Cervántófila teldesiana
Victoriano Santana Sanjurjo


Introducción


Benévolo lector, esto que tiene en sus manos, menguado de estilo, pobre de concetos y falto de toda erudición y doctrina, es el mísero resultado de muchos años de cervanteo en los que he tratado de domesticar y encauzar mi desenfrenado espíritu cervantófilo con el fin de que pudiese adquirir, aunque sólo fuese de pasada, cierto aire cervantista. Con indesmayable esfuerzo e inquebrantable cariño he procurado que una suave brisa olorizase mis trabajos; pero siendo el desenlace lo que lee, bueno será que me resigne e implore a su indulgencia para que estos hijos míos, secos, avellanados, antojadizos y llenos de pensamientos varios y nunca imaginados, que no se me cayeron de la mano, sino que huyeron del estéril y mal ingenio que poseo, sean aceptados como lo que son: un cuerpo en el que se propone algo y no se concluye nada.

Si los he sacado a la luz ha sido porque ya en otro momento la vieron y, nostálgicos de su pasado glorioso, me pedían a gritos que remendase sus malbaratados vestidos para mostrarse ufanos por el mundo. Como padre, a sus llantos no respondí con indiferencia: retomé lo dejado, añadí lo que no estaba y quité lo que sobraba, llegando a la conclusión de que lo retomado es insuficiente, lo añadido poco y lo quitado mínimo. Pero como mi amor por estos hijos cervantinos ha sido bueno para mi espíritu y sano para mi felicidad, no he podido negarme a compartirlos. De ahí que ose hacerle entrega de esto que lee. He procurado que el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla, y al cabo de todo, no sé si lo he conseguido.

El valiosísimo apoyo del Concejal de Cultura del M.I. Ayuntamiento de Telde, don Ildefonso JIMÉNEZ; las maravillosas horas entregadas al deleite del trabajo, el estudio y la simple charla literaria con los doctores don Antonio CABRERA PERERA y don Osvaldo RODRÍGUEZ PÉREZ; los atinados consejos, certeros juicios y, sobre todo, entrañable amistad de Carlos ARCONADA CARRO; el estoicismo con el que han soportado mis desvaríos cervantófilos mi familia y la peña del Tertulia (o poetas de la limpieza, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben); y la presencia constante del ser más adorable del mundo, Lidia VEGA AFONSO (Still loving you), no han sido suficientes para mejorar lo hecho; sí, al menos, para saber que son todos ellos lo mejor de este libro.

A todos ellos y a usted, benévolo lector, un millón de cervantófilas y teldesianas gracias.

Telde, 31 de enero de 1998 V.S.S.

 


Índice
               
Artículo I