspices, videntes de todo tipo, y el lugar se convierte en un inmenso, mágico y divertido zoco en el que se intercambian sin tregua los discursos, los dineros, los augurios, las esperanzas, los engaños y las placenterías. Días más tarde, se repara en la simultánea desaparición de una guapa forastera, casi recién llegada a la ciudad, y todo toma un giro bien distinto. Finalmente, aparece un viejo y humilde recadero, que ha estado borracho y perdido desde que empezó todo. Sus declaraciones acaban de desenredar la madeja.

La historia está escrita con un humor delicado y la prosa alcanza momentos de singular belleza:

"Se vivía la bagatela, se actuaba al desgaire, se alimentaba sin descanso la farsa, reinaba imparable la albórbola y resucitaban en el alma de cada uno los más olvidados y reprimidos ensueños. La luna brillaba en un cielo sin nubes y su fulgor encandecía a las criaturas. Parecía como si la flauta del dios Pan sonara por todas partes, enloqueciendo a las gentes.

Las mujeres, núbiles y casadas, alindaban sus figuras, vestían sus mejores galas y enmelaban su trato, como presintiendo o anticipando dulces y escondidos romances habitualmente imposibles; deslumbrantes aventuras que, por la naturaleza de la situación, se entendía que habrían de ser forzosamente efímeras, lo que no las hacía menos deseables. Los hombres donjuaneaban incansables, en busca de amores nuevos, persiguiendo ilusiones pretéritas, que habían parecido dormidas por mucho tiempo. Las calles se poblaron de noctívagos, porque ninguno quería quedarse encerrado en la casa y perderse así el raro e inusitado espectáculo."

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El misterio de los editores (2011)

Publicación digital. Amazon, 2011. 

En estos relatos se narran las peripecias de muy diversos personajes en diferentes escenarios. Autores que se enfrentan a editores misteriosos y quizá perversos; jóvenes que descubren pronto los caprichos y la caducidad del amor o la presencia inesperada de la Muerte; viejos que agotan sencilla y responsablemente la vida; la aparición mágica y turbadora  de una diosa en un palacio romano del siglo XVI; el ambiente de la universidad de Bologna en esa misma época; la visita inexplicable a un paraíso secreto en Baviera; las andanzas de un médico lleno de humanidad, que recurre a los santos para poder ser liberal y generoso con sus enfermos, o las de otro médico que investiga una muerte absurda en un bar de Madrid. 

En muchos hay un humor delicado y tierno y en todos detalles de erudición que multiplican el interés de lo que se cuenta. En fin, literatura amena, escrita para distraer, pero con la máxima consideración intelectual hacia el lector y con el cuidado por la calidad del lenguaje, característico del autor.

 

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Apuntes sobre literatura (2013)

Publicada digitalmente en Amazon (febrero, 2013)

Estas notas son para mi uso personal, pero están escritas con la idea de que pudieran ser leídas, algún día, por un lector poco avisado o imprudente. Esto último no debe confundir o desvirtuar su principal objetivo o hacer injustificables las licencias que me tomo. Estas licencias se resumen, en la práctica, en una: no tengo ninguna intención -y por lo tanto obligación- de ser absolutamente completo, meticuloso o académico. Se trata de reflexiones surgidas al paso de lo que leo o me ocupa o preocupa en estos últimos tiempos. Lo cual no quiere decir, posible e improbable lector -de ahora en adelante, simplemente, lector-, que no me vaya a esforzar en hacerlas claras, comprensibles y razonadas; en la medida en que sea capaz de hacerlo, que ya se sabe que quod natura non dat, Salmantica non praestat.

Y están escritas pensando en un lector, porque anticipo ya que, después de bastantes meditaciones e indagaciones, estoy convencido de que es únicamente a los lectores -a lectores escogidos, cultos, pero no forzosamente especialistas en literatura- a quienes corresponde la última palabra en la valoración de las obras literarias. Léeme pues, lector, si me vas a leer, con el necesario cuidado, porque al final tendrás que opinar sobre todo. Ese es tu destino de lector inteligente y no lo puedes soslayar. El que avisa no es traidor.

Pienso, verdaderamente, que los lectores cultos -y desinteresados, imparciales, capaces de una límpida y fresca apreciación estética, no corrompidos por la literatura o la crítica profesional- tienen mucho que decir en la valoración de las obras literarias; para mi gusto, hasta más que nadie. Y se están creando las posibilidades de hacerlo, con las redes sociales y la facilidad para acceder a los nuevos medios de información y comunicación, que contrasta con la radical imposibilidad de hacerlo a los medios más tradicionales, en manos de la poderosa, todavía, industria de la edición.

Y tienen la responsabilidad de hacerlo, aunque al principio pueda parecer una batalla perdida. Los disparates en ese mundo de la edición son de tal calibre, los excesos tan notorios, los errores tan crasos, que, antes o después, se tendrá que imponer el sentido común. Un inteligente sirio, que llegó a Roma como esclavo y se hizo admirar allí como pensador y escritor de máximas, Publilius Syrus, escribió: iudex damnatur ubi nocens absolvitur (el juez resulta dañado cuando el culpable es absuelto). Los editores y los críticos son los responsables de las bastantes tropelías cometidas en este mundo de la literatura y su prestigio ha sido en muchos casos afectado. Por eso, los lectores, que son los mejores, si no los únicos, jueces en este asunto, serán los encargados de castigar tanto dislate editorial.

Claro que para eso necesitamos mejores lectores, pero los tendremos. Es más, me atrevería a decir que los tenemos ya. No son todos, pero son los suficientes. Sólo tienen que hacerse oír. ¿Y cómo son esos lectores en los que pongo tantas esperanzas? Pues no necesitan ser personas con un gran bagaje cultural o gran preparación académica. Simplemente, tienen que ser lectores que busquen algo más que distraerse con los libros, que quieran aprender algo; que se adentren en ellos con cuidado, con devoción, paladeando cada palabra y cada frase, buscando, esperando y persiguiendo con ardor la belleza. Nada más que eso. Y que valoren lo que les parezca valorable, no lo que valora todo el mundo, por moda o por dictado de la propaganda.

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Silva epistolar (2013)

Publicada digitalmente en Amazon (febrero, 2013)

He querido dar forma de libro a una selección de las cartas que he ido escribiendo a lo largo de toda una vida; a lo largo de los últimos años de una vida, más exactamente. Todo empezó con las que enviaba, siendo Secretario General de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (Asemeya), a sus miembros. Son las que, bajo el epígrafe de Cómo Secretario, os digo..., están incluidas en este volumen. Allí cuento más pormenorizadamente, en la Introducción, el origen de esta correspondencia y cómo empecé a sentirme casi obligado a publicarla, por cariñosos apremios de unos y otros. Copiaré ahora algunas palabras de ese lugar: "El ser humano también es generoso y amable en no pocas ocasiones y lo cierto es que muchos de los destinatarios de estas cartas me escribían, o me llamaban, para felicitarme por ellas y agradecerlas. Algunos de estos amigos llegaban un poco más lejos: me recomendaban, con todo interés y sinceridad, que las publicara. De hecho, llegó un momento en que, al escribirlas, pensaba ya que quizá alguna vez podrían ver la luz, lo que me llevó a cuidar aún más la redacción."

En mis conversaciones y correspondencia con el profesor italiano Arnaldo Cherubini, de la Universidad de Siena, que preparaba entonces un libro sobre los médicos escritores españoles, ya reconocí abiertamente un tímido propósito de imprimirlas. Así quedó recogido en la propia obra del italiano, publicada finalmente en Siena, en el año 2001, con el título Medici Scrittori di Spagna (XV - XX Secolo); en las páginas 161-162: "Le Cartas che periodicamente invia ai relativi membri costituiscono vere prove letterarie, che opportunamente Redondo penserebbe prima o poi di racogliere in volume. Traduzco: Las "Cartas" que periódicamente envía a los miembros (de Asemeya) constituyen verdaderas piezas literarias, que Redondo pensaría, antes o después, recoger en un volumen.

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Relatos con Úbeda al fondo (2013)

Publicada digitalmente en Amazon (marzo, 2013)

He incluido en este libro aquellos de mis relatos que tienen alguna relación con Úbeda, la ciudad en la que nací y en la que viví hasta mi adolescencia, cuando marché a estudiar a Madrid. Desde entonces, y sobre todo en los años de mi formación, cuando viví fuera de España, tuve que ir alejándome la ciudad.

Bueno, eso, suponiendo que me alejara de verdad, lo que podría no ser rigurosa y enteramente cierto. Borges afirmó que había una forma secreta del tiempo por la cual siguen con nosotros gentes que creen habernos abandonado. Quizá todo dependa de la memoria. Sin la memoria las cosas no existen; con la memoria la realidad se ensancha, se multiplica y las presencias pueden hacerse sutiles, invisibles y eternas.

En esa época de estudios en el extranjero, seguí escrupulosamente, sin saberlo, los consejos del poeta griego Kavafis en su poema Ítaca:

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca.

Se trata de una colección de relatos y no unas memorias. Algunos de los ubetenses, que aparecen en ellos son reales, pero no fácilmente reconocibles. Cruzan por las páginas sólo un momento y están deformados por las exigencias de la trama. A todos ellos los he recordado con cariño.

La relación de estos relatos con Úbeda es más o menos estrecha. En De Beirut a Damasco aparece, aunque sólo de manera tangencial, el nombre, sólo el nombre, de un personaje local, de la infancia, y eso bastó para incluirlo en esta colección. En cambio, en Mis antiguos encuentros con la muerte, el ubetense que aparece, de principio a fin, soy yo mismo; es un relato autobiográfico. En el inicio, el protagonista ha dejado su ciudad natal con quince años, se encuentra solo en Madrid y ha de enfrentarse a un problema insólito y amenazante.

Alguna de mis características personales las atribuyo al hecho de haber nacido en la bellísima ciudad andaluza. Estoy convencido de que soy como soy, la persona sencilla y sensible que creo que soy, en parte por el lugar en que nací. Lo he escrito en algún otro sitio y lo reitero ahora: No se puede vivir inmune frente a tanta belleza. Hemos tenido, lectores ubetenses, la suerte de habitar un trozo verdadero e intemporal del Ática, preservado por el capricho de algún dios benévolo.

Son, pues, relatos en los que, sin haberlo buscado, y a pesar de las distancias y el vuelo de los años, surgieron recuerdos de Úbeda y de sus gentes; gentes, claro está, de hace ya mucho tiempo. El libro es también, como suele suceder en estos casos, una vuelta a Ítaca, a esa Ítaca íntima y entrañable que todos guardamos, perdida en algún pliegue de nuestra memoria. A los griegos, que amaban el descuido y la libertad del viaje, les cautivaba igualmente la idea del retorno y se saludaban, diciéndose: ¡Larga vida... y que seas sepultado en la tierra en que naciste!

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Por si ayudaran... Volumen I

Publicación digital. Amazon, 2013.

Esta obra, formada por dos tomos de unas 450 páginas cada uno, ha ido surgiendo casi sin buscarlo y hasta con cierta sorpresa mía, a lo largo de estos últimos años; sobre todo a partir de mi nombramiento como Secretario General de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (Asemeya).

Por diversas razones, y más desde la asunción del cargo, he tenido que dar charlas o conferencias de carácter no profesional, no relacionadas con la medicina. En la mayoría de los casos las preparé con cuidado e interés y dieron lugar a textos más largos de los que razonablemente se podían leer en una intervención oral. Casi siempre me quedaban documentos y datos para escribir más detenidamente sobre el tema de que se tratara. Fruto de esas búsquedas y trabajos son estos ensayos, que son ampliaciones de charlas que he dado, más o menos obligadamente.

Representan un esfuerzo y una dedicación temporal a veces algo intensa, por lo que es entendible que les otorgue un cierto valor, de manera puramente personal y, desde luego, muy moderada. También pienso, sinceramente, que pueden distraer o interesar a alguien más, que pueden ayudar; de ahí el título que les puse Por si ayudaran... Se trata, y lo digo en mi descargo, de elaboraciones propias, que traducen mi manera de abordar y conformar ciertos campos de la realidad, que me han interesado a lo largo de toda una vida. Ese es su único, bien discutible mérito. Con todas estas precauciones, con todos estos avisos, se las entrego al lector. Detallo los diversos títulos que integran el primer volumen de estos ensayos.

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Por si ayudaran... Volumen II

Publicación digital. Amazon, 2013.

Esta obra, formada por dos tomos de unas 450 páginas cada uno, ha ido surgiendo casi sin buscarlo y hasta con cierta sorpresa mía, a lo largo de estos últimos años; sobre todo a partir de mi nombramiento como Secretario General de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (Asemeya).

Por diversas razones, y más desde la asunción del cargo, he tenido que dar charlas o conferencias de carácter no profesional, no relacionadas con la medicina. En la mayoría de los casos las preparé con cuidado e interés y dieron lugar a textos más largos de los que razonablemente se podían leer en una intervención oral. Casi siempre me quedaban documentos y datos para escribir más detenidamente sobre el tema de que se tratara. Fruto de esas búsquedas y trabajos son estos ensayos, que son ampliaciones de charlas que he dado, más o menos obligadamente.

Representan un esfuerzo y una dedicación temporal a veces algo intensa, por lo que es entendible que les otorgue un cierto valor, de manera puramente personal y, desde luego, muy moderada. También pienso, sinceramente, que pueden distraer o interesar a alguien más, que pueden ayudar; de ahí el título que les puse Por si ayudaran... Se trata, y lo digo en mi descargo, de elaboraciones propias, que traducen mi manera de abordar y conformar ciertos campos de la realidad, que me han interesado a lo largo de toda una vida. Ese es su único, bien discutible mérito. Con todas estas precauciones, con todos estos avisos, se las entrego al lector. Detallo los diversos títulos que integran el segundo volumen de estos ensayos.

 

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Mis primeros escritos

Alguien se podría preguntar por qué incluyo entre mis obras este libro, de posible título Mis primeros escritos, sin tener intención alguna de publicarlo. Contestaré diciendo que lo hago porque el libro está verdadera y cabalmente terminado -es decir, no se trata de un proyecto para el futuro- aunque no esté publicado, como advierto claramente en esta presentación, para no confundir a nadie.

Hay algo más por lo que me gustaría dejar constancia de su existencia. Los escritores que no hemos tenido una difusión apreciable de nuestros escritos, albergamos a veces una cierta esperanza de que esto pudiera cambiar algún día, por no se sabe qué circunstancias. Para entonces, tratamos de que nuestra obra, en su totalidad, quede relativamente salvaguardada y localizable. Y para esto, nada mejor que incluir lo inédito en el lugar, a la vez abierto y cerrado al mundo, en que se almacenan las obras ya publicadas. Con la debida noticia, claro está, de su carácter inédito. Yo creo que este afán resulta inocente y entendible.

Aun así, esas razones no bastarían. Lo que me lleva a reseñarlo aquí es que, por su  carácter biográfico, o psicológico si se quiere, quizá podría ser interesante para alguien que algún día se propusiera conocerme mejor. Son escritos muy iniciales, de adolescencia y juventud -alguno de cuando tenía once o doce años- y dan una cierta idea de mis ideas y sentimientos en esos períodos, el plural es necesario, de mi vida. El personaje que aparece en ellos apenas me resulta reconocible. Quiero decir que, sinceramente, no recuerdo haber sido un muchacho triste, de ninguna manera. Sospecho que se trataba más bien de una enfermedad literaria, una confusa melancolía de alevín de escritor. A esa edad se puede uno equivocar muy plenamente; lo mismo que ocurre en las edades posteriores. Estos versos que copio, tal vez ofrezcan alguna clave para entender mi tono vital de entonces, yo creo que bastante artificioso y facticio:

Ningún día traerá felicidad para mañana,

ni nacerá una flor sin compromiso;

y nunca algo que valga

se quedará sin su condena a muerte.

Yo creo que la explicación de ese tedio y desgana de vivir que se insinúan en estos escritos míos tan iniciales ha de ir por ahí. Claro que yo tenía entonces problemas, como se tienen siempre. En aquel tiempo me zarandeaban algunas dudas vocacionales, porque me gustaban muchas cosas distintas, y también me angustiaba a veces algún problema de salud que luego se fue haciendo más benigno, hasta que  desapareció por completo un buen día, siendo ya adulto.

Se recogen en este volumen poemas y relatos muy cortos, algunos casi meros ejercicios de redacción, que he ido conservando y de los que no he sabido desprenderme. Son torpes e inocentes, como propios de alguien que empieza a vivir y anda ligeramente perdido. Ese es su único interés, lo sé bien.

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Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
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