Ficha técnica:
Català Roca, Barcelona Madrid años 50.
MNCARS. Santa Isabel, 52. Madrid.
Hasta el 8 de Septiembre.
3 euros (1´5 euros estudiantes y mayores de 65 años)

 

 

Madrid y Barcelona a través del gris.

El Museo Reina Sofía inaugura una exposición de fotografías tomadas por Català-Roca en la España de los años 50. Un acercamiento a esta figura y un viaje en el tiempo.

Que una imagen vale más que mil palabras, que la guerra tiene dos caras y Madrid y Barcelona son iguales, pero diferentes, queda patente tras visitar la exposición del fotógrafo Francesc Català-Roca. Barcelona Madrid años cincuenta es una muestra de unas cien fotografías, escogidas por los comisarios Juan Manuel Bonet y Andrés Trapiello de entre las dos colecciones que publicó este artista en 1954 en forma de guías (acompañadas por textos de José Antonio Cabezas y Luis Romero) . Como si de un espejo se tratara, recrean el ambiente de estas dos ciudades: diferentes calles, gentes y momentos, pero un solo narrador, un país y una posguerra.

Cuando pincel y lienzo se transforman en cámara y negativo.

Un autorretrato en el parque Güell, de Barcelona, abre la exposición de Català-Roca (Valls, Tarragona, 1922 - Barcelona, 1998). Hijo del también fotógrafo Pere Català i Pic, trabajó desde niño en su estudio y no tardó en colocarse a la altura de los grandes fotógrafos internacionales. De sus fotografías destaca la fidelidad documental y al mismo tiempo el romanticismo con el que trata las cualidades expresivas del blanco y negro.
Su obra se encuentra recogida en un sinfín de libros, lugares y publicaciones. Fue también el fotógrafo de grandes artistas como Gaudí, Joan Miró, Picasso o Chillida.

Dos ciudades, dos culturas, un mismo momento.

La exposición se articula en dos espacios diferentes: Madrid y Barcelona. Sin embargo, el estilo, las medidas y las costumbres, se repiten. Son verdaderos documentos históricos que incluyen paisajes urbanos, imágenes de sus gentes y retratos de intelectuales.

De día, de noche, con nieve, con sol ... Las calles de Madrid emergen irreconocibles ante el espectador. La madrileña Avenida de América, desierta; el Viaducto, entre cuyas entrañas se abre paso el tranvía por la calle Segovia, sin mamparas; el Aeropuerto de Barajas, casi sin aviones. Aunque afortunadamente, hay cosas que no cambian: El Rastro, la Cuesta de Moyano y las fachadas de nuestros más antiguos museos permanecen fieles a la imagen de entonces.
Pero, Barcelona fue siempre su ciudad. Su cámara persigue las líneas de una arquitectura más vanguardista en edificios de correcta geometría. Sin olvidar las características huertas de las afueras, también recogidas por el Miró de los primeros años.

La doble cara.

Y es que esa es precisamente una de las características de esta muestra: los contrastes de la época. En Madrid, mientras la clase pudiente disimulaba visitando las tiendas de abanicos, las sombrererías y las churrerías, un insalubre método de recogida de basuras limpiaba sus calles y los más pobres tenían que refugiarse en las ruinas de una iglesia. En Barcelona, mientras los limpiabotas se situaban ante el cartelón de la ópera Madama Butterfly del Liceo y el glamour alumbraba el entreacto, otros menos afortunados aguardaban el regreso de los últimos prisioneros de la División Azul.

En esta historia tan cuidadosamente trazada, no faltan los retratos de artistas, escritores e intelectuales de la época, como Eugenio D'Ors, Cirlot, Miró o Jean Cocteau. Todos ellos amigos que apoyaron a Català-Roca en el arduo camino, transitado por muchos otros, que condujo a la fotografía a convertirse en un verdadero arte.

Luisa Espino

 
 
Azafata saliendo del metro en La Gran Vía (Madrid)
Tranvía en la calle Muntaner (Barcelona)