MEDITERRÁNEOS

Descriptiva de Ecosistemas:
Agustín
Rodas Navarro
Andrés
Rodríguez Rodríguez
Raúl
Herguedas Sanz
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN;
DISTRIBUCIÓN E IMPORTANCIA............................................
ADAPTACIONES AL ESTRÉS HÍDRICO
ESTRUCTURA DEL BOSQUE MEDITERRÁNEO:
FUNCIONAMIENTO DE LOS BOSQUES
MEDITERRÁNEOS:
DINÁMICA DE LOS BOSQUES
MEDITERRÁNEOS:
ORGANIZACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS MEDITERRÁNEOS:
Hay cinco regiones en toda la Tierra muy separadas entre sí en las que se da el clima mediterráneo. Estas son la Región Mediterránea, el Estado de California, la parte central de Chile, el suroeste de la República de Sudáfrica (en la provincia de El Cabo), y el sur y suroeste de Australia en los Condados de Australia Occidental, Austral, Meridional, Victoria y Nueva Gales del Sur.
Estos territorios están formados en la mayoría por formaciones más o menos densas de plantas leñosas arbustivas peremnifolias y esclerófilas que toman comúnmente los nombres de “maquis” en la Región Mediterránea, “chaparral” en California, “matorral” en Chile y “malle” en Australia.
Estos ecosistemas tienen la distribución más restringida de todos los restantes biomas del Planeta, siendo de aproximadamente de un 1% de la superficie de la Tierra. (Este limitante espacial coincide también con un limitante temporal por el origen aún joven, pleistocénico, del clima mediterráneo.)
Una forma de valorar la importancia global de los bosques mediterráneos es a través de su productividad y teniendo también en cuenta la superficie que ocupa. Los valores medios de producción primaria neta de los bosques mediterráneos son de unos 400 g/m2 y r2 (1) (ó 5 t/ha y año). Está entre la de los bosques temperados (12 t/ha. Y año) y la de la tundra. Es del orden de cuatro veces menor a la del bosque tropical (20 t/ha. y año) y tres veces mayor que la de la tundra. En los ecosistemas de taiga se han medido 8 t/ha y año, a pesar de las bajas temperaturas, por lo que parece que el agua es más importante que la temperatura como factor de producción.
Por tanto, el factor limitante ligado a la disponibilidad de agua impone limitaciones a los ecosistemas mediterráneos que se traducen en una productividad baja y unas tasas de renovación también bajas. Se dice por eso que estos bosques funcionan lentamente con motores de bajo consumo o bajo rendimiento. Esto unido a su escasa representación en la Tierra parece indicarnos que en términos de producción primaria los bosques mediterráneos no son especialmente destacables dentro del conjunto global de los biomas.
A partir de la distribución en el mundo del clima
mediterráneo, de modo general podemos afirmar que:
Está presente en una pequeña extensión en cinco continentes y particularmente entre 30º y 40º de latitud N ó S.
Hacia los polos, los bosques mediterráneos se extienden más en el hemisferio Norte que en el Sur. Las formaciones más norteñas están en Italia (cerca de 45º30´ ) en cambio, en el hemisferio Sur, y al Oeste de Australia sólo llegan a 33º30´ S. Las proporción desigual de masas de tierra y océanos en los hemisferios podría explicar este hecho.
El clima mediterráneo se presenta en las costas oeste de los continentes. Este fenómeno parece relacionado con corrientes oceánicas frías: la Corriente de Portugal y Canarias, la Corriente de Alaska y California, la Corriente de Perú (Humboldt), la corriente de los Falkland, la Corriente de Benguela y la Corriente de la costa occidental de Australia.
La mayor penetración hacia el este de los bosques mediterráneos es en la Región Mediterránea, lo cual puede explicarse por la presencia del Mar Mediterráneo, la gran extensión de costa y su fragmentación en numerosas islas. Además la ausencia de una alta cadena montañosa y de climas vecinos húmedos con lluvias veraniegas favorece esta penetración, lo cual no es posible en Chile (los Andes) y en Australia (clima húmedo)
El clima mediterráneo (que caracteriza las zonas donde se presentan los bosques mediterráneos) podría ser ampliamente definido como un régimen de transición entre climas templados y tropicales secos, caracterizado por una concentración de las precipitaciones en invierno y por veranos secos de variable longitud, con una alta irregularidad en las precipitaciones que se concentra en aguaceros intensos pero infrecuentes lo que hace de esta agua menos disponible a la vegetación. En cuanto al régimen térmico los veranos pueden ser de templados a calurosos y los inviernos de frescos a fríos, según la presencia o no de caracteres menos o más continentales. Además, es frecuente que cerca de las costas, se presenten nieblas marinas.
Se han presentado otras formas más estrictas de definir el clima mediterráneo como la de Aschmann o Cody y Mooney , por las que el clima mediterráneo quedaría restringido a las zonas de costa, es decir con un alto grado de carácter azonal. Para ver cinco razones por las que se desaconseja una definición estricta de clima mediterráneo (di Castri F., 1981).
Se puede distinguir toda una tipología de climas mediterráneos atendiendo a la longitud del periodo seco que determina el gradiente de humedad (simplificación de la clasificación de Emberger): muy árido (11 ó 12 meses de sequía), árido, semiárido, subhúmedo, húmedo y muy húmedo( 1 ó 2 meses de sequía).
Teniendo en cuenta aspecto los aspectos térmicos Australia y Sudáfrica son más templados y con fluctuaciones más pequeñas debido a las características más “tropicales”. Chile tiene influencias más temperado-oceánicas. Las temperaturas más altas en verano corresponden a la Región Mediterránea ya que es la que presenta más afinidades pluviotérmicas continentales. California tiene características intermedias de Chile y la Región Mediterránea ya que el Desierto de Sonora no representa una barrera tan drástica para las influencias tropicales como sí lo es el del Sáhara en la Región Mediterránea.
Algunas generalizaciones pueden ser hechas (di Castri F., 1981):
En estas regiones hay un mosaico de suelos viejos y nuevos. Ningún tipo de suelo es claramente dominante, aunque “terra rossa”(suelo desarrollado a partir de sustratos calizos frecuente en territorios kársticos de la Región Mediterránea) y otros suelos fersialíticos están frecuentemente asociados con la existencia de estos bosques.
Son suelos susceptibles a degradación y desertificación, debido a la cierta impredecibilidad de las precipitaciones, a las situaciones topográficas y a las características de la cubierta vegetal o a su carácter relíctico en algunos casos.
California, Chile y la mayoría de la Región del Mediterráneo están caracterizados por sistemas orogénicos relativamente jóvenes (comenzados en la Era Mesozoica pero de máximo Cenozoico) con suelos moderadamente fértiles, particularmente la zona central de Chile. El PH es o neutro o alcalino y el fósforo puede estar altamente disponible.
Australia y Sudáfrica poseen complejos de basamento más antiguos con materiales más pobres en nutrientes, o tierras cuaternarias pero silíceas e infértiles, presentando poca disponibilidad de fósforo y células del paisaje más maduras que las anteriores.
Las plantas dominantes en estos ecosistemas se han ido adaptando al estrés hídrico que tiene lugar durante la época seca mediante el desarrollo de hojas peremnes esclerófilas o estacionalmente dimórficas.
Plantas de hojas perennes esclerófilas
Las hojas peremnes esclerófilas se caracterizan además por su pequeño tamaño y su tacto coriáceo. Presentan una serie de adaptaciones anatómicas como la presencia de una gruesa cutícula, un desarrollado parénquima en empalizada y la inclusión de los estomas en cavidades o “criptas subestomáticas” que frecuentemente están encerradas por pelos o conductos de ceras.
Suelen presentar una alta relación de masa por unidad de área, lo cual puede interpretarse además de para conservar agua como defensa a la predación de depredadores (Hay que recordar que los ecosistemas mediterráneos se caracterizan por ser uno de los más influenciados por el hombre.)
La estrategia adaptativa de limitar la pérdida de agua durante el periodo seco parece consistir en la reducción de la tasa de intercambio de CO2 debida quizá al desarrollo extra de capas de parénquima en empalizada que pueden retardar la difusión pasiva. Además el área del poro de estas hojas es más pequeño y este permanece cerrado cuando llega la sequía de manera que en verano se disminuye la transpiración en un 20%.
Otras posibles respuestas observadas son la pérdida de la presión de turgor o la acumulación de compuestos coloreados, algunos en forma de taninos, durante la estación seca.
Muchas poseen ramificación vertical y cortezas lisas lo que parece aumentar la humedad justo en la base de la planta. Además están caracterizadas por un sistema radical muy profundo y la velocidad máxima posible de transpiración por tallos y raíces también se ve disminuída con respecto a otras plantas
Plantas con hojas estacionalmente dimórficas.
Este mecanismo de adaptación converge en la finalidad de reducir la superficie de transpiración. En muchas de estas plantas se alternan mecanismos de dimorfismo foliar estacional y pérdida de hojas en la fase de sequía.
Uno de los mecanismos es la segregación en macroblastos, ramas de crecimiento largo que se produce en primavera normalmente y braquiblastos o ramas de crecimiento corto. Los macroblastos suelen ser hojas de mayor tamaño y con altas tasas fotosintéticas y los microblastos al revés.
También se ha visto que estas hojas también pueden desarrollar de forma extraordinaria el parénquima en empalizada en las hojas de verano (en braquiblastos) y disminuir la presión de turgor en la época seca al igual que las hojas perennes esclerófilas.
Quizá de las adaptaciones más características de estas plantas sea la presencia de aceites esenciales de naturaleza monoterpénica que al evaporarse con altas temperaturas ofrecen una resistencia muy alta al movimiento de vapor de agua en las paredes celulares. Otros autores parecen darle a este hecho una interpretación diferente, como siendo un mecanismo de defensa contra herbívoros.
Igual que ocurre para las hojas esclerófilas la superficie de las células de intercambio de tallos y raíces es menor que la de plantas no sometidas al estrés hídrico lo cual permite conservar el agua en el xilema. Además, muchas plantas desarrollan estructuras externas al cambiun como cortezas o peridermis que también disminuyen la transpiración del tallo.
Otra adaptación encontrada en estas plantas es la simbiosis con hongos micorrizógenos frecuente en sus raíces (que en este caso no suele ser muy profundas) aumentando, así, su superficie de absorción.
Las altas temperaturas propias de los veranos secos de este clima y las acumulaciones de fuel contribuyen a una alta frecuencia natural de fuegos en estos ecosistemas lo cual parece que ha sido una fuerza selectiva importante durante largo tiempo. Se conocen dos tipos fundamentales de regeneración de plantas tras incendios:
De respuesta obligada.
Incluye las plantas que se regeneran por medio de brotes vegetativos. La regeneración ocurre inmediatamente después del fuego.
De respuesta facultativa.
Incluye las plantas que pueden también regenerarse a partir de semillas. La regeneración tras el fuego se retrase hasta las lluvias de otoño. Las especies de Cistus son un claro ejemplo de este tipo y su germinación se ve aumentada tras el fuego quizá por rotura de las cubiertas de las semillas, por inactivación de inhibidores sensibles a temperatura o mediante un sistema de fotomorfogénesis regulado por fitocromo al elevar la proporción rojo/rojo lejano mediante de eliminación del dosel arbóreo.
Otras “adaptaciones” al fuego son el desarrollo de cortezas gruesas y el incremento de la dispersión de especies como parece ocurrir en especies de Pinus.
Para terminar queremos dejar claro que está en debate actual en la ciencia el que estas características de las plantas que las ayudan a sobrevivir a fuegos, sean verdaderas adaptaciones o no. En la mayoría de los casos la supervivencia al fuego mediante rebrote o producción de corteza gruesa es condición ancestral. Midgley nos mostró las utilidades de establecer relaciones filogenéticas para averiguar qué rasgos son ancestrales y cuales derivados y así poder discernir si son verdaderas adaptaciones o no.
El clima: se trata de un clima poco homogéneo, caracterizado por la escasez de lluvias durante el verano, lo que condiciona una vegetación muy adaptada a la xericidad.
El relieve: permite zonas de acantonamiento de determinado tipo de vegetación, como consecuencia del microclima, que se puede formar en ese lugar. Aparece un tipo de vegetación muy distinto al típico mediterráneo.
El relieve también da lugar a la estructuración de la vegetación en pisos (termomediterráneo, mesomediterráneo, supramediterráneo) y a la posibilidad de diferenciar una vegetación de ribera, propia de las zonas eurosiberianas.
El suelo, que tiene todo un gradiente de la acidez a la basicidad.
La influencia oceánica / continentalidad: ya no sólo por la humedad y temperatura, sino por la salinidad del medio.
Influencia humana: muy propia de estas zonas, ya que tienen un buen desarrollo del suelo, lo que hace que estos bosques sean degradados para el cultivo. Actualmente se ha experimentado un descenso en la agricultura, que va acompañado de un abandono de los campos de cultivo (intensivo, extensivo (dehesas)), lo que ha dado lugar a una sucesión progresiva hacia la vegetación potencial propia de las zonas afectadas, que en el caso de las zonas de cultivo extensivo ha dado lugar ha una pérdida de diversidad.
Consta de un estrato arbóreo E1, un estrato arbustivo E2 y un estrato herbáceo E3, de distinta composición según las zonas, por lo que podemos encontrar en el estrato:
E1: bosques de coníferas (pinos, sabinas, enebros, tejos), de frondosas caducifolias (Hayedos, avellanos, quejigos), de marcescentes (quejigos y robles) esclerófilas (encinas, carrascas, coscojas, alcornoques).
E2: matorrales en general con adaptaciones a la xericidad, por lo que son pelosos, de hoja pequeña (incluso háfilos o pinchosos), de tamaño reducido, con aceites aromáticos, etc (romero, tomillo, jaras, retamas, escobas, etc).
E3: pastizales de hemicriptófitos, criptófitos y terófitos.
Como consecuencia del periodo seco de verano es particularmente frecuente una vegetación adaptada a la xericidad, como demuestra la abundancia de árboles esclerófilos y de matorrales xerofíticos y del estrato herbáceo tan adaptado a la xericidad. Este tipo de vegetación es poco productiva, sobre todo en los meses de verano. No obstante la biomasa es bastante alta y hay un gran aporte de nutrientes al suelo en los meses de primavera, otoño, que favorecen la formación de humus.
Los árboles y arbustos regulan el ciclo del agua, del carbono, del oxigeno y del nitrógeno. Los Bosques enriquecen el suelo, proporcionan alimento y refugio a los animales y a otro tipo de plantas herbáceas y recursos a los hombres. También se observa un respuesta por parte de las plantas a su protección contra determinados herbívoros.
Mayoritariamente se observa una sucesión regresiva hacia pastos, como consecuencia de la actuación del hombre, aunque actualmente, el abandono del campo da lugar a una regeneración de la vegetación potencial. Son muy frecuentes también los ciclos de fuegos, muy relacionados con algunas especies, las cuales lo utilizan para su propagación, como es el caso de muchas coníferas.
La organización del territorio puede caracterizarse considerando tanto aspectos biológicos ( la distribución y composición de las comunidades) como abióticos ( el sustrato, la geoquímica del terreno o el clima local) y ecológicos ( los flujos de materia y energía, la diversidad biológica y del paisaje o las tasas de renovación). En la medida en que las teselas se combinan por su tamaño, forma, tipo, abundancias respectivas o configuración, se considera que la estructura del paisaje varía. Ello tiene repercusiones en la supervivencia y coexistencia de las especies en el tiempo y en el espacio, y, por tanto, en la diversidad biológica.
Para diferenciar cuantitativamente la organización espacial de distintos paisajes y medir su variación en el tiempo, se han adoptado distintas perspectivas, entre ellas, las basadas en el análisis de la heterogeneidad ( la posibilidad de dividir el espacio en partes diferentes); la riqueza ( el nº de teselas diferentes que componen el mosaico territorial); el grado de fragmentación ( el tamaño de las unidades naturales o de las teselas de usos); la diversidad ( el nº de teselas diferentes y la abundancia relativa de las proporciones de las teselas); o la complejidad ( el nº de contactos espaciales diferentes entre las teselas del mosaico). (Díaz Pineda F. et al, 2002)
La diversidad de los paisajes mediterráneos está reconocida y reiterada por geógrafos, naturalistas, literatos, historiadores... todos le han dado un sentido trascendente y esto desde el punto de vista de la heterogeneidad tan característica que presenta.
Los ecosistemas mediterráneos muestran una muy alta heterogeneidad en cuanto a la composición de comunidades de plantas y animales, morfología del terreno y tipos de suelo. Esta heterogeneidad no es sólo la consecuencia de la historia de los ecosistemas, ni el factor principal de evolución de las especies mediterráneas. Es el resultado de un inseparable entramado de causas y efectos tales como los siguientes:
Las tierras mediterráneas son zonas de transición entre ecosistemas húmedos y áridos, entre regiones tropicales y templadas.
Han sido objeto de varios cambios paleoclimáticos alternando avances y retrocesos en las diferentes formaciones de plantas.
Estos ecosistemas muestran en general una topografía áspera y un relieve muy acentuado por lo que sus territorios se encuentran fragmentados ofreciendo pequeños valles aislados.
Las grandes diferencias en los sustratos geológicos, los gradientes altitudinales, varias fases de pedogénesis que ocurrieron de acuerdo a los eventos paleoclimáticos, y también la larga historia de ocupación por el hombre, el cual ha provocado varios procesos erosivos, han dado como resultado innumerables tipos de suelo observables en estas regiones, desde suelos azonales jóvenes hasta paleosoles muy viejos. Algunos de ellos son relativamente fértiles, otros son muy pobres en nutrientes, sobretodo en nitrógeno y fósforo.
Plantas y animales de muy diferentes orígenes biogeográficos, supervivientes de formaciones tropicales y templadas que existen en estos territorios, de distintas eras geológicas antes de aparecer el clima mediterráneo, son los mayores componentes de estos recientes ecosistemas. Estas especies han sido capaces de adaptarse a las nuevas condiciones de veranos secos. Ellos coexisten e interaccionan en la misma comunidad con las otras numerosas especies que se desarrollaron desde el Pleistoceno en respuesta al clima mediterráneo.
Finalmente, por la perversa y prolongada presencia del hombre, la mayoría de los ecosistemas de un área dado aparecen en distintos estados sucesionales y muestran así, diferencias estructurales y de funcionamiento. Algunos de ellos pueden ser el resultado de la degradación de ecosistemas más complejos; otros presentan fases pioneras de colonización tras el impacto provocado por perturbación del hombre, otros aparecen en las últimas etapas de la sucesión, en las condiciones de clímax.
Como resultado de esta heterogeneidad, un mosaico de diferentes ecosistemas puede existir en un pequeño área, especies de distintos orígenes filogenéticos, estrategias evolutivas y tolerancia ecológica pueden ser yuxtapuestas en la misma comunidad y diferentes usos del territorio toman lugar en él.
Es evidente, por tanto, que la heterogeneidad de los mencionados ecosistemas ha sido un gran factor de evolución, no sólo a nivel de especie o de comunidad. Es un factor que debe ser considerado para explicar la estructura, funcionamiento y la regulación de dichos ecosistemas, factor que debería constituir un elemento en la concepción de las áreas mediterráneas, componente indispensable para el manejo de los recursos y la planificación regional de estas zonas.
Si entramos un poco más en detalle en el concepto de heterogeneidad se pueden llegar a clasificar todas esas causas y efectos anteriores en varios tipos; heterogeneidad espacial, temporal y perceptual:
La heterogeneidad espacial se expresa en dos planos:
En el plano horizontal se refiere a la representación de este tipo de ecosistemas como secuencias latitudinales, es decir, que se encuentra el mismo tipo de formación ecológica a lo largo de un gradiente latitudinal y esto hace aumentar la diversidad de estos ecosistemas.
En el plano vertical, la importancia de la diversidad del relieve topográfico ha sido durante mucho tiempo reconocido como el mayor factor de especiación. Es evidente que las oportunidades evolutivas y ecológicas son mucho más grandes en una tierra topográficamente caracterizada por una brusca convexidad que en un terreno liso. En estos ecosistemas es muy fácil encontrar una formación montañosa inmediatamente después de la costa, es esa diversidad del relieve.
La heterogeneidad temporal esta más referida a cómo a lo largo de la historia se han producido muchos cambios tanto geológicos como climáticos en los ecosistemas mediterráneos.
Esto ha hecho que se halla dado la eliminación de un nº importante de taxones pero también muchas líneas filogenéticas de diferentes orígenes han sido capaces de persistir en este ambiente. Encontraron una oportunidad de colonizar estos territorios y con la suficiente continuidad en el tiempo consiguieron adaptarse a estos cambios ambientales, lo que ha influido en el valor de la diversidad de los ecosistemas mediterráneos.
Pero además, existe un tercer tipo de heterogeneidad; la perceptual, derivada de las acciones humanas en los ecosistemas. Es quizás un factor histórico – cultural: A través de la historia sabemos cómo el hombre ha perturbado los ecosistemas, (en este caso, el mediterráneo) mediante los distintos usos u organización del territorio, como la formación de la dehesa para el ganado, la explotación maderera de los bosques... lo que ha provocado un aumento en los valores de la diversidad mediterránea.
Se considera una heterogeneidad perceptual porque sería el resultado de la percepción de la naturaleza por el hombre, variaciones también de esa percepción por los distintos grupos humanos... (di Castri F. et al, 1981 ).
Los sistemas asociados a los usos tradicionales de los bosques mediterráneos son situaciones intermedias en el proceso de simplificación asociado a la utilización de los ecosistemas por el hombre, que representan un compromiso entre explotación y conservación de la naturaleza.
En líneas generales se trata de sistemas en los que se complementan elementos propios de la madurez (arbolado) con otros de mayor simplicidad (pastizales, cultivos), que representan los componentes productivos del sistema. De esta forma coexisten vestigios del ecosistema original inmersos en una matriz formada fundamentalmente por comunidades seminaturales favorecidas por el hombre. Entre ambos tipos de componentes se establecen unas relaciones de alta dependencia que se traducen en el mantenimiento de la estabilidad y persistencia del conjunto, compatibilizando así la supervivencia de elementos del bosque con un aprovechamiento sostenible de los recursos.
El paradigma de este tipo de formaciones es la dehesa, paisaje que ocupa grandes extensiones en el centro-oeste y suroeste, suponiendo alrededor de 2-2.5 millones de hectáreas en la península Ibérica.
La compleja estructura espacial de la dehesa, una organización reticular con distintos componentes interrelacionados entre sí, crea un abanico de recursos potencialmente utilizables, lo que es de especial importancia en una situación que soporta condiciones ambientales muy variables en el tiempo y en el espacio.
Aunque la gestión tradicional de todo el sistema va dirigida fundamentalmente hacia el aprovechamiento ganadero, existen otros muchos productos que han representado otros pilares básicos en la economía de la dehesa.
Para analizar los recursos naturales que ofrece la dehesa, podemos separar los tres subsistemas que la componen (pastizal, arbolado y cultivos) y repasar los principales productos extraídos de cada uno de ellos:
-Arbolado: de los árboles presentes en la dehesa ( encinas, en un 86.5%, alcornoques, 7.6%, melojos 3.9%, quejigos,2% ,fresnos y otros en menor proporción), se obtiene principalmente leña, generalmente procedente de podas realizadas cada 5-6 años. Esta leña se utilizaba antes en construcción, así como en calefacción, fabricación de utensilios y mobiliario, etc. Actualmente está perdiendo importancia ya que su uso como elemento de construcción se está perdiendo y su uso como combustible ha sido sustituido por los combustibles fósiles como petróleo o gas.
Un subproducto típico de la leña, de uso muy común en la península Ibérica es el carbón vegetal, que se obtiene de la combustión incompleta y controlada de la madera de los árboles en forma de grandes acúmulos de leña que se recubren de tierra para evitar su combustión completa. Esta práctica, que estaba siendo relegada a la esfera rural tradicional está resurgiendo como fuente de combustible para barbacoas, y su producción se está revalorizando de manera que se está incluso comenzando a exportar este producto al extranjero.
Además de la madera, otro producto destacado que se
extrae de los bosques mediterráneos, concretamente de los alcornocales es el
corcho, Se obtiene al desprender la
corteza del tronco y de las ramas del árbol. Su ciclo de producción se repite
generalmente cada nueve a once años. El corcho es bajado del árbol (durante la
saca en verano), preparado, transformado, terminado y comercializado Presenta
una serie de propiedades que lo hacen insustituible de cara a ciertas
aplicaciones industriales, de las que destaca la producción de tapones para
bebidas alcohólicas.
El ramón es otro recurso importante que
aporta el arbolado de la dehesa, y se define como conjunto de hojas y ramas
finas (menos de 5mm de diámetro) que sirven de alimento al ganado o a otras
especies de herbívoros, como pueden ser las especies de ungulados de interés
cinegético. Constituye un alimento más rico en proteínas que algunos pastos y
bellotas y puede ser consumido directamente de la planta viva o a partir de
ramas procedentes de podas periódicas, menos intensas que las destinadas a la
obtención de madera. Las distintas especies
arbóreas mediterráneas presentan diferentes aptitudes para el ramoneo.
Así, la encina desempeña un relevante papel sobre todo en invierno, cuando
escasean los recursos herbáceos. Las hojas de melojo y fresno tienen gran
calidad para el ramoneo y son aprovechadas en verano y otoño, antes de su
caída. Algunas retamas y árboles menos representados como el lames también son
buenas especies aptas para el ramoneo.
Las bellotas son otro de los recursos
extraídos del monte mediterráneo, y se han venido utilizando desde antiguo para
la alimentación, tanto del ganado como humana. Estos frutos son también de
vital importancia para especies de fauna silvestre, como pueden ser el jabalí,
grulla, paloma torcaz, arrendajo, etc, algunas de las cuales encuentran en
estos frutos una fuente de importancia vital en sus procesos migratorios.
La producción de bellotas es muy variable, y
depende tanto de la densidad arbórea de la dehesa en cuestión, como de la edad
de los individuos, las condiciones meteorológicas de ese año, etc. El fruto de
la encina ha desempeñado también un papel fundamental como base de la alimentación
del cerdo ibérico en régimen de montanera (cría en semilibertad), aprovechando
la alta eficiencia de este animal para transformar este alimento en carne. Esta
práctica ha conllevado la selección de las variedades de encinas con los frutos
más dulces y la poda específica de los árboles a fin de maximizar la producción
de frutos, con lo que se ha llegado a una semidomesticación de los árboles, en
la que el arbolado llega a hacerse comparable a un verdadero cultivo frutal.
Aunque no sea un producto directo del árbol,
la explotación cinegética de los montes mediterráneos cabe citarse como uno de
los usos que hoy en día generan un mayor movimiento económico, habiéndose
dedicado grandes superficies de bosque mediterráneo, adehesado o no, a cotos de
caza tanto menor como mayor. Las especies cinegéticas más comunes son el
conejo, la perdiz, la liebre, el jabalí, el ciervo, el gamo, etc...
Otro tipo de bosques que se encuentran en los
sistemas mediterráneos son los bosques de pinos, entre los que se encuentran
varias especies adaptadas a las condiciones de estos lugares. En cuanto a sus
aprovechamientos, caben destacar los pinares de pino piñonero (Pinus pinea),
de los que se extrae madera y piñones, y los pinares de pino negral o resinero
(Pinus pinaster), que se han utilizado para la extracción de resina y
posterior obtención de derivados (como el aguarrás y la trementina) así como
por su leña. Estos pinares se han usado también para repoblar extensas zonas
afectadas por incendios, como mecanismo para frenar la erosión.
-Pastizales: Constituyen
el otro gran recurso de las dehesas, y suponen un grado de explotación
intermedia entre los bosques naturales y los cultivos propiamente dichos. A
veces se ha considerado como el recurso más importante de las dehesas, por
presentar ciertas características propias (como su altísima diversidad), fruto
de las estrategias de manejo que han sufrido por parte del hombre a lo largo de
periodos de tiempo muy largos. Bajo el
término pastizal se engloba una serie de comunidades herbáceas, que se
distribuyen según los distintos valores de fertilidad del suelo y
disponibilidad hídrica.
Así podemos
encontrar desde los más pobres pastizales de efímeras (con producciones que
oscilan alrededor de 2000 kilos de hierba por ha y año), hasta los vallicares
de siega, que superan los 5000 kilos, pasando por los majadales. Esta producción es, sin embargo, muy
variable de un año a otro ya que depende totalmente de la meteorología de ese
periodo. La producción está además muy desigualmente distribuida a lo largo de
un mismo año, con u pequeño pico en otoño y un máximo en primavera, llegando a
ser nula en los meses de estío.
Las
variaciones de producción a lo largo del año determinan la necesidad de una
existencia diversificada y complementaria de recursos alimentarios para el
mantenimiento del ganado. Así, en invierno adquieren importancia los productos
procedentes de las leñosas, mientras que en primavera se produce una
superproducción de los pastizales que cubre con creces las necesidades de los
herbívoros.
Tradicionalmente
la escasez de recursos en la estación estival se suplía con el traslado por
trashumancia del ganado a otras zonas que presentasen sus picos de producción
en esas épocas, pero esta costumbre está cayendo en desuso.
El ganado que se alimenta de estos pastos, ya
sea vacuno como principalmente ovino, es el que mantiene esta estabilidad y se
ha comprobado que si se reduce la presión ganadera, se desequilibra el sistema
y esto se refleja en parámetros como pérdida de diversidad. Del ganado se
extraen diversos productos utilizables por el hombre, como son la carne, leche,
piel, cuero y lana. El ganado caprino, aunque de menor importancia, está
indicado para aprovechar el pasto más lignificado, y así evitar la invasión de
leñosas que pondría en peligro la subsistencia de la dehesa.
Como ya se ha comentado antes, uno de los aprovechamientos tradicionales de estos sistemas es también la cría de cerdos en montanera, para aprovechar su carne y fabricar productos tradicionales que sólo podemos encontrar en estos lugares, como embutidos.
A partir de plantas de pastizales, o también
de matorrales, se extrae también productos como la miel y el polen de
determinadas plantas, muy apreciados para el consumo humano y la elaboración de
otros alimentos.
-Cultivos: Constituyen las zonas más intervenidas de la
dehesa, y no deberían ocupar más de un 10-30% de la superficie total. Son
predominantemente de secano y se asientan normalmente sobre los mejores suelos,
como fondos de valle y suelos aluviales. Sin embargo, su capacidad agrícola es
baja, dadas las características de los suelos mediterráneos, por lo que
acostumbran a establecerse turnos
rotatorios de explotación cada tres o cuatro años.
Se cultivan
principalmente cereales (trigo, cebada), y leguminosas forrajeras (alfalfa),
que sirven tanto para la alimentación humana como para el abastecimiento de
forrajes para el ganado. Para aumentar la baja productividad agrícola, se está
transformando el sistema rotatorio en un sistema intensificado, con aporte de
fertilizantes, irrigación y mecanización de las labores del campo, con la
consecuente simplificación del sistema que esto supone.
En general, las actividades tradicionales que
contribuían a mantener las características de las dehesas como hoy las
conocemos se están perdiendo como consecuencia de un abandono del medio rural
cada vez más patente. Además, se están potenciando las actividades cinegéticas
y la ganadería intensiva, con lo que se pierde el frágil equilibrio que se había
conseguido con este sistema para implantarse modelos e monte bajo y monte medio
mucho menos interesantes desde el punto de vista de aprovechamiento
diversificado y uso sostenible de los recursos. El cultivo forestal de especies
de rápido crecimiento (autóctonas o no), aunque aumente el rendimiento
económico y no exija el cuidado de los propietarios también está suponiendo la
pérdida de este sistema tradicional tan ejemplar.
Sin embargo, a la vez que se pierden los usos
tradicionales que mantenían la estructura, el funcionamiento y la fisonomía del
monte mediterráneo, también está empezando a surgir un nuevo tipo de usos que
antes no se tenían en cuenta. Se trata de los usos recreativos y turísticos que
pueden acoger las dehesas y otras formas de bosque mediterráneo. En la
actualidad se está empezando a desarrollar una rama de la industria turística
que se especializa en turismo rural y que requiere parajes poco alterados que
conserven sus formas de vida tradicionales. Así se crea una nueva forma de aprovechamiento
del monte que asegura en mayor o menor medida la continuidad de las actividades
que mantienen el equilibrio y hacen rentables actividades que de otra manera se
perderían.
Este nuevo tipo de usos tiene especial
importancia en enclaves situados cerca de grandes poblaciones urbanas, ya que
los habitantes de setas ciudades descubren una nueva posibilidad de
esparcimiento que a su vez protégela monte de actuaciones mucho más
perjudiciales.
Sin embargo, una consecuencia negativa de este tipo de aprovechamiento es la desmedida urbanización a la que determinadas zonas de monte mediterráneo se están viendo sometidas. Se tiene que encontrar un equilibrio entre las posibilidades de aprovechamiento sostenible de estos recursos de ocio y su supervivencia a largo plazo.
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