VIVENCIAS DE LA GLOBALIZACIÓN:

EL DESARRAIGO

 

 

 

 

 

ANA ESTEBAN ZAMORA

 

 

ÍNDICE.

 

I. INTRODUCCIÓN

 

II. MIGRACIONES E IDENTIDAD

 

III. CRISIS DE IDENTIDAD

 

IV. DATOS DEL TRABAJO DE CAMPO

 

V. CONCLUSIONES

 

VI. BIBLIOGRAFÍA

 

El exilio es la cesación del contacto con un follaje

y de una raigambre con el aire y la tierra connaturales;

es como el brusco final de un amor, es como una muerte

inconcebiblemente horrible porque es una muerte que se

sigue viviendo conscientemente (...)

 

(J. Cortázar citado en Gazmuti)

 

 

 

I. INTRODUCCIÓN

 

Los flujos migratorios son una constante en el mundo actual debido a factores económicos, políticos o de otra índole. Una situación desesperada en un país concreto puede arrastrar a miles de personas a abandonar su lugar de origen.

 

El proceso de globalización que se ha experimentado en los últimos tiempos ha determinado el cambio en la perspectiva en las condiciones económicas y sociales que han afectado a todas las naciones de un modo general pero también de un modo individual, centrándose en el sujeto. Por esta razón considero conveniente realizar aquí una breve referencia al término de globalización y a sus diversas implicaciones con el único fin de contextualizar el estudio realizado.

 

La globalización es un nuevo fenómeno histórico que se caracteriza por el auge de las nuevas tecnologías de comunicación e información y que está transformando las vidas y sociedades de los distintos países. La importancia de la globalización viene determinada porque el núcleo básico de la economía que es el que marca los ritmos y orienta las inversiones y mercados es global, esto es, "tiene la capacidad de funcionar cotidianamente como una unidad en un ámbito planetario, a través de sistemas de información telecomunicados y de redes de transporte informatizadas" (CASTELLS, 1997:9). Pero aunque es la economía el núcleo principal que se ha globalizado, son múltiples las actividades de todo tipo que se han visto afectadas por la globalización: la ciencia y la tecnología, los medios de comunicación, los servicios financieros, el arte, el turismo, etc. Ahora bien, aunque "la globalización afecta a todo el planeta" no todo el planeta está incluido en el sistema global. Sólo se globaliza "aquello a lo que se da valor" y se deja de lado lo que no interesa, es una "desconexión selectiva" (Ibid).

 

Pero, qué ocurre con el individuo al volverse el mundo cada vez más global, más transnacional?. Sin duda, surge una necesidad por parte de los sujetos de definirse a sí mismos en términos que puedan comprender, se apunta la necesidad de una comunidad geográfica, lingüística, religiosa, cultural, que el sujeto pueda ver y de algún modo sentir. Así, hay autores como Peter Drucker que afirman que "cuanto más transnacional llegue a ser el mundo, más tribal será también" (DRUCKER 1993: 158). Este autor sostiene que al abrirse las fronteras económicas, los sujetos necesitan amarrarse a algo, a su propia identidad, para no verse sumergidos en el mar de la globalización sin tener algo inherente y propio del ser humano como es la identidad social e individual.

 

De este modo, las migraciones masivas que se han vivido en este siglo, en las que se han visto envueltas millares de personas en todo el mundo, ha permitido poner de relieve la importancia que la globalización económica, pero también social, tiene para los sujetos. Esta huida de población no sólo encierra graves consecuencias para el país que se deja atrás sino también para el nuevo lugar de acogida que tendrá que "absorber" a los recién llegados. Así, la inmigración debe ser entendida en cuanto que fenómeno social inserta en un medio globalizado. Autores como Sami Naïr y Javier de Lucas consideran que la inmigración se caracteriza por la globalidad ya que:

 

a) Es un "hecho social total" porque actúa sobre todos los elementos del conjunto social.

b) Es un "hecho de dimensiones planetarias" que debe entenderse en el contexto de la mundialización. Más de 120 millones de personas se encuentran inmersas en estos flujos pero se produce "sobre todo en y entre los países del Sur, y no desde el Sur hacia el Norte rico". Estos flujos migratorios constituyen entonces "un desafío histórico que exige soluciones de alcance global" (NAÏR Y DE LUCAS, 1997:9).

 

Así mismo, los autores nos recuerdan que la inmigración se halla integrada en el modelo de la economía global lo que además implica una doble paradoja: "hay un sistema mundial de trabajo cerrado, al mismo tiempo que una economía abierta. Es decir, un modelo de fuerte explotación de la mercancía-trabajo, como lo revela la utilización, la funcionalidad del trabajo clandestino (...) A la vez, estos flujos migratorios se generan y gestionan para que sean funcionales en el proceso de mundialización y de competencia salvaje propio del liberalismo económico: cumplen la función de desestabilización interna de la mano de obra y son moneda de cambio en las relaciones de dependencia Norte-Sur" (Ibid).

 

Una vez que se ha enmarcado este trabajo en el proceso de globalización que se ha ido abriendo paso a lo largo de las últimas décadas, pretendo resaltar al sujeto en cuanto que individuo que se ve obligado a abandonar un país, una cultura, una sociedad determinada viéndose obligado a adaptarse a otras reglas socio-culturales. Por lo tanto, este escrito se centra en la percepción que los inmigrantes tienen en el país de acogida tanto hacia su propio país de origen como al de llegada.

 

II. MIGRACIÓN Y EXILIO.

 

Las migraciones políticas han sido una de tantas migraciones que han ocurrido en América Latina. Es a partir de 1973 cuando dejan de ser pequeños grupos los afectados para iniciarse un exilio masivo en el continente. El aspecto político es la particularidad del exilio en Latinoamérica, lo que le hace diferente del resto de las migraciones que se basan justamente en aspectos de carácter social o económico.

 

El exilio va a suponer una forma de descontextualizar a las personas de su hábitat habitual, desintegrando la identidad social y cultural, lo cual se corresponde también con una pérdida gradual del sentido de la identidad nacional, ya que toda identidad se construye o debilita a través de procesos sociales en donde la interacción simbólica y la memoria colectiva son elementos determinantes para que los individuos se perciban y sean aceptados como parte de un colectivo (SANDOVAL, 1993: 10).

 

La emigración forzosa, desesperada, que tienen que recorrer miles de personas obligadas por las circunstancias políticas de sus países, provoca una situación de desamparo y crisis que no sólo es física, falta de trabajo y recursos materiales, sino que es sobre todo moral y emocional. Cuando un individuo abandona su país de un modo imprevisto, sin poder pensarlo dos veces, casi por la puerta de atrás y sin hacer ruido, lo que ocurre es un corte radical en su vida que le costará enormes esfuerzos superar, si es que alguna vez consigue hacerlo.

 

Durante el exilio hay un aspecto de gran importancia para los sujetos que va a constituirse como una gran barrera y que en muchos casos es insuperable. Me estoy refiriendo al problema de la identidad nacional, social y cultural, que va a tener su expresión en el desarraigo cultural. El exiliado se ve despojado en un momento de toda una vida pero también de una identidad. Se le arrebata su país, su sociedad, su cultura. Llega a otra nación donde en muchos casos se habla otra lengua, hay otras costumbres, formas de pensamiento distintas... Es indudable que en una situación así se produce una tremenda crisis de identidad y esta es la hipótesis de la que yo partía al inicio de mi investigación y que en gran medida se ha visto confirmada por los datos obtenidos en el trabajo de campo.

 

A partir de la bibliografía que he podido leer y de los datos que he recogido en mi trabajo de campo, puedo sostener que lo que se produce en el exiliado es un choque cultural al principio de llegar al nuevo país pasando después a una desestructuración y progresiva pérdida de la identidad, para finalmente conseguir un "amoldamiento" cultural. Pero, aunque si bien es cierto que en gran medida la identidad de origen se pierde, se gana una nueva, esto es, se enriquece la antigua, se pierden unos aspectos introduciendo unos nuevos (los del país de acogida) que darán lugar a una mayor integración en la sociedad receptora. Ahora bien, pienso que no es posible generalizar estas conclusiones a todos los exiliados políticos ya que he podido descubrir que hay dos variables fundamentales que van a determinar en gran medida la integración o no a la nueva sociedad y la posibilidad del surgimiento de una nueva identidad:

 

1. La variable personal que se refiere a la actitud que toma el sujeto ante la situación de exilio.

 

2. La variable social que tiene que ver con las características de la sociedad de acogida.

 

La causa de la elección de la emigración como medio para estudiar la identidad socio-cultural reside en que es a través del contraste como se origina y se asume la propia identidad. Por ello, he de reconocer que me ha servido de gran ayuda el trabajo de investigación de Margarita Del Olmo que en su tesis, La construcción cultural de la identidad: emigrantes argentinos en España, señaló que al elegir como objeto de estudio a los argentinos emigrados a España lo que pretendía era poner en evidencia el contraste que generaría una situación de crisis de la identidad, por lo que se hacía más fácil observar los mecanismos culturales que intervienen en la dinámica de una identidad. Lo que ella estudia es el modo en que los emigrantes argentinos reconstruyen su propia identidad en un medio diferente asumiendo precisamente la falta de identidad que se sufre en ese entorno.

 

Finalmente, lo que me interesa destacar en este primer acercamiento al tema es que no debemos olvidar que el exiliado se encuentra de un día para otro en otro entorno, con otro sistema de pensamiento, cosmovisión, economía, sociedad, que le son extraños. Es sumamente importante enfatizar que el proceso de adaptación del exiliado se ve caracterizado en un primer momento, que puede prologarse en el tiempo, por un sentimiento de desarraigo cultural y social y que va a condicionar toda su vida. Es lo social lo que va a definir la identidad del individuo, en el pasado, presente y futuro, y lo social es lo que rodea al sujeto, la sociedad en la que éste está inmerso de un modo u otro. Esta es una idea que defiende Françoise Héritier con palabras claras y contundentes: "el único armazón verdadero, aquél sobre el que se construye la identidad, es dado por la definición social. La regla social colectiva se encarna en el individuo y le confiere su identidad al asignarle un lugar, un nombre y un papel..." (HÉRITIER, 1981:72).

 

Esta identidad que va a sufrir una crisis importante con el exilio puede definirse como "la respuesta a costumbres, valores, símbolos culturales, rituales y todos aquellos aspectos que dan coherencia en el sentido de pertenencia e identificación con un colectivo, generada a través de una integración e identificación del individuo con un hábitat y unas condiciones socioculturales. Es decir, la identidad es el resultado de una integración de los individuos con un espacio, un tiempo y unas condiciones sociales que expresan una relación de identificación de los individuos con su grupo" (SANDOVAL, 1993:10).

 

Para Del Olmo el concepto de identidad está integrado por dos significados aparentemente opuestos: la igualdad y la diferencia. Así, esta antropóloga señala que una identidad "es el resultado de dos procesos de identificación diferentes y/o alternativos, la identificación con algo/alguien y la identificación frente a algo/alguien" (DEL OLMO 1989:25). Vemos entonces que en antropología el concepto de identidad es presentado con dos características:

 

1. La de rol o función.

2. El significado de la identidad se adquiere culturalmente.

 

A esto se debe añadir que la identidad individual no es nunca estática, en realidad se encuentra sometida a un flujo constante. Para poder entender la importancia que la identidad tiene en todo estudio antropológico me parece relevante tener claro que "toda relación social se establece asignando una identidad" (DEL OLMO, 1989:26).

 

Otra investigadora, Esperanza Molina, en su obra Identidad y Cultura define identidad como "el conjunto de datos que definen a un individuo de manera que lo singularizan y lo limitan de tal forma que no puede ser confundido con ningún otro" (MOLINA, 1975:19). Además señala que son "los otros" los que nos ayudan a definirnos y los que también marcan los límites de la identidad de cada uno a través del proceso de integración que dura toda una vida.

 

La clasificación que Del Olmo establece para diferenciar las distintas identidades me parece relevante para poder entender mejor qué es lo que se entiende en este trabajo por identidad, y en concreto por identidad socio-cultural.

 

1. La identidad cultural que consiste en asumir y compartir una escala de valores, "simbólicamente absolutos", que organizan jerárquicamente las normas de conducta derivadas de todos los papeles y posiciones posibles en el universo simbólico de una cultura.

 

2. La identidad social se refiere a cuando se asumen como modelos unas normas de conducta, "simbólicamente relativas" por referencia a la escala de valores de la cultura que se comparte.

 

3. La identidad individual es el producto de combinar de un modo específico las distintas identidades que una misma persona puede llegar a detentar. (DEL OLMO, 1989:96-97).

 

Otros autores que han tratado el tema de la identidad relacionado con la migración han sido los argentinos León y Rebeca Grinberg que han tratado este asunto desde el punto de vista del psicoanálisis entresacando importantes aspectos. Ambos autores se refieren al término de identidad que Freud propuso: la identidad tiene que ver con la relación de un individuo con su grupo en donde se comparten aspectos comunes. La identidad es pues un sentimiento que se desarrolla basado en los vínculos con los otros. De este modo, y partiendo de la idea de Freud, para estos dos psicólogos, el sentimiento de identidad está formado por tres vínculos:

 

a) El vínculo de integración espacial que se corresponde con un sentimiento de "individuación".

 

b) El vínculo de integración temporal que es el sentimiento de "mismidad".

 

c) El vínculo de integración social que posibilita el sentimiento de pertenencia. (GRINBERG, 1984:59).

 

Pero de los tres es el vínculo social el que se ve más afectado por la migración ya que los mayores cambios ocurren en el entorno. Para los autores, está claro que la migración pondrá a prueba la estabilidad psíquica y emocional. Tiene que producirse una reorganización y consolidación del sentimiento de identidad para que uno pueda seguir sintiéndose el mismo a pesar de los cambios y remodelaciones.

 

Aunque el tema de la identidad ha sido ampliamente discutido, no sólo en el ámbito de la antropología sino también por otras disciplinas, creo que en síntesis ha quedado expuesto cuál es el concepto de identidad con el que voy a trabajar y que va a determinar el modo de enfocar mi estudio. La identidad que me interesa en este caso es la socio-cultural que viene conformada por el entorno socio-cultural del individuo y que determina su cosmovisión.

 

III. LA CRISIS DE IDENTIDAD.

 

Una vez formulado el concepto de identidad encuentro necesario aclarar otro término que es fundamental en mi trabajo y éste es el de crisis de identidad. Para poder definirlo de un modo claro y simple vuelvo a guiarme por el trabajo de Del Olmo quien entiende esta crisis como una situación que se produce cuando una identidad asignada o asumida no puede proporcionar una explicación coherente al comportamiento por varias razones:

 

1. Porque el comportamiento está demasiado lejos de las normas de conducta que actúan como referentes.

 

2. Porque la escala de valores de la identidad cultural que se asume no es capaz de integrar coherentemente las contradicciones entre las distintas normas de conducta.

 

Aunque se pueden producir crisis a nivel individual, son las sociales las más graves manifestándose así una incapacidad para predecir el futuro inmediato.

 

También es importante señalar que "cada escala de valores es absoluta en el seno de la cultura que la produce, pero relativa con respecto a las escalas de valores que otras culturas generan". Se justifica así el interés por las situaciones de crisis debido a que es entonces "cuando se debaten los procesos que intervienen en la formación, el desarrollo y en la finalidad para la que la identidad se construye culturalmente" (DEL OLMO, 1989: 106).

 

Esta crisis de identidad aparece de un modo claro y evidente en los procesos migratorios. Es entonces cuando el individuo se encuentra con otra sociedad que no es la suya y su propia identidad sufre un resquebrajamiento ya que no le es útil como antes. Los paradigmas, la visión del mundo han cambiado y el sujeto percibe y experimenta dolorosamente que su identidad, sus valores, lo que le identifican y le ayudan a sobrevivir, ya no le sirven. Es entonces cuando se produce esa crisis de la identidad que conlleva posteriormente una reconstrucción de ésta en el mejor de los casos. La migración es pues "una experiencia potencialmente traumática caracterizada por una serie de acontecimientos traumáticos parciales y que configura, a la vez, una situación de crisis. Esta crisis puede, por otra parte, haber sido el disparador de la decisión de emigrar, o bien la consecuencia de la migración" (GRINBERG, 1984:27). Así, es importante tener en cuenta que la migración supone un cambio de tal magnitud que pone en evidencia e incluso en riesgo, la identidad.

 

IV. DATOS DEL TRABAJO DE CAMPO.

 

En primer lugar, es necesario referirme a mi ámbito de estudio para poder situar mejor el problema de investigación. El trabajo de campo lo he realizado entre la comunidad chilena exiliada de su país hacia 1975 como consecuencia del golpe de Estado del general Pinochet en septiembre de 1973. Se caracterizan todos ellos por ser residentes en España, Francia y EE.UU. con una estancia prolongada fuera de Chile. Además, mis informantes han sido parejas que salieron de Chile con hijos o que los tuvieron al poco de llegar al país de acogida. Respecto al país de acogida, he de señalar que he tenido la gran suerte de poder contar no sólo con informantes que residían en Madrid, sino también con una pareja que se exilió a Francia y otra a Estados Unidos. La posibilidad de haber hablado con ellos me ha permitido enriquecer enormemente la información, diversificarla e incluso me ha posibilitado establecer una interesante comparación entre las distintas sociedades de acogida y su influencia en la integración del exiliado a ésta.

 

Es importante señalar que todos los varones, al menos, tenían implicaciones políticas, militando en partidos de izquierdas, prohibidos por el régimen. La causa de la salida del país fue claramente política, arrastrando tras de sí a sus mujeres e hijos. Debemos ser conscientes a la hora de analizar la información que es el peligro por la propia vida y la de sus más allegados el detonante de la salida. Algunos llegaron a estar encarcelados durante meses y sufrieron constantes torturas, llegando incluso en algún caso a cambiar la reclusión en la cárcel por la salida del país. También hay que recordar que el colectivo estudiado se refiere a un determinado estrato socioeconómico, clase media y con unas características determinadas, lo que sin duda, determina los resultados obtenidos.

 

La percepción que se tiene del exilio es bastante homogénea para todos los informantes: al principio se ve como un período que no va a prolongarse demasiado en el tiempo. Como decía un informante:

 

"La única alternativa en el fondo era el exilio. En un exilio que en aquellos momentos estimábamos corto. Yo era de los pesimistas, creía que podía durar unos dos o tres años y los optimistas pensaban que seis meses: llevamos veinte fuera" ( Informante n3; exiliado en Francia).

 

Este dato es importante porque al pensar que el exilio no iba a durar mucho tiempo, que era una opción a corto plazo, se puede explicar que al principio no se sufriera una crisis identitaria ya que era simplemente una estancia prolongada en un país. Fue después cuando comenzó a producirse una fuerte crisis ya que el exilio se iba prolongando, no se podía regresar y los hijos crecían.

 

A lo largo de las entrevistas en profundidad realizadas, la observación participante y el grupo de discusión que llevé a cabo, pude comprobar como se repetía con insistencia las dificultades con que se encontraron los actores para integrarse en la nueva sociedad, aunque también destacan la solidaridad de la que disfrutaron a su llegada, los distintos trabajos que tuvieron que desempeñar para hacer frente a la nueva situación y la preocupación que tenían porque sus hijos sufrieran lo menos posible. A partir de los datos obtenidos, me propongo analizar en qué consiste exactamente, desde el punto de vista de los actores, el concepto de desarraigo cultural en cuanto que fue una situación con la que se encontraron de un día para otro y sin haber podido prepararse para ello. Fue algo impuesto y esto no podemos olvidarlo ya que marca todos los discursos.

 

Como señala Alejandro Bustos en su tesis, La inmigración chilena en España: perspectiva antropológica, no podemos olvidar que lo que se produce es un sistema de relaciones interétnicas que se caracterizan por relaciones asimétricas entre una sociedad mayoritaria (poderosa) y una minoría inmigrante (a veces marginal). Esta relación asimétrica en la que hay una dominación supone que los inmigrantes deben adaptarse y ser asimilados por la sociedad receptora. Pero esto puede provocar una reacción por parte de los inmigrantes:

 

a) Resistirse a la aculturación extrema reclamando el reconocimiento de su propia identificación étnica y pautas culturales.

 

b) Estar dispuestos a negociar la aceptación y/o adaptación a las formas de vida, instituciones y símbolos de la sociedad de acogida.

 

Así mismo, es interesante destacar que el chileno, en cuanto que emigrante, se da cuenta de que él es diferente pero también, la mayoría, "los otros" son diferentes a él. Es por esta razón por lo que se ve en la necesidad de asumir una doble mirada que muchas veces es conflictiva y que le obligan a "rehacer su imagen" con respecto a Chile y los chilenos, y respecto a España, contrastando la realidad con la imagen utópica que se había formado. Esta situación genera una crisis de identidad, esto es, una incapacidad para comprender y vislumbrar el comportamiento de la sociedad mayoritaria, lo cual tiene como consecuencia una falta de adaptación de la conducta del individuo. Para algunos, el estar en España significó una doble pérdida: la de su país de origen y la del país utópico al que pensaban llegar (BUSTOS, 1994:575).

 

Una vez que el chileno se instala, se enfrenta a un proceso de adaptación para poder restablecer el desequilibrio de su identidad en cuestión. Para ello, utilizará la identidad cultural de origen y la internalización de los nuevos valores de la sociedad de acogida. Pero durante un determinado período de tiempo, se hace patente no sólo la no identificación con la nueva sociedad, sino que además aparece el sentimiento del desarraigo cultural. Los actores toman conciencia de su nueva situación y se dan cuenta de la necesidad de identificación con los valores y símbolos chilenos para no sentir de una forma tan aguda la añoranza hacia Chile y la fobia e incomprensión hacia el nuevo lugar de residencia, lo que les impide en un primer momento la integración sociocultural.

 

Es difícil poder enumerar tres o cuatro aspectos que definan exactamente lo que se entiende por el término de desarraigo. Por esta razón he de aclarar que mi trabajo no pretende ser todo lo exhaustivo que debiera ni tiene tampoco la máxima de ser generalizable a toda el colectivo. Simplemente, he tratado de acercarme a estas personas con una vida rota en un primer momento que tuvieron que volver a construir y que han se han visto totalmente determinados por el entorno cultural. Lo que ellos me han contado y que yo he considerado de mayor importancia ha sido la crisis de identidad que se ha producido en los actores y los procedimientos que han empleado para poder integrarse, si es que lo han hecho. Por consiguiente, estos son los aspectos que a grandes rasgos podríamos considerar como reveladores de lo que significa el desarraigo cultural:

 

1. Constantemente se emplean expresiones para denotar que se está fuera del país de origen, que se está residiendo en el extranjero. Estas expresiones denotan claramente que el desarraigo comienza allí donde se produce una salida, una expulsión, un alejamiento de la sociedad con la que ellos se sienten identificados. El "estar fuera de su sitio" implica que en la nueva sociedad deben encontrar un lugar, una posición por la que tendrán que luchar y a la que deberán amoldarse. Esta necesidad de identificación con la sociedad que les acoge es una constante en los discursos de los informantes. No sólo están fuera de su país de origen sino que además están "dentro" de otro que en muchos casos no han elegido.

 

2. Se llega a un nuevo país en el que a veces el idioma es distinto, donde las costumbres son diferentes, no se conoce a nadie... Esta situación de cierto desamparo, de desconocimiento de la realidad que les rodea provoca en los sujetos un sentimiento negativo, pesimista, crítico que tiene a veces consecuencias fatales. Creo que es este sentimiento de no identificación con la nueva sociedad unido a un sentimiento de añoranza lo que puede definir con mayor propiedad lo que significa el desarraigo para los informantes. Me parece que el mejor resumen de lo que se entiende por desarraigo entre los exiliados chilenos lo ilustra perfectamente este informante:

 

"Se va produciendo un fenómeno extraño de amor y de fobias. Yo observo que casi todos fueron pasando primero por una fobia tremenda al lugar donde tú llegabas, en el primer momento encuentras todo negativo, malo, difícil, por el hecho de donde tú venías hacía 24 horas. Entonces la primera reacción es brutal, de rechazo al lugar, pero que tú tergiversas porque realmente es un rechazo a una situación que se te ha producido y después viene un descubrimiento de todos nosotros. Descubres un día cualquiera que estás insertado en otra cosa, una realidad en la que sale también el sol, que el paisaje te encanta y entras en la dinámica del país que te acogió. Y descubres cosas magníficas y te transformas en un tío más papista que el papa". (Informante n2; exiliado en España).

 

Creo que es en estas frases donde mejor se resume, a grandes rasgos, lo que significa la situación de desarraigo: es una multitud de sentimientos que tienen que ver principalmente con el encuentro y enfrentamiento a una nueva sociedad en la que el sujeto se ve obligado a vivir durante cierto tiempo y ante la cual puede adoptar dos actitudes: la integración o la no integración. Si elige la primera, el individuo tratará de identificarse con la nueva sociedad y quizás, si tiene éxito en este proceso, podrá disminuir en gran medida el sentimiento de desarraigo inicial. Si no consigue integrarse o si ni siquiera tiene intención de hacerlo, el desarraigo será permanente y el sujeto deberá convivir en la nueva sociedad pero sintiéndose de otro país y fuera de su sitio. En definitiva, no encontrará un lugar en el país de acogida y su deseo de volver se mantiene siempre vivo.

 

Ahora bien, este sentimiento de desarraigo que podría ser equiparado en parte a una crisis de identidad sociocultural no tiene un tiempo definido de duración. Ya he señalado anteriormente que la variable personal y la variable social influyen decisivamente en este hecho. De todos modos, lo que he encontrado en común entre los entrevistados ha sido la creencia durante un prolongado período de tiempo que iban a volver a Chile. Esta circunstancia ha determinado sin duda la actitud que han mantenido a lo largo de estos años de exilio, se han intentado integrar, en la mayoría de los casos, pero nunca han perdido la esperanza del retorno ni la añoranza, lo que, sin duda, les impide la integración total y completa, además de otros factores. Pero no sólo quieren volver al país del que salieron hace 20 años, también pretenden recuperar aquello que perdieron como la familia, amigos, juventud. Es lo que la socióloga Ana Vasquez ha reflejado en su artículo, "La maldición de Ulises", sobre los exiliados chilenos: "por intermedio del retorno, el exiliado desearía no sólo recuperar el espacio, sino también recuperar a su familia tal y como la dejó, el espacio de su infancia, recrear un mundo que ya no existe más" (VASQUEZ, 1993:42). Esta idealización del país y del tiempo pasado allí lo he encontrado prácticamente en todos los discursos. Incluso se da una situación paradójica: una informante no quería volver porque prefería recordarlo todo tal y como era.

 

"Me doy cuenta que hemos cambiado tanto, tanto, tanto, en estos 23 o 24 años que estamos aquí que me costaría mucho volver. Para qué?. Para que las chicas con las que yo salía resulta que ahora son abuelas o que andan unas con bastones. Pero gente mayor, mayor... Prefiero recordarlo como era. Es como cuando los muertos, en una foto cuando mayor, no, a mí déjemelo como cuando yo le conocía" (Informante n1; exiliada en España).

 

Creo que es muy ilustrativo este razonamiento. Para esta informante, Chile está muerto, ya no hay posibilidad de retorno. Se guarda en el corazón, como a un muerto, pero ha asumido la idea de la imposibilidad de volver. Este sentimiento no es compartido ciertamente por todos los entrevistados, algunos de los cuales sí sienten Chile vivo e incluso han descrito su deseo de vuelta para luchar por el país y mejorar la situación económica y social en que se encuentra según ellos:

 

"Si vuelvo a Chile, vuelvo a luchar. Yo no voy a volver a Chile para llevar una vida que no llevé antes. Por qué no me iba a rebelar ahora por las mismas cosas que me rebelé antes?." (Informante n3; exiliado en Francia).

 

En cambio, otro informante se desvincula de esta idea para sostener y afirmar su nueva posición en la sociedad:

 

"Te digo, yo no estoy tan viejo pero yo no me voy a meter una metralleta para irme a la cordillera de la sierra como hacen los compañeros. No, no estoy en eso. No tengo nietos pero a lo mejor algún día sí los voy a tener y espero disfrutarlos. Antes no pensábamos en eso. Sino que de forma irresponsable muchas veces pusimos en riego a nuestros hijos" (Informante n5; exiliado en Estados Unidos).

 

La idea del retorno es un componente imprescindible para entender la situación del exiliado y el desarraigo cultural. Ana Vasquez en el artículo antes mencionado, da cuenta de la situación psicológica en la que se encuentra el exiliado: no está en el presente, concibe el tiempo que durará su estancia fuera del país como una etapa entre paréntesis, una especie de falsa vida, esperando poder volver a la verdadera vida que se desarrolla en su país. Por ello, el exilio sin retorno es inimaginable, es como una doble derrota (como si los exiliados le concedieran el triunfo definitivo a aquellos que les expulsaron) (VASQUEZ, 1993: 37). Otra autora que ha trabajado el tema ha sido Cristina Hurtado-Beca quien en el artículo "El segundo exilio: el retorno al país" sostiene la misma idea: el que sea una partida forzada, que no fuera objeto de una elección personal, es determinante para que el exiliado siempre mantenga la esperanza de volver. (HURTADO-BECA, 1993:50). Esta idea subyace también en todos mis informantes, al menos durante un gran número de años en el exilio: todos pensaban que iban a volver a Chile en un corto período de tiempo y mientras tanto hacían lo que podían para sobrevivir. Pero, qué es lo que les hizo cambiar de idea, o al menos, replanteárselo de otra manera?. Yo he encontrado dos factores fundamentales: el tiempo y los hijos.

 

El tiempo es un factor determinante. No es posible precisar cuantos años tienen que pasar para sentirse más o menos integrado en el país de acogida, si es que se consigue un mínimo de integración. Sin duda, los grados de integración y de aculturación que presenten los exiliados influyen en la idea de retornar o no a su país de origen. Pero aún resulta más difícil saber cuándo el exiliado deja de acariciar la idea de la vuelta. Llega un momento en que ya no parece factible o al menos no es realizable en el presente inmediato esa vuelta al país de origen (hay que aclarar que la mayoría de los informantes no han desechado el retorno a Chile, quizás vuelvan cuando se hayan jubilado).

 

Y el segundo factor, quizás de mayor relevancia para los informantes, son los hijos. En la mayoría de los casos, los hijos de los entrevistados nacieron en Chile pero ninguno contaba con más de 10 años. Por lo tanto, estos niños han crecido en el país de acogida, han aprendido la lengua (todos hablan mejor la lengua del país de acogida), las costumbres y se sienten totalmente integrados (respecto a este último punto he de realizar una apreciación importante y que explicaré más tarde: los hijos de los chilenos que están viviendo en EE.UU. dicen sentirse más chilenos que estadounidenses y siguen teniendo únicamente el pasaporte chileno). Sobre la importancia de los hijos como causa del no retorno he obtenido muchos datos. Transcribo aquí una parte amplia de una entrevista ya que me parece muy representativa y explícita del concepto que se tiene del retorno y sus implicaciones:

 

"Respecto al retorno, en mi caso personal está conjugado por dos cosas bien precisas: una, el deseo personal, el deseo sentimental de regresar al país, de no continuar viviendo en un país donde nos habían cambiado todo: la lengua, el paisaje, todo. Y por otro lado, hay la decisión política, del partido en el que seguimos militando fuera, que era regresar al país clandestinamente y hasta los años 80 todavía estaba yo regresando. Pero qué me lo impidió: que mis hijos ya estaban creciendo, que mi mujer iba a quedar sola, acá con ellos, eran todavía chicos, 13, 14 años. (...) Pero después seguimos pensando en volver, en que íbamos a volver, esperando que la situación cambiase. Y el tiempo fue pasando, pasando, los hijos fueron creciendo. Ahora nosotros ya tenemos nietos, de 4 y 8 años..." (Informante n3; exiliado en Francia).

 

Pero también hay otro factor importante que es imprescindible añadir: los distintos viajes, más o menos frecuentes, que se realizan a Chile les hacen abandonar cada vez más la idea de la vuelta inmediata. Su primera reacción en los primeros viajes, es de alegría y querer volver. Pero a medida que han realizado otros viajes, perciben una situación distinta que ya no les agrada tanto y lo que es peor, comienzan a sentir que ese ya no es su país, que no se sienten identificados con esa sociedad, con esa cultura, y que va más allá de lo económico o político. Los amigos, familiares han cambiado, al igual que ellos, han evolucionado de otro modo y eso se puede extender y generalizar al resto de la sociedad. Incluso he encontrado un caso sorprendente: tienen dificultades para entender el "chileno", descubren diferencias en el modo de expresarse, ocurriendo incluso en informantes que han seguido hablando castellano, pero en España. Así lo cuenta un entrevistado:

 

"Ahora no entiendo mucho a los sudamericanos. Tengo que descubrir un poco qué es lo que pasa detrás de una frase, tengo que leer entre líneas. Ya he perdido esa facultad, esa agilidad. Me gusta más esto (se refiere al modo de expresarse en España), más directo" (Informante n2; exiliado en España").

 

Otro informante da cuenta del grado de integración a partir del conocimiento de la lengua del país de acogida:

 

"A nosotros nos ha ocurrido que a veces nos podemos expresar mejor en francés, lo cual ha significado que nos hemos insertado bien allá" (Informante n3; exiliado en Francia).

 

Además, el exilio es una pérdida y un desconocimiento gradual del país de origen, de lo que dan cuenta estos dos entrevistados:

 

"Yo en este momento no sé, no sé si voy a volver a Chile o no porque me han cambiado el país. Sucede que la dinámica camina contraria al proyecto que tengo yo de país. Entonces, ahora, yo no sé". (Informante n5; exiliado en EE.UU.).

 

"El país (Chile) me empieza a ser desconocido y cuando me subo al avión para venir (a España) siento que vengo a mi casa.(...) Con el paso del tiempo se suceden algunas visitas, y las primeras veces las vives con brutal intensidad, las últimas veces eso era un poco menos, se ha ido reduciendo al ámbito familiar. Por ejemplo, pues ahora, en este último viaje hubo amigos que yo no vi y que en otra ocasión me hubiera resultado tremendamente doloroso y hoy en día siento como que nuestros intereses ya no caminan juntos. (...) Creo que es más fácil sentirme más cercano con gente que ha sufrido mi misma experiencia, que ha estado en el exilio. Me identifico mucho mejor con ellos porque han mantenido mis mismos valores" (Informante n2; exiliado en España).

 

V. CONCLUSIONES.

 

Llegados a este punto se hace necesario recapitular todos los conceptos y elementos con los que hemos estado trabajando.

 

1. El exiliado puede definirse como una persona expulsada o forzada a salir

de su país con prohibición muchas veces de poder regresar. Esta situación determina la actitud que adopta el exiliado y que se caracteriza fundamentalmente por un deseo de volver.

2. El exiliado tiene que salir de su país y marchar a otro que en muchos casos ni siquiera ha podido elegir. La sociedad receptora tiene una gran importancia ya que de ella depende en gran medida la integración o no del sujeto. Todo o casi todo es nuevo para el que llega por lo que en un primer momento se produce un sentimiento de sorpresa para sustituirlo después por una crítica a todo lo diferente y por último, si se produce la integración, se comienza a valorar positiva y negativamente la cultura en la que el sujeto se encuentra inserto. Creo que durante todo este proceso está presente el desarraigo cultural que se compone de un sentimiento de no identificación con la sociedad que te ha acogido y que produce profundas crisis emocionales y físicas. Aunque el desarraigo puede verse disminuido en gran parte, pienso que es un sentimiento que nunca abandona al exiliado quien en algunas circunstancias y momentos "siente que no es de allí" o le hacen sentir que no pertenece a esa sociedad. Pero ese desarraigo que sufre durante al menos toda la primera etapa del exilio puede, paradójicamente, sentirla también al regresar a su país de origen. El desarraigo, como ya he dicho, consiste, según los informante, en un sentimiento de desconocimiento e incomprensión de la cultura en la que se mueven y que les rodea, condicionando la forma de actuar del sujeto. Pero esta percepción puede no ser sólo hacia la sociedad de acogida, sino también hacia el país de origen. Por lo tanto, el sujeto puede encontrarse en una situación de desarraigo total, siente que no pertenece a ninguno de los dos países, o que pertenece a uno para unas cosas y a otro para otras. Por ejemplo, este era el caso del informante residente en EE.UU. Él mismo reconoce su no integración en la sociedad norteamericana, se rodea de un grupo de latinoamericanos que funcionan casi como un gueto, según sus propias palabras. El sentimiento de pertenencia a un gueto es destacado constantemente por los entrevistados durante al menos la primera etapa del exilio. Como destaca Alejandro Bustos en su trabajo de tesis, el exilio se vivió a través de los grupos chilenos, reforzando fuertemente su propia identidad, protegiéndose en el seno de sus grupos familiares, ya que allí radicaba la posibilidad de "sentirse chilenos" aunque no estuvieran en Chile. El problema, continúa la argumentación de Bustos, es que no encontraban los modos de identificación como la Cordillera Andina u otro tipo de símbolos nacionales. Esto produjo un sentimiento de desmoronamiento del espectro simbólico cultural de su propia cultura de origen. (BUSTOS 1994:571).

 

Es entonces cuando se produce una crisis de identidad en la que el sujeto se siente desvinculado de su sociedad de origen pero tampoco se siente integrado en el país de acogida. Este es el momento más duro del exilio que puede ser superado mediante la reconstrucción de la identidad sociocultural agregando valores y símbolos de la sociedad de acogida que posibiliten una cierta interacción.

 

Volviendo al caso de la pareja chilena exiliada en Estados Unidos, hay que resaltar que al producirse ese sentimiento de no identificación con la sociedad norteamericana pero tampoco con la sociedad chilena actual este exiliado chileno se sitúa a él y a su mujer, y en cierto modo a sus hijos, en una situación marginal, casi liminal podríamos decir, ya que no están fuera de ninguna de las dos sociedades pero tampoco totalmente dentro. Creo que esta línea que separa la integración y la no integración es lo que mejor podría describir su situación y que por ende se convierte en un doble desarraigo, mostrándonos así la situación límite en que se puede presentar el desarraigo.

 

En este punto me gustaría resaltar, aunque fuera brevemente, la importancia que los países de acogida tienen para que el sujeto exiliado consiga integrarse o no (e independientemente de que nunca acaben de perder totalmente el deseo de volver algún día). La heterogeneidad de mis informantes me ha permitido acceder a una información que considero de gran valor e interés. Los países en los que estos exiliados han residido durante más de veinte años son aparentemente parecidos ya que los tres pertenecen a la denominada sociedad occidental, pero al profundizar en las distintas experiencias he encontrado, y los propios informantes también lo han hecho, claras diferencias entre unas sociedades de recepción y otras y ello ha determinado en gran medida la integración o no de los exiliados.

 

Los tres países a los que me refiero son: España, Francia y EE.UU. y los informantes se caracterizan por una cierta homogeneidad en los elementos que nos interesan: son tres familias de chilenos que salieron por problemas políticos, dos de los varones fueron encarcelados, trabajaban en el sector servicios, y todos formaban parte de un grupo de amigos en Chile con vinculaciones políticas pero también sentimentales. Cada familia se exilió en un país, todos tienen hijos mayores de 20 años y han realizado viajes a Chile, sobre todo desde la reinstauración de la democracia. Lo que quizás puede destacarse en primer lugar es que los exiliados en Europa han obtenido la nacionalidad tanto ellos como sus hijos, mientras que los residentes en EE.UU. siguen con el pasaporte chileno. Creo que este dato es altamente significativo ya que he percibido que para los sujetos, el nacionalizarse significa integrarse y quizás perder algo de Chile, dejar de ser "tan chileno". Por qué ocurre esto?. El propio informante exiliado en EE.UU. lo explica:

 

"Nosotros, la solidaridad que hubo fue la solidaridad del compañero. Nosotros no estamos integrados en la sociedad norteamericana. Nosotros somos un gueto. No nosotros en particular. La sociedad norteamericana es una suma de grandes guetos. Son dos o tres tendencias principales: una, el anglosajón que se mezcla con el escandinavo; otra, la parte afroamericana, negra y una tercera que circunvala la nación por su frontera (se entiende que los latinos). (...). Pero nosotros, a su vez chilenos, vivimos en un ambiente completamente inhóspito y (...) nos relacionamos principalmente con latinos. (...). Nosotros no hemos dado el salto a hacernos ciudadanos norteamericanos por el juramento. Yo no me quiero transformar en Fausto, no me quiero casar con el diablo. (...). Yo no he dado el salto, no sé, a lo mejor algún día lo voy a tener que dar por necesidad porque dar un salto y transformarse en ciudadano español es lo mismo que transformarse en ciudadano francés, yo no tengo ningún problema para eso, pero yo sigo viajando con mi pasaporte subdesarrollado. " (Informante n5).

 

En esta reflexión que hace el entrevistado podemos observar las claves para entender las diferencias que se establecen entre ser exiliado en un país europeo y serlo en EE.UU. El país norteamericano ha significado para estos activistas políticos el enemigo a batir, la causa de la mayoría de males de América Latina y principalmente, el promotor del golpe de Estado en Chile. Por esta razón, el pasar a ser ciudadano norteamericano supone aliarse con el enemigo y para los informante es una enorme contradicción a la que esperan no tener que enfrentarse. Otros factores que explican la mayor facilidad para integrarse en las sociedades europeas son las redes de solidaridad que existían cuando llegaron tanto de partidos políticos como de la Iglesia u otro tipo de organizaciones; las propias características de la sociedad europea que es definida como abierta a otras culturas, de alto nivel intelectual (lo que permite comprender la situación del exiliado), la ideología progresista... Todos estos elementos permitieron que la integración fuera mayor y el sentimiento de desarraigo cediera paulatinamente en los países europeos. Por lo tanto, es posible afirmar que la sociedad receptora y la actitud que ésta tome ante el recién llegado es determinante para la consecución de una integración casi total y de un sentimiento de pertenencia a esa sociedad.

 

Finalmente, me gustaría concluir destacando el aspecto principal que caracteriza a los exiliados políticos chilenos, y que no sé si es extensible a otros exiliados de distintos países. Creo que en lo que se refiere al sentimiento de identidad y desarraigo, existe una contradicción permanente en los informantes ya que por un lado, en general dicen sentirse totalmente integrados en el país de acogida, pero, por otro lado, dicen sentirse chilenos. Así pues, hay una contradicción permanente y duradera en la vida del exiliado que le acompaña siempre. Es este aspecto además el que puede definir también lo que es el desarraigo: un sentimiento de no identificación con la sociedad en la que el sujeto está inscrito y una añoranza por aquélla en la que sí se sentía integrado. El desarraigo es una combinación de sentimientos encontrados. Sin embargo, aunque a veces siente esa angustia por sentirse lejos de su país de origen, la mayoría de las veces, el exiliado convive con ello, lo llega a encontrar algo natural y finalmente lo asume. Positiviza el exilio y por eso, algunos llegan a acabar convirtiéndose en "ciudadanos planetarios", según sus propias palabras, ya que no importa donde estén, lo importante son las relaciones sociales, las personas que les rodean. En definitiva, todo se reduce a una cuestión cuasi-personal-social, el círculo que rodea al sujeto, la microsociedad que se crea a su alrededor es lo que determina su vida, es lo que condiciona la forma en que percibe la realidad y en cómo lo asume.

 

 

 

VI. BIBLIOGRAFÍA.

 

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