Dr.H.C.Bilbao 1.995 (Read Speech)
Worldwide Bioclimatic Classification System
S.Rivas-Martínez

La Fitosociología en España

Salvador Rivas-Martínez


(Publication Dr.H.C.Bilbao 1.995)

     Excmo.  y Magnífico Sr. Rector, Excmo. Sr. Lehndakari,
Dras., Dres. del Claustro Universitario, Sras. y Sres.

      Sean  mis  primeras  palabras  de  gradecimiento   al
Departamento de Biología Vegetal y Ecología, a su  Director
el  Prof. Javier Loidi Arregui y a la Facultad de Ciencias,
por  haberme  enaltecido en grado sumo al  proponerme  como
Doctor Honoris Causa. También quiero expresar mi gratitud a
la  Junta de Gobierno de la Universidad del Pais Vasco y  a
su   Rector  Magnífico  el  Prof.  Juan  José  Goiriena  de
Gandarias.

     Sobre  cuales  hayan podido ser los méritos  para  que
acceda  a  este gran honor, por más que reflexiono  no  los
hallo,   salvo  aquellos  que  puedan  derivarse   de   una
circunstancia  ajena:  el  afecto  que  inmerecidamente  me
profesan algunos claustrales presentes. No pienso que pueda
ser  tenido como mérito, sino como privilegio, el que desde
joven  mostrase interés botánico por el País Vasco, ya  que
lo heredé de mi padre.

     Este  lance tan emotivo en que me encuentro, hace  que
reviva  aquellos largos veranos de mi niñez y  adolescencia
transcurridos  en Deva y Zarautz. Vienen a mi  memoria  los
apacibles  paisajes  de  prados, manzanos  y  argomales  de
nuestras meriendas camperas; los viejos amigos y amigas  de
Eibar,  Bilbao, Logroño y Pamplona; la música del   quiosco
de  la  plaza,  las  misas  dominicales,  las  partidas  de
frontón, mis chapas del Atletic de Bilbao y los partidos de
fútbol  en  la  playa las mañanas de bajamar. También,  con
añoranza,   recuerdo  a  mi  madre,  siempre  vigilante   y
orgullosa  de  sus cinco hijos. Y sobre todo,  a  mi  padre
aquellos  meses de su agosto vacacional, al  que  compañaba
casi  todas  las  tardes en su peregrinar estudioso  de  la
vegetación  del  Pais  Vasco, y que  a  veces  como  premio
terminaban con unas sabrosas sardinas en Guetaria,  que  él
acompañaba con el entonces ácido chacolí.

     Aunque por profesión posea el amplio y honroso  título
de  botánico,  en  realidad, a lo  que  preferentemente  he
dedicado   mis   estudios  e  investigaciones   es   a   la
Fitosociología. Por ello, tendrán que disculpar que a  ella
me refiera.

      La  Fitosociología  es  una  ciencia  joven,  aún  no
centenaria,  emanada de la Geobotánica  y  por  tanto,  una
parte  de  la  Ecología o ciencia de  los  ecosistemas.  La
Fitosociología, en concreto, se ocupa del  estudio  de  las
biocenosis desde una perspectiva botánica; es decir, de las
comunidades vegetales, de sus relaciones con el medio y  de
los  procesos temporales que las modifican. Con  toda  esta
información, a través de un método inductivo y  estadístico
basado  en  la  realidad del inventario fitosociológico  de
vegetación,   trata  de  crear  una  tipología   jerárquica
universal  en la que la asociación es la unidad básica  del
sistema.

     La  asociación  corresponde  a  un  tipo  concreto  de
comunidad   vegetal  que  posee,  además  de   determinadas
cualidades  mesológicas y precisa jurisdicción  geográfica,
unas  peculiaridades  florísticas  expresadas  en  especies
características  y diferenciales propias,  estadísticamente
fieles a ciertas residencias ecológicas de un biótopo dado,
en un momento estructuralmente estable de la sucesión. A su
conocimiento se llega mediante el estudio comparado de  los
individuos  de  asociación  o inventarios,  única  realidad
concreta  de la tipología, en los que se anota y cuantifica
la  de una comunidad vegetal homogénea particular. La  toma
del inventario de asociación es la operación más importante
de  la  investigación fitosociológica. Las asociaciones  de
composición   florística,  estadio,   biótopo   y   hábitat
semejantes se pueden agrupar en unidades de rango  superior
:  alianzas,  órdenes  y  clases.  Como  se  ha  dicho,  la
asociación  representa  la  unidad  tipológica  básica  del
sistema y el individuo de asociación o inventario la  única
realidad  concreta;  en otras palabras la  sola  referencia
tangible   de la sintaxonomía. Si se me permite  hacer  una
analogía conceptual el inventario es para la Fitosociología
lo  que  el ejemplar y su descripción representan  para  la
especie en la taxonomía biológica.

     El desarrollo de las Ciencias de la Naturaleza ha sido
una  constante durante las últimas décadas. Tal vez más que
el  descubrimiento  de nuevos hechos y  la  descripción  de
nuevas  especies pretéritas o vivientes, el interés  se  ha
ido decantando hacia el conocimiento de las leyes naturales
que  rigen  la  distribución de la  Biodiversidad  y  hacia
planteamientos  globales  en estas  Ciencias.  Tampoco  los
aspectos  ecofuncionales han sido  ajenos  a  la  creciente
atención  científica en estos campos. El cambio de  actitud
ha dado como resultado un notable avance epistemológico, la
aparición  o redefinición de nuevas disciplinas  ecológicas
híbridas   y,  sobre,  todo  una  destacable  clarificación
terminológica y conceptual. Como elementos retardatarios de
este   innegable  progreso,  que  debería  ser   fruto   de
reflexión, pueden enumerarse: la limitada atención  que  en
los  estudios  preuniversitarios y universitarios  se  está
confiriendo  a las Ciencias Naturales, a la Geografía  y  a
las  lenguas  clásicas, y, paradójicamente, la mitificación
de  las posibilidades de los programas informáticos que, en
determinados   grupos   de  jóvenes  investigadores,   está
acarreando pereza mental, sumisión y falta de creatividad.

     Si  hacemos  hoy  un  ejercicio  sintetizador  de  los
conceptos naturalistas y ambientales, deberíamos definir la
Ecología  como la ciencia que estudia las biocenosis  y  su
ecofunción,  lo que no es otra cosa que el estudio  de  los
ecosistemas.    Las   biocenosis   serían   las    unidades
bioestructurales  y  ambientales  de  los   ecosistemas   y
estarían   formadas  por  las  comunidades  de   organismos
(fitocenosis y zoocenosis), por los espacios que  ocupan  o
biótopos  y  por los hábitat o ambientes mesológicos  donde
prosperan.

     El concepto ruso de biogeocenosis sería similar al  de
biocenosis,  pero  sólo representaría  la  bioestructura  y
ambiente  de  los  ecosistemas  terrestres;  es  decir,  su
expresión en la geobiosfera. Con pocos retoques entraríamos
en  el  concepto  norteamericano de bioma; se  trataría  de
amplias    biogeocenosis   estructurales   y    funcionales
utilizadas  por el hombre de un modo extensivo tradicional.
De  la  mano de estos biomas entraríamos en modelos  reales
como la tundra, la taiga, el bosque deciduo, la sabana,  la
selva  ecuatorial  etc.;  es  decir,  en  el  mundo  de  lo
concreto.

     Otro aspecto ecológico, que tal vez mereciese la  pena
deslindar  y  comentar  sucintamente  por  sus  importantes
implicaciones  investigadoras, políticas y de  gestión  del
territorio, sería la necesidad de distinguir al menos  tres
grandes  espacios  o  ecosistemas  terrestres  de   uso   y
jurisdicción  antitética:  los  ecosistemas   naturales   y
seminaturales, los rurales y los urbano-industriales;  cada
uno  de  ellos acreedor de  atención por parte de  expertos
diferentes. Los ecosistemas naturales y seminaturales, dada
su  compleja  biodiversidad  y variabilidad,  deberían  ser
patrimonio   científico  preferente  de  los  Naturalistas,
término  éste  en  desuso  frente  a  otros  como  biólogo,
geólogo,  ecólogo,  botánico, etc..,  pero  que  convendría
rescatar  por  su  tradición  y enjundia.  Los  ecosistemas
rurales,  dado  su  interés  económico  inmediato   en   la
producción de alimentos y materias primas, tendrían que ser
el  escenario  de la atención científica preferente  de  la
ingeniería agrícola, forestal y zootécnica. Por último, los
ecosistemas  urbano-industriales, por la obvia problemática
humana y económica que conllevan, serían el área científica
primordial   de   urbanistas,   arquitectos   y    técnicos
industriales.  Cada  uno  de  estos  grandes  espacios   de
intereses  múltiples requiere investigaciones  y  gestiones
específicas.  Por  desgracia,  la  frecuente  confusión   y
mezcolanza   en  estos  temas,  arbitrados  por  políticos,
gestores y científicos de intereses contrapuestos, tiende a
perjudicar la parte más débil que obviamente resulta ser la
de los ecosistemas naturales y seminaturales, que es la que
al final cuenta con menores atenciones e inversiones.

     La  situación  no  pasaría de  ser  anecdótica  si  no
confluyesen dos circunstancias importantes. La  primera  es
que  el futuro de la humanidad, de la salud y de la calidad
de   vida,  está  en  gran  medida  condicionada   por   el
mantenimiento incólume, o en ocasiones por la   recreación,
de  estos  grandes recursos que representan las biocenosis.
La  segunda  es que, si bien existe un compromiso  político
internacional  recientemente plasmado en la Conferencia  de
Río de Janeiro de 1.992, de conservar  la Biodiversidad,  y
que  en nuestro caso queda reforzado por la legislación  de
la  Unión Europea, todavía el horizonte conservacionista en
nuestro país permanece incierto.

     De  entre las propuestas sugeridas para el estudio  de
la   vegetación   y  de  sus  asociaciones  o   estructuras
repetitivas  con  información catalogable  -en  base  a  la
concepción que presintió e hilvanó  Humboldt en  el  primer
tercio  del siglo diecinueve - hay que destacar  en  primer
lugar, las clasificaciones fisionómico-ecológicas con  base
florística.   A   estos   ensayos  geobotánicos   de   gran
trascendencia,  cuyo  paradigma es  la  formación  vegetal,
podrían   referirse  los  nombres  de  sus  más   preclaros
creadores   como  Grisebach,  Schimper,  Rübel,  Brockmann-
Jerosch, Huguet del Villar, Schmid, y otros más. Todos esos
trabajos  representan  una  parte  esencial  del  contenido
epistemológico  de  la Ciencia de la  Vegetación  y  de  la
Fitosociología actuales.

     El concepto de formación, como se ha dicho, ha variado
bastante desde que Grisebach lo introdujera en 1838 con  un
sentido   esencialmente   fisionómico.   En   el   Congreso
Internacional de Botánica de Bruselas de 1910 ya se definió
la formación como "expresión de determinadas condiciones de
vida, organizada por asociaciones que se diferencian en  su
composición   florística,  pero  que   coinciden   en   las
condiciones  estacionales y en sus formas biológicas".  Las
Escuelas  Fitogeográficas del primer tercio de  este  siglo
fueron  las  que más enfatizaron en los valiosos  criterios
sucesionistas.  Así  la  Comisión  Inglesa  de   Vegetación
definió  la  formación como "una serie de etapas  naturales
del  desarrollo de la vegetación en una estación dada",  y,
poco después, Clements, en Estados Unidos, llamó formación-
clímax  a  "la  unidad fisionómica final en el  proceso  de
sucesión".  En  el  momento actual  puede  considerarse  la
formación como un "conjunto de comunidades vegetales propio
de  un amplio territorio, delimitado en primer lugar por la
fisionomía resultante de la organización espacial conferida
por   las  formas  biológicas  (biotipos)  de  las  plantas
predominantes  correspondientes al  estadio  maduro  de  la
serie  o  clímax,  que tiene en cuenta,  además,  criterios
florísticos,    climáticos,    edáficos,    biogeográficos,
paleohistóricos, antropógenos y catenales".

     Concebida  la  formación de este modo,  se  aúnan  las
tradiciones  fisonómico-ecológicas  continentales  europeas
desde    Grisebach   a   Rübel   con   las    sucesionistas
angloamericanas, lo que permite aproximarla a los conceptos
recientes de biogeocenosis y bioma. También es factible, en
los    territorios   bien   estudiados   por   el    método
fitosociológico    de    Braun-Blanquet,    utilizar    las
asociaciones   sigmatistas   como   unidades   diagnósticas
elementales.  En  cualquier  caso,  la  formación   es   un
macromodelo geobotánico  ecléctico y sólido que  puede  ser
definido al amparo de cualquier aproximación fitogeográfica
seria.

     Entre las clasificaciones de las formaciones vegetales
de la tierra que han tenido más éxito y aceptación general,
pueden  destacarse las de Diels, Brockmann-Jerosch y Rubel,
y,  más  recientemente, con el apoyo de la  UNESCO,  la  de
Ellenberg y Mueller-Dombois.

      A  principios   de  este  siglo,  por  influencia  de
Flahault, fue consagrado el término de asociación como  una
comunidad  de composición florística determinada que  debía
poseer  una  fisionomía y composición biotípica peculiares.
Los  trabajos de Braun-Blanquet y de sus discípulos  fueron
aportando gran cantidad de información geobotánica en  base
florística, que hizo posible  que el concepto de asociación
se    emplease   internacionalmente   desde   el   Congreso
Internacional  de Amsterdam en 1935, para  las  comunidades
definidas por sus especies características y diferenciales.
Tras  el éxito inicial de la escuela de Zürich-Montpellier,
que  es  sinónimo  de Fitosociología braunblanquetista,  se
abrió  el  camino fecundo en el que estamos y  que  ha  ido
desarrollando  e  integrando  otros  conceptos   dinámicos,
corológicos, climáticos, históricos, etc.
     La  evolución  de la Fitosociología en  estos  últimos
lustros  ha  sido  importante. Sobre  todo  por  haber  ido
incorporando  información procedente de  áreas  científicas
adyacentes.  También ha influido sin duda en su  desarrollo
el haber participado en planteamientos multidisciplinares y
en  la  búsqueda  de soluciones a problemas  metodológicos,
sucesionales,  climáticos,  biogeográficos,  funcionales  y
cartográficos.

      Tras   la   avalancha  de  numerosas  investigaciones
analíticas   y  sintéticas  sobre  comunidades   vegetales,
biótopos  y hábitats, acaecidas en las últimas décadas,  se
ha  ido  haciendo cada vez más necesario ensanchar la  base
doctrinal y ensayar modelos más globalizadores, para  poder
seguir   avanzando  en  estas  áreas  de  la  ciencia.   La
Fitosociología ha ido incorporando, como bagaje  científico
imprescindible   en  el  análisis  y  descripción   de   la
vegetación, muchos conocimientos propios de otras  ciencias
y  especialidades  como  la Biosistemática,  Geomorfología,
Edafología, Climatología, Ecofisiología, etc. El incremento
del  acervo  científico de la Fitosociología ha  dado  como
resultado la aparición de modelos más sólidos y predictivos
así  como  nuevas formulaciones en ciencias  fronterizas  o
híbridas  como  la  Biogegrafía,  la  Bioclimatología,   la
Ecología del Paisaje, y otras.

     Con  todo  ello,  como  ocurre  siempre  en  el  árbol
frondoso  e  inagotable de la ciencia,  la  confluencia  de
savias y ramas hace que surjan  ramúsculos nuevos que si se
cuidan   adecuadamente  llegan  a   hacerse   vigorosos   e
independientes,  merced  a  la  aparición  de  un  lenguaje
científico  propio, fruto inevitable de  los  conocimientos
nuevos que se acuñan.

     Aunque  sea  con  brevedad voy a referirme  a  algunos
avances  conceptuales  acecidos en  nuestra  ciencia.  Hoy,
además de la Fitosociología clásica o braunblanquetista que
se  ocupa en primer lugar de las asociaciones vegetales, se
reconoce  la  Fitosociología dinámico-catenal o paisajista,
cuyas  unidades  elementales son la serie de  vegetación  o
sigmetum  en  lo  dinámico y la geoserie  de  vegetación  o
geosigmetum en lo catenal.

     El sigmetum  trata de ser la expresión sucesionista de
un  dominio climácico; es decir, de un territorio homogéneo
geográfica y ecológicamente en el que una asociación ejerce
la  función  de clímax. Esta unidad geobotánica  ecléctica,
propuesta  de ese modo por mí hace poco más de una  década,
representa  a todo el conjunto de comunidades  vegetales  o
estadios  que  pueden hallarse en unos  espacios  teselares
afines  como  resultado  del  proceso  de  sucesión   tanto
regresiva  como  progresiva. Lo que  incluye   el  tipo  de
vegetación  representativo de la etapa madura o  cabeza  de
serie  y  las  comunidades iniciales o subseriales  que  la
reemplazan,  al  tiempo  que  abarca  tanto  las   diversas
residencias  o  biótopos ocupados por  las  comunidades  de
organismos  presentes  como los ambientes  mesológicos  que
configuran sus hábitats.

     Cabe  distinguir entre estas series las  climatófilas,
es decir, las que se inician y se ubican en suelos que sólo
reciben  el  agua  de lluvia (dominios climácicos),  y  las
edafófilas  que se hallan en suelos especialmente  secos  o
húmedos.   Como  unidades  sinfitosociológicas   de   rango
inferior   a   la  serie  pueden  emplearse   subseries   y
faciaciones, como superiores las macroseries, megaseries  e
hiperseries (sigmion, sigmetalia, sigmetea).

     Si  integramos a una serie sus contiguas, es decir  si
tenemos en cuenta además de la sucesión el fenómeno catenal
-por  ejemplo,  las series climatófilas  y  edafófilas  que
pueden  hallarse  en contacto- estaremos  delante  de  otra
unidad  más  compleja que hemos denominado geosigmetum.  El
número   de  geosigmetum  que  puede  reconocerse   en   un
territorio cualquiera, estará como es lógico en función del
relieve, de la naturaleza de los suelos, del clima y de  la
ubicación  geográfica. Sin embargo, todo este  conjunto  se
puede    reducir    idealmente   a   un   modelo    general
universalizable  que sería el de: cresta, ladera  y  valle.
Tal  marco topográfico elemental permite destacar los  tres
aspectos edáficos más generales de cualquier catena. El más
xérico  coincide con las crestas o zonas más  elevadas,  el
más  húmedo, que siempre resulta ser el valle o  las  zonas
más deprimidas, y el situado entre ambos, o intermedio, que
corresponde a lo que denominamos ladera o llano.

     El agua de lluvia por gravitación tiende a desplazarse
hacia los valles tanto por ecorrentía como por percolación,
creando con ello una secuencia de humedad creciente en  los
suelos  por  aporte  lateral. Al mismo tiempo,  la  erosión
hídrica  debida  a  la lluvia favorece  la  disgregación  y
arrastre  de  partículas  y solutos  hacia  abajo,  lo  que
incrementa el espesor y trofía de los suelos hacia los  pié
de monte y los valles.

     En  el marco elemental descrito - que naturalmente  se
puede  diversificar  mucho según sea  la  escabrosidad  del
relieve,  la  litología y composición de los  suelos  -  es
donde  se  ubican armónicamente las fitocenosis y donde  se
producen  los fenómenos sucesionales tendentes a equilibrar
el  biosistema.  Así, la distribución de la  vegetación  va
desde  la  más  resistente  a la xericidad  que  ocupa  las
crestas y los suelos más secos (series edafoxerófilas) a la
más  exigente  en  humedad que se sitúa  en  los  valles  y
depresiones   (series   edafohigrófilas);    quedando    la
intermedia  en  aquellos  espacios  más  acordes   con   lo
estrictamente aportado por las lluvias a lo largo  del  año
(series climatófilas). Podría pensarse que todos los  tipos
de  vegetación ubicados en esos medios, sólo antagónicos en
lo  que  al balance hídrico del suelo se refiere,  hubiesen
tenido un origen sincrónico en el territorio, así como  que
su  estabilidad o resistencia fuese similar  frente  a  los
cambios  climáticos que de un modo rápido y  permanente  se
están   produciendo  en  nuestras  latitudes   durante   el
Holoceno. Tal idea de estabilidad global de los geosigmetum
está  muy  alejada  de toda realidad, ya  que  esa  unidad,
independientemente  de  su posible  alteración  por  causas
naturales o antropozoicas, reacciona y se modifica de forma
muy  distinta según sean las tendencias climáticas en  cada
época.

     Todo  geosigmetum alberga tipos de vegetación no  sólo
antitéticos   en  sus  exigencias  hídricas  sino   también
biocenosis muy diversas en la cronología de su aparición  y
poblamiento   del  territorio.  A  grandes   rasgos   puede
postularse  que las comunidades edafoxerófilas corresponden
a   épocas   o   avances  de  los  climas   secos   y   las
edafohigrófilas a lo contrario. La asunción de estos hechos
faculta   para   realizar   múltiples   disquisiciones    e
interpretaciones  y permite plantear en  la  Fitosociología
dinámico-catenal  dos  hechos  esenciales.  Uno  sería  que
cualquier territorio abrupto bien conservado, por lo  tanto
poseedor  de  geosigmetum  peculiares  y  diversos,   tiene
recursos  biocenóticos suficientes  para  hacer  frente  él
mismo  a  los  cambios  climáticos  ómbricos  que  pudiesen
producirse,  en  base a la simple cesión  y  desplazamiento
mediato   de   aquellas  especies  y  tipos  de  vegetación
higrófilos  o  xéricos más acordes con la  nueva  situación
climática   aparecida.  Obviamente,  la   misma   capacidad
restauradora con mecanismos similares se produciría en  los
cambios termoclimáticos, si bien en estos casos serían  las
especies  y comunidades de las series climatófilas  de  los
geosigmetum  contiguos  en  las cliseries  latitudinales  o
altitudinales las que se desplazarían.

     Otro  aspecto  a tener muy en cuenta  es  la  vecindad
vegetacional en las catenas de los geosigmetum,  es  decir,
cuál  es  en  cada  caso  la  vegetación  edafoxerófila   o
edafohigrófila   adyacente  en   cada   nivel   estructural
equivalente. Aunque el fenómeno de las modificaciones en la
vegetación  a causa de los cambios climáticos es universal,
los elementos vivos que se intercambian tienen jurisdicción
geográfica y bioclimática precisa lo que permite  que,  del
estudio comparado de las catenas de amplios territorios, se
puedan inferir con cierta facilidad los paleoclimas  y  las
fronteras  actuales  y pretéritas.  Con  ello  se  abre  la
posibilidad de utilizar ventajosamente esta información  en
el   afinamiento  de  los  modelos  que  ahora  usamos   en
Bioclimatología y Biogeografía, puesto que aunque  sabíamos
que la distribución y combinación de las fitocenosis en  la
tierra  no  era  aleatoria sino regida  desde  siempre  por
factores   ecológicos   mensurables,   ahora   tenemos   la
posibilidad tanto de precisar sus fronteras como, lo que es
más  apasionante,   formular  modelos  teóricos  según   se
supusiera que fuesen los  cambios climáticos en el futuro.

     Como  es  de  rigor  recordar  en  el  estudio  de  la
naturaleza  y  de  los  seres vivos,  la  ciencia  sólo  se
concreta  en los artefactos taxonómicos que la inteligencia
humana  emplea  para transcribir y fijar sus  conocimientos
empíricos  o  experimentales en  un  sistema  comprensible,
generalizable  y  transferible.  Pero  como  los   juguetes
intelectuales que son los modelos creados por las  ciencias
han resultado útiles para el desarrollo de la humanidad, se
han  convertido  en objetos irremplazables y  relativamente
inmunes a la irracionalidad.

La Fitosociología en España

     Para  relatar  de  un modo cronológico  y  sucinto  el
desarrollo de la Fitosociología en España tal vez  convenga
tratar  por  separado cada uno de los períodos  que  se  me
ocurre pueden distinguirse, así como destacar algunos hitos
significativos:

    I.-Iniciación  de  1925 hasta el  final  de  la  Guerra
    Civil de España.
    II.-Reiniciación   de  1940  hasta   la   X   Excursión
    Internacional de Fitogeografía en 1940.
    III.-Consolidación  de 1954 hasta el  fallecimiento  de
    S. Rivas Goday,  R. Tüxen y Braun-Blanquet.
    IV.-Difusión desde 1981 hasta nuestros días.

     El primer período (1925-1939) fue el del encuentro con
Braun-Blanquet. Los primeros pasos se debieron a Font  Quer
desde Barcelona.

      La  excursión  de  la  Asociación  Internacional   de
Fitosociología  en la Pascua de 1935, dirigida  por  Braun-
Blanquet,  tuvo  lugar en Cataluña bajo la hospitalidad  de
Font  Quer. A ésta acudieron muchos fitosociólogos notables
de  la época, entre los que cabe destacar al entonces joven
de  36  años Reinhold Tüxen, que tanta influencia ejercería
décadas más tarde en la Fitosociología española. El  primer
botánico de nuestro país que estuvo una temporada con Braun-
Blanquet  en  la  SIGMA de Montpellier fue  González  Albo,
recién licenciado con una beca de la Junta de Ampliación de
Estudios.  A  su  vuelta  a  Madrid  inició  sus   estudios
fitosociológicos en la Sierra de Guadarrama y en la  Mancha
de  donde  era  oriundo;  pero lo  más  destacable  fue  su
publicación en 1934, en las Reseñas Científicas de la  Real
Sociedad de Historia Natural, del trabajo "Introducción  al
estudio de la Sociología Vegetal según el método de  Braun-
Blanquet". El que pudo haber sido primer discípulo de Braun
en España quedó anulado como consecuencia de la tragedia de
la Guerra Civil.

     La  segunda época que denomino la reiniciación  (1940-
1953) fue prácticamente volver a empezar, aunque la semilla
estaba  echada. Los años de la guerra europea y del bloqueo
subsiguiente  (1939-48)  fueron  dos  lustros  de   grandes
penurias  económicas, pero para los que trabajaban entonces
fueron   también años de estudio, reflexión  y  aprendizaje
del solar hispano. Se rehicieron las pocas universidades de
entonces  y  se  crearon algunos centros  de  investigación
nuevos en el CSIC, que luego repercutirían positivamente en
nuestra ciencia. Apenas una decena de botánicos interesados
en  la Geobotánica y en la Fitosociología acrecentaron  las
bases  que habían existido y empezaron a publicar  trabajos
de  valor.  Entre  los protagonistas de  aquella  época  de
concordia - además de Pio Font Quer, maestro indiscutido en
todos  los campos, cabe mencionar a Ceballos, Losa, Guinea,
Rivas Goday y Bellot, a los que es necesario añadir algunos
farmacéuticos que colaboraban eficazmente con  ellos  tales
como:  Antonio  de  Bolós, Laza, Calduch y  Borja.  Podemos
decir sin exageraciones que nunca tan pocos hicieron tanto.

     Con  el  paso de la década de los cuarenta aparecieron
nuevos  jóvenes fitosociológos: Monserrat y Oriol de  Bolós
en  Barcelona,  Galiano en Madrid y Casaseca  en  Santiago,
formados respectivamente por Losa, Font Quer, Rivas Goday y
Bellot.  La  amistad de Font Quer con Braun-Blanquet  y  su
ascendiente  sobre  el  joven Oriol  permitieron  que  éste
trabajara  con Braun en el Valle del Ebro y así surgió  ese
maridaje  que convirtió muy pronto al estudioso y reflexivo
Bolós  en  uno de los fitosociólogos más cultos de  Europa.
Sus  distintas  publicaciones, entre las  que  destaco  "El
paisaje  vegetal barcelonés" (1962), "Botánica y Geografía"
(1963) y "Comunidades vegetales de las comarcas próximas al
litoral situadas entre los ríos Llobregat y Segura" (1967),
fueron  esenciales  para mi formación y opino  que  cuentan
entre   las  que  han  favorecido  más  el  sólido   avance
conceptual y descriptivo de la Fitosociología moderna.

     La  apertura  de  las fronteras  y  el  inicio  de  la
recuperación  española dio pie de nuevo  a  las  relaciones
internacionales.   Los  congresos  luso-españoles   y   los
internacionales  de  Botánica  permitieron  los   contactos
personales con los botánicos y fitosociólogos del resto del
mundo y recomenzar a interesarse por el quehacer ajeno.

     En  el  Congreso Internacional de Stockholm  en  1950,
Rivas Goday presentó el trabajo "Essai sur les climax  dans
la Péninsule Ibérique", una interesante síntesis ecléctica,
a  medio camino entre el sistema geobotánico de Schmid y la
Fitosociología de Braun-Blanquet. Algunos años más tarde me
relataba Tüxen que mientras escuchaban la disertación de mi
padre, Braun y él ya estaban acordando una estrategia  para
llevarlo hacia la Fitosociología pura. La treta no fue otra
que  introducirle de inmediato en el ambiente sigmatista  y
comprometerle para que organizase en España el año 1953  la
X Excursión Internacional de Fitogeografía.

     La   IPE   del  verano del 53, en la que  participaron
todos  los botánicos fitosociólogos españoles profesionales
de  la  época,  organizada por Rivas Goday,  marca  lo  que
estimo  el  comienzo  de  la  tercera  época,  el   de   la
consolidación de la moderna Fitosociología en  España.  Tal
efemérides coincidió con lo que creo es la obra magna y  de
madurez  de  la  Botánica  española:  el  "Diccionario   de
Botánica  de  Font  Quer", que entre otros  muchos  efectos
beneficiosos,  ha  terminado  con  la  "Torre   de   Babel"
interior, y ha consolidado, dignificado y proyectado  fuera
de nuestras fronteras la cultura botánica española.

     En aquellos años mi padre comprendió bien la filosofía
botánica  del sistema de Braun, a la sazón muy  enriquecido
conceptual   y   metodológicamente   por   Tüxen   y    los
fitosociólogos alemanes, sobre todo en lo que respecta a la
vegetación potencial, comunidades permanentes y  etapas  de
sustitución. Su estrategia para conocer tales avances en lo
que  a él respecta, botánico teórico-práctico de amplísimos
conocimientos sistemáticos y vasta cultura naturalista, fue
seguir  como siempre con la lectura reflexiva de los textos
originales  y  con la experimentación en el  campo.  Fueron
años  de  frenesí en la toma de inventarios a lo  largo  de
todo  el  país,  con  Borja  y  conmigo  casi  adolescente,
estimulando  y  visitando  a  sus  corresponsales:  Esteve,
Mansanet  y Rigual. A sus discípulos  jóvenes de  entonces:
Galiano,  Wildpret  y yo, nos empujó o casi  nos  obligó  a
salir  de  España, ha aprender ortodoxia con los  maestros,
como  él  decía.  Gracias a tal orientación  estuvimos  muy
pronto  con  Braun-Blanquet  y  sobre  todo  con  Tüxen  en
Alemania  en  la  Zentralstelle für  Vegetationskartierung,
Instituto    del    Bundestag,    para    la    cartografía
fitosociológica    de   la   Alemania   en    recuperación.
Prácticamente todos los veranos desde el 55 al 62 estuve en
Stolzenau donde tuve la suerte de trabajar en el campo  con
Tüxen,  Lohemeyer,  Trautmann,  Oberdorfer  y  Seibert,   y
conocer   a  una  buena  parte  de  los  fitosociólogos   y
fitogeógrafos  de  aquellas épocas. Tan  "malas  compañías"
pronto  nos  convirtieron en lo que mi  padre  deseaba  que
fuésemos  "ortodoxos"  en  metodología  y  en  los   nuevos
conceptos  fitosociológicos; porque él  con  su  permanente
ironía  siempre  se  mantuvo ecléctico y  heterodoxo,  como
fueron  sus orígenes; circunstancia que afortunadamente  ha
impregnado para bien, a todos los que honrosamente  podemos
decir  que  pertenecemos a su escuela. A parte  de  los  ya
mencionados, en primera generación directa, hay que nombrar
a F. Esteve, A. Rigual, J. Mansanet, M. Mayor, C. Sáenz, M.
López, J. Izco, M. Ladero, M. Costa, E. Valdés Bermejo,  E.
Fuertes, G. López, C. Navarro y A. Velasco.

     En Barcelona, el núcleo fitosociológico tiene adecuada
amplitud y continuidad a través de Oriol de Bolós. Se ubicó
en  la Facultad de Ciencias y en el Instituto Botánico. Por
su  coherencia,  relieve, empleo  frecuente  de  la  lengua
catalana,  proyección  en  los  "Paisos  Catalans"  podemos
designarla  como "Escuela Catalana", o Grupo  de  Oriol  de
Bolós",  hoy  constituido  por  más  de  una  veintena   de
fitosociológos  de  alto nivel. Simétricamente,  el  núcleo
originario  de  Madrid, hoy disperso  en  el  resto  de  la
geografía   española,  podría  designarse   como   "Escuela
Castellana", o mejor "Grupo de Rivas Goday".

     Muy  próximo  y grato de comentar con brevedad  es  el
grupo  canario creado por Wolfredo Wildpret.  Compañero  de
estudios   universitarios,   con   las   mismas   aficiones
científicas y similares actitudes éticas, ensoñamos  juntos
cuando jóvenes el desarrollo político y cultural de España.
Aquello  selló  nuestra  amistad,  la  suya  siempre   algo
paternal hacia mi, a pesar de la corta diferencia de  edad.
Nuestros  primeros  pasos con Tüxen en Alemania  los  dimos
también  juntos.  Recuerdo bien  que  gracias  a  su  vasta
cultura  y  a su generosidad, pude aprender no pocas  cosas
que  en  lengua alemana recibíamos de aquellos maestros  de
Stolzenau;  todavía  en una Alemania en  la  que  se  veían
pueblos  y  ciudades arrasados por la guerra. La suerte  me
condujo al camino fácil, a él al arduo. Cuando hace treinta
años  comenzó en la universidad tinerfeña de La Laguna sólo
tenía  un  paquete  de  tizas para  explicar  la  clase  de
Botánica;  hoy existe un departamento ejemplar, en  el  que
trabaja    una   quincena   de   profesionales    altamente
cualificados que cubren todas las especialidades  botánicas
allí necesarias.

     En  cuanto  a  mi  persona, que por turno  toca  ahora
comentar  como final de la generación veterana, poco  puedo
decir  ya  que  al verme desde dentro carezco de  cualquier
perspectiva.  No obstante, sí puedo narrar que  mi  carrera
universitaria   y   las  responsabilidades  administrativas
coyunturales me llevaron a peregrinar de Barcelona a Madrid
y  de  Ciencias a Farmacia, obligándome a dejar discípulos,
amigos y proyectos. Mirando hacia atrás me pesan sobre todo
dos  cosas:  lo  mucho que he dejado a medio  hacer  y  los
discípulos que tuve que abandonar o malatendí, cuando acaso
todavía pude haberles sido útil.

      Aquí   termina   la   relación   de   los   botánicos
fitosociólogos   veteranos  que  se   formaron   desde   la
reiniciación  al  comienzo  de la  época  de  la  difusión.
Gracias  al esfuerzo de los que se formaron en las  décadas
de  los  sesenta y setenta, hoy existen dos  centenares  de
botánicos  con  grandes conocimientos de Fitosociología  lo
que asegura un fecundo porvenir en nuestro país.

     En el último período, en él que nos encontramos, él de
la  difusión, parece necesario distinguir la década de  los
ochenta  y  la de los noventa. Con los ochenta se iniciaron
las Jornadas de Fitosociología, los grupos territoriales de
trabajo, las investigaciones en Africa y America y  también
la  multiplicación  de  los profesores  numerarios  en  las
universidades.  Los  últimos diez años  están  siendo  para
todos  los  botánicos y en especial para los fitosociólogos
de  gran  avance y madurez. Estos años están  marcados  por
hitos   tan  importantes  como:  la  consolidación  de   la
Asociación Española de Fitosociología y la creación  de  la
Federación  Internacional,  los  proyectos  de  Cooperación
Europea;  las  Itinera Geobotánica y  los  hábitats  de  la
Directiva  Comunitaria,  donde  oficialmente  el   lenguaje
fitosociológico braunblanquetista ha pasado a ser el  común
para  la  Biodiversidad  fitocenótica,  su  conservación  y
gestión.

     En  lo  que  a  mí respecta, lo digo ya sin  amargura,
comencé  la década actual con una profunda crisis  personal
derivada  de lo que yo entendía como incomprensión  y  poca
sensibilidad  de  la Administración y de  algunos  valiosos
colegas  de  otras disciplinas, hacia nuestras  ciencias  e
investigaciones.  La  controversia dialéctica  que  mantuve
como  miembro de la primera comisión de evaluadores  de  la
investigación científica en el área de las Ciencias  de  la
Tierra me dejó bastante agotado. Ver escatimar o minorar el
valor  científico de colegas veteranos que habían realizado
con  gran  escasez  de medios notables aportaciones  en  la
investigación y en  el desarrollo de la Universidad  en  la
década  de los 60, ver desdeñar lo publicado por otros  más
jóvenes  en las revistas científicas españolas, o  marginar
el  uso  de  nuestras lenguas castizas,  me  condujo  a  un
acusado escepticismo. Aquel esfuerzo de raciocinio, que  se
prolongó  durante más de tres meses, dio al  final  algunos
frutos  y  el  resultado de la evaluación no fue  demasiado
malo  para  un buen número de los compañeros  de  mi  área,
también   hay   que  reconocerlo  gracias  a  la   postrera
comprensión y mejor disposición tanto de los miembros de la
comisión como del Ministerio.

     Como  mi  natural es optimista pensé que  ya  vendrían
tiempos  mejores. También pensé que sería  saludable  pasar
una  larga  temporada "oxigenandome"  en  el  exterior.  La
obtención   de   una   beca  de  Movilidad   del   Personal
Investigador  durante un año, que luego pude continuar  con
otro  año  sabático  complutense, por  llevar  25  años  de
profesor  en  tal  Universidad, permitieron  trasladarme  a
investigar  a  Estados  Unidos  lo  que  me  sanó  casi  de
inmediato  y me devolvió la ilusión y la confianza  en  mis
viejas  ideas  y planteamientos  científicos, por  supuesto
adecuadamente  rejuvenecidos. Fruto de esa crisis  superada
fue  la decisión de intentar realizar en un plazo no  mayor
de  seis  años  una  nueva  clasificación  bioclimática   y
biogeográfica  de  la  Tierra.  En  esa  comprometida  pero
apasionante aventura intelectual es donde ahora  me  hallo,
afortunadamente muy ayudado en el empeño por muchos  amigos
y compañeros, algunos aquí presentes.

     Tan difícil como ha sido hacer comentarios históricos,
resulta   tratar  de  compendiar  las  circunstancias   que
permitieron  la  consolidación   de  la  Fitosociología  en
España. Aun a riesgo de errar mucho en el diagnóstico se me
ocurre enumerar como esenciales los siguientes hechos:

    -   Realización  de  más  de  un  centenar   de   tesis
    doctorales   sobre  flora  y  vegetación   de   amplios
    territorios de España.
    -  Multiplicación de las Universidades y de las  plazas
    de  Catedrático y de Profesor Titular en los  distintos
    campos  de  la Biología Vegetal, así como la  aparición
    de   disciplinas  fitosociológicas  en  los  Planes  de
    Estudio.
    -  Publicación  de  varios centenares  de  trabajos  de
    calidad sobre vegetación.
    - Creación de nuevas revistas de esta especialidad.
    -   Incremento  de  las  relaciones  internacionales  e
    investigaciones en otros continentes.
    -  Rápido  flujo  de  la información  y  desarrollo  de
    ciencias fronterizas.
    -   Y,   también,   numerosos   trabajos   en   equipos
    multirregionales   y   multinacionales,   con   amplios
    debates científicos teóricos y prácticos.

     Pero  pienso  que aun habiendo sido determinantes  las
razones  expuestas, el auténtico secreto ha  estado  en  la
cordialidad   entre  todos,  el  flujo   generoso   de   la
información,  el  respeto  hacia  el  colega  y  hacia   el
discrepante  y, probablemente en buena medida,  la  alegría
del quehacer común.

     Para terminar citaré una máxima que aprendí durante mi
época  de Catedrático en la Universidad de Barcelona en  la
que  además  sigo creyendo "Entre tots ho farem  tot  o  no
farem  res". De todo corazón, muchas gracias. Biotz biotzes
ezkerrik asko.

 


© 2001 S.Rivas-Martínez, Phytosociological Research Center, Spain