Cervántófila teldesiana
Victoriano Santana Sanjurjo


VIII


Relaciones intertextuales entre los consejos
de Don Quijote a Sancho Panza
y de Santiago Quijano-Quijada a su sobrina Isidora Rufete
.


A Eduardo PERDOMO, maestro y amigo.


"Así como el fuego no puede estar escondido
y encerrado, la virtud no puede dejar de ser conocida"
(Miguel de CERVANTES)


I

Siempre que nos acercamos a GALDÓS asumimos una serie de facetas intrínsecas a su labor creativa que no osamos poner en entredicho. ¿Quién duda, por ejemplo, de fijar los límites de su producción literaria dentro de los referentes estéticos del Realismo y el Naturalismo en los que se desenvolvió la literatura europea del siglo XIX o, por seguir buscando ejemplos, quién se cuestiona la existencia de un universo vivo en el que deambulan sus personajes, cuyas reapariciones en distintos relatos obedecen al deseo de dotar al texto de la mayor similitud posible con la vida real? En este estadio de común asentamiento presente en la crítica galdosiana, la condición cervantina del escritor canario ha sido un aspecto que nadie ha puesto en tela de juicio. La presencia de CERVANTES en la obra de GALDÓS es tan notoria que negarlo es pretender sostener una polémica condenada a las más estériles conclusiones.

"[...] El parentesco entre ambos escritores es incluso demasiado evidente; como si aquél hubiera querido declarar tácitamente, paradójicamente, su admiración por el autor del Quijote y, de modo concreto, por esta genial invención de la mente cervantina. La forma de narrar, la de concebir los personajes y la estructura de las novelas están, en buena parte, aprendidas en CERVANTES [...]"1.

"[...] Mas la narrativa galdosiana tiene mucho que ver, además, con CERVANTES. Así, el humor y la ironía, el pespectivismo como forma de estudio de la realidad, la relación dialéctica entre Naturaleza y ser humano, el amor como fuerza vitalista y cósmica... Y también, la llamada doctrina del error cervantina, representada en unos personajes que son destruidos como consecuencia de haber infringido un orden natural no comprendido como tal hasta que ya es demasiado tarde"2.

MONTESINOS ha fijado este cervantismo de GALDÓS en dos etapas diferentes:

"[...] el cervantismo de GALDÓS tiene dos fases o épocas, y la primera, la menos cervantina, es la negativa. GALDÓS ve cosas que CERVANTES le ha mostrado, pero no le gusta lo que ve. [...] Creo que podría probarse... que la obra novelesca de GALDÓS mengua o crece en la medida en que él se niega o se abre al quijotismo [...]"3

De todas las obras de GALDÓS, sin lugar a dudas que La desheredada (1881), con la que dijo iniciar su segunda etapa4, es una de las que más impresa lleva la huella de CERVANTES, sobre todo la del Quijote5.

"Un mundo cervantino, risa y lágrimas, en el que hay Quijotes, lo vamos a ver en La desheredada, bastante desmedrados, menos admirables que Alonso Quijano, porque han cambiado los tiempos, pero de la misma masa".6

GILMAN también coincide en esto reafirmando la existencia de reminiscencias del Quijote "desparramadas a lo largo de La desheredada" tales como:

"Esos librotes que llaman novelas"; "¡Leoncitos a mí!"; "tan desnudo de saber como vestido de presunción"; "donde ardieron con chisporroteo, que parecía protesta contra la Inquisición, papeles varios"; "La calentura le abrasó los sesos", etc7.

Isidora Rufete, la protagonista, a pesar de vivir en un ambiente muy humilde, sostiene, porque así se lo ha hecho ver su quijotesco tío Santiago Quijano-Quijada, que tanto ella como su hermano Mariano no son los hijos de Tomás Rufete -quien muere al principio de la novela en el manicomio-, sino los de la fallecida marquesa de Aransis, Virginia de Aransis, habidos en condiciones deshonrosas para la familia, por lo que tuvieron que ser ocultados.

"- ¿Para qué andar con farsas? No somos hijos de don Tomás Rufete ni de doña Francisca Guillén. Esos dos señores, a quienes yo quiero mucho, muchísimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo ser nuestros papás y llamándonos hijos, porque el mundo... ¡Qué mundo éste! [...]
- ¿De dónde has sacado esas andróminas? ¿Quién te ha metido esta estopa en la cabeza? -le pregunta su tía, la Sanguijuelera.
- Mi tío el canónigo"8.

Pero por si esto no fuera bastante, la lectura de folletines y de los borrascosos amores, innumerables abandonos y frecuentes reconocimientos a posteriori que en ellos se contienen han terminado de configurar la trastornada mente de Isidora, que ve en esta literatura un remedo de su vida. De hecho, como apunta MONTESINOS:

"Isidora es, por su desgracia, una novelera, en el sentido falsamente etimológico que suele darse a la palabra; los libros que más deforman la verdad son los que, por ello mismo, le merecen más crédito".9

"- [...] ¿Es la primera vez que una señora principal tiene un hijo, dos, tres, y viéndose en la precisión de ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y ellos se crían y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta que de repente un día, el día que menos se piensa, se acaban las farsas, se presentan los verdaderos padres?... [...]"10

"- No es caso nuevo ni mucho menos -decía-. Los libros están llenos de casos semejantes. ¡Yo he leído mi propia historia tantas veces...!"11

Don Quijote enloquece por la lectura de novelas de caballería y a Isidora le ocurre lo mismo por culpa de la lectura de folletines.

"Al forjar la parodia del género, GALDÓS pone de manifiesto su talante cervantino, pero al igual que en El Quijote, su obra no se limita a dar un espaldarazo definitivo contra un discurso obsoleto, sino que, a través de la reconstrucción literaria, indaga en las raíces y consecuencias de su desgaste"12.

Así como en el Quijote, desde el principio, todo el mundo ve al hidalgo manchego como un loco y el lector es consciente de ello desde el primer capítulo13, en La desheredada esto no se explicita claramente. Es cierto que el padre de Isidora, Tomás Rufete, muere en el manicomio desde el mismo comienzo de la obra y que, considerando los postulados naturalistas, cabe suponer que, quizás, a su descendencia le ha de tocar parte de la herencia demente del progenitor14. Pero desde el principio, mientras Isidora habla con Canencia, ya deja bien clara su situación:

"- Y todo cuanto he padecido ha sido injusto [...]. No sé si me explicaré bien; quiero decir que a mí no me correspondía compartir las penas y la miseria de Tomás Rufete, porque aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy..."15

Canencia, cuyo juicio quedará invalidado tras la salida de tono que protagonizará unas páginas más adelante y porque el lector sabrá de él que lleva treinta y dos años dentro del manicomio, parece entender la historia de Isidora al reproducir el mismo contenido que la hija de Tomás Rufete apuntará a la Sanguijuelera y que ya reflejamos con anterioridad.

"- Sí, entiendo, entiendo. Usted, por su nacimiento, pertenece a otra clase más elevada; sólo que circunstancias largas de referir la hicieron descender... [...] Usted, señorita [...], no ve, no puede ver en el infelicísimo Rufete más que un padre putativo, tal y como lo era el Santo Patriarca San José de Nuestro Señor Jesucristo"16.

Sea como fuere, lo cierto es que el lector no sospecha del mal que le afecta a Isidora y, hasta cierto punto, es lógica su sorpresa ante la airada reacción de su tía Encarna, la Sanguijelera, ante la afirmación de su sobrina de que no son hijos de su hermana, Francisca Guillén. Su tía, a pesar de vivir en un mísero arrabal y reconocer que no sabe leer, es el único personaje de la novela que vislumbra el desvarío de su sobrina y el origen del mismo.

"- En sesenta y ocho años no lo he visto nunca... Me parece que tú te has hartado de leer en esos librotes que llaman novelas. [...]"17.

El papel de la Sanguijuelera es, respetando las diferencias, muy parecido al de Sancho Panza. Ambos son analfabetos y reconocen lo humilde de su condición, pero son poseedores de una sabiduría popular que les permite tener siempre los pies en tierra. Isidora y Don Quijote, por contra, viven en un perpetuo estado de levitación. He aquí, pues, la referencia más notoria del Quijote en La desheredada: la creencia, fundada en elementos ficticios, que sostienen los principales personajes, de una realidad ajena a la verdadera.

"Isidora se apoya en la realidad apenas lo necesario para poder construir su mundo imaginario. Aunque cree sinceramente en su derecho al marquesado, podía pensar que no le sería fácilmente reconocido"18.

Un punto más de unión radica en que tanto Don Quijote como Isidora muestran su locura cuando se hace mención del tema que motiva sus desvaríos.

"Hija de un demente muerto en el manicomio, la fuerza de la imaginación tiene poder para hacerla vivir en el delirio. Y, aparte este delirio, como ocurre a los paranoicos, puede llevar una vida en que discurre y razona correctamente".19

Tanto en CERVANTES como en GALDÓS, la enmienda de aquellas actitudes nacionales mermadoras de las expectativas futuras se convierte en una justificación -por decirlo de alguna manera- del quehacer literario de obras como El Quijote y La desheredada. A CERVANTES le mueve el fin "destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más" -como apunta en el Prólogo de la Primera parte20- o "poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías" -afirma en el capítulo LXXIV de la Segunda parte21-. GALDÓS, por su parte, en el breve capítulo XIX de La desheredada, el último de la novela, que intitula "Moraleja", expone lo siguiente:

"Si sentís anhelo de llegar a una difícil y escabrosa altura, no os fieis de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no lo consigáis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo mejor, creedme, lo mejor será que toméis una escalera".22

Con esta moraleja, tiende GALDÓS su mano a la pedagogía y a ella le confiere la virtud de ser "escalera" y la misión de conducir a quienes necesitan formación a las más difíciles y escabrosas alturas. En ambos autores, sus personajes se configuran en el marco de una imaginación desbordante que convierte en caballero a quien no pasa de ser un simple hidalgo aldeano y aristócrata de prez a una arrabalera. La imaginación cervantina y galdosiana tejen un complejo mundo alegórico a partir del cual el ataque al progreso se convierte en el eje central de las actuaciones de los perturbados. Así, SMITH, recordando la aventura de los molinos del Quijote -capítulo VIII de la Primera parte-, afirma:

"Allí, Don Quijote, recubierto de su anacrónica armadura, ataca ni más ni menos que a una máquina industrial. Al nivel alegórico, que es también el paródico aquí, CERVANTES muestra cómo una imaginación desbocada lleva a la destrucción, es decir, cómo la España de mentalidad y hábitos económicos medievales, simbolizada por la armadura que parodia la de Amadís, que desciende de la armadura del Cid, embiste contra el símbolo de otra España posible, la industriosa y productora, que en un momento dado hubiera podido incorporarse al naciente orden capitalista".23


II

Centremos nuestra atención en uno de los pasajes más quijotescos de La desheredada: la carta que el canónigo Santiago Quijano-Quijada le envía a su sobrina, Isidora Rufete, poco antes de morir. Hablamos de los capítulos XVIII de La desheredada (1881) y postrer capítulo de la Primera parte intitulado "Últimos consejos de mi tío el canónigo" y el XLII y XLIII de la Segunda parte del Quijote (1615) referidos a los consejos que Don Quijote da a Sancho Panza antes de que éste fuese gobernador de la Ínsula Barataria.

"[...] La primera parte termina con una cruel ironía que hubiera hecho las delicias de CERVANTES, no ajeno a la invención del capítulo: la aparición en espíritu de aquel don Santiago Quijano-Quijada, gran promotor de la tramoya de que es víctima la infeliz sobrina, pues él fomenta las ilusiones de la joven [...] La carta de éste a Isidora, evidente parodia de los consejos de Don Quijote a Sancho para que se conduzca como debe en el gobierno de su ínsula, son una amarga ironía, que en aquéllos ocurre, pues conocemos ese documento después de la caída de la joven, cuando a todo lector se le alcanza que su ínsula va a ser el deshonor y la prostitución. Creo interesante mencionar este detalle que tan claro permite ver cómo al comenzar su segunda manera, GALDÓS se pone sin disimulo bajo el patrocinio de CERVANTES".24

GALDÓS decide poner punto y final a la historia de Isidora "la desheredada"25 en el capítulo XVI, "Anagnórisis", al menos en lo que MIRALLES definió como novela del personaje, no del autor26. Pero decide hurgar más si cabe en el desmoronamiento espiritual de Isidora insertando el mencionado capítulo XVIII. Si con "Anagnórisis" GALDÓS mató, por decirlo de alguna manera, las ilusiones de Isidora; con "Últimos consejos de mi tío el canónigo" el autor canario hizo lo propio con el lector.

"Y luego, cuando el lector se ha casi convencido de que la desalmada marquesa de Aransis [...] ha despedido injustamente a su nieta con el fanatismo y orgullo aristocrático, GALDÓS le desengaña con la chocante conclusión cervantina: "Últimos consejos de mi tío el canónigo." Como la misma Isidora, el lector descubre que es víctima de una broma elaborada y cruel. Isidora ha sido educada en estos sueños de grandeza por su excéntrico tío, mientras que el autor provoca al lector (o al menos se lo permite) a identificarse sentimentalmente con una existencia perturbada".27

"Una vez que Santiago Quijano-Quijada [...] ha asestado el golpe de gracia a nuestras esperanzas de un final feliz, parece que ya no hay ninguna razón para que siga la novela. De hecho, como ha descubierto Ana FERNÁNDEZ SEÍN en el manuscrito, una idea preliminar para el final de la primera parte fue el salto suicida de Isidora desde el recién construido Viaducto de la calle de Segovia. Semejante final había sido psicológicamente convincente, eminentemente naturalista y familiar a los lectores habituales de la prensa".28

Esta broma cruel ya está presente en la Segunda parte del Quijote cuando el hidalgo da los consejos al inminente gobernador de la Ínsula Barataria, su escudero Sancho Panza. El lector sabe que Sancho es mandatario por escarnio de los duques, quienes ven en él la posibilidad de continuar con la burla a Don Quijote y a su caballería andante. Por eso, los consejos del hidalgo, como los del canónigo Quijano-Quijada, pierden mucho valor, porque sabemos que el fin de los mismos no es lo que provoca el génesis de estos, sino otro bien diferente. He aquí un nexo de unión entre ambos pasajes literarios. Ambos consejos son atinados en la medida que obedecen a una serie de reglas para dirigirse con rectitud en dos actividades de la vida (como gobernador y como aristócrata), pero carecen de un trasfondo convincente donde desarrollarse y que nos permita ver a Sancho y a Isidora desempeñando ambas actividades respectivamente. No obstante, al escudero le ampara las acciones que ha de ejercer como gobernador y a Isidora su anunciada disputa judicial. En este sentido, los consejos adquieren el valor de la provisionalidad. Sancho, por escarnio, será gobernador y eso lo sabe el lector, quien valorará los consejos de Don Quijote en cuanto consejos no como lecciones para un futuro gobernador (porque Sancho no es un gobernador a la usanza). Pero quien lee, además, debe reconocer que el "beneficio de la duda", por decirlo de algún modo, ha de amparar al futuro gobernador de la Ínsula; hemos de esperar a que el escudero ejerza sus funciones para saber si los consejos han servido o no de algo.

Con Isidora pasa lo mismo. Sabemos que salió escaldada de su entrevista con la marquesa de Aransis y que al poco tiempo recibió la carta de su tío con los consejos. Intuimos que en realidad la historia de Isidora no es más que una fantasía folletinesca, aunque no cerramos la puerta a un final feliz. Sólo podemos apreciar el carácter devaluado de la carta del canónigo a posteriori, después de leer la novela, nunca a priori; por eso, el consejo del canónigo mantiene el referido carácter de provisionalidad.

De todos los rasgos cervantinos de GALDÓS, uno de los que mayor asentimiento ha aunado en la crítica es, sin duda, el reconocimiento de su extraordinario dominio de la técnica del retrato: "retratos muy rápidos, centrados en alguna peculiaridad que caracteriza inconfundiblemente al personaje", apunta MONTESINOS.29 Esto lo podemos comprobar en el personaje de Santiago Quijano-Quijada.

"En La desheredada, el tío canónigo de Isidora se llama Santiago Quijano Quijada, y por si no bastara la transparente alusión del apellido, cuando, al final, escribe a su sobrina la carta de despedida, lo hace en estilo quijotesco, con tono y palabras del Ingenioso Hidalgo".30

"El creador del sueño romancesco de Isidora es un ser excéntrico y quijotesco, un individuo tan absurdo y espúreo que resulta todavía más humillante haberse dejado engañar por él, haber esperado, como quiso GALDÓS que esperáramos que pudieran ser auténticos los misteriosos documentos y que Isidora fuera abrazada por fin por su abuela fanática".31

Con este personaje, como apunta MIRALLES:,

"evidencia GALDÓS la deuda cervantina [...] al darle el apellido quijotesco (respetando la vacilación Quijano-Quijada) y la residencia manchega (Tomelloso)32.

De hecho, la descripción que de él nos hace GALDÓS es muy similar a la que CERVANTES hace de Don Quijote:

"Cuando tuvo para vivir sin ayuda de nadie, se retiró a su pueblo, donde vivió célibe, entre primas y sobrinos, más de treinta años, dedicado a la caza, a la gastronomía y a la lectura de novelas".33

El falso canónigo era de la misma condición hidalga que el personaje cervantino, sin vida marital (como Don Quijote, no se le conoce estado de soltería o viudedad, sabemos que no está casado), conviviendo con parientes próximos como el hidalgo manchego con su sobrina y un ama y, por último, con tres características que están presentes en el capítulo relativo a la condición y ejercicio de Don Quijote:

  1. Dedicado a la caza,... (La desheredada)
    Gran madrugador y amigo de la caza (El Quijote).

  2. ... la gastronomía,.. (La desheredada).
    Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. (El Quijote).

  3. ...lectura de novelas (La desheredada).
    ...este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto... (El Quijote).

Hasta aquí, creemos delimitada la figura del canónigo, cuya intervención más directa es la que tiene lugar en el citado capítulo XVIII; así y todo, la misma sólo se produce por medio de una carta que remite a Isidora. GALDÓS ha querido que Santiago Quijano-Quijada fuese una sombra, una vaga referencia que a veces aparecía pero de la que el lector ha carecido en todo momento de una idea completa sobre ella. Si la Sanguijelera, con su fugaz aparición, tuvo la importancia de ser el único personaje que avisaba al lector para que sospechase de Isidora; su tío, por contra, con la mencionada carta, parece que continúa instigandolo a que siga creyendo en los derechos que le asisten a su sobrina, la desheredada de la marquesa de Aransis. Aunque tras el capítulo "Anagnórisis" son muchos los lectores que comienzan a recelar de Isidora, lo cierto es que la carta consigue abrir un hueco a la esperanza de ver a una Isidora con el anhelado marquesado. Recuérdese lo que unos párrafos más arriba reflejábamos a propósito de la provisionalidad de los consejos de Santiago Quijano-Quijada.

"La carta con que termina el primer volumen de la novela refuerza, explica, aclara el sentido de la locura de Rufete con que la obra comienza: españoles, hijos cada uno de su rufete, descendientes todos de Quijano-Quijada. Y todavía al final de la novela una moraleja. El que no entienda será porque no quiera".34

La carta viene fechada en El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873. Tras los preceptivos saludos y comentarios en torno al delicado estado de salud que declara tener el remitente y lo inminente que parece estar su muerte, el falso canónigo insiste a Isidora, la destinataria, que por nada del mundo debe abandonar la luchar por el marquesado de Aransis. Sabe, porque así se lo ha hecho saber su sobrina en una anterior carta, que ésta está esperando un aviso de la marquesa para entrevistarse con ella y que en el plazo comprendido entre esta carta y la del falso canónigo la entrevista ya se ha debido producir. Este da por sentado que el reencuentro entre abuela y nieta ha tenido que dar sus frutos más fecundos y que la primera ante la figura de la segunda sólo ha podido echarle los brazos al cuello y comérsela a besos35.

Pero por si esto no hubiese sido así, el canónigo es tajante en lo que hay que hacer: acudir a los tribunales, ya que ambos poseen la suficiente documentación que avala sobradamente el origen aristocrático de Isidora y Mariano. Apela, como no podía ser de otro modo, a la fuerza de la sangre como forma de resolver la historia de la desheredada36. La búsqueda que propone de cualquier indicio físico que sirva para el reconocimiento del origen sólo puede partir de una realidad: la que se gesta en los folletines.

"[...] un ligero vellón o cosa así han bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como padre e hijo y como tales se abrazaran. De esto están llenas las historias"37.

A continuación, el tío de Isidora aconseja a su sobrina sobre una serie de cuestiones a tener muy presentes en el momento de ser "investida" como marquesa de Aransis.

"Los consejos a la sobrina son como del propio Alonso Quijano y se refieren a temas semejantes a alguno de los de Don Quijote a Sancho: cómo debe vestir, conducirse en sociedad y en la vida conyugal, etcétera".38

1.- no dejes que se te vaya la mano en el gastar.

2.- cásate con persona de tu condición o superior. En El Quijote aparece, en los consejos del hidalgo, una mención al estado matrimonial. "Si acaso enviudares (cosa que puede suceder), y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal, que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla..."39

3.- no seas vanidosa ni excesivamente humilde. Da limosna.El término medio implica la virtud de la justicia. Cuando el canónigo formula este consejo lo hace con la idea de que su sobrina huya de la soberbia caracterizadora de la aristocracia40, pero esta huida no puede desembocar en la desaparición de clases.

"Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la desaparición de clases; dicen que esos tabique que separan a la Humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo. Siempre habrá clases".41

La igualdad no como fin de las clases sociales, sino como atención a los desfavorecidos y abandono de la tiranía propia de quienes tienen el poder. Por eso, como siempre habrá diferencias sociales, Isidora ha de cumplir con los cometidos que se han estipulado para quienes ostentan su estado. Uno de ellos es el de dar limosna porque "los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia intermedia entre la Providencia grande y su miseria".42

Don Quijote también hace hincapié en la virtud de la igualdad. En este sentido, aconseja a su escudero que procure "descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre". Y en lo tocante a la consideración hacia el desfavorecido, dice: "Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico".43

4.- oculta tus orígenes ("que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre tus sedas el paño burdo de tus primeros años, habrá tontos que se rían de ti"44).

Don Quijote, al contrario, aconseja a Sancho que haga gala de la humildad de su linaje, "y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguna se podrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio".45

Como se puede comprobar, quienes aconsejan dan importancia al tratamiento del origen, aunque difieran en cómo hacerlo.

5.- aprende aquello que no has podido y que es necesario para la gente de tu condición. "Muéstrate al principio circunspecta y callada." "Dedícate a observar lo que hacen los demás para aprenderlo".

"Si trujeres a tu mujer contigo [...] enséñala, doctrínala, y desbástala de su natural rudeza; porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta".46 Este consejo a Sancho es comparable al de Quijano-Quijada en la medida que este último y Don Quijote consideran el dominio de ciertas destrezas como un elemento identificador de una condición. Don Quijote, cuando aconseja a Sancho, en realidad está enseñándole aquello que por sus orígenes no ha podido aprender, lo está desbastando. Por eso no le recomienda, como el falso canónigo, que se dedique a instruirse; la función de docente la está ejerciendo él.

6.- distínguete del resto pero no humilles a nadie.

7.- en el vestir, huye de la vulgaridad y de la singularidad. "Hay un término medio en el que tiene cabida algo personalísimo que no puedan imitar los demás".

En El Quijote, el hidalgo enseña a su escudero que no debe andar desceñido ni flojo: "que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería..."47 y le dicta qué debe llevar: "calza entera, ropilla larga, herreruelo un poco más largo; gregüescos, ni por pienso; que no les está bien ni a los caballeros ni a los gobernadores".48

Los consejos sobre el vestuario de uno y otro difieren por cuanto con Isidora partimos del conocimiento implícito que tiene ella sobre cómo ha de vestir una persona de su pretendida categoría. Este dominio proviene de la consideración que hacia sus orígenes tiene. Isidora no parte de la pobreza para adquirir el título de noble. Su camino -al menos el que traza en sus fantasías- no comienza en este estado, sino que parte de la aristocracia, sucumbe en la penuria por circunstancias del destino y ha de concluir nuevamente en la alta alcurnia. Sancho, por su parte, es consciente de su origen villano y que necesita conocer mucho del nuevo entorno en el que va a vivir como gobernador.

8.- preocúpate por las cuestiones relativas al arte culinario ya que una "buena mesa es cosa que enaltezca al rico y pone, por decirlo así, el sello a su grandeza". Vigila por los comensales que invitas. "Adopta la cocina francesa" y, de vez en cuando, en contadas ocasiones, la española.

Los consejos de Don Quijote a Sancho en el apartado culinario se refieren básicamente a normas de comportamiento: "No comas ajos y cebollas... Come poco y cena más poco... Sé templado en el beber... Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de erutar delante de nadie..."49 Al igual que en el consejo anterior, Sancho requiere de una formación básica que con Isidora presuponemos que tiene. Isidora es de condición humilde pero actúa como si no lo fuese. A lo largo de toda la novela, la desheredada se ejercita en muchas industrias que luego, cuando sea marquesa, deberá poner en marcha. Cabe sostener, pues, que Isidora ya sabe cómo hay que comer. Esta circunstancia no se da en Sancho, quien, como todos los de su condición, carece de los modales imprescindibles para sentarse a una mesa.

9.- sé buena católica. "Cumple con los preceptos de la Iglesia sin el afán propio de los beatos. Cuídate de los señores de hábito negro".

Don Quijote también aconseja a su escudero sobre este tema. Así, el primer consejo que le da es que ha de temer a Dios; "porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada".

10.- cuida tu vida conyugal y soporta los posibles desplantes de tu marido. "A su poligamia contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. [...] Consérvate digna, recatada, siempre señora e inexpugnable..."

Como se puede apreciar, hay una presencia muy notable de los consejos de Don Quijote a Sancho en los de Santiago Quijano-Quijada a su sobrina Isidora. Esta no obedece sino a lo que ya nos hemos referido en la primera parte de este trabajo cuando hacíamos hincapié en la presencia cervantina a lo largo de la trayectoria literaria de GALDÓS y, sobre todo, en obras como La desheredada.

Los consejos de ambos personajes están destinados a quienes han de ocupar inminentemente una posición social superior a la que tienen. Es en este sentido cuando se aprecia la similitud en los temas que tratan. No vamos a negar que muchas de las recomendaciones del canónigo no tienen fuente en El Quijote, pero tampoco que otras sí: Don Quijote y Santiago Quijano-Quijada, cuando imparten su magisterio, tienen en cuenta temas tales como el cónyuge (consejo 2), la igualdad entendida en términos como los expuestos en el consejo 3, los orígenes (consejo 4), el aprendizaje de destrezas propias de la nueva condición (consejo 5), la vestimenta (consejo 7), el arte culinario (consejo 8) y la religiosidad (consejo 9). Son, pues, muchos los temas comunes y muy similar el tratamiento que todos reciben. Podemos hablar, con la lógica prudencia que toda afirmación de esta índole trae consigo, de la existencia de relaciones intertextuales entre ambas obras y, especialmente, en lo que se refiere a los capítulos correspondientes a los consejos de Santiago Quijano-Quijada y Don Quijote.


NOTAS:

  1. GULLÓN, Ricardo: Galdós, novelista moderno. Madrid: Gredos, 1973. 3ª edición. Págs. 57-58.

  2. RODRÍGUEZ-PUÉRTOLAS, Julio: Introducción a la edición de El caballero encantado (Cuento real... inverosímil), de Benito PÉREZ GALDÓS. Madrid: Cátedra, 1977. Pág. 21. Es interesante que tengamos presente la referida doctrina del error porque nos va a ser muy útil para entender el devenir de un personaje como Isidora Rufete y para afianzar, como demostraremos, la idea de La desheredada como una novela de marcado espíritu cervantino.

  3. MONTESINOS, J.: Galdós. Volumen 2. Madrid: Castalia, 1980. Pág. XI. "Para las fechas de la escritura de La desheredada [...] Galdós tan sólo podía ver al Don Quijote negativo, al paródico, a la alegoría aprisionada en planchas de metal mohoso. Ése es el Don Quijote que usa como modelo para Isidora Rufete y los otros Quijotes de esta amarga novela" (SMITH, Alan: "La imaginación galdosiana y cervantina" en Textos y contextos de Galdós. Actas del Simposio Centenario de Fortunata y Jacinta. Edición de John KRONIK y Harriet TURNER. Madrid: Castalia, 1994. Págs. 164.)

  4. En una carta que remitió a GINER DE LOS RÍOS, con fecha del 14 de abril de 1882, GALDÓS le revelaba a su destinatario lo siguiente: "Yo he querido en esta obra -se refiere, obviamente, a La desheredada- entrar por nuevo camino e inaugurar mi segunda o tercera manera, como se dice de los pintores". Este documento fue publicado por primera vez por Manuel Bartolomé COSSÍO: "Galdós y Giner, una carta de Galdós" en La lectura, 1, 1920. Pág. 257.

  5. Remitimos al lector a que consulte la nota 2 del artículo IV. Aunque no vamos a extendernos en el tema del cervantismo en Galdós, creemos oportuna la inserción de unas pocas referencias bibliográficas que pueden ser de mucha utilidad para quien desee profundizar en este asunto: WARSHAW, J.: "Galdós Indebtedness to Cervantes" en Hispania, XVI, 1933. Págs. 127-142; LATORRE, M.: "Cervantes y Galdós" en Atenea, LVIII, octubre, 1947. Págs. 11-40; HERMAN, J.C.: Don Quijote and the Novels of Pérez Galdós, Ada, Oklahoma, 1955; RODRÍGUEZ, César: "La huella del Quijote en las novelas de Galdós" en La palabra y el hombre, nº 38, 1966. Págs. 223-263; KROWL-LUCAL, Marta: "Theory and Practice of Character Usage In Galdós. A study of La desheredada", tesis doctoral leída en la Universidad de Harvard en 1979; así como cualquiera de los volúmenes de los Anales galdosianos (publicados por la Universidad de Pittsburgh, la de Texas y el Cabildo Insular de Gran Canaria) y las actas de los congresos internacionales de estudios galdosianos (que se han celebrado en Las Palmas de Gran Canaria desde 1977 y que ha publicado el ya mencionado Cabildo Insular de Gran Canaria).

  6. MONTESINOS, J.: Op. cit. Pág. XIX.

  7. GILMAN, Stephen: Galdós y el arte de la novela europea. 1867-1887. Madrid: Taurus, 1985. Pág. 102.

  8. Las citas de La desheredada han sido tomadas de la edición de Enrique MIRALLES. Barcelona: Planeta, 1992. Pág. 53.

  9. MONTESINOS, J.: Op. cit. Pág. 4.

  10. La desheredada, Pág. 53. Gustavo CORREA (en Realidad, ficción y símbolo en las novelas de Pérez Galdós. Ensayo de estética realista. Madrid: Gredos, 1977. Pág. 72. Nota 1) apunta la posibilidad de que Galdós tuviese presente, en esta intervención de Isidora, la novela de Cervantes La fuerza de la sangre, lo que contribuiría a afianzar más si cabe la cuestión del cervantismo en el autor canario.

  11. La desheredada, Pág. 123.

  12. Ibid, Pág. XXVIII.

  13. "Para el lector jamás hay ningún misterio ni nada semejante al suspense; desde el principio sabe de qué pie cojea el protagonista, y cuando éste rEaliza una de sus locuras ya sabe de antemano, por ejemplo, que lo que él se figura que son gigantes o ejércitos son molinos o rebaños". Martín de RIQUER: edición, introducción y notas a Don Quijote de la Mancha. Barcelona: Planeta, 1996. 14ª ed. Págs. XLV-XLVI.

  14. "Isidora es atractiva y patética; sus excesos de generosidad e imprudencia no dañan más que a ella misma; y, ¿quién será tan inhumano como para no esperar que su novela sea la verdadera? [...] El lector del siglo XIX, que sabía algo del nuevo «-ismo», puede que temiera un horroroso desenlace a lo Zola, pero como devoto de las novelas rosas, estaba dispuesto a esperar el triunfo social y el matrimonio feliz de Isidora". GILMAN, Stephen: Op. cit., Pág. 115.

  15. La desheredada, Pág. 27.

  16. Ibid, Pág. 28.

  17. Ibid, Pág. 53.

  18. CASALDUERO, Joaquín: Vida y obra de Galdós. Madrid: Gredos, 1974. 4ª ed. Pág. 71-72.

  19. GULLÓN, Ricardo: Op. cit. Pág. 244.

  20. El Quijote: Op. cit. Pág. 18.

  21. Ibid. Pág. 1099.

  22. La desheredada: Op. cit. Pág. 490.

  23. SMITH, Alan: Op. cit. Pág. 163-164.

  24. MONTESINOS, J.: Op. cit. Pág. 26.

  25. Creemos que hasta el capítulo intitulado "Anagnórisis" -cuando la verdadera marquesa de Aransis la rechaza y con ello desaparecen sus esperanzas de ser reconocida por la que durante toda su vida había sido considerada, al menos por ella, como su verdadera familia-, Isidora Rufete es verdaderamente "la desheredada", pues ha sido desposeída de un derecho que, según ella, le era legítimo. A partir de ahí, cuando las ínfulas aristocráticas caen en el desengaño, Isidora ya no es la misma. Ese tránsito es el que produce la separación entre la Primera y la Segunda parte de la novela. En el intermedio de ambas partes se produce la carta de su tío, el "canónigo" Santiago Quijano-Quijada.

  26. La desheredada, Pág. XXVIII.

  27. GILMAN, Stephen: Op. cit. Pág. 116.

  28. Ibid, Pág. 122.

  29. MONTESINOS, J.: Op. cit. Pág. 24.

  30. GULLÓN, R.: Op. cit. Pág. 58.

  31. GILMAN, Stephen: Op. cit. Pág. 120.

  32. La desheredada, Pág. 245. Nota 171.

  33. Ibid, Pág. 245.

  34. CASALDUERO, J.: Op. cit. Pág. 79.

  35. La desheredada, Pág. 246.

  36. Recuérdese que en la nota 10 nos referíamos a la posibilidad que apuntaba Gustavo CORREA de que Galdós tuviese presente la novela de Cervantes La fuerza de la sangre en un determinado pasaje en el que interviene Isidora. No cabe duda, en este sentido, que la "llamada del origen" como prueba de reconocimiento es una fórmula muy arraigada en la literatura universal. El reencuentro de lo perdido por el destino crea en el espectador, en este caso el lector, un sentimiento de purificación. El lector de La desheredada ha sido partícipe de una tensión argumental en la que Isidora era la heroína que debía luchar porque la fuerza de su sangre se impusiese a los dictámenes del destino. En el fondo, cabría esperar -porque así parece demandarlo la tradición literaria cuando trata este tema- que el final fuese el que suele tener este tipo de obras; pero Galdós, cuando decide que el desenlace de la novela no sea el previsto, hace que la utilización del tópico literario sucumba bajo otro tipo de intereses y con ellos las expectativas de los lectores. Si la utilización de un tema tradicional, con su correspondiente respuesta tradicional, se aleja de la línea marcada, la respuesta que cabe esperar necesariamente ha de ser otra. Esto sólo se produce por un hecho fundamental: las intenciones catárticas de la tradición no coinciden con las de Galdós: la primera busca eso, la liberación de una tensión acumulada; el autor canario, por su parte, busca el final desagradable, no como pretensión naturalista, sino como efecto propio de sus aspiraciones pedagógicas.

  37. La desheredada, Pág. 247.

  38. GULLÓN, R.: Op. cit. Pág. 58.

  39. El Quijote, Pág. 869. En un pasaje de la carta, al comienzo, se puede leer lo siguiente: "Pero si por artes de algún enemigo o boberías de la marquesa (que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo)...". En La desheredada, Pág. 246. Téngase en cuenta, además, qué dice el canónigo de un estamento tan influyente en ese momento como era el clero: "De cuando en cuando costea novenas y alguna que otra función, pero sin pasar de ahí ni abrir tu puerta a los señores de hábito negro, los cuales, si les dejaras, pronto imperarían en ti y en tu casa". Ibid, Pág. 250.

  40. En otro fragmento de la referida carta. Ibid, Pág. 248.

  41. Ibid, Pág. 247.

  42. El Quijote, Pág. 869.

  43. La desheredada, Pág. 247.

  44. El Quijote, Pág. 868.

  45. Ibid, Pág. 869.

  46. Ibídem.

  47. Ibid, Pág. 873.

  48. Ibid, Pág. 871.


 

Colofón

"No hay libro tan malo, que no tenga ninguna cosa buena"
(Miguel de CERVANTES)


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