Actas del V Encuentro de Jóvenes Hispanistas
Las Palmas de Gran Canaria 1995

Calas románticas en el poema VII de Soledades de Machado

Carlos Arconada Carro
(Universidad de Valladolid)


A mi Maestra: Dª. Isabel Paraíso.

Es uno de los más bellos y conocidos poemas de Machado: el número VII de las Poesías Completas. Inmediatamente pueden descubrirse en él algunas características comunes a muchos poemas suyos, esto es, hay una serie de símbolos o palabras-claves en la obra de Machado, que deben descifrarse para comprender el fondo, el contenido que el sevillano desea transmitir.

En los poemas de Machado, como en otros autores, es muy útil hacer un análisis de lo que Hjelmslev llama "forma del contenido" y "forma de la expresión". El sistema de contenido sería, como dice Cesare Segre en su artículo "Sistema y estructuras en las Soledades de Antonio Machado", el estudio de los elementos simbólicos o temáticos que se repiten en la obra machadiana; el sistema de expresión sería el conjunto de medios lingüísticos y estilísticos.

Este poema se publicó por primera vez en la revista Helios, en 1903, llevaba el título "El poeta visita el patio de la casa en que nació"; según Mecrí, debería trasladarse a 1898, es decir, al principio de la actividad de Machado.

El título de la primera edición de Soledades indica la clave de la lectura: "El poeta visita el patio de la casa en que nació": peregrinaje sentimental al lugar, ahora símbolo de la infancia.

En los cuatro primeros versos nos encontramos con algunos objetos-claves: el limonero, que es lánguido; la rama, que es pálida y polvorienta; los frutos de oro y el sueño de los mismos. Por tanto, Machado se sitúa y nos sitúa en un marco espacial, en principio, pues después describirá lo que es el marco temporal, la tarde de primavera.

Este poema responde de esta manera a lo que es habitual en el poeta andaluz: los objetos, el paisaje, o cuadro, con su especial atmósfera, suele ser lo primero que aparece. Además, es un paisaje real, pero de una realidad modificada por una especial levedad: un paisaje como visto a través del sentimiento. Crea en nosotros una emoción por habernos situado allí. Esa recreación se consigue lingüísticamente gracias a los abundantes adjetivos especificativos: lánguido, polvorienta, limpia, clara, casi de primavera, tibia tarde de marzo, silencioso, blanco muro; ¿Mayor realismo? Imposible. Pero aclaremos la significación de ese paisaje real y su relación más o menos intensa con el sujeto: acudimos para ello a la obra de un gran estudioso de Machado: Antonio Sánchez Barbudo. Dice este autor que es difícil saber si en un poema de Soledad, galerías y otros poemas el paisaje que aparece fue verdad real o inventado: si fue realmente el objeto contemplado lo que produjo la emoción del poeta, o al contrario, fue una emoción que estaba ya en él la que creó ese objeto. Respecto a la relación del sujeto con el mundo externo, encontraremos:

a.- Descripciones: cuando lo principal es el mundo externo, con el propósito de producir una determinada emoción. La emoción del poeta está latente, sugerida.

b.- Impresiones: presentan con mayor o menor precisión el paisaje y a la vez la impresión que éste produce en el poeta.

c.- Proyecciones: lo primario y principal en ellas es el sentimiento o pensamiento, que el poeta nos comunica. Este sentimiento nos llega como mezclado a un paisaje, el cual tiene importancia secundaria.

En el poema que nos ocupa, el paisaje y alma coinciden, se entrelazan; como muy bien dice Luis Cernuda: se juntan lo real y lo suprasensible con una identificación alcanzada raramente.

Esquemáticamente:

[Realidad] [Sujeto o yo]
+
® Descripciones.

+
+
® Impresiones.

+
® Proyecciones.

Todavía más, ¿Quién es el limonero lánguido? ¿Quién sueña? El limonero es Machado y los frutos de oro, denotativamente, los limones; connotativamente, sus sueños, sus ilusiones... luego Machado se proyecta, o mejor, es el poeta el que se proyecta, lo objetivo se subjetiviza, se impregna del yo, o sea, ese yo se identifica con el todo, con los elementos naturales y reales. Esto nos hace pensar de modo acertado en la filiación romántica de Machado, por que el fondo, Machado es un romántico, un soñador, no quiere realidades, sueños cumplidos: quiere ilusiones, sueños que proyecta sobre los objetos contemplados, sobre la fuente en concreto, que connota fluidez, dinamismo, paso de tiempo, en consecuencia, melancolía por la llegada de la tarde u ocaso de la vida, que es la muerte. No es propiamente la angustia unamuniana o agónica la que se halla en Machado. Recordemos lo que decía Juan Ramón Jiménez: El poeta en todo hallará motivo para mostrarse o sentirse melancólico, frente a un paisaje, frente a una mujer, frente a la vida, analizándose interiormente.

Ese sueño, ilusión, ensueño o sueño en vigilia, no con un sentido onírico propiamente, nos habla de la evasión o escapismo del poeta. Como un romántico, ese yo se evade de su mundo, no a través del exotismo o acercamiento a paisajes exóticos, sino a través de los caminos del ensueño. Machado se ensimisma, nos descubre su interior a través de la emoción que le causa la rememoración de un sueño infantil, de un deseo cándido y viejo al mismo tiempo.

Dice Bernard Sesé que el sueño permite a Machado explorar rincones ignorados de su psiquismo y tratar de descubir en ellos la respuesta a sus incertidumbres. Sueños nocturnos o sueños del día, sueños o ensueños, frecuentemente proyectados sobre todo su entorno, formas de conocimiento o refugio contra los dolores de la vida. Ramón de Zubiría ha mostrado bien cuán profundamente impregnada de estos temas y experiencias está la poesía de Machado.

El sueño, real o imaginado, ofrece al poeta algo así como un espejo en que su imagen se desdobla, espejo que le permite ver mejor el mundo imaginario que lleva dentro de sí.

Todo ello nos recuerda la poesía becqueriana, el símbolismo finisecular y la floreciente psicología freudiana. Veamos un buen ejemplo machadiano de la influencia de Bécquer:

"Tal vez la mano, en sueños,
del sembrador de estrellas,
hizo sonar la música olvidada
como una nota de lira inmensa,
y la ola humilde a nuestros labios vino
de unas pocas palabras verdaderas".

En este poema, además, hay una armonía, un diálogo entre pasado y presente, entre el ayer y el hoy, entre la infancia y la madurez, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el yo y la realidad, entre la melancolía y el gozo por haber armonizado el ayer y el hoy, por haber rememorado los sueños e ilusiones de la infancia. Vendría a ser la búsqueda de la armonía a través de los opuestos, consiguiendo así una síntesis en el sentido hegeliano. Todo ello nos recuerda muy bien la dialéctica romántica, que también va a caracterizar al Parnasianismo. Veámoslo a través del léxico:

Dialéctica romántica:
—espera: corazón.
—no espera: alma - nunca

+
® hoy® ayer
® vida ® muerte:

* fuente
* tarde
* polvoriento
* pálida

® alegría-gozo:

* sí, te recuerdo
* sí, te conozco

® melancolía
® blanco o tonalidades claras (clara, tibia, blanco, cándida) ® oscuro, sombra, tonalidades grisáceas: (pálida, polvorienta, sombra...)
® estatismo (silencioso, dormido, sensación de tranquilidad sugerida por el perfume de la hierbabuena, albahaca) ® fugacidad-dinamismo: (vagar, ligera, aire, serena, aroma, fantasmas, flota...)

En dobletes:

ConnotaConnota
Muerte......Tarde clara....Infancia
Gozo.........Tibia tarde....Muerte
Infancia......Cándida vejez....Madurez, muerte

 

En definitiva, en este poema rememora las ilusiones de una tarde de su infancia, por eso dice que busca una ilusión cándida y vieja. Estos adjetivos, aparentemente antitéticos, sugieren lo siguiente:

La ilusión es cándida no sólo por ser infantil, sino porque persiste, porque permanece pese a todos los fracasos y tristezas; y vieja, no sólo porque ha pasado mucho tiempo desde que sintió aquella ilusión infantil, sino porque hace mucho que la conoce, que le acompaña; la ilusión que busca, en suma, es la de entonces, pero también la de ahora, la de siempre. Esa ilusión, ese soñar acompañará a nuestro poeta hombre, incluso en los umbrales de la muerte: a pesar de la calamidad, a pesar de la injusta guerra fraticida, tendrá emoción y esperanza para describir sus últimos versos: Estos días azules y este sol de la infancia. Una vez más, está presente el tema de la infancia, de ese momento clave y decisivo en la vida del hombre, infancia a la que mencionará constantemente nuestro poeta: Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla; es el primer verso del poema "Retrato" que inauguró Campos de Castilla, el segundo gran momento de la producción de Machado.

En una autobiografía de 1917, dice: Mis recuerdos de la ciudad natal son todos infantiles, porque a los ocho años pasé a Madrid, adonde mis padres me trasladaron, y me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza. Esos recuerdos, como en este poema, son sueños, ilusiones, que le han acompañado siempre, como hemos indicado. Muy bien dice Ramón de Zubiría: Machado más que recordar sus recuerdos, lo que hacía era soñarlos.

Otro momento de importancia y que marcará su vida es la etapa de la Institución Libre de Enseñanza; la tolerancia, el amor al paisaje, a la naturaleza, y al hombre -rasgo que se reflejará en Campos de Castilla- le vienen de la citada Institución. Pero atención, como señala Tuñón de Lara, no se puede vislumbrar Institución Libre de Enseñanza en toda su producción, una cosa es la posible influencia que pudo tener Machado, y otra muy distinta es el hechode que toda u obra esté marcada por la Institución Libre de Enseñanza.

Por otra parte, para corroborar la importancia de la infancia, de las 96 composiciones incluidas en Soledades, galerías y otros poemas, diez están enteramente consagradas al tema de la infancia; frecuentemente aparecen escenas o cuadros en que se ve brincar, reír o cantar todo un mundo de niños. Pero la infancia va asociada a la evocación del pasado, que persigue obstinadamente el poeta, estas visiones infantiles sugieren el tiempo de la inocencia en que la alegría y la pena, el tedio o el ensueño, se apoderaban del corazón.

En este poema, elementos como patio (que se refiere indudablemente al Patio del Palacio de las Dueñas de Sevilla); ilusión cándida y vieja; sí, te recuerdo; y manos puras nos sugieren la infancia, su pureza y el pasado.

Esa rememoración de los sueños e ilusiones de la infancia llega: por eso dice en la segunda parte: sí, te recuerdo; sí, te conozco. Es a partir del verso 21 cuando se manifiesta más claramente el diálogo del poeta con la tarde, con el paisaje, con el recuerdo. Es la aproximación de dos momentos cronológicos aparentemente opuestos. Pero indiquemos que el poeta en ese revivir, está impregnado por el sueño, está sumergido en su psique, en su yo, está ensimismado. Pero esa emoción, ese sentimiento viene sugerido por las palabras, no nos lo dice de modo directo, de ahí la importancia de los símbolos, como la tarde y la fuente, que después analizaremos.

La realidad pasada no aparece como tal, el poeta la transforma. En este sentido, viene muy bien a señalar que el propio Machado calificaba de sueños sus recuerdos. No nos debe extrañar, pues Machado ha soñado siempre: ya de niño -dice en la poesía LXXXVII-, conducido de la mano de su madre caminaba en sueños. E incluso debía de parecerle soñado lo que veía y lo que vivía: yo voy soñando caminos, dice en el poema XI.

En efecto, el poema VII de Soledades, galerías y otros poemas resume muy bien ese continuo sueño de Machado que es la vida: quiere armonizar la juventud e infancia con la madurez a través del sueño, luego el sueño es el denominador común de esos dos momentos de la vida del poeta, dice a la tarde: Que tú me viste hundir mis manos puras / en el agua serena, / para alcanzar los frutos encantados / que hoy en el fondo de la fuente sueñan.

Otro elemento-clave, palabra-clave o símbolo es la tarde, testigo de la armonía entre el ayer y el hoy: soñó siendo niño, pero siendo adulto también quiere los frutos encantados que hoy en la fuente sueñan. El, viene a decirnos, siempre alargará la mano hacia los frutos encantados, aunque sabe que jamás habrá de alcanzarlos; hoy, todavía, están ahí, en el fondo.

El problema es el siguiente: ¿es un sueño en vano o un sueño que merece la pena? La clave para contestar a esta pregunta la tenemos en los versos 18 y 19.

El poeta desea seguir soñando, busca una ilusión, y aunque él sabe cuál es, y en verdad nos lo indica, hace como si no lo supiera, como si la estuviera buscando todavía. Mira -como probablemente miró- con asombro en torno a él percibiendo el fantasma de algún recuerdo desvanecido:

"alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo en el pretil de piedra
de la fuente dormido o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera".

No se precisa, pues, el recuerdo, pero en el aire hay un aroma que recuerda el otro día, y ese aroma es el que, al fin, va a hacer clara en su mente y en su corazón la pasada imagen. Pero lo más bello es que aún antes de que se precise ese recuerdo, siente, como desprendiéndose de él, una evidencia: el corazón espera. Él aún espera que se materialice aquello que esperó, la ilusión que tuvo y que ahora siente flotar a su alrededor. Espera, aunque al mismo tiempo, en el aire también y en su interior, percibe una evidencia contraria: algo que al contemplar la realidad con los ojos bien abiertos le dice: nunca.

Es una auténtica lucha interior, una agonía en el sentido griego y unamuniano lo que está expresando Machado, es un tira y afloja, un moverse entre dos polos: la cabeza niega, dice que no espere; el corazón dice que sí. Muy unamunesco, cierto, pero en vivo y en poesía.

Precisamente, estos versos, por su contenido, son el nexo, el nudo entre presente y pasado, una imposibilidad material, pero sí sentimental. De modo que los contrarios, como hemos dicho, quedan conjugado spor el poeta. Hasta ahora, el contenido podía referirse tanto al presente como al pasado: es una tarde clara; estoy solo en el patio silencioso / buscando una ilusión. ¿Pero a qué momento se refiere? ¿Al ayer o a la tarde del hoy? En realidad, podríamos interpretar esos verbos como presentes durativos de verbos estáticos, pues el soñar sigue teniendo cabida en la vida del poeta maduro.

Además, como ya hemos advertido, Machado ha soñado siempre. Por otra parte, el contenido de los versos 15 a 20 nos sugiere que ese proceder del aroma de ausencia, ese tira y afloja entre corazón y razón se dan en el poeta a lo largo de toda su vida.

A continuación, y hasta el final, respónderá el poeta adulto: sí, ha rememorado esa tarde alegre y clara; sí, se ha producido la armonía, la unión entre el ayer y el hoy.

Pero detengámonos en el valor del término tarde y el de sus adjetivos complentadores. Dice Manuel Alvar en su prólogo a las Poesía Completas de Antonio Machado, que la palabra sobre la que gira el mundo lírico del primer Machado es la tarde: de los 96 poemas de que consta el libro, 36 hacen referencia a la tarde o a sus sinónimos totales o parciales (ocaso, sol que muere, crepúsculo, muere el día). Ahora bien, tarde puede ser un simple enunciado cronológico (tiempo que hay desde mediodía hasta anochecer, últimas horas del día) o cargarse de una serie de contenidos que modifican su valor neutro. Por tanto, la tarde es, sí, la tarde, pero atención, junto a ese significado denotativo, en torno al cual se suele situar el eje temporal del contenido, se encuentra la sugerencia, el significado de la connotación: melancolía, muerte, ocaso del vivir, etc.

La tarde es un símbolo, no necesariamente una metáfora o una alegoría. Esa imagen levanta en el lector un estado de ánimo en el que confluye la experiencia del tiempo, la fugacidad del vivir.

En realidad, el valor de tarde está sugerido, no es obvio. Lo mismo cabe decir de la fuente, el auga, su fluir sugiere el fluir de la vida.

Además, el término tarde, está acotado por una serie de adjetivos: no es clara por ser una tarde casi de primavera o tibia por ser tarde de marzo, esas cualidades son inherentes a las tardes primaverales, pero en la denotación, porque connotativamente esa claridad viene determinada por el gozo del poeta ante el hecho de la rememoración: ha armonizado su ayer y su hoy. De la misma manera que una tarde estival puede ser horrible porque se ha enterrado a un amigo (IV).

No basta, en resumen, aceptar el dato cronológico: las últimas horas del día, el crepúsculo, sino -ahí está la adivinanza- su simbolismo mortuorio.

Solidario con ese marco temporal es el espacio. El espacio, como ha estudiado muy bien Ricardo Gullón, es mágico porque dentro de él las cosas son y están de otra manera. El espacio del patio significa el espacio de su infancia, de su interior, al igual que la fuente. Las macetas de su madre evocan el aroma de los sueños. Ese patio aparece en otros escritos machadianos ya citados: Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla. Ese patio parece cumplir la misma función que el huerto en Orihuela de Miguel Hernández.

Por tanto, el andaluz hecha mano del objetivismo, de un espacio casi mágico para inicar la introspección. Luego, la realidad es un medio para que aparezca la emoción. Todo esto debe conectarse con los rasgos del simbolismo como movimiento englobador de corrientes nacionales.

En definitiva, es una armonía entre lo subjetivo y lo objetivo a la manera romántica. Los dos versos siguientes: (Ese aroma que evoca los fantasmas / de las fragancias vírgenes y muertas) cierran el primer bloque del poema y son de tono modernistas, después vendrá la reacción del poeta adulto; vemos esa búsqueda de los valores sensoriales característica de los modernistas: aromas -sensación olfativa-, al igual que fragancias, o poco más adelante el perfume de la hierbabuena, de la buena albahaca, de las flores.

A propósito de estos versos, en el prólogo de 1919 a la segunda edición de Soledades, galerías y otros poemas, refiriéndose a la época en que escribió ese libro, dice Machado que había él por entonces rechazado el diletantismo helenista de los parnasianos. Pero con frecuencia, en toda su obra, aún en excelentes poemas, hay restos, y a veces más que restos, de esa imaginería, de esos dioses y de sus adminículos. Cierto es que le salva su emoción y la belleza del paisaje, que es mágico. Los fantasmas, el aroma y las fragancias vírgenes recuerdan en buana medida los gustos modernistas de los que Machado se alejó, según nos dice él mismo en el prólogo a su segunda edición.

Las fragancias son vírgenes por su pureza y porque las asocia con su alma infantil, que ha recordado; y muertas porque ya no están íntegras por el transcurrir del tiempo. Pero simultáneamente nos sugiere que esas fragancias son ilusiones pasadas, nunca cumplidas y aún intactas, idea que ya hemos comentado antes.

Sólo en el verso 30, que empieza: sí, te recuerdo y en lo que sigue hasta el 31, surge clara la imagen de aquella tarde pasada de su niñez, casi de primavera, tarde como ésta, con los mismo olores.

Hay una sensación de serenidad: buen perfume de la hierbabuena, buena albahaca. Destaquemos también la predilección de Machado, que los críticos han señalado muchas veces, por los juegos de sombras, en frecuente contraste con la luz resplandeciente. Veámoslo a través de léxico:

SOMBRA
+ pálida+ polvorienta
+ tarde— clara
— tibia+ tarde
+ sombra— blanco

Está latente en ese juego el contraste entre los tonos blancos y los tonos oscuros o grisáceos, pero Machado los conjuga románticamente.

Finalmente, aparecen los mismos elementos del inicio, luego se trata de un poema de estructura circular o de anillo. Este motivo formal tiene un paralelismo en el plano del contenido: presente y pasado se unen, el fantasma de una tarde pasada -y con ella su alma infantil de entonces- está como subyacente en todo lo que está viendo, es natural que el poeta contemple ese lugar con especial emoción, y que lo contamplado destile, para él, sentimiento.

El reflejarse de los limones en el agua sugiere el reflejarse del presente en el pasado; el niño había intentado aferrar los frutos reflejados en el agua, como ahora adulto intenta aferrar el pasado, el el que se refugia para preservar la pureza o blancura definida por la niñez.

En definitiva, y para finalizar, este poema VII de Soledades, galerías y otros poemas es ilustrativo de lo que significa esa primera estapa de la producción machadiana, no tan tajantemente separada de lo que significa Campos de Castilla. Todo gira en torno al yo (estoy solo; estoy buscando). Es el poeta un soñador, ha soñado siempre, a pesar de que un aroma de ausencia le dice: nunca. Todo esto nos recuerda cierta dosis de Romanticismo que se puede encontrar en este paisano de Bécquer. Soñó a pesar de las adversidades del momento, soñó a pesar de la fraticida guerra: Estos días azules y este sol de la infancia es el comienzo del último poema que escribió. De nuevo, la palabra infancia, sugiriendo esa huída hacia las emociones de la niñez. Que seamos nosotros románticos, creo que sí, y que tengamos el espíritu infantil como el buen Machado.


Anexos

1.

*PSDO

Fugacidad, melancolía: Signos positivos, sugerentes de ilusión,
optimismo, de tonalidad clara:
+ tarde+ clara
+ pálida+ tibia
+ polvorienta+ ilusión cándida
+ sombra+ blanco
+ vagar+ alegre y clara
+ ligera
+ aire
+ aroma
+ fantasma
+ fragancia

2.
*PTE 1
Limonero lánguido
pálida rama
fuente limpia
sueños
Objeto / Sujetos
Ambientación,
presentación
frutos de oro
tarde clara
tibia tarde
patio silencioso
ilusión, recuerdo,
vagar, aroma
alma, corazón,
fantasmas, fragancias


Determinación temporal


Determinación espacial

Búsqueda

Gozo
21
+
Sí, te recuerdo

manos puras
agua serena
frutos encantados

+
Sí, te conozco

Objetos / Sujetos