ARCAISMO E HIPERMODERNIDAD EN UNA UTOPIA TZELTAL  

(CHIAPAS, MEXICO)

 

Pedro Pitarch Ramon

Universidad Complutense

 

 

Resumen: Los tzeltales de la region de los Altos de Chiapas, Mexico, tinen su alma instalada en el interior de ciertas montañas, donde forman sociedades "utopicas". Esta ponencia explora el papel que ejerce la produccion capitalista de mercancias en la imaginacion indigena de esas comunidades animicas.

 

 

Los indigenas de lengua tzelta del pueblo de Cancuc poseen un complejo conjunto de entidades animicas. Entre estas se encuentra el ch'ulel. El alma ch'ulel es lo que presta a cada ser humano un temperamento singular, en él residen las emociones y la memoria, y se origina el lenguaje. Tiene el mismo perfil que el cuerpo que lo aloja, más "sin carne ni huesos", como una mancha oscura, una sombra espesa. Curiosamente, la sombra de uno mismo en condiciones de luz no es efecto de la proyección del cuerpo sino de la reflexión del ch'ulel, que se halla en el interior del corazón. La sombra proyectada es signo de la presencia del ch'ulel en el interior del cuerpo; de ahí que un cadáver carezca de sombra, dado que el ch'ulel abandona definitivamente el cuerpo con la defunción de este. El ch'ulel también existe desdoblado, co-presente: reside dentro del corazón del cuerpo que vive de Cancúc y, simultáneamente, habita en el interior de cierta cueva ubicada en el interior de una montaña.

En lo que sigue tratare de comentar ciertos aspectos de esta "montaña magica" que guardan relacion con la cultura capitalista contemporanea y en particular con la produccion de mercancias.

La montaña-cueva se denomina ch'iibal. Existen cuatro ch'iibal bajo otras tantas montañas, todas situadas lejos del valle de Cancuc (en la dirección de las cuatro esquinas de la superficie del mundo) donde residen los ch'ulel de los miembros de cada una de las cuatro linajes mayores (grupos exogámicos de parentesco) en que se subdivide la población cancuquera. El espacio de cada ch'iibal es piramidal debido a que adoptan la forma de las montañas que los albergan, y se divide en trece niveles horizontales, de los cuales las almas-ch'ulel solo habitan permanentemente los tres superiores, que se hallan divididos a su vez en numerosos pasillos y cámaras. La existencia en el interior de la montaña es en cierto modo similar a la de Cancuc: hay campos de maíz, manantiales, árboles frutales, hay dinero en moneda metálica, se celebran espléndidas fiestas donde se bebe aguardiente; parece que hasta allí no llega la luz solar, aunque es posible que dispongan de luz eléctrica; también existen objetos fantásticos como radios, teléfonos, televisiones, refrigeradores, automóviles, etc. (este es un aspecto crucial, sobre el que volveremos con detalle más adelante). No obstante, todo lo que existe en el interior de esta cueva es ch'ul, es decir, sin verdadera sustancia material, o, en todo caso, de una composición sutil. Lo que sigue son fragmentos que describen el ch'iibal, extraidos de una oración de curación chamánica.

 

.../12. sagradas montañas con vida/13. reverenciadas montañas con vida/14. donde estáis reunidos/15. donde estáis todos/21. sagradas madres/22. sagrados padres/29. gran casa/30. gran morada/31. en vuestras sillas (xila)/32. en vuestros taburetes (tawareta)/33. en vuestras grandes sillas de Castilla/34. en vuestros grandes bancos/38. con gallinas de amarillo plumaje/39. con perros de amarillo pelaje/40. con sillas amarillas/41. con taburetes amarillos/42. cuántas casas-en-la-tierra (naj-ta-lum)/43. cuántos ch'iibal/44. cuántos kolibal/45. hasta los mayores/46. hasta los menores/47. donde son abrazados/48. donde son cargados/62. su genuino ch'ulel/63. su genuino ánjel/96. estimadas madres/113. estimados padres/114. ante vuestros rostros/115. ante vuestros cuerpos/137. cuántos son los que resuelven las disputas/138. los que resuelven los conflictos/139. estáis ordenados en la gran casa/140. estáis formados en la gran morada/141.

 

Las descripciones del ch'iibal generalmente resaltan dos aspectos. El primero es que en el interior de la montaña son cuidadas las almas de los niños de cada grupo de parentesco. Es una suerte de enorme jardín de infancia donde las almas adultas, especialmente las femeninas, cuidan la de los pequeños, lo cual es importante dado que lo que le suceda al alma repercute en el cuerpo de Cancuc. Cuando los niños de carne y hueso lloran sin razón aparente es posible que sus ch'ulel estén siendo mal cuidados en el ch'iibal. En segundo lugar, suele recalcarse el carácter de consejo político y tribunal de almas del ch'iibal. Allí, cada tres años, las almas eligen entre sí sus cargos políticos: presidente, alcaldes, regidores y policías entre otros. En las estancias superiores, sentados sobre bancos de buen tamaño y en torno a grandes mesas rectangulares deciden sobre cuestiones políticas. Por añadidura, estas autoridades juzgan, y si el ch'ulel es declarado culpable es encarcelado, y el cuerpo de Cancuc (puesto que tiene el doble del ch'ulel en el corazón) se resiente, enferma y puede llegar a morir.

Por lo que respecta a la versión del ch'ulel que reside en el corazón (es el mismo alma que habita en el interior de la montaña y no lo es: dos manifestaciones de una misma entidad), es capaz de abandonar el cuerpo sin dificultad y divagar así --se desplaza ingrávido, a uno o dos metros sobre el suelo-- por el espacio, recorriendo mundo y exponiéndose a sus peligros. Mientras el cuerpo duerme es normal que el ch'ulel se ausente por voluntad propia, pero también en estado de vigilia puede escaparse a causa de un sobresalto, de un arrebato, como resultado de un esfuerzo o excitación fuertes, incluso, antojadizo como es, por simple capricho. La ausencia de este alma puede deberse a que se pierde y no encuentra el camino de regreso. Sin embargo, en casos más graves, algunos seres sobrenaturales apresan el ch'ulel cuando este deambula fuera del cuerpo o se las ingenian para hacerle salir del corazón engañándole; por ejemplo, le dicen: "vamos a ver una fiesta en tal lugar, habrá música y aguardiente..." (el ch'ulel siente una irresistible afición por el aguardiente) y una vez fuera le atrapan.

El contenido de los sueños es el resultado de la experiencias del ch'ulel durante sus excursiones extracorporales. El ch'ulel se mueve sin duda en el espacio físico, pero las distancias y el tiempo parecen encontrarse en función suya y no al revés, un poco como sucede con la ensoñación. Ello explica, por ejemplo, que ocasionalmente se relacione con (los ch'ulel de) personas ya fallecidas que ha conocido; no es que vea y hable con los ch'ulel de los muertos, sino que es capaz de recorrer el tiempo y el espacio de su propia vida. Lo que no debe sorprender si se recuerda que el ch'ulel es la parte de la persona depositaria de la memoria; en cierto modo, él mismo es la sustancia de la memoria.

 

Llegados a este punto, podemos dar por terminada la introducción y concentrarnos en las cualidades mimeticas de la montaña.

Comencemos recordando el hecho, en principio algo desconcertante, de que dentro de las montañas ch'iibal exista muchas clases de mercancías industriales. Las almas disponen allí, entre otros objetos, de relojes, radios, cámaras fotográficas, máquinas de escribir, grabadoras, tocadiscos, telescopios, armas de fuego de gran potencia, aparatos para encontrar tesoros, televisores, telégrafos, teléfonos, refrigeradores, automóviles, y parece ser que últimamente han hecho aparición helicópteros y computadoras. Los cancuqueros de carne y hueso saben de su aparición por lo que recuerdan de las experiencias del sueño. En realidad, cualquier nueva mercancía tecnológica de la que los cancuqueros tengan noticia --y por cierto que estos aparatos ejercen una enorme fascinación sobre ellos--, sea por que la hayan conocido en sus viajes a alguna ciudad mexicana, o sea, en algún caso, por que haya llegado a Cancuc, cobra existencia en el interior de la montaña. Por razones fácilmente comprensibles, en la imaginación geográfica indígena, el mundo occidental representa la abundancia de estas preciadas mercancías, hasta el punto que lugares tan espacial y culturalmente remotos como México, Guatemala, Estados Unidos --incluso últimamente comienza a sonar el nombre de Japón-- no pueden ser sino enormes y atestados bazares. Así pues, el halo fabuloso de abundancia que envuelve estos mundos distantes contagia igualmente el dominio de sus propias almas.

Las almas, sin embargo, no se procuran estas mercancías en el mismo lugar donde lo hacen los occidentales --cualquiera que sea este lugar, una cuestión que, la verdad, no está demasiado clara para los cancuqueros--. En vez de eso, las almas copian los originales occidentales. (A mi juicio, este es un aspecto esencial para comprender la naturaleza de todo aquello que es ch'ul, "sagrado"). Desde el momento en que un artefacto es inventado o descubierto en el mundo industrial hasta que en el interior de la montaña ch'iibal las almas se hacen eco de su existencia, transcurre siempre una cierta cantidad de tiempo, presumiblemente el necesario para que el proceso de duplicación se verifique.

Para las almas ch'ulel reproducir esto objetos no entraña, en principio, ninguna dificultad puesto que son, como ellas mismas, sólo formas sin substancia física tangible. Aquí no se usan las cosas, se usan sus imágenes. En un mundo como Cancúc, dominado por la escasez o sencillamente la inexistencia de esta clase de objetos --casi se podría decir de "objetos" en general-- su acumulación por parte de los moradores del ch'iibal fija un intenso contraste con la vida ordinaria; quizá aquel que distingue el mundo propio de las limitaciones corporales de aquel mundo otro, inmaterial, de la ensoñación. Incidentalmente, una distinción quizá no muy diferente de la lógica de la publicidad comercial que los habitantes del Primer Mundo conocemos bien.

El termino que designa en lengua tzeltal el resultado de ese proceso de duplicación es slok'omba, "lo salido de sí mismo". La palabra se emplea para designar cualquier ilustración o fotografía, por ejemplo de un libro o revista (artículos que los cancuqueros acumulan a veces como objetos preciosos). También son objetos slok'omba las figuras de los santos que están dentro de la iglesia de Cancuc. E igualmente son slok'omba las palabras, aunque aquí no su sustentación física sino exclusivamente su "significado". En un sentido fuerte podría traducirse como "imagen". En el vocabulario tzeltal-castellano compilado en el siglo XVI por el misionero dominico Fray Domingo de Ara, la raíz de la palabra slok'omba, lok' (loc) --cuyo significado más inmediato es "salir", "emerger"-- registra las entradas siguientes (Ara 1983):

 

loc libertar

loc nacer, como el maíz, planta, etc.

loquel nacimiento como del sol

loc redimir cautivo o encarcelado

loc sustituir

loctay trasladar

loctay remedar o salir al padre

loclonet hervir a borbollones

lochan tomar algo abierta la mano

locombahil bulto como de santo

 

(Y quizá no sobre observar que, al menos en tzeltal actual, lok' significa igualmente desvestirse o mudarse de ropa).

Planteando la cuestión de forma tentativa, en un producto slok'omba lo que se obtiene en el proceso de duplicado es únicamente la forma del objeto, no su substancia o cuerpo. La forma que parece existir en el interior de cualquier objeto del mundo --su doble especular, su sombra-- es proyectada hacia fuera o bien extraída del original; un proceso de "liberación" o desdoblamiento en el que la luz parece funcionar como llave. De ese modo se produce un contacto que permanece como réplica. No es otra cosa que esa "forma" --forma, no ilusión-- lo que constituye la sustancia del mundo de los sueños.

Ello seguramente explica que los cancuqueros que han asistido alguna vez a una proyección cinematográfica comparen frecuentemente las experiencias del sueño con aquella. Un chamán me describió el contenido de sus sueños de iniciación explicando como se le aparecía en la visión un hombre de aspecto europeo, de barba y cabellos blancos, quien le hacia entrega de un gran libro; este hombre andaba sobre una ancho camino asfaltado; pero toda la escena era, según me aclaro, como las imágenes de carreteras que se ven en una televisión.

Por lo demás, en la rara sinonimia de la lista anterior probablemente se reconocen dos características de las montañas ch'iibal que se encuentran estrechamente vinculadas: su capacidad de mímesis y su función de reproducción (en el sentido de engendrar --pero nótese la ambigüedad de la palabra reproducción, como por ejemplo en las "reproducciones" de obras de arte, que remite a un mismo campo conceptual). El hecho de que sea capaz de copiar sin duda guarda relación con el hecho de que es un lugar donde se reproducen y conservan las unidades de parentesco tzeltal, que sea como un "jardín de infancia" de almas --y también la expresión europea "jardín de infancia", kindergarten, remite a una noción botánica ("nacer como el maíz, planta etc").

La referencia, mas bien enigmática, a aves de plumaje amarillo y perros de pelaje amarillo que vimos anteriormente en el fragmento de la oración de curación dirigida por el chamán a la montaña ch'iibal, se explica seguramente mejor desde esta vertiente "reproductiva" )Por qué el color amarillo?. Según Reichel-Dolmatoff, entre los tukano, pueblo indígena de la región amazónica de Colombia, el color amarillo tiene "la connotación de impregnación seminal y según la intensidad del color se gradúa la potencia fecundadora en varias categorías. (...) La importancia que tiene distinguir entre esos diferentes tonos se manifiesta en muchos actos rituales, especialmente en cantos y ensalmos, donde la fecundidad --el incremento de la vida animal y vegetal o de la sociedad y de segmentos determinados de la misma-- constituye el tema central. (...) Los animales de color amarillento --aves, mamíferos, insectos-- desempeñan un papel importante en estos cantos y ensalmos, ya que se cree que están imbuidos de la poderosa fuerza vital del sol y en cierto modo son los representantes directos de él en la tierra". (Reichel-Dolmatoff 1978:139, cursivas añadidas).

 

En esta suerte de factoría de imágenes (phántasma) que es la montaña ch'iibal, la capacidad de duplicación no está circunscrita a la copia de las mercancías tecnológicas. En realidad, todo ella puede interpretarse como un simulacro fragmentario del mundo occidental. Mas es un mundo virtual donde, por su propia naturaleza, las almas ch'ulel se desenvuelven en condiciones espaciotemporales distintas, por así decir, en unas coordenadas inestables. El espacio --como sucede en los sueños-- es tan pronto enorme como diminuto, y las almas lo recorren a voluntad; y, sobre todo, esta fuera del tiempo ordinario: aquí coinciden pasado, presente y futuro. Curiosamente, debido a este efecto de simulación y de ausencia de tiempo lineal, desde el punto de vista de los cancuqueros el cambio continuo es una característica intrínseca de la vida en el interior del ch'iibal, así como que su estilo esté en parte pasado de moda y en parte también represente el futuro. Veamos un poco mejor.

Por una parte, la organización política de las almas es paralela a los de los cabildos coloniales españoles; el mobiliario que allí existe, por ejemplo, es el propio de estos edificios: los grandes asientos, los bancos que semejan escaños, las magníficas mesas rectangulares donde las almas deliberan y escriben en sus libros de registro, todo ello marcando un intenso contraste (luces/sombras) con la vida cotidiana en la comunidad de Cancuc, donde los asientos son diminutas banquetas de tronco vaciado, no existen mesas y prácticamente nadie sabe escribir. A este respecto, debería hacer notar que la escritura, la posibilidad de registrar fielmente la palabra, o mejor dicho, su significado (slok'omba), mediante garabatos, constituye desde un punto de vista tzeltal el procedimiento mimético por exelencia. Más aun que la fotografía o la grabación sonora, la escritura es propiedad de los "otros" étnicos, de los occidentales, y esto por razones históricas evidentes. Es muy frecuente que en las narraciones, sucesos o sueños en que intervienen seres sobrenaturales, por ejemplo animales o seres humanos "extraños", estos sean descritos escribiendo o bien portando libros, cuadernos o plumas. La escritura, pues, es una actividad sagrada en un sentido muy estricto.

Por otra parte, el hecho de que el ch'iibal funcione como un tribunal de almas --incidentalmente, un tribunal cuyos procedimientos judiciales se encuentran mas cercanos de los occidentales que de los amerindios-- subraya su carácter de escenario teatral. Un tribunal es una clase de lugar donde, como en los teatros, se representa, se simula. No debe ser casual que los indígenas equiparen deliberadamente el papel del chamán durante la ceremonia de curación con el de un lisensia, un abogado, es decir, en la experiencia histórica indígena tzeltal, uno de los papeles castellanos (occidentales) por antonomasia.

La misma arquitectura del lugar ch'iibal no escapa a este efecto mimético. Según hemos visto, la mayoría de los cancuqueros describen el edificio con forma piramidal puesto que se adapta a la forma de la montañas que le albergan, y formado por trece pisos (un número que en tzeltal proporciona una imagen de acabamiento), de los cuales solo los tres superiores están habitados por las almas. Aunque mis informantes nunca establecieron una analogía tal, no es demasiado arriesgado identificar este edificio imaginario con las pirámides de las antiguas ciudades mayas. Por ejemplo, con la gran pirámide de las ruinas de Palenque, o quizá, mejor, con la llamada pirámide del Adivino, en la cual los tres niveles superiores están claramente diferenciados entre sí y del resto de la construcción.

No obstante --y aquí salta la sorpresa, aunque quiza una sorpresa hasta cierto punto previsible-- algunos informantes me describieron el edificio ch'iibal directamente como un rascacielos. Una moderna torre de pisos como las que pueden verse en las grandes ciudades mexicanas, en el distrito financiero del Paseo de la Reforma de México D.F., por ejemplo. En esta versión, el ch'iibal esta flamantemente construido con acero y vidrio y consta de trece pisos de altura. Como en las antiguas pirámides, las almas siguen ocupando de forma permanente solo los tres superiores, si bien los niveles restantes están destinados a sótanos, almacenes, garajes para los automóviles, oficinas y otros. La torre posee una amplia y elegante entrada con un conserje quien da el número de turno para que los chamanes (sus ch'ulel) puedan pasar a exponer el caso del enfermo que están tratando ante las autoridades-almas. En realidad, según es descrita, toda la actividad burocrática que se desarrolla en el edificio concuerda con la que se puede observar un moderno edificio mexicano de procuración de justicia. También, de la fachada sobresale un mástil del que cuelga una bandera: uno de los cuatro estandartes (imaginarios) propiedad de cada linaje mayor de Cancuc. Ahora bien, evidentemente, como el resto de lo que en su interior existe, se trata de un edificio ch'ul, fantasma.

 

La facultad de copiar, de emplear medios técnicos para reproducir imágenes de objetos o seres vivos constituye, a ojos de los indígenas, una de las características más distintivas del mundo occidental. En 1968, José Hernández, indígena tzotzil de Zinacantán (pueblo no muy distante de Cancuc) visito Cambridge, Massachusetts. Había trabajado como informante del proyecto Harvard-Chiapas en Zinacantán y ahora visitaba la Universidad durante unos días para continuar con sus informaciones y enseñar tzotzil a los estudiantes. Le solicitaron entonces que escribiera un diario relatando sus actividades e impresiones durante su estancia, cuyas páginas han sido recientemente traducidas y publicadas por John. B. Haviland con el oportuno título de "They Had a Very Great Many Photographs" ("Tenían muchas y estupendas fotografías") (1977). Y en verdad, lo que más llama la atención de lo que a José Hernández le llamó la atención de la cultura norteamericana son las incesantes referencias a la fotografía. En unas pocas páginas de diario (decir diario en su sentido norteamericano es quizá excesivo, más bien es una neutra y apropiadamente indígena relación de fechas, lugares, actividades) se suceden casi sin solución de continuidad las descripciones del proyector de diapositivas del aula universitaria, la película etnográfica de los esquimales ()Nanook of the North, de Flaherty?), las películas de cine convencional, el microscopio del médico que le toma una muestra de sangre, los rayos X del dentista, la omnipresente televisión antes de acostarse, y, sobre todo, fotografías: las que se enseñan en los museos, la sesión fotográfica después de un viaje turístico a Japón, las fotos etnográficas de Chiapas, los retratos colgados en los pasillos, etc. En cierto momento se le pide que ordene unas fotografías que tomaron los antropólogos el año anterior en Zinacantán:

 

I began to select the photographs. There was one of the president, with the alcaldes, with the senior alcalde and the junior alcalde, with the regidores, and the escribes. There were photos of all of them. There was a photograph of Domingo de la Torre, and Mariano Anselmo. And there was a picture od Domingo's wife, with his children. There were many photographs. And there were photographs of people from other hamlets as well. There was a photo of old Chep Nuj, with his wife and all his daughters. There were photographs of old Yermo's family. And there was a photograph of old Xun Vaskes from Nabenchauk, with his children. And there were also photographs of people from Apas. There was a photograph of the curers, when the students were there, when the curers gave candles for the mid-year ceremony. So there were lots of pictures. There were pictures of the musicians, and I selected them first. When I had finished sorting them, I put them in a book. The book was especially made for storing photographs. (Haviland 1977: 44).

 

En todo caso, a los indígenas de Chiapas no les hace falta viajar tan lejos para observar la compulsión de los kirinkoetik (gringos) por extraer fragmentos duplicados del mundo y llevárselos de regreso a sus pueblos remotos. Basta con echar un vistazo a los turistas en San Cristóbal las Casas, la capital de la región de los Altos, para confirmar la frenética actividad fotográfica que les invade. Así las cosas, en ciertos pueblos indígenas de Chiapas que entran dentro de las rutas turísticas, sus autoridades prohiben a los visitantes tomar fotografías en todo el término municipal --en el camino de acceso hay una señal de tráfico donde se ve una cámara tachada por un aspa-- como si se tratara de una enorme reserva de duplicación fotográfica. Las agencias turísticas no dejan de insistir sobre este aspecto, lo cual contribuye a elevar el valor fotogénico de estos lugares, y los convierte por añadidura en una irresistible tentación para el furtivismo fotográfico.

A diferencia de algunos grupos tribales amazónicos que parecen haberse implicado activamente en la grabación en video de su propio mundo, los cancuqueros --y hablando de forma más general, los tzotziles y tzeltales de las Tierras Altas de Chiapas-- no se fotografían a sí mismos. Parecen considerar esta como una actividad exlusiva de occidentales o, en todo caso, de las almas. No es que no aprecien las fotografías de sí mismos; muy al contrario, por lo que se, parece sentirse un enorme curiosidad por ver la propia imagen en una fotografía. Pero fotografiarse implica a la vez una pequeña transgresión, porque, según entiendo, los retratos rompen con el ideal cultural de evitar dejar recuerdo de uno mismo a las siguientes generaciones: una vez que un indígena muere debe ser olvidado tan pronto como sea posible, esto es, olvidado en tanto que individuo con características singulares. De aquí seguramente esa norma implícita en las poses fotográficas de anular en lo posible los rasgos idiosincrásicos; de posar, por ejemplo, con el cuerpo erguido y simétrico, con los brazos bien pegados al cuerpo y, sobre todo, el semblante impávido (una pose, por lo demás, que se repite con frecuencia entre los indígenas americanos). Y a pesar de estas restricciones, las fotografías son más bien un producto de consumo inmediato y no una memoria de sí. No recuerdo haber visto nunca en Cancuc la fotografía de un pariente fallecido, y no sería de extrañar que quienes lleguen a conservarlas, lo cual es raro, sean finalmente enterrados con ellas, tal y como ocurre con el resto de las escasas pertenencias personales.

Sin embargo, hablando de forma más general, es la fotografía en tanto que actividad transitiva lo que parece particularmente inapropiado entre los cancuqueros. Como caminar de manera desequilibrada, hablar elevando la voz o tocar en público a la esposa, fotografiar coloca a quien lo hace en condición cercana a los no-indígenas (occidentales), algo que los cancuqueros tratan de evitar hasta donde les resulta posible, puesto que denota ausencia de cultura, o para decirlo lisa y llanamente, animalidad. Tampoco los cancuqueros se graban a sí mismos magnetofónicamente, y quienes poseen cintas de música mexicana es porque las han comprado, pues parece fuera del sentido común grabar directamente de la radio o de otra cinta, tal y como hacen en cualquier mercado los vendedores mexicanos.

Los antropólogos, como podrá ya suponerse, con nuestros cuadernos, cámaras y grabadoras, cumplimos a la perfección el papel de occidentales. Mientras viví en Cancuc, entre las tareas que vinieron a imponérseme estuvo la de servir de fotógrafo de las ceremonias públicas. Y durante los primeros meses mi casa se convirtió en un improvisado estudio fotográfico donde, por un precio módico, hacia retratos individuales o de familia. No tuve mucha elección. Desde un principio los cancuqueros dieron por seguro que, en tanto que kaxlan, "castellano", la de fotografiar era una actividad que resultaba tan apropiada en mi como en ellos resulta cultivar maíz. Recuerdo también los comentarios admirativos que despertaban entre quienes visitaban mi casa la gran cantidad de cintas magnetofónicas que acumulaba allí para, de vuelta a mi país, llevarme copias de las palabras tzeltales dichas ()para hacer con ellas qué?).

 

Páginas atrás califiqué, un poco bruscamente, la actitud de los cancuqueros hacia los productos de la tecnología occidental de "fascinación". Es cierto que casi todos demuestran un entusiasmo, desde el punto de vista de un extraño al menos, desproporcionado por estos objetos, especialmente si se conocen por primera vez, y desde luego si los porta un forastero proveniente de un lugar distante. Relojes, linternas, radios y demás suelen inspeccionarse detenidamente, en especial su aspecto externo. Por ejemplo, sobre dos radiocasetes Panasonic del mismo modelo, que puesto que están fabricados en serie a mi me parecen exactamente iguales, los cancuqueros son capaces de sostener una larga y detallada comparación: )cual es el "hermano mayor" (bank'ilal) y cual el "hermano menor" (ijtz'inal)? )A que distancia se encuentran sus respectivos lugares de origen? )Que duración tiene en cada uno las pilas? )Que relación guardan las pequeñas diferencias exteriores, resultado del uso, con posibles diferencias internas? Etcétera. Y no digamos ya sobre dos aparatos de distinta marca, distintos colores, distintas teclas y así.

(Mas esa misma fascinación que muestran los indígenas por la capacidad técnica occidental de copiar, reproducir )no es quizá la misma que sentimos nosotros por las imitaciones que hacen otros pueblos de nosotros, la misma, por ejemplo, que demuestro yo al escribir estas páginas acerca de las extrañas almas indígenas --dobles--, que a su vez fabrican dobles de las mercancías del mundo industrial?)

Ahora bien, en mi opinión, el interés por estos objetos nada tiene que ver con un supuesto asombro por aquello que no se conoce ni comprende --el clásico lugar común de la estupefacción del "salvaje" ante la "magia del hombre blanco"--; a decir verdad, la explicación de por qué una radio suena es algo que a los cancuqueros no parece interesarles en lo mas mínimo. El deslumbramiento se debe más bien a la propia capacidad de duplicación de estos productos, de extraer desde un original. Pero su valor no estriba --no obstante la formulación clásica de Frazer en La Rama Dorada acerca de la lógica de la magia-- en su capacidad de extraer el poder del original y así poderlo aplicar con fines propios. Su valor reside en el hecho mismo de reproducir, y al reproducir, crear "lo otro" de algo. Es decir, se trata de mercancías capaces de producir "sacralidad" en sentido estricto, de fabricar alteridad: el tiempo contenido en los relojes, la luz artificial de las linternas, la música mexicana de las cintas magnetofónicas, el lenguaje castellano de la radio, etc.

La caracterización tzeltal de los occidentales como copiadores compulsivos creo que es esencial para entender el hecho de que las almas ch'ulel --imitadoras de los occidentales-- posean en el interior de la montaña no solo objetos tecnológicos, sino que, esencialmente, dispongan de medios de registro y reproducción. Medios tales como cuadernos, máquinas de escribir, cámaras fotográficas, grabadoras, tocadiscos y demás. En otras palabras, no solo son copias de objetos, sino copias de objetos que copian. Puesto que en la montaña imitan el mundo occidental, igualmente imitan sus medios de imitación. Las almas, pues, han roto el monopolio que los europeos ejercen sobre los medios de imitación. Y romper el monopolio de la reproducción mimética no es poca cosa, porque equivale a sustraer a los europeos el privilegio de ser los únicos que producen imágenes de los otros, que los re-presentan (fotografian, graban, dibujan, escriben...). La consecuencia es que, si los occidentales representamos a los indígenas, las almas de los indígenas nos representan a nosotros los europeos; son nuestra imagen en un espejo imaginado e inventado por los tzeltales. Una solución, por añadidura, que parece concordar bien con la profunda preocupación que demuestran tanto los tzeltales como los pueblos amerindios en general por las relaciones de simetría y reciprocidad social.

La "facultad mimética", según Taussig, es la naturaleza que usa la cultura para crear una segunda naturaleza. Y las mercancías son la escenificación de esa "segunda naturaleza": uno de los lugares privilegiados donde se revela la mímesis: "Esta es una de las razones por las que las mercancía está imbuida de una cualidad espectral. En su célebre texto sobre el fetichismo de las mercancías, Karl Marx afirmó que "toda la magia y la necromancia" de la mercancía se disipa si observamos las sociedades precapitalistas, donde la producción no estaba dictada por el libre mercado y por tanto por la forma de la mercancía. Pero en las sociedades que se encuentran en los márgenes de la industria capitalista o de la cultura capitalista y que se hallan profundamente influidas por esa cultura, y donde existe también una fuerte tradición de magia, entonces la magia y la necromancia de la mercancía en vez de disiparse se fortalecen" (Taussig 1993:234). En fin, según reflejan las almas indígenas de la montaña ch'iibal, lo que parece hallarse en juego no son tanto los medios de producción como los medios de imitación.

 

 

 

Referencias bibliográficas

 

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