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Vigo: Ciudad serpiente. Ciudad del corazón (PDF)

Carmen Mejía Ruiz

Departamento de Filología Románica
Universidad Complutense de Madrid
cmejiaru@filol.ucm.es


Resumen
En el presente artículo se analiza la imagen de Vigo que el escritor gallego Fran Alonso transmite en su obra, tanto en el poemario Ciudades como en el libro de relatos Cimeterio de elefantes. El Vigo de Alonso es, al mismo tiempo, real y mágico, diurno y nocturno, lleno de anécdotas personales y de las pequeñas historias que viven los personajes de sus relatos.
Palabras clave: Vigo, Fran Alonso, Cidades, Cemiterio de elefantes.

Title: Vigo: Snake City. City of the Heart
Abstract
In this paper we analyse the image of Vigo that Fran Alonso transmits in his work, both in the poetry book Cidades as well as in the stories book Cemiterio de elefantes. Fran Alonso’s image of Vigo is, at the same time, real and magical, diurnal and nocturne, full of personal anecdotes and of the little stories lived by the characters in his books.
Keywords: Vigo, Fran Alonso, Cidades, Cemiterio de elefantes.


Graciñas a Diego y a Rocío, almas silenciosas.

Fran Alonso

Figura 1. Fran Alonso

Cemiterio de elefantes (1994) me ha resultado sorprendente por el éxito que genera entre los estudiantes. Gracias a ellos nos modernizamos, ellos nos ayudan a cambiar de mirada, a cambiar la piel, como cambian de piel las ciudades, nuestras ciudades, la ciudad serpiente, el Vigo de Fran Alonso (figura 2):

La ciudad muda de piel cual serpiente
abrupta,
corazón.
La ciudad corazón.
cambiando de color.
El corazón de la ciudad que va
La ciudad
la tuya, la mía, nuestra
ciudad, corazón .
De color.
La ciudad va cambiando el corazón.
Cual serpiente de dolor,
corazón,
vivimos en una serpiente que va
cambiando
el color del corazón. (Alonso 1998: 86)


Ciudad serpiente. Ilustración incluida en Cidades

Figura 2. Ciudad serpiente. Ilustración incluida en Cidades

Si de ciudades hablamos y de ciudades gallegas: Santiago de Compostela, ciudad emblemática, cantada desde la voz de Ana Acuña, y Vigo, ciudad dura, ciudad metal, abierta y solidaria (Alonso 2004: 20), desde mi palabra, será Fran Alonso y su obra literaria quien nos ayude a recuperar o a descubrir la piel de esta "serpiente" urbana, porque nuestro poeta, nuestro narrador escribe "desde la ciudad" (Alonso 2004: 20), desde el espacio que le apasiona, el espacio urbano:

Portada de Cidades

Figura 3. Portada de Cidades

A mí lo que me gusta son
las ciudades
Las grandes y pequeñas ciudades.
Las ciudades del alma, invisibles.
Las ciudades del cuerpo, dolorosas.
Las ciudades de los mapas, siempre
a mano.
Las ciudades que he visitado, tan
eternamente.
Las ciudades donde he vivido,
permaneciendo.
Las ciudades que no conozco,
misteriosas.
Ciudades invisibles, dolorosas,
siempre a mano, tan eternamente,
permaneciendo misteriosas.
Ciudades, en fin, del corazón. (Alonso 1998: 13)

Con respecto a su labor de escritor dice Fran Alonso:

Creo que sobre todo soy un escritor todoterreno que practica todos los géneros y que puedo y, sobre todo, quiero pasar por todos ellos. Esto me permite ser menos repetitivo y hacer un trabajo más variado. Y sobre la poesía soy bastante desmitificador, ya que aunque es una forma de expresión que permite un mayor grado de experimentación, no creo que requiera una mayor especialización, pero sí es más fácil equivocarse y hay que frecuentarla con más cuidado. (Alonso 2005a)

En la contraportada del libro Ciudades (1998) se nos anuncia que el poemario "es un acercamiento sincero a la realidad de las ciudades. El autor nos cuenta cómo las ve, cómo las vive, es decir próximas y enormemente líricas. […] se refleja una visión del paisaje urbano: real, sincera e inesperadamente mágica". "Me condiciona –señala nuestro escritor– el hecho de ser vigués: el caos urbano, casi intrínseco a la personalidad de Vigo, es el mismo que me guía al escribir" (Alonso 2005b). Fran Alonso hace una cartografía poética de su ciudad, Vigo, porque él mismo se define como un escritor "urbano", pero no "urbanita":

El nin tiña dependencia da cidade nin a necesitaba no seu desenvolvemento vital. Iso si, a conformación da súa personalidade e a súa aprehensión do mundo realizábase desde os máis profundos parámetros da cultura urbana, que hoxe por hoxe invadía tamén o ámbito rural, moitos quilómetros terra adentro. De feito, adoitaba ironizar cando en Vigo se falaba das parroquias das cidades e das parroquias rurais, coma se estas últimas non estivesen en Vigo. El non dubidaba de que en esencia todas son iguais, porque a tipoloxía das parroquias "rurais" viguesas é profundamente urbana e a actividade laboral e os hábitos de vida dos seus veciños son inequivocamente urbanos, pois dependen da cidade e da súa personalidade industrial e de servizos. (Alonso 2004: 19)

Esta dependencia la relata claramente en Cemiterio de elefantes (1994), al que aludiremos posteriormente. Vigo, donde nació nuestro poeta, se configura a partir del aluvión de población:

con rúas precipitadas, froito dunha improvisación endémica. Non hai máis que lembrar que Vigo tiña 389 veciños a finais do século XVII, 120.000 a principios dos 60, e 300.000 almas na actualidade. Se cadra ese crecemento –apunta Fran Alonso– súpeto, historicamente desproporcionado, é un dos motivos que fixo dela unha cidade a primeira vista difícil, dura e, sobre todo, tan característica. (Alonso 2004: 18)

Avenida de Madrid en Vigo

Figura 4. Avenida de Madrid en Vigo

En mi ciudad,
vertiginosa,
empinada,
con calles que suben y bajan
y bajan y suben a otras calles
los autobuses son perezosos,
cansados y torpes
y van dejando detrás una estela de
humo.
Los autobuses son como elefantes
viejos,
como camellos agotados y vencidos,
y verlos, o sentirlos desde la ventana,
me produce una tristeza animal
que nunca puedo reprimir. (Alonso 1998: 20)

Entre las muchas cosas que Fran Alonso relata de este paisaje urbano está el problema del aparcamiento: "Un problema, esencial, estratéxico, especialmente espiñento en cidades coma Vigo" (Alonso 2004: 18). Pero esas calles que suben y bajan, producto del caos urbanístico vigués de los 60, que agotan a los elefantes –animales sabios y lentos– y a los camellos –fuertes y resistentes– en su trayecto urbano pertenecen a Vigo, su ciudad:

Tráfico en las calles de Vigo

Figura 4. Tráfico en las calles de Vigo

Esta urbe mía tiene muchos defectos.
Entre sus mil ruidos, suena una sirena.
Y sé que faltan árboles.
Y no hay parques largos, como
el tren.
Y las gentes son extrañas entre sí.
Los pájaros se marchan
porque no hay silencios apagados
y los edificios les derriten el vuelo.
Pero yo la quiero porque
es la ciudad donde nací. (Alonso 1998: 15)

Entre los ruidos de Vigo, el poeta destaca el de la sirena, un ruido propiamente urbano; la falta de espacios verdes frente a los medios de transporte, ejemplificados en el tren; el individualismo o la soledad o, quizá, el aislamiento reflejado en la extrañeza de sus gentes; la huida de los pájaros porque los edificios les han arrebatado su espacio y su vuelo se derrite. Pero, a pesar de todo esto, el poeta se siente unido a ella, la ama, porque es su ciudad y porque el escritor, protagonista del relato "Vigo: paisaxe urbana", trasunto de Fran Alonso, piensa que: "Hoxe a cidade está en nós porque nós somos a cidade, díxose. Está cicelada coa nosa esencia" (Alonso 2004: 19). Pero de esta ciudad, de Vigo, quiero presentar su lado oscuro, transgresor, la ciudad de la noche. Todas las ciudades de noche son diferentes a las ciudades de día, la noche es permisiva, atractiva, clandestina pero también, según Fran Alonso, "engule, vampiriza e desgasta a quen a vive" (Alonso 2004: 23).

Figura 5

Figura 5

Fran Alonso en los relatos de Cemiterio de elefantes (1994) hace un viaje pasional por el Vigo nocturno. La ciudad oscura, clandestina es el escenario de la vida de esos personajes noctámbulos: camareras, travestis, estudiantes, taxistas, barrenderos, personas solitarias, insomnes, que gozan o sufren el efecto devastador de la noche descubriendo las entrañas de esa otra cara de la ciudad. El estudio del examen es el motivo de quien mira por la ventana en el primer relato: "Desde a ventá, mirou para os apuntamentos, pegajosamente, brutal. Por diante, toda a pesada noite por memorizar" (Alonso 1994: 10). A partir de la ventana, que separa el mundo de dentro del mundo exterior, el mundo protector frente al mundo lleno de peligros, Fran Alonso nos presenta nueve relatos; el primero transcurre a las doce de la noche y el último a las ocho de la mañana. Son las horas, el tiempo de la noche el que encadena las historias relatadas, el que nos lleva de historia en historia, de personaje en personaje hasta la llegada de la mañana. La jungla urbana que relata Fran Alonso, bien podía ser un auténtico "cemiterio de elefantes" (Alonso 1994: 23).

É unha fauna a que habita a noite viguesa unha fauna de elefantes que avanzan cara ó día, saídos dun bosque de relatos que nos deixan no padal un regusto a pedramol, ese pó máxico convertido xa por Fran Alonso en símbolo da esquizofrenia dunha Galicia esgazada. (Vilavedra 1994)

Me interesan las sensaciones de Rosi, la cajera de un supermercado, que en sus trayectos nocturnos nos presenta la noche "como un enigma gigantesco". Rosi nos habla de la soledad que desencadena la ciudad e imagina la pluralidad de historias, de vidas detrás de las persianas:

[...] se cadra alguén adoecendo por amor, un neno chorando, unha muller na que o home bate, unha alma aloucadamente solitaria, quizais un desesperado, quen sabe se a piques de se quitar a vida, persoas enfermas, se callar próximas ao estertor derradeiro, tolos, mesmo un esquizofrénico perigoso dos que sempre aparecen nas películas espeitantes tras unha cortina impenetrable, observando silandeiros a vida dos demais, parellas discutindo, berrando, pelexando sobre o parqué ou facendo o amor, derrenténdose en mil desexos clandestinos. Todo iso fascíname e ao tempo asústame tremendamente. […] Desque deixara Mougás, fascinábanme e asustábanme moitas cousas no meu vivir diario da urbe. (Alonso 1994: 15)

El contraste del medio rural con el medio urbano está muy bien sintetizado en la última frase. La fascinación frente a la monotonía cotidiana y el miedo frente a la protección. Muchos de nosotros en momentos determinados hemos mirado a la ciudad intentando imaginar las vidas de las gentes que la habitan, pero Rosi en su viaje nocturno nos describe a esa "fauna nocturna" con la que se cruza:

Tratei de acelerar o paso porque tiña frío nas pernas, pero aquelas saias tan cinguidas non me deixaban camiñar moi á présa. Co avanzar da noite medraba o frío e os vagabundos que dormían nos portais das casas ou dos comercios cubríanse con cartóns grandes querendo amortecer un tanto a súa desgraza. Vellas rodeadas de bolsas de lixo, mozos solitarios co estigma da heroína nos ollos ensanguentados, lúcidos personaxes de gabardinas amarelas que un día decidiran perder a cordura, homes coa botella de viño nas mans, todos personaxes múltiples pertencentes a unha extraña fauna nocturna que me mantiña tan arreciada como marabillada. As noites que vou visitar o meu mozo á discoteca goréntame ese paseo solitario que teño que realizar para retornar á casa. Gozo del porque me mantén expectante e enfeitizada dentro desa mole na que me mergullei e iso faime sentir paixón pola noite. (Alonso 1994: 16)

Esos personajes transgresores, de alguna manera ultrajados por la sociedad, marginados por la norma, están presentes en uno de los poemas de Ciudades, con los que el poeta se solidariza desde la amistad.

Mendigo

Figura 6. Mendigo

Tengo un amigo que duerme
en esa calle estrecha, larga y
abrigada,
recogido en un portal.
Siempre lo veo deambulando
entre los coches,
entre la basura, naranja, de las
noches,
seguido de un perro,
sorteando edificios donde nunca
tiene casa.
Es de esos que no tiene nada,
y en la nada habitan y viven. (Alonso 1998: 26)

La desprotección de la marginalidad contrasta con la fascinación de Rosi –joven procedente de una aldea gallega del interior, Mougás (Pontevedra)– por la vida nocturna, fascinación que provoca lo desconocido, lo no vivido, que en un primer momento desconcierta y más adelante, atrae como si de un imán se tratase, y atrapa, y engancha. En el siguiente fragmento Rosi nos habla de sus sensaciones, de esos contrastes que la noche provoca. Un fragmento bellísimo en el que Fran Alonso define el atractivo sensual de la vida nocturna de la ciudad, como si hablase de la comunión del amor o de la entrega apasionada de los amantes:

Apetecíame vivir a noite. Cando cheguei a Vigo asustábame. Agora apetéceme vivila, sentirme inmersa nela. A noite acaba por penetrarte, é sensual, erótica, trabállache o corpo até que llo entregas. E ás veces entrégasllo mesmo sabendo que non o podes facer porque ao día seguinte debes ir traballar e teste que erguir cedo. Moitos días emborráchome coa radio até a madrugada, ou asomo á ventá, mentres as miñas compañeiras de piso dormen, e deixo que a ollada se me perda nesa oscuridade inmensa, salferida de luces, que se deita sobre os edificios. (Alonso 1994: 19)

Figura 7

Figura 7

Por otra parte, la noche también está llena de peligros, los de esa fauna que se debate en la jungla nocturna; un peligro que se siente y transmite miedo; así lo escucha Rosi, nuestra protagonista, nuestra cajera del supermercado de un barrio urbano:

Pero ás veces a noite é tamén terrible. Pulúlana seres estraños, saídos de quen sabe que afastados subterráneos, que durante o día esconden a súa miseria en calquera curruncho. E ás veces méteme o medo no corpo. Como cando escoitaba os meus pasos tac, tac, tac, sobre as lousas, taconeando, taquigráficamente, até que a taquicardia do medo aceleraba o tactactactac. (Alonso 1994: 19)

En ese paseo nocturno retornando al espacio protector, a su casa, Rosi siente miedo, escucha pasos que le hacen acelerar los suyos y al final la violencia de esa noche transgresora, amenazante y peligrosa:

A medida que nos achegabamos escoitamos máis fortes os berros que procedían da oscuridade da gasolinera, e traballei a man e berrei outra vez, ao escoitar os pasos que corrían cara a nós. Apenas distinguimos unhas siluetas no chan, e o home tamén os escoitou, erguéndose velozmente, e de súpeto vemos como a súa figura se ergue e lisca apresurada. Entón, si, chorei, vendo como fuxía, co pene bailándolle no aire mentres me chamaba puta, puta foi o que lle oímos os dous cando escapaba, o covarde, intentando subir os calzóns, desequilibrándose e correndo, correndo e desequilibrándose, e a moza choraba. E eu só choraba. (Alonso 1994: 26)

Lo mismo que Rosi la señora del Cabral también llora porque no ha conseguido que el farmacéutico le venda voltarén sin receta médica, a pesar de que la pobre mujer le descubre que el voltarén no es para ella.

Figura 8

Figura 8

Ben, pois ao condenado do porco déuselle por poñerse a morrer, e velaquí que cando xa todos o daban por morto, a min, medio por accidente medio por ver que pasaba, ocorréuseme darlle unha desas condenadas pastillas que me dera o médico tempo atrás, ¿non sabe? E ben, funllas dando así como quen non quere a cousa e ¡milagre dos ceos! O porquiño sandou. Coitado. (Alonso 1994: 38)

La mirabilia, lo sobrenatural sigue funcionando en el medio rural. Fran Alonso en este relato inserta lo propio del imaginario rural en el paisaje urbano, que en el abismo del desarrollo es ajeno a las creencias, a las tradiciones, de ahí que la modernidad, a veces, se considere un peligro: "E non sabe vostede o que é que lle morra a unha o porco. Non o sabe, non, porque aquí na cidade esas cousas non se aprecian" (Alonso 1994: 38). El esfuerzo de ir desde el Cabral hasta la farmacia de guardia de la ciudad de Vigo a la una de la madrugada, en una noche lluviosa y fría, y su disposición a no moverse de allí sin el voltarén definen el carácter mágico de la colectividad rural a la que pertenece la mujer del Cabral:

Pulsou o timbre pero non apareceu ninguén. Ela, malia todo, parecía disposta a esperar. O vento sopraba cada vez máis frío e centrifugado. A noite largaba as súas mallas por toda a cidade, apresando as entrañas urbanas de humidades e negrura invernal. A muller sentiu a friaxe no pescozo, a humidade nas saias, naquela tediosa espera baixo a chuvia. (Alonso 1994: 36)

Las lágrimas, después de la larga espera en esa noche húmeda y fría de la ciudad, expresarán los sentimientos de quien confía en la vida y cree que la gente puede ayudarle. La actitud de esta "muller" ante la realidad, ante la negativa del farmaceútico, nos recuerda el orgullo del Vello Moreno de Rafael Dieste. Actitud que empuja al lector a seguir el viaje con esta mujer, a ver claramente que, en ocasiones, nos hacemos insolidarios:

Sen receita non podo, señora, non podo. Ben llo dixen. E dígollo ao meu pesar.
Ela non contestou. Tiña o abatemento marcado no rostro. Non foi quen de pronunciar unha palabra máis. Enxougou as dúas lágrimas, virou lentamente, mirándoo, e retornou ao vehículo. (Alonso 1994: 39)

En esta jungla de elefantes, algunas de las historias de vida contadas están protagonizadas por mujeres, como la historia de la mujer que tiene que ir al dentista por la noche por el dolor de muelas y quien, después de una larga tortura, descubre en el espejo retrovisor de un coche que le han cosido la lengua al paladar; o la de Mónica, la locutora de ese programa de radio nocturno "Almas perdidas", quien necesita una raya de coca para estar en forma en su programa pues no tiene ningún aliciente en la vida, pero además, después del programa, el cajero automático le niega su dinero: "Mentres camiñaba caíanlle as bágaos dos ollos, esvarándolle meixelas abaixo. Pero non se lle notaba. Tiña a cara empapada" (Alonso 1994: 75).

La noche acoge la historia del camarero del pub que, después de su trabajo, en los últimos minutos, al revisar el pub, espacio de historias y de encuentros nocturnos, "tropeza contra unha perna, e polo espazo entreaberto déixase entrever, maldita sexa, unha cabeza ladeada, caída contra a parede, un brazo espido ennegrecido, unha xiringa no chan" (Alonso 1994: 65). Así como la historia de los barrenderos, los hombres del camión de la basura que ayudan a Rosi a que su tragedia no sea mayor; o la del travesti, ese personaje asesino y soñador con la melodía de Él vino en un barco como fondo.

Tatuaje, interpretada por Concha Piquer.

Desde estas historias extremas, nocturnas, transgresoras y de ruptura, sentimos la pluralidad de vidas urbanas, de encuentros y desencuentros urbanos que Fran Alonso desarrolla en este Cementerio de elefantes poniéndonos en contacto con la ciudad serpiente, cuya muda de piel nos ha sobrecogido desde la humanidad más profunda. Sus personajes no son héroes porque Fran Alonso no quiere que las luces de neón los eleven a un estatus diferente del que tienen: ser seres que hacen de la ciudad serpiente la ciudad del corazón, esa ciudad que Fran Alonso describe de esta manera:

Tu cuerpo es una ciudad,
e intensa mente
te corre el tráfico por las venas
y las arterias.
Y cuando lloras es el mar,
que se revuelve, húmedamente.
Y en la piel te crecen edificios,
tan súbitamente,
y en los dedos suburbios.
Y puedes ser feliz sintiendo el latido
de toda la vida que llevas dentro,
urbana mente.

Eres feliz
hasta que los ojos se te nublan,
brutalmente,
y toses, contraído,
por la contaminación. (Alonso 1998: 40)

Pero esta ciudad, ese "corpo de asfalto e cemento" (Alonso 1994: 67) también tiene mar, la ría de Vigo, que es para el escritor:

un espazo máxico, un tópico sen topificar, un escenario virxe balizado na súa entrada polas Illas Cies, ese lugar onde os romanos se sentían máis preto do ceo; e no seu remate pola Illa de San Simón, que acoubillou unha das alfaias da literatura universal: a cantiga de Meendiño. A ría […] tiña para Escritor un poder prodixioso, feiticeiro: singulariza os personaxes, defíneos e dálles corpo e personalidade nun ámbito, o urbano, onde os personaxes contemporáneos, de tan individuais, de tan modernos, acabaron estrangulados pola urbe, porque hoxe por hoxe desapareceron os estereotipos locais e só permanecen os estereotipos universais como paradigma da cultura urbana europea, da cultura urbana occidental. Esa á a uniformación, da que a ría prescinde, salvándose. A ría é un irrepetible escenario natural, contido nas súas beiras polas extensas concentracións urbanas que marcan as fronteiras do mar, un espazo, por certo, aínda ínfimamente aproveitado na ficción literaria moderna. (Fran Alonso 2004:

Ría de Vigo

Figura 9. Ría de Vigo

La ría de Vigo, que evoca ese mar confidente de la cantiga de Martín Codax, al que la doncella enamorada invoca en la búsqueda del amado:

Ondas do mar do Vigo
Se vistes meu amigo
E ai Deus se verrá cedo!

Ondas do mar levado
Se vistes o meu amado
E ai Deus se verrá cedo! (Martín Codax)

Un mar ajeno al asfalto de la ciudad nocturna, pero próximo a esas otras ciudades de Fran Alonso, las ciudades del corazón que todos llevamos dentro y a las que podemos viajar cuando necesitamos soñar: las ciudades de los mapas:

Cuando lloro
lo hago siempre sobre los mapas,
para que llueva sobre las ciudades
preferidas.
Las ciudades de los mapas,
aquellas que se pueden recorrer
con el perfil perdido de la mirada,
y viajar de una a otra en un segundo,
abarcarlas todas,
o vivir en todas y en ninguna.
Son las ciudades de los mapas,
las urbes sobre las que siempre lloro
cuando estoy desconsolado (Alonso 1998: 82)

Bibliografía
ALONSO, Fran (1994): Cimeterio de elefantes. Vigo: Xerais.
- (1998): Ciudades. Madrid: Espasa Calpe Juvenil.
- (2004): "Vigo: paisaxe urbana", en Grial, Nadal. Vigo: Galaxia.
- (2005a): "Fran Alonso", en Faro de Vigo, 6 de noviembre de 2005.
- (2005b): "Debería haber más literatura que haga crónica de Vigo", Faro de Vigo, 6 noviembre de 2005.

VILAVEDRA, Dolores (1994): "Recensión crítica", en Boletín de Novidades Xerais.


MEJÍA RUIZ, Carmen (2010): "Vigo: CIudad serpiente. Ciudad del corazón" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 2, núm. 2, pp. 137-149. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen02-2/varia08.htm. ISSN: 1989-4015

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