Cervántófila teldesiana
Victoriano Santana Sanjurjo


II

Preliminares y razones para
el incumplimiento voluntario de una promesa:
el caso de la Segunda parte de la Galatea
1.

A Lidia VEGA AFONSO, mi horaciana Dulcinea; quien como princesa es mi carpe diem y como pastora mi beatus ille.

"Dos cosas solas incitan a amar, más que otras: que son la mucha hermosura y la buena fama"
(Miguel de CERVANTES)


"Tenía CERVANTES 57 años bien cumplidos cuando la primera parte del Quijote salía a la luz, y llevaba veinte justos de silencio literario oficial, ya que nada había publicado,[...], desde la aparición de la Galatea. Claro está que había compuesto entretanto, aunque sin darla a la estampa, algunas de sus novelas ejemplares, y varias comedias que en su mayoría no había conseguido estrenar. Pero, con todo ello, aparte también algunas composiciones líricas que se le conocían, no pasaba CERVANTES de ser tenido dentro del mundo literario sino por un discreto ingenio, cuyas limitadas posibilidades parecían ya definidas".2

Esta cita de ALBORG muestra claramente cuál era la situación de CERVANTES en el momento de publicar la Primera Parte del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Madrid, 1605). Veinte años estuvo sin publicar nada, el propio CERVANTES diría a este respecto en el Prólogo:

"¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas...?"

Si bien no publicó nada durante el periodo comprendido entre 1585 y 1605, no podemos por ello afirmar que su labor literaria fuese nula; no fue, en comparación con otros artistas del momento, muy activa, pero eso no quiere decir que la misma no existiese. Buena muestra de sus quehaceres literarios de esos años los tenemos en las abundantes poesías que hizo, en su mayoría obras de circunstancias, y en las cuales "no suele pasar de una honesta habilidad"3. Podemos destacar, a modo de testimonio, los siguientes títulos que sobresalen, con suficiencia, del resto de su producción poética y que fueron compuestos en este periodo: la "Canción nacida de las varias nuevas que han venido de la Católica Armada que fue sobre Inglaterra" y un soneto que dedicó a fray Pedro de PADILLA, ambas composiciones de 1587; la "Canción Segunda de la pérdida de la Armada que fue a Inglaterra", en 1588; unas redondillas y una glosa a San Jacinto, que aparecieron en la "Relación de las fiestas que se ha hecho en el convento de Santo Domingo de la ciudad de Zaragoza a la canonización de San Jacinto" (1595); el célebre soneto a la entrada del duque de Medinasidonia en Cádiz (1596): "Vimos en julio otra Semana Santa" y el alabado soneto que dedicó a Felipe II con motivo de su muerte ("Al túmulo de Felipe II en Sevilla").

CERVANTES siempre dio muestras de tener un particular gusto por todo lo concerniente a la literatura o, por ajustar un tanto más el término a la realidad, por lo que podríamos denominar como "letra impresa"4. Si tenemos en cuenta que una afición por la lectura trae consigo, generalmente, una afición por la escritura5, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que desde un principio CERVANTES veía con buenos ojos dedicarse a los menesteres de escritor.

Con 21 años, en octubre de 1568, aparecieron, en uno de los medallones de los arcos triunfales que Alonso GETINO DE GUZMÁN dispuso para la celebración del nacimiento de la infanta Catalina Micaela, sus primeros versos (Serenísima reina, en quien se halla/ lo que Dios pudo dar a un ser humano;/...) Es muy posible que la relación de asociados existente entre éste y el padre de nuestro autor hubiese bastado para que el primero no pusiese objeciones puntillosas sobre la calidad del poema de CERVANTES (o sea, que lo encontrase más o menos aceptable y lo incluyese en uno de los mencionados medallones). No sería procedente en este momento analizar esta primera composición, sí la conclusión que se deriva de su aparición: que CERVANTES debía poseer un bagaje mínimo de lecturas (donde, sin duda, primaba Garcilaso "y una serie de gruesas novelas gruesas que en aquella fecha contaban con ediciones que le eran accesibles, como, en el ciclo de los Amadises... los Palmerines...diversos libros de caballerías sueltos... y la novela caballeresca Tirante el Blanco"6) y un número indeterminado de folios rellenos de composiciones condenadas a desaparecer, perdidas por los cajones o cambiadas tras las futuras enmiendas-7.

Al año siguiente, ya veía publicadas de la mano de Juan LÓPEZ DE HOYOS una serie de composiciones de circunstancias que se insertaron en un libro que éste hizo sobre la Relación verdadera de la enfermedad, felicísimo tránsito y sumptuosas exequias fúnebres de la Serenísima Reina de España Doña Isabel de Valois, Nuestra Señora. Con los sermones, letras y epitafios a su túmulo, etc. Si bien las composiciones dejaban algo que desear, no debemos olvidar que su juventud jugaba a favor: era, por decirlo de alguna manera, una "joven promesa" dentro del mundillo literario del momento.

Si antes de 1569 la vida de CERVANTES nos resulta sumamente desconocida -la misma se resume en unos pocos trazos medianamente comprobables y en una abrumadora cantidad de lagunas cubiertas de suposiciones-, lo que conocemos a partir de esta fecha es, sin duda, más amplio en lo concerniente a hechos demostrables y, por descontado, decisivo para su labor de escritor8.

Sabemos que a finales de años, nos referimos a 1569, ya estaba en Italia. Desconocemos el por qué de este desplazamiento9. Sea como fuere, el caso es que Miguel de CERVANTES, en la Italia del siglo XVI, vivió con intensidad el ambiente cultural que el Renacimiento italiano derrochaba en todas las artes. Digamos, en definitiva, que presenció en directo la estética a la cual se había inscrito en sus primeras composiciones de la mano de Garcilaso de la VEGA, "cuyas poesías se sabía de memoria"10.

Esta influencia de Italia, de autores italianos de la talla de León HEBREO o Jacopo SANNAZARO y de autores españoles como Garcilaso, junto con la presencia de obras como las Dianas de Montemayor y Gaspar Gil Polo, y otras como el Pastor de Fílida de su amigo Luis Gálvez de Montalvo11, habrían de ser determinantes a la hora de componer su Galatea12.

Afirman LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY que

"Durante su estancia en Italia, CERVANTES pudo conocer (si es que no tenía ya noticias antes) la fama de la Arcadia y leer la obra que representa el triunfo de la primera formulación europea de la tradición pastoril [...] No es de extrañar, pues, que en La Galatea aparezcan algunas relaciones con esta obra de SANNAZARO"13.

Más adelante añaden:

"Por otra parte, contamos con la Arcadia filtrada a través de Garcilaso y de otros libros de pastores, como el de G. GIL POLO y el de L. GÁLVEZ DE MONTALVO, a través de los cuales pudo haber percibido algunos rasgos de la obra del italiano"14.

Es posible, pues, que ya desde entonces le estuviese dando vueltas a la historia de Galatea; el momento literario era bastante propicio para ello.

Es interesante señalar que en su primera etapa en Italia trabaja para el cardenal Giulio ACQUAVIVA, un año mayor que él. La escasa diferencia de edad que existía entre ambos y el hecho de que CERVANTES fuese el camarero del citado cardenal15 debía traer consigo necesariamente un grado de acercamiento que, a la larga, debía traducirse en una mejora sustancial de la posición social de Cervantes con respecto a la que tenía en España. En Italia era nuestro autor un hombre versado en lecturas, con cierta sensibilidad y reconocido ingenio; si hubiese querido sacar buen provecho de su situación, sin duda lo hubiese conseguido. ¿Qué mejor mecenas que un cardenal? ¿Dónde se iba a encontrar mejor que bajo la protección de ACQUAVIVA, en el todopoderoso Vaticano del siglo XVI? Es interesante constatar cómo teniendo la posibilidad de asentarse en el influyente Vaticano opta por la irregular vida soldadesca.

En este sentido, es probable que ARRABAL no esté muy desacertado cuando afirma que durante la primavera de 1570 pudo tomar nuestro autor...

"la decisión de abandonar a su apasionado pero insoportable amigo y señor. Sin dinero ni ocupación, extranjero, chapurreando italiano, prefirió la libertad a la rutina"16.

Luego vendría la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) -de cuya actuación siempre se sintió muy orgulloso- y su cautiverio en Argel -donde estuvo desde 1575 (el 26 de septiembre fue apresada la galera Sol, en la que regresaba, junto con su hermano Rodrigo, a España) hasta el 19 de septiembre de 1580 (fecha en la que los frailes trinitarios pagaron los 500 escudos de oro que valía su rescate)-.

El 27 de octubre de 1580 pisó tierra española, después de no hacerlo desde diciembre de 1569. Sobre lo que inmediatamente le seguiría lo resumen magníficamente LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY:

"En 1580 CERVANTES tiene treinta y tres años, edad difícil para quien no cuenta con medios para vivir como el hidalgo que dice ser; tiene que devolver el oneroso rescate de la liberación, y poco puede hacer su familia para ayudarle, pues los padres eran viejos y acosados de deudas. Su hermano Rodrigo estaba lejos, sirviendo al Rey, y dos de sus hermanas, Magdalena y Andrea, andaban en tratos de difícil calificación. Luisa, otra hermana un año mayor que él, había elegido el retiro religioso [...]. CERVANTES sigue a la Corte por Portugal, en donde se hallaba Felipe II [...] solicita en Tomar algún servicio en el que emplearse, y logra que en 1581 se le envíe a Orán para "ciertas cosas" que ignoramos. A su regreso de África vuelve a Lisboa y a Madrid (1582) y, desengañado por no lograr que se le atienda en la administración, pone entonces el énfasis en su actividad en seguir el camino de las letras para así destacar de algún modo en la Corte de Madrid"17.

Estamos en un punto crucial en la vida del CERVANTES escritor. A la situación que estaba viviendo había que sumarle los deseos que tenía de ir a América, para reorganizar su vida, y las peticiones que al respecto hizo a Antonio de ERASO, del Consejo de Indias, a quien, en una carta fechada el 17 de febrero de 1582, le dice lo siguiente:

"En esta intención me entretengo en criar a Galatea, que es el libro que dije a vuesa merced que estaba componiendo".

CERVANTES tenía en esos momentos otras pretensiones, otras miras puestas sobre todo en obtener lo que para él era fundamental y que poco o nada tenía que ver con la literatura: una estabilidad económica que le librase de los apuros y de las estrecheces que estaba pasando desde que regresó del cautiverio. La prueba de ello la tenemos en las numerosas peticiones que hizo para que se le reconociesen sus méritos como soldado, sus dos desatendidas peticiones para ir a América -la primera de 1582 y la segunda de 1590, cuando se le respondió con la conocida frase de "busque por acá en qué se le haga merced" y la aceptación de cualquier trabajo que le ayudase a paliar su difícil situación18.

Es lógico pensar, por lo tanto, que dado lo complicado de su situación, no se podía dedicar a escribir historias de pastores, ni entregarse a la composición de toda esa parafernalia que traía consigo el género pastoril, del mismo modo que lo haría un escritor reconocido, con todas sus necesidades cubiertas gracias a las generosas aportaciones de los mecenas, muy abundantes entonces. El tiempo que dedicó a realizarla tuvo que provenir de las numerosas horas vacías que tenía en sus periodos de inactividad. En ese sentido, La Galatea le sirvió de pasatiempo.

RODRÍGUEZ MARÍN y ASTRANA MARÍN fechan este proceso de composición durante su cautiverio en Argel19; otros autores prefieren encuadrar su creación a partir de su regreso a España20.

Sea como fuere, lo cierto es que fue la necesidad en última instancia la que tuvo que empujarle a publicar esta obra; pretendió "probar suerte" con una obra a la que le había dedicado bastante tiempo. Quizás, cuando comprobó que los méritos y los reconocimientos no habían nacido para él, al menos en vida, fue cuando rescató esos legajos manuscritos en los que se contenían la historia de los lamentos de Elicio, de sus amores por la inmaculada Galatea, de las aspiraciones del viejo Aurelio, del lusitano Erastro, etc. Como afirma LÓPEZ ESTRADA:

"Sabe bien que no puede vivir sólo de la pluma, pero sí que la pluma le ayude a vivir, si acierta con una obra que lo dé a conocer y le dé prestigio"21.

Comenta, además, que:

"CERVANTES es un escritor primerizo, que elabora con cuidado su obra [...] Y el propósito no es halagar en una corte, pues eso sabe que no se le da bien y además no tiene dónde; pero como el libro de pastores dispone de una pieza de rigor, que es la épica laudatoria en octavas reales, aprovecha la ocasión para establecer una nómina de los escritores contemporáneos, [...]"22.

En un principio, la crítica se ha decantado por ver en CERVANTES un deseo de emular el género que en esos momentos triunfaba. ALONSO CORTÉS afirma:

"Cosa obligada y natural en quienes hacen sus primeros ensayos literarios, es elegir para ello los géneros y estilos más en boga, y tomar por modelo a autores que mejor lo han cultivado"23.

ALBORG comenta, además, que:

"La opinión más tradicional reforzada por el juicio de MENÉNDEZ Y PELAYO [...], y sostenida por muchos críticos posteriores, conviene en afirmar que CERVANTES, al escribir esta novela, se dejó llevar simplemente de las «modas literarias» de la época, que tuvo en tanto aprecio lo pastoril; mimesis explicable sobre todo en un escritor joven"24.

Esta opinión se ve contrastada por aquella otra de LÓPEZ ESTRADA en la que afirma:

"Pero la composición de la obra tiene sus peligros, que el propio escritor percibe: la tradición pastoril es prestigiosa, pero tiene también su contrapartida. En 1585, la literatura pastoril, sobre todo en la manifestación de la égloga, acusa ya un cansancio formal. La vapuleó el teatro prelopista con sus rústicos; el formulismo de su expresión la ahoga..."25.

Esto significa que hay una contradicción entre los propios críticos ya que, por un lado, tenemos que el género pastoril era una "moda literaria" y, por el otro, algo que ya empezaba a cansar. O CERVANTES acude a un género en boga, con lo que se garantiza que le presten algo de atención; o pretende hacer el "más difícil todavía" adentrándose en un terreno que ha dejado de gozar del favor del público lector. En este último caso, acertar con la obra es ver las puertas del cielo abiertas; pero fallar es sumirse en la más absoluta indiferencia por parte de los lectores.

"Para Américo Castro la cuestión es mucho más compleja. CERVANTES [...] sentía con intensidad pareja la atracción del ideal y la del mundo más inmediato y tangible; [...]. Para CERVANTES, educado en el pensamiento platónico, [...] existía una realidad ideal con tan aguda vigencia como la realidad próxima y concreta. En ella se encerraba un orbe de valores perfectos que [...] tenían una existencia menos vívida, siquiera fuese en la aspiración y deseos de quien la sustentaba. Este mundo ideal sólo hallaba cabida en los dominios del arte y entrar en ellos suponía -en desgarradora disyuntiva- la renuncia a la captura de la realidad del mundo; de aquí nace la desengañada posición irónica -tal la del mismo CERVANTES- ante la ficción pastoril, sin excluir la propia obra26.

Compuesta la obra, con la dedicatoria al "Ilustrísimo señor Ascanio COLONA, abad de Santa Sofía" y con el Prólogo que comienza llamando la atención a los "Curiosos lectores"27, se publicó la Galatea. La Tasa tenía fecha del 13 de marzo de 1585 y estaba firmada por Miguel de ONDARZA ZAVALA; la Fe de erratas se fechó el último día de febrero del mismo año y llevaba la firma del licenciado VÁREZ DE CASTRO; asimismo, la obra tenía dos Aprobaciones: la primera, firmada por Lucas GRACIÁN DE ANTISCO el 1 de febrero de 1585 y la segunda por Antonio de ERASO el 22 de febrero de 1585.

Como afirman LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY:

"El libro apareció como una obra impresa en su primera salida, mejor que en alguna de las otras que siguieron. Cuando CERVANTES tuvo en sus manos un primer ejemplar pudo quedar contento del aspecto material del libro que había escrito"28.

La obra, desde el momento en que vio la luz por primera vez, llevaba consigo el sello que indicaba el proyecto de una Segunda parte. El título ya indicaba de entrada que había en CERVANTES una voluntad manifiesta de hacer esta Segunda parte de la Galatea: Primera parte de la Galatea, dividida en seys libros29. Cópuesta por Miguel de Ceruantes. Obviamente, cuando se habla de una Primera parte es porque se tiene prevista una Segunda.

Afirma ALBORG lo siguiente:

"El mismo título de Primera Parte de la Galatea revela claramente que su autor pensaba darle una continuación; y la prometió, en efecto, repetidas veces. En el mismo Prólogo del libro acaba diciendo que "ya que en esta parte la obra no responda a su desseo, otras offresce para adelante de más gusto y de mayor artificio ". En el famoso escrutinio del Quijote (I: 6) dice de La Galatea por boca del cura que "es menester esperar la Segunda parte que promete". En la dedicatoria de sus Ocho comedias anuncia que "luego yrá el Persiles... y luego la Segunda parte de La Galatea"; torna a prometerla en el Prólogo de la Segunda parte del Quijote: "olvidábaseme de decirte que esperes el Persiles, que ya estoy acabando, y la Segunda parte de La Galatea".Y todavía cuatro días antes de su muerte, en la dedicatoria del Persiles, sueña con dar remate a aquella su primera, y ya tan remota creación: "Si a dicha, por buena ventura mía, que ya no sería ventura, sino milagro, me diera el cielo vida, las verá, y con ellas el fin de La Galatea".

Es manifiesta, pues, la estima que sentía CERVANTES por aquel su primer libro. No sólo esto, sino que el tema pastoril aflora en numerosos momentos de su obra"30.

La pregunta que necesariamente surge después de todo esto es: ¿Por qué, si CERVANTES sentía tanto aprecio por su primera obra, estuvo treinta y un años de su vida prometiendo algo que nunca llegó a cumplir? Es probable, como afirman LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY, que CERVANTES se sintiese coaccionado, veinte años después de publicación de La Galatea, ante la obligatoriedad que exigía "escribir con la limitación que el género de los libros de pastores hubiese impuesto a la Segunda parte"31; asimismo, "pudo haber notado que el género periclitaba en el gusto de los buenos lectores, aunque se siguieran escribiendo libros de pastores"32.

Antes de volver sobre la pregunta formulada, debemos hacer un breve apunte sobre el éxito de la Galatea. LÓPEZ ESTRADA ha sido de los pocos cervantistas que ha tratado con más cariño a la más denostada, o menos apreciada, de las obras de CERVANTES; así, sobre la fama que adquirió la Galatea afirma:

"CERVANTES escoge para su relación con el público las dos modalidades literarias en las que un autor como él, con vocación y aun con prisas33por ganar el favor del público, podía lograr un triunfo más inmediato y aparente: el teatro, en el que no acierta a establecer esta relación, y el libro de pastores, en el que sí da en el blanco, pues La Galatea se publicó en Alcalá (1585), Lisboa (1590) y París (1611) en vida del autor, y en la década de su muerte, en Barcelona y Lisboa (1618), que es un buen éxito dentro del género34.

También, junto con LÓPEZ GARCÍA-BERDOY, reproducen el testimonio que OUDIN expuso en los preliminares de la Galatea (París, 1611), pudiéndose extraer del mismo el siguiente fragmento:

"libro ciertamente digno, en su género, de ser acogido y leído de los estudiosos de la lengua que habla, tanto por su elocuente y claro estilo como por la sutil invención y lindo entretenimiento de entrincadas aventuras y apacibles historias que contiene. Demás de esto, por ser del autor que inventó y escribió aquel libro, no sin razón intitulado El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha"35.

Dos apuntes más sobre el éxito de La Galatea: el primero, lo tenemos en la Aprobación de la Segunda parte del Quijote que firma el Licenciado MÁRQUEZ DE TORRES y donde se puede leer en un determinado fragmento de la misma lo siguiente:

"...muchos caballeros franceses de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos, y tocando a caso en este que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de CERVANTES, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras: La Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte désta, y las Novelas".

El segundo proviene de las menciones que hizo LOPE de la obra cervantina en dos comedias suyas: la primera es La dama boba (1613), donde LOPE sitúa La Galatea en una lista de obras que Nise lee; y la segunda es La viuda valenciana (compuesta entre 1595 y 1603), en donde podemos leer lo siguiente:

Aquesta es La Galatea,

que, si buen libro desea,

no tiene más que pedir.

Fue su autor Miguel de CERVANTES,

que allá en la Naval perdió

una mano...36

Las afirmaciones de LÓPEZ ESTRADA sobre el éxito de esta primera obra de CERVANTES se contraponen con las expuestas por estudiosos de la talla de VALBUENA PRAT o AMEZÚA. El primero sostiene que:

"Esta Arcadia CERVANTESca es lo más contrario a la potencia de su genio, que actúa sobre lo real o mediante el contraste entre verdad y ficción o ilusión. La Galatea es descolorida y sosa, sin auténtica poesía, salvo en contadísimos casos, y sin interés narrativo"37.

En otro momento del libro se recoge lo siguiente, más duro si cabe:

"La Galatea es una obra fría, sin vida y sin habilidad en el artificio. Sin las condiciones de estilo o descriptivas de las Dianas, con multitud de versos garcilasistas, la mayoría desmayados y sosos; sin pasión, realidad ni ironía -los puntos fuertes de CERVANTES-, sólo se la recuerda en mérito del autor"38.

AMEZÚA, por su parte, afirma que:

"los defectos patentes de La Galatea, aquellos amores pastoriles, especulativos los más, fríos y exentos de humanidad; la confusión de unos episodios con otros, que tan embarullada y difícil hace su lectura; su tendencia melodramática; la falta de verdadera emoción e interés; las excesivas disquisiciones estéticas sobre el Amor, que ni siquiera tienen el calor de lo creado y vivido; el exceso de desmayos, lágrimas y suspiros; la ausencia de un sentido íntimo, cordial de la Naturaleza, artificiosamente concebida y descrita, no auguraban ciertamente, a pesar de las virtudes y méritos de la novela -dignidad y nobleza de los caracteres, buenos versos, de los mejores que en su vida compuso CERVANTES, aciertos de estilo, que anuncian ya al príncipe de los prosistas castellanos-, no auguraban, digo, un gran éxito a La Galatea, y las dos únicas ediciones que alcanzó en el siglo XVI fueron prueba inequívoca y concluyente de su fracaso literario"39.

Otro juicio interesante sobre la Galatea es el que nos ofrece R.O.JONES:

"El libro es un buen ejemplo de su género; es más serio y consistente que muchos otros, y tiene una estructura más lograda de lo que generalmente se ha creído. Pero tiene también sus momentos de tedio, y ciertamente no presenta el mejor aspecto de las facultades imaginativas de CERVANTES40.

Por último, citemos a Martín de RIQUER:

"...cuando nos aproximamos al primer libro de CERVANTES, La Galatea, todo nos suena a falso, a arbitrario y, lo que es peor, a trasnochado. Con La Galatea CERVANTES rindió culto a una moda literaria de su tiempo, y el residuo válido y permanente de este libro se reduce a unas páginas de buena prosa y a algún que otro verso acertado perdido entre centenares de versos mediocres"41.

Que La Galatea fue un fracaso es algo que, al día de hoy, parece no ofrecer ningún tipo de dudas. RIQUER, a nuestro juicio, sentenció el estado de la cuestión con las siguientes palabras:

"pero así como Garcilaso se impuso a los cánones de la boga más o menos pasajera y mantiene íntegramente su emoción y su eficacia, las novelas pastoriles, muy importantes y decisivas para conocer la mentalidad y los gustos de una época, hoy son ilegibles para un público no especializado, al que no le dicen absolutamente nada y le aburren y hastían; y no olvidemos algo fundamental y que los técnicos en literatura suelen callar o disimular: toda obra literaria que aburra o hastíe a un lector moderno culto es una obra que ha fracasado, aunque tenga un gran valor como documento de ideología o de lenguaje y estilo"42.

El propio CERVANTES, y esta es la clave fundamental para responder a la pregunta que anteriormente formulaba43, afirma al final de La Galatea lo siguiente:

"El fin de este amoroso cuento e historia, con los sucesos de Galercio, Lenio y Gelasia, Arsindo y Maurisa, Grisaldo, Artandro y Rosaura, Marsilio y Belisa, con otras cosas sucedidas a los pastores hasta aquí nombrados, en la Segunda parte de esta historia se prometen, la cual, si con apacibles voluntades esta primera viere recibida, tendrá atrevimiento de salir con brevedad a ser vista y juzgada de los ojos y entendimiento de las gentes"44.

Por eso, CERVANTES no publicó inmediatamente la Segunda parte de La Galatea, porque no había sido recibida con buenas voluntades. CERVANTES quiso probar suerte con la literatura; cansado de mostrar inútilmente sus méritos como soldado, optó por hacer realidad el sueño -al que se dedicaba como aficionado- de ser escritor y ver publicadas sus obras. Quién duda, pues, de que el esmero que puso en hacer La Galatea no obedecía sino al deseo de forjarse una fama como buen escritor.

Sus deseos de estabilidad, de asentarse entre la flor y nata de la sociedad del momento, cayeron por su propio peso y fue esa la causa que le movió a buscar otros menesteres a los que dedicarse. Esta circunstancia no trajo consigo que dejase de escribir o de leer. Hay que distinguir entre escribir como aficionado (por el mero placer de hacerlo -cosa que todos en mayor o menor medida hemos hecho-) y escribir recibiendo una remuneración por ello. CERVANTES, en este sentido, siguió entregado a la literatura, a pesar de que estuvo veinte años sin publicar nada: su obra, La Galatea, había calado muy poco en el ambiente literario del momento.

Así, pues, la frustración presidió los años posteriores a 1585. Su experimento de ser escritor no había fructificado, era hora de dedicarse a otra cosa: desempeñó, a partir de 1587, la labor de comisario de abastos para la Armada -cargo que le obligará a realizar continuos viajes entre Madrid y Sevilla, donde terminará de fijar su residencia-; volvió a solicitar que "se le fuese servido de harçerle merced de vn ofiçio en las yndias, de los tres ó cuatro aque al presente están vacos", la solicitud se fechó el 21 de mayo de 1590 y fue desestimada; se le acusó de fraude y fue encarcelado en Castro del Río (19 de septiembre de 1592); en 1594 consiguió un trabajo como cobrador de los atrasos de tercias y alcabalas que se debían en el reino de Granada, guardó lo recaudado en un banco de Sevilla que en 1597 quebró y, ante la imposibilidad de hacer frente a las sumas recaudadas, se le encarceló en Sevilla; etc.

SEVILLA ARROYO y REY HAZAS afirman:

"CERVANTES, que en buena medida había llegado al mundo de las letras porque se le había cerrado el de la milicia, al no lograr su nombramiento de capitán, tampoco halló en la república literaria solución para sus problemas económicos. Ni el relativo éxito de sus veinte o treinta comedias, ni la descreta acogida de La Galatea, sirvieron de alivio a sus penalidades"45.

Su vida no dejaba de ser una demencial concatenación de problemas que traían consigo una profunda inseguridad a la hora de afrontar cualquier asunto: todo lo que iniciaba tenía un fin desagradable o deshonroso46.

En 1592 hizo un primer atisbo por retomar su actividad literaria con la firma de un contrato con RODRÍGUEZ OSORIO, por el cual se comprometía a escribir seis comedias. SEVILLA ARROYO y REY HAZAS afirman sobre esto:

"Pero, aunque no las escribiera, ya es harto significativo que estampe su firma en él, porque ello supone que la idea del regreso a los escenarios rondaba por su cabeza"47.

Quizás, después de todo lo que había pasado, quiso volver a intentar la aventura que años atrás emprendió con tanta mala fortuna: publicar un nuevo libro. Es muy probable que en los principios justificativos de este regreso tuviese mucho que ver su preocupante situación -viviendo prácticamente él y su familia al día-; ello nos obligaría a considerar que las circunstancias que en su momento le incitaron a meterse en el mundo literario se volvían a repetir.

La Galatea cumplió una misión fundamental en la vida creativa de CERVANTES, ya que fue como un indicador que le señaló el camino a seguir dentro de la literatura. La prosa preciosista de La Galatea era, precisamente, la senda que no debía caminar; de ahí que no dudase en definir, en el Prólogo de la Primera parte, la historia de Don Quijote como una leyenda "seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina". Era, en definitiva, una forma de marcar una frontera entre el antes y el después de su trayectoria literaria.

No obstante, ello no debe hacernos suponer que CERVANTES abandonó el tema pastoril, porque no lo hizo. Nuestro autor siguió utilizando el género, pero siempre escondido bajo otras capas superiores que provenían de historias ajenas a este motivo48. Como afirman PEDRAZA y RODRÍGUEZ:

"La importancia de La Galatea reside en el carácter de embrión que tienen muchos de los motivos que en ella aparecen en relación con otras obras más logradas del mismo CERVANTES"49.

Si consideramos que con el Quijote fue cuando llegó la verdadera fama, ¿es lógico pensar, por tanto, en un deseo de volver sobre un género que ya en su momento supuso para él un fracaso? No, no es lógico. CERVANTES se pasó, desde que publicase la Primera parte del Quijote, prometiendo la Segunda parte de La Galatea durante once años, hasta que murió; inició muchos proyectos literarios en los cuales sólo se hacía mención de la proximidad de esa Segunda parte, pero por ningún lado llegaba; murió y seguía sin aparecer la Segunda parte.

Si esto fue así: ¿por qué se empeña la crítica en dejar a medio camino algo que no debe ofrecer ninguna duda? CERVANTES prometió algo que nunca cumplió; y no lo cumplió no porque no pudiese, que podía, sino porque no quiso hacerlo: CERVANTES prometió lo que sabía de antemano que nunca iba a cumplir.

Es posible que esperase que los reiterados anuncios de la inminente publicación de la Segunda parte se viesen avalados por alguna muestra de apoyo, muestra que no debió llegar por ningún lado. CERVANTES sabía que esta Segunda parte tenía que superar a la Primera; esto más que un estímulo fue la losa que cerró definitivamente sus deseos de publicar la continuación. Había puesto todo su esfuerzo y dedicación en la composición de La Galatea. En cierta medida, se veía imposibilitado para conseguir una obra que la superase.

Recuérdese, además, que cumple fielmente con lo expuesto en el final de la obra, cuando afirma que si fuese recibida con apacibles voluntades se entregaría a la continuación de la historia de Galatea. Dejar la trama a medias podía traer consigo cierto malestar entre quienes se habían manifestado a favor de la obra y querían saber si, al final, Galatea se casaba o no con Elicio50. Prometiendo la continuación, no pierde el afecto de estos y gana la clemencia de quienes rechazaron su obra, que se mantienen a la espera de que la Segunda parte sea mejor.

Ténganse presentes las palabras de VALBUENA PRAT, quien afirma lo siguiente:

"Como obra que anuncia mucho y realiza poco, se la deja en entredicho en el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote; y hasta el fin de la vida de CERVANTES se anuncia, como justificación, una Segunda parte que no llegó a aparecer51.

En el fondo lo que primaba era el reconocimiento interno de que su obra más apreciada le había fallado cuando él menos lo esperaba: en el momento en el que debía darse a conocer como un escritor de talla. Todos sus esfuerzos fueron inútiles y por eso se ve imposibilitado para repetirlos en una Segunda parte. Esto nos viene a indicar, pues, que en CERVANTES obró una maniobra intencionada de presentar una continuación que realmente no quiso hacer nunca.


NOTAS:

  1. Comunicación leída en el V Encuentro de Jóvenes Hispanistas (celebrado durante los días 25, 26 y 27 de octubre de 1995 en la Facultad de Filología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria). Asimismo, aparece en las Actas del V Encuentro de Jóvenes Hispanistas. Editadas por José Carlos MORALES UMPIÉRREZ, Ana Isabel MENDOZA DE BENITO, Asunción RODRÍGUEZ VIERA y Antonio ALCÁNTARA MANZANO bajo la coordinación de Victoriano SANTANA SANJURJO. Las Palmas de Gran Canaria: Servicio de Reprografía de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1997.

  2. ALBORG, J.L.: Historia de la literatura española. Tomo II: Época barroca. Madrid: Gredos, 1993. 2ªedición, 6ª reimpresión. Págs. 127 y 128.

  3. VALBUENA PRAT, Á.: "Poesías sueltas: Prólogo" en Obras completas de Miguel de Cervantes. 2 tomos. Madrid: Aguilar, 1990. 18ª edición. 3ª reimpresióm. Pág. 41. Sobre la poesía de Cervantes es interesante el juicio que tanto AMEZÚA como RODRÍGUEZ MARÍN dan al respecto. El primero afirmó en su obraCervantes, creador de la novela corta española (vol. I. Madrid: 1956. Pág. 14. Nota 3) lo siguiente: "La característica de Cervantes como poeta es la desigualdad..., condición suya que ha provocado desfavorable opinión tanto de sus contemporáneos como de los críticos modernos sobre su talento poético, más hecho para lo irónico y burlesco que para lo serio y lo grave". Por su parte, RODRÍGUEZ MARÍN dirá en su edición del Viaje del Parnaso (Madrid: 1935. Pág. XLIII): "Cervantes fue casi siempre un mediano versificador, pero siempre, y al mismo tiempo un admirabilísimo poeta".

  4. Véase la nota 3 del Artículo 1 de este volumen

  5. Nos viene a la memoria cómo al célebre hidalgo manchego, en el primer capítulo de la Primera parte, enloquecido tras un sin fin de lecturas, «le vino deseo de tomar la pluma, y dalle fin al pie de la letra» -a la historia de Don Belianís de Grecia-.

  6. RIQUER, Martín de: Nueva aproximación al Quijote. Barcelona: Teide, 1993. 8ª ed. Pág. 18.

  7. Es lógico pensar que las primeras composiciones que un autor saca a la luz no sean las primeras que ha realizado, sino las primeras medianamente “decentes” que hace después de practicar mucho en busca de un estilo al que adherirse.

  8. Una buena bibliografía cervantina debería contener títulos como los que a continuación enumeramos: ASTRANA MARÍN, Luis: Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra (6 tomos). Madrid: Instituto Editorial Reus, 1948-1956; CANNAVAGIO, Jean: Cervantes. Madrid: Espasa-Calpe, 1992. 2ª edición; FITZMAURICE-KELLY, James: Miguel de Cervantes Saavedra. Reseña documental de su vida. Buenos Aires, 1944; SÁNCHEZ, Alberto: "Estado actual de los estudios biográficos" en Suma Cervantina, editada por J.B. AVALLE- ARCE y E.C. RILEY. Londres: Tamesis Book, 1973; BABELÓN,Jean: Cervantes. Buenos Aires: 1947; MAYANS y SISCAR, Gregorio: Vida de Miguel de Cervantes Saavedra. Madrid: Espasa Calpe, 1974., etc. A esta lista habría que añadirle un sin fin de trabajos más elaborados por personalidades cervantinas de la talla de José María ASENSIO, Julio CEJADOR, Emilio COTARELO y MORI, Francisco NAVARRO LEDESMA, Vicente de los RÍOS, Juan Antonio PELLICER, Francisco RODRÍGUEZ MARÍN, Cristóbal PÉREZ PASTOR, etc., cuyas aportaciones han sido fundamentales para el esclarecimiento de la vida y hechos de nuestro autor. Eso sí, hay que tener en cuenta que muchas de estas biografías contienen errores notables o adolecen de la suficiente objetividad, pero ello tiene porqué invalidarlas; lo prudente es, en todo caso, no tomarlas como dogmas de fe, sino como obras que han contribuido al conocimiento de Cervantes, para bien o para mal, eso es lo de menos.

  9. Hay quienes opinan que existe una relación muy directa entre el mismo y un mandamiento judicial que el 15 de septiembre mandaba a proceder en Rebeldía contra un myguel de Çerbantes, absente, sobre Razon de haber dado çiertas herias en esta corte A Antonio de Sigura, andante en esta corte, sobre lo cual El dicho miguel de Çerbantes, por los dichos nuestros alcaldes fue condenado A que con berguença publica le fuese cortada la mano derecha y en destierro de nuestros Reynos por tiempo de diez años y en otras penas contenidas en la dicha sentencia. Esta huida vendría posteriormente avalada con la petición que por esas fechas -diciembre- hacía don Rodrigo de Cervantes de limpieza de sangre en favor de su hijo Miguel: ...digo que Miguel de Çerbantes, mi hijo e de doña Leonor de Cortinas, mi legítima muger, estante en corte Romana, le conviene probar e averiguar como es hijo legítimo mío e de la dicha mi muger, y quél [...] ni semos moros, judíos, conversos ni reconciliados por el Santo Oficio...

  10. PEDRAZA y RODRÍGUEZ: Op. cit. Pág. 102.

  11. Este autor fue uno de los poetas que insertó un poema laudatorio en los preliminares de La GalateaMientras del yugo sarraceno anduvo...»). Los otros dos fueron: Luis de VARGAS MANRIQUE («Hicieron muestra en vos de su grandeza...») y LÓPEZ MALDONADO («Salen del mar, y vuelven a sus senos...»).

  12. 1 Si se desea ampliar conocimientos sobre la influencia que recibió Cervantes de Italia y de Garcilaso pueden consultarse los siguientes títulos: WELLINGTON, M.Z.: “La Arcadia de Sannazaro y la Galatea de Cervantes” en Hispanófila, nº5. 1959; TREND, J.B.: “Cervantes In Arcadia” en los Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Madrid: C.S.I.C., 1951; RIVERS, E. L.: “Cervantes y Garcilaso” en Cervantes: su obra y su mundo. Actas del I Congreso Internacional sobre Cervantes. Madrid: Edi. 6, 1981; SORIA OLMEDO, Andrés: Los «Dialoghi d'Amore» de León Hebreo: aspectos literarios y culturales. Granada: Universidad, 1984; MOREL-FATIO, Alfred: “Cervantes et les cardinaux Acquaviva et Colonna” en Bulletin Hispanique, 8. 1906; BUCHANAN, Milton: “Some Italian Reminiscenses In Cervantes” en Modern Philology, 5. 1907; SORRENTO, L.: "Cervantes en Italia" en La lectura. Madrid: 1915; BILLI di SANDORNO, A: "¿Por qué fue a Italia Cervantes?" en la Revista bibliográfica y documental, IV. Madrid: 1950; etc.

  13. Cita hecha en la edición de La Galatea de Francisco LÓPEZ ESTRADA y de María Teresa LÓPEZ GARCÍA-BERDOY. Madrid: Cátedra, 1995. Págs. 16-17.

  14. Ibíd. Pág. 17.

  15. “El criado que asiste a vestir y acompañar a su amo, y anda siempre cerca de su persona (...) manda a todos los criados de la cámara y está a su cargo lo que se gasta en la cámara de su amo”. (Diccionario de Autoridades).

  16. ARRABAL, Fernando: Un esclavo llamado Cervantes. Madrid: Espasa Calpe, 1996. Pág. 257.

  17. Ibid, Págs. 11-12.

  18. La decepción de verse sin oficio ni beneficio, olvidados sus méritos, manco y con una gran responsabilidad familiar sobre sus hombros, pudo servir como base espiritual, años después, ya publicada y olvidada su Galatea, para gestar a Don Quijote. Cierto es que aún no hemos llegado a su etapa andaluza y castellana como proveedor de la Armada, etapa crucial para la creación del inmortal hidalgo, pero no es menos cierto que ya desde hacía mucho tiempo, desde que en 1580 pisó tierra española, su espíritu, que entonces debía estar con una moral propia del héroe que había sido en Lepanto y en Argel, iba decayendo paulatinamente en la más triste de las decepciones: la del olvido del reconocimiento merecido.
    ¿De qué le sirvió toda aquella muestra de heroísmo, si luego la balanza de la compensación estaba con el fiel desnivelado para él? Cervantes se enorgullece, sin duda alguna, de su actitud y aptitud en la batalla de Lepanto, lo manifiesta en numerosas ocasiones a lo largo de su vida; pero también se desengaña de los halagos y de los frutos que de ellas se supone que debían ganarse. Don Quijote se moldeará bajo estas circunstancias. Como paladín de la justicia y emblema del valor y la valentía, Don Quijote fluctúa entre las fronteras que traza el Cervantes orgulloso y el Cervantes desengañado.
    Las dos negativas que le impidieron acceder a las Indias y la que en 1610 recibió en Barcelona por parte del secretario personal del conde de Lemos, quien iba a Nápoles como virrey con una corte de escritores, Lupercio Leonardo de Argensola, sirvió de estímulo para iniciar una frenética carrera como escritor. En contra tenía el tiempo y su condición de "preso" dentro de las fronteras de nuestro país. Con 63 años, en 1610, se había desmoronado definitivamente su "futuro feliz", si es que a alguno podía aspirar con esa edad y esos años. De hecho, su creación más perfecta, Don Quijote, tuvo que fracasar, perder su condición de caballero andante, de idealista, de justo y de héroe en la playa de Barcelona; cerca del mar, el mismo mar en el que se suponía debió zarpar Cervantes rumbo a su frustrada felicidad.

  19. RODRÍGUEZ MARÍN hace su afirmación en su edición de Rinconete y Cortadillo (Madrid: 1920. Pág. 125) y ASTRANA MARÍN hace lo propio en su ya citada Vida ejemplar y heroica... (Págs 29, 35 y 174 del volumen III).

  20. GONZÁLEZ DE AMEZÚA, A.: “Una carta inédita y desconocida de Cervantes" en el Boletín de la Real Academia Española, XXXIV. 1954. Dicha carta no es otra que la enviada por nuestro protagonista a Antonio de Eraso y de la que ya nos hemos hecho eco anteriormente. Como cabe suponer, AMEZÚA defiende la tesis de que La Galatea comenzó a escribirse cuando su autor estuvo en España, nunca antes.

  21. LÓPEZ ESTRADA, F.: “Literatura pastoril y Cervantes: La Galatea” en Actas del I Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas. Barcelona: Anthropos, 1990. Pág. 167.

  22. Ibidem. La pieza en octavas a la que se refiere no es otra que el “Canto de Calíope”, inserta en el sexto libro de La Galatea.

  23. ALONSO CORTÉS, Narciso: "Cervantes" en Historia general de las literaturas hispánicas. Bajo la dirección de Guillermo DÍAZ PLAJA. Barcelona: Ed. Barna, 1951. Pág. 809.

  24. ALBORG, J.L.: Op. cit. Pág. 83.

  25. LÓPEZ ESTRADA, F.: Op. cit., Pág. 168. También puede encontrarse esta misma cita en su edición de La Galatea, junto con LÓPEZ GARCÍA-BERDOY: Op. cit. Pág. 93.

  26. ALBORG, J.L.: Op. cit. Pág. 84.

  27. Sobre este comienzo es interesante lo que al respecto afirma LÓPEZ ESTRADA (Op. cit. Pág. 167):

    ”Obsérvese que está dedicado a los «curiosos lectores», así en plural, a los muchos y no a uno. Cervantes sabe que no ha de lograr la fama ni por sus méritos personales (exhibidos en los memoriales con escasa fortuna), ni por el posible «disfraz» de sus pastores (aunque pueda hacerlo), ni por la clave del relato, ni por la elevación culta de su obra en el círculo de los entendidos, para lo cual carece de preparación y títulos».

    Los prólogos de Cervantes son verdaderas obras maestras en su género. Salvo el de la Primera Parte del Quijote, el resto de los prólogos que publicará carecen de esta llamada de atención. La llamada de atención del Quijote de 1605 encierra un significado muy profundo. Con un “desocupado lector” Cervantes consigue concretar el ámbito de extensión que ha de tener su obra.
    Aceptando como base preliminar el propósito de Cervantes a la hora de componer el Quijote (acabar con los libros de caballería), éste dirige su obra hacia aquellos sectores de la población que saben leer y cuyos ratos de ocio hacen que no se dediquen a nada productivo, lo que es, en definitiva, el mal a evitar. Para ello, y con esto enlazamos con la afirmación de LÓPEZ ESTRADA, usa el singular: tiene un público muy determinado al que dirigirá la obra y que, a la postre, tendrá que recibir la "moraleja" que encierra la obra. El Quijote en ese sentido es un libro eminentemente didáctico. Para más información sobre este asunto pueden consultarse las siguientes obras: RIQUER, M. de: “Cervantes y la caballeresca” en Suma Cervantina. Londres: Tamesis, 1973. Págs. 273 y 274; RIQUER, M. de: Op. cit. Págs. XXXIII-XLV; PORQUERAS MAYO, A.: "En torno a los prólogos de Cervantes" en Cervantes, su obra y su mundo. Madrid: Edi-6, 1981; ESCUDERO, Carmen: "El prólogo al Quijote de 1605, clave de los sistemas estructurales y tonales de la obra" en Actas del I Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas, Barcelona: Anthropos, 1990; entre otras muchas.

  28. LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY, Op. cit., Pág. 14.

  29. Joaquín CASALDUERO llama la atención sobre esta disposición en seis libros afirmando que:

    “Cervantes sustituye el número impar de libros por el número par, lo cual exige que el centro pierda su calidad físicamente estática y su poder de concentración. El carácter estático tan bello del libro IV de Montemayor [autor, no lo olvidemos, de Los siete libros de la Diana], con una organización tan ordenada, desaparece; en su lugar, tenemos un doble centro, los libros III y IV, con un contraste que realza el dinamismo dramático que caracteriza a la Galatea.” (Vid. CASALDUERO, Joaquín: "La Galatea" en Suma Cervantina. Londres: Tamesis, 1973, Pág. 32).

  30. ALBORG, J.L.: Op. cit. Pág. 82.

  31. LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY: Op. cit. Pág. 101.

  32. Ibid. Pág. 101.

  33. Téngase en cuenta lo que ya hemos comentado sobre la entrada de Cervantes en el mundo de la literatura.

  34. LÓPEZ ESTRADA: Op. cit. Pág. 163.

  35. LÓPEZ ESTRADA y LÓPEZ GARCÍA-BERDOY: Op. cit. Págs. 97-98 y. 647.

  36. Ibid. Pág. 99.

  37. VALBUENA PRAT: Op. cit. Pág. 26.

  38. Ibid. Pág. 732.

  39. AMEZÚA, A.: Op. cit. Págs. 22 y 23. Citado por ALBORG: Op. cit. Pág. 87, quien añade, además, en la misma página (nota 20), lo siguiente, muy interesante:

    “La existencia de estas dos solas reimpresiones (Lisboa, 1590 y París, 1611) suelen aducirse, en efecto, como prueba de la escasa aceptación que tuvo la novela pastoril de Cervantes, frente a la gran difusión y numerosas ediciones de la Diana de Montemayor y de la Diana enamorada de Gil Polo.

  40. JONES, R.O.: Historia de la literatura española. Siglo de oro: prosa y poesía (siglos XVI y XVII). Edición revisada por Pedro Cátedra. Barcelona: Ariel, 1989. 10ª edición. Pág. 252.

  41. RIQUER, Martín de y José María VALVERDE: Historia de la literatura universal, tomo II. Barcelona: Planeta, 1078. 7ª edición. Pág. 203. Aunque el tomo esté firmado por los dos, Martín de RIQUER es quien se encargó de elaborar el capítulo relativo a Cervantes, de donde he obtenido la cita.

  42. Ibid. Pág. 204.

  43. ¿Por qué, si Cervantes sentía tanto aprecio por su primera obra, se pasó 31 años de su vida prometiendo algo que nunca llegó a cumplir?

  44. VALBUENA PRAT, A.: Op. cit. Pág. 917.

  45. SEVILLA ARROYO, F. y A. REY HAZAS: "Introducción" a las Obras completas de Miguel de Cervantes Saavedra, tomo I. Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 1993. Pág. XXVI.

  46. Consideramos, en este punto, fundamental recordar al lector la similitud entre Cervantes (que se emplea en muchos sitios acabando no muy bien en ninguno de ellos) y Don Quijote (que emprende aventuras en las que sale casi siempre malparado).

  47. SEVILLA ARROYO y REY HAZAS: Op. cit. Pág. XXVII.

  48. 1 En la Primera parte del Quijote podemos encontrarnos, en la historia de Grisóstomo y Marcela (capítulos XII-XIV), ciertas reminiscencias pastoriles. Es posible que estos capítulos hubiesen sido compuestos mucho antes del Quijote, para una hipotética Segunda parte de La Galatea -que debió pensar en llevar a cabo al poco tiempo de salir la Primera-. Suponemos que Cervantes, viendo que el proyecto se demoraba y que sus miras literarias estaban en las aventuras del hidalgo manchego, optó por incorporar esta historia de pastores al libro que componía. En este sentido, los referidos capítulos serían lo único que nos queda de la nunca escrita Segunda Parte de La Galatea. Véase FORCIONE, Alban: "Marcela and Grisóstomo and the Consummation of La galatea en Essays Murillo: Juan de la Cuesta, 1991. Págs. 47-62
    Por otra parte, son harto conocidas las ironías que el mismo Cervantes dedica a la narración bucólica, de manera especial en “El coloquio de los perros” (Novelas ejemplares, 1613), siempre citado como prueba de la opinión del autor sobre aquellas idealizadas fantasías: “Entre otras cosas -dice Berganza- considerava que no devía ser verdad lo que avía oydo contar de la vida de los pastores... diziendo que se les passava toda la vida cantando y tañendo con gaytas, çampoñas, rabeles y chirumbelas, y con otros instrumentos extraordinarios...” Los únicos pastores que había visto Berganza no cantaban “con vozes delicadas, sonoras, y admirables, sino con vozes roncas, que solas, o juntas, parecía, no que cantavan sino que gritavan o gruñían. Lo más del día se les passaba espulgándose, o remendando sus abarcas, ni entre ellos se nombravan Amarilis, Fílidas, Galateas, y Dianas, ni havía Lisardos, Lausos, Iacintos, ni Riselos; todos eran Antones, Domingos, Pablos, o Llorentes, por donde vine a entender lo que pienso que deven creer todos; que todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de ociosos y no verdad alguna...”

  49. PEDRAZA, F. y M. RODRÍGUEZ: Op. cit. Pág. 115.

  50. Entre los que debieron mostrarse a favor cabría señalar al conde de Lemos, destinatario de buena parte de las dedicatorias de Cervantes en las que no deja de señalarse la Segunda parte como obra a esperar próximamente. Agradecemos a la doctora HERRERA CASO esta observación que, sin duda, nos ha resultado de suma utilidad, ya que nos permite ahondar en un aspecto más de la “maquinación” cervantina: ampararse en La Galatea, a la que pudo ser aficionado el conde, su mecenas, para ir sacando a la luz otras obras. Cervantes se ve imposibilitado de componer otra Galatea, pero la anuncia con el fin de seguir gozando de un apoyo como el del conde de Lemos, quien, mientras la espera, ve llegar las Novelas ejemplares, la Segunda parte del Quijote, las Ocho comedias y ocho entremeses y el Persiles.

  51. VALBUENA PRAT, A.: Historia de la literatura española, III: siglo XVII. Edición ampliada y puesta al día por Antonio Prieto. Barcelona: Ed. Gustavo Gili, 1982. Pág. 53.

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