Actas del V Encuentro de Jóvenes Hispanistas
Las Palmas de Gran Canaria 1995

La sociedad económica barcelonesa de amigos del país
y su lengua en la primera mitad del siglo XIX
1

Esther Blasco Mateo
(Universidad de Barcelona)

El siglo XVIII, sobre todo en su segunda mitad, a través de la Ilustración, había querido modelar una España nueva, intentando seguir modelos extranjeros. En Europa las ideas de libertad, fraternidad, justicia social, tolerancia y progreso apasionan a los mejores hombres de cada nación, quienes las transmitirán a las masas.

En ese esfuerzo de España por seguir el ritmo europeo se hallaron los reformadores ilustrados. Éstos crearon las Sociedades Económicas de Amigos del País, las cuales se constituyeron en las principales ciudades de España y, más tarde, adquirieron una mayor difusión. Así, pues, España se inspiró en el extranjero para fundar estas Sociedades Económicas que agruparon a una minoría, a los hombres de buena voluntad, deseosos del bien público, con un único objetivo: la prosperidad nacional. No obstante, parece evidente que en la génesis de las Sociedades Económicas confluyeron, al menos, dos factores imprescindibles: por un lado, el conocimiento de la existencia de las Academias y Sociedades que tanto éxito estaban alcanzando en el extranjero, y, por otro lado, la existencia de un caldo de cultivo propicio en España: las Academias literarias y científicas, cuyos antecedentes se remontan a las tertulias de amigos en los cafés.

La actividad de dichas Sociedades se ejerció de manera más particular en los dominios de la agricultura, la industria y el comercio. Las Sociedades Económicas de Amigos del País intentaron remediar no sólo el estancamiento social y económico, sino también el aislamiento cultural: los miembros de las Sociedades con las tertulias y los debates, así como tras las lecturas de obras casi siempre foráneas adquirieron conocimientos y, a la par, fundaron escuelas primarias, impulsaron la enseñanza profesional,... Estas entidades fueron, a la vez y en gran medida, focos de difusión de las nuevas ideas y del espíritu reformador del siglo.

La Sociedad Vascongada fue la pionera con diez años de ventaja respecto a la fundación de la Sociedad Económica Matritense, que obtuvo la aprobación real en 1775. Pero las Sociedades Económicas fundadas de 1776 en adelante se asimilaron, necesariamente, en gran medida a la Sociedad Matritense, no sólo modelo, bajo un gobierno centralista, para las demás Sociedades, en cuanto a creación de estatutos, organización interna o funcionamiento, sino también supervisora de la red nacional de estas corporaciones, coordinadas todas ellas, incluida la Matritense, desde el Consejo de Castilla.

No existió una planificación, por parte del Gobierno, en la aprobación de solicitudes para la creación de estas Corporaciones. Ello explica que muchas de ellas estuvieran localizadas en pequeños municipios y, mientras tanto, Barcelona, La Coruña, Bilbao,..., por diversas circunstancias, no fueran sede de Sociedades de Amigos del País.

Si la época de auge de estas corporaciones se localiza entre 1776 y 1786, a partir de esta última fecha hasta 1813 asistimos a su declive parcial. Entre las posibles causas de esta decadencia se enumeran factores de índole propiamente humana, de índole económica, ideológica y burocrática. Mientras la ideología burguesa armonizó con la vía "reformadora", el Gobierno y los sectores dirigentes apoyaron la actividad de las Sociedades, pero las "formulaciones protorrevolucionarias" del pensamiento burgués, y más todavía los acontecimientos revolucionarios de Francia, suscitaron el recelo frente a las Sociedades. La invasión francesa y la guerra de la Independencia dejaron en suspenso la vida de estas entidades, excepto la de la Matritense. En 1815 se promulgó un decreto de restablecimiento de las Sociedades, si bien algunas, las ubicadas en poblaciones más modestas, sobre todo, no volverían a ver la luz. Muy distintas serán las Sociedades "ilustradas" y las del siglo XIX, pues éstas últimas sufrieron una considerable reducción de sus funciones.

En cuanto a la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País, que tiene, en la actualidad, su sede en la calle Sant Sever, nº 5, pral., de Barcelona, podemos afirmar que, hasta su fundación provisional en 1822 y definitiva en 1834, su creación fue objeto de una polémica ininterrumpida. Las sucesivas intervenciones, tanto a favor como en contra de la fundación de tal entidad, han sido estudiadas por Ernest Lluch2. Los estudios más recientes se decantan por concluir que la demora en la fundación de la Barcelonesa es consecuencia de la proyección en territorio catalán del amplio y largo conflicto existente entre el Consejo de Castilla y la Junta General de Comercio. Las acciones promovidas desde el Consejo configuraban una estrategia centralista opuesta al posible ascenso de la burguesía de la época.

Las actividades de la Económica Barcelonesa fueron, preferentemente, de carácter económico: defensa de la industria nacional contra la invasión de productos extranjeros; auge del comercio mediante tratados comerciales; interés por las cuestiones arancelarias; experimentos agrícolas y estudios sobre reformas agrarias; proyecto de creación y posterior establecimiento de la Caja de Ahorros, que fue la primera en instalarse en España;..., pero también de carácter cultural: intento de restablecimiento en Barcelona de la Universidad, trasladada a Cervera; creación de bibliotecas y archivos; celebración de exposiciones y concursos; seria preocupación por el problema de la enseñanza en Barcelona, muestra de ello son la fundación de la escuela lancasteriana y la creación de una escuela para sordomudos y otra para invidentes, entre muchas otras; etc.

En opinión del actual Presidente de la Económica Barcelonesa, D. Antonio Muntañola Tey, "la influencia de nuestra Entidad en el ámbito ciudadano fue considerable y en algunos casos total. Puede afirmarse que cuanto se hizo en la vida barcelonesa durante el pasado siglo y principios del presente llevó el sello de la iniciativa y de la actuación de nuestra Económica."3.

Actualmente, la principal motivación de la Sociedad consiste en la concesión de los ‘Premis al mèrit’, -establecidos desde 1856 y otorgados una vez al año-, a los diversos Concursos de carácter cultural, laboral, familiar, y otros, destinados, en su totalidad, especialmente a la investigación y a las personas que, con escasos medios a su alcance, muestran su buena conducta hacia los demás ciudadanos.

Realizado este somero repaso de carácter histórico, centrémonos a continuación en el ámbito estrictamente lingüístico, al cual dedico mi estudio. Concretamente, me interesa describir la variante lingüística, tanto oral como escrita, con la cual operaba dicha Sociedad. Con frecuencia los lingüistas se han mostrado escasamente inclinados hacia el estudio de la lengua castellana que se superpone en zonas de habla no castellana. Parece obvio que si pretendemos estudiar la actuación lingüística de una entidad, debemos prestar especial atención a los miembros que la componen en calidad de hablantes durante un período determinado de tiempo. Se impone entonces realizar una selección; en nuestro caso, hemos optado por el período de tiempo comprendido entre 1834, fecha de la fundación definitiva de la Sociedad, y 1840, y, por aquellos miembros que, durante ese espacio de tiempo, hicieron posible que la Sociedad iniciara su andadura, es decir, aquellos que la restablecieron en 1834. El número de éstos puede cifrarse en trece: D. Alberto Pujol y Gurena (vicedirector), D. Agustín Yañez y Girona (secretario), D. Ramón Roig y Rey, D. Próspero Bofarull y Mascaró, D. José Antonio Llobet y Vall-llosera, D. Eudaldo Jaumeandreu y Triter, D. Félix Janer y Bertrán, D. Antonio Monmany, D. Agustín Ortells, D. Ventura de Sans, D. José Martorell, D. José Melchor Prat y D. Guillermo Oliver. En conjunto, puede trazarse un "perfil" común que los identifique: todos ellos nacieron en territorio de habla catalana; les unieron entre sí lazos de amistad; vivieron a caballo entre dos siglos, pero alcanzaron su madurez personal e intelectual en el siglo XIX; pertenecieron a la elite intelectual de la época, pues así se lo permitían sus aptitudes y talento; llevaron una vida laboral polifacética y muy activa; no sólo ocuparon notorios cargos -en ocasiones, de forma simultánea- en las coetáneas instituciones culturales barcelonesas, sino que también desempeñaron cargos públicos; su pensamiento y concepción de la vida puede inscribirse en una ideología de tipo liberal; sus obras son de carácter didáctico y divulgativo, sin excluir las estrictamente científicas y de consulta.

He tenido acceso a parte del fondo bibliográfico existente en dicha Sociedad, consistente en escritos heterogéneos: boletines, anuarios, estatutos, reglamentos, actas, dictámenes, discursos y comunicaciones diversas. Como resultado de la consulta realizada llego a estas conclusiones:

1. Aunque los socios utilizaron como vehículo primordial de expresión escrita el castellano, su erudición les hizo conocedores de varias lenguas, -aparte de su lengua materna, el catalán-, tales como el latín, el francés, el italiano,... Así lo evidencia un repaso a la bibliografía catalogada de estos autores, la cual incluye algunos tratados latinos, además de versiones y traducciones de lenguas modernas, pero escasísimos escritos redactados en lengua catalana. Este hecho no resulta novedoso si tenemos en cuenta la serie de disposiciones legales por medio de las cuales se quiso restringir o limitar en el antiguo imperio español, no sólo el uso de la lengua catalana, sino el de cualquier otro código lingüístico que no fuese el castellano.

2. Es de suponer que estos miembros fundadores eran partícipes de una situación lingüística diglósica en la que el castellano presentaba un estatuto sociopolítico superior al del catalán. Así el uso de la lengua catalana quedaría restringido a las emisiones orales producidas en el ámbito familiar y coloquial. Sería oportuno rastrear, en este sentido, si la correspondencia, que sólo admite la modalidad escrita, con familiares y amigos, se realizaba en castellano o en catalán. El uso de la lengua castellana reinaría en el ámbito profesional, laboral, intelectual y en todos aquellos cometidos que revisten, en cualquier medida, algún grado de formalización. A ello puede atribuirse el hecho de que las actas -y sus borradores correspondientes- de las Juntas celebradas en esta Corporación desde 1834 hasta 1840 se encuentren escritas en lengua castellana. Hemos de esperar hasta el Acta de la Junta General del día 14 de diciembre de 1976 para encontrar alguna referencia al respeto de la personalidad de Cataluña -en la que creo que debe ser incluida su lengua- y a sus derechos políticos peculiares. Justo un año más tarde la siguiente Acta de la Junta General del día 14 de diciembre de 1977 se halla redactada en lengua catalana. No es azaroso señalar que estos años, 1976 y 1977, se inscriben en el período más amplio de transición del régimen franquista al régimen democrático.

Con estos datos no pretendo sugerir que los amigos del país barceloneses renunciaran al uso de su propia lengua, sino que adoptaron el castellano como lengua de expresión de la Sociedad que habían fundado. Las razones son muy sencillas: por un lado, el deseo de no permanecer al margen de la ley, lo que en modo alguno hubiera convenido a una institución cultural, benéfica y defensora de los intereses de los ciudadanos; por otro lado, la voluntad de lograr que sus escritos alcanzaran una mayor difusión y que fueran completamente efectivos desde un punto de vista comunicativo. Téngase en cuenta que la Sociedad Económica Barcelonesa mantenía habitualmente comunicación no sólo con el Ayuntamiento de Barcelona, la Real Junta Particular de Comercio de Barcelona, y otras instituciones afincadas en territorio catalán, sino también con el resto de Sociedades Económicas del antiguo imperio español y, sobre todo, con el gobierno, destinatarios ambos que no tenían por qué conocer la lengua catalana.

Ya en el año 1900 se halla un documento, escrito en lengua castellana, que refleja la preocupación por parte de sus autores, miembros de la Económica Barcelonesa, por reconocer la diversidad lingüística en territorio español y por hacer más efectiva la enseñanza del castellano, como lengua obligatoria, en zonas de habla no castellana:

"A V. E. atentamente solicita: que en la reforma de la instrucción primaria que V. E. proyecta se sirva proveer á la urgente necesidad de que el idioma castellano se enseñe en las escuelas públicas sobre la base de la adaptación relación y traducción recíprocas con los demás idiomas españoles el catalán el gallego y el vasco en las regiones y provincias antes indicadas."4.

Este mismo documento alude a la dificultad de aprender bien la lengua castellana por parte de los alumnos no castellanohablantes de enseñanza primaria:

"...el hombre que no se dirige al cultivo de una carrera ó no se coloca en un centro especial de un arte ú oficio que le obligue á practicar el idioma castellano, olvida al abandonar la escuela los sonidos de un idioma que desconoce y á lo sumo conserva pocas frases mal pronunciadas y peor comprendidas y es todo lo que ha sacado de la actual enseñanza primaria en lo que se refiere al idioma: y como el idioma castellano debiera servirle para conocimientos generales por hallarse escritos en ese idioma muchos de los libros destinados á las clases populares, todo ello redunda forzosamente en menoscabo de la general instrucción en dichas regiones y provincias."5.

Por si esto fuera poco tenemos el siguiente testimonio de D. Antonio Muntañola Tey: "En el orden político, la Sociedad, (sic) profesó un sano regionalismo, oponiéndose a toda centralización y abogando por los derechos del idioma catalán."6.

3. A grandes rasgos, ha resultado infructuoso el rastreo de posibles interferencias lingüísticas del catalán en los documentos escritos en castellano. Ello nos conduce a pensar que:

a) No existen influencias mutuas entre la lengua oral y la escrita en el marco de esta Sociedad, puesto que se trata de una misma lengua en ambas modalidades, el castellano. En principio, esta conclusión parece muy arriesgada, ya que no disponemos de grabaciones que reflejen cuál era la lengua hablada, utilizada con total naturalidad, en las tertulias celebradas por los miembros. Sin embargo, la lectura atenta de los borradores de actas no ofrece dudas: todas las enmiendas al texto son correcciones de estilo, supresiones o adiciones, no catalanismos léxicos o sintácticos, que pudieran aflorar más o menos inconscientemente y dejar así entrever algún desliz del redactor de los documentos.

b) El grado de conocimiento de la lengua castellana por parte de los fundadores es muy elevado, hasta el punto de que -por ofrecer un dato concreto- el Secretario de la Sociedad, don Agustín Yañez y Girona, quien, como es lógico, es el redactor de las actas y de la mayoría de documentos, elabora en 1839 unas "Reflexiones sobre el Diccionario de la lengua castellana, publicado por la Real Academia Española", en que anota las deficiencias o inexactitudes que, a su juicio, presenta el léxico correspondiente a las ciencias naturales recogido en el Diccionario de la Academia y propone algunas sugerencias para enmendar tales defectos. Detengamos nuestra atención en este manuscrito.

En la primera página del escrito, a modo de portada, puede leerse:

Reflexiones sobre algunas faltas que se notan en el Diccionario de la lengua castellana, y los medios de enmendarlas en lo sucesivo, leídas á la Academia de Buenas letras de Barcelona por el Dr. D. Agustín Yañez y Girona en junta literaria de 3 de enero de 1839.

En la introducción incluye la "captatio benevolentiae" y, a continuación, explica cuál ha sido su propósito:

Me propongo, señores, exponer algunas faltas de que adolece el Diccionario de la lengua castellana publicado por la Academia Española, las que se han repetido en las diferentes ediciones que han salido á luz de dicha obra; empresa que parecerá ridícula a primera vista de parte de un catalán, que no puede menos de confesarse corto en la materia.

Obsérvese que la expresión "empresa que parecerá ridícula a primera vista de parte de un catalán" ha de interpretarse como ‘empresa que no es ridícula si se observa detenidamente de parte de un catalán’. Con estas palabras el autor pretende deshacer el lugar común de que un hablante sólo puede conocer bien su lengua materna. Siguiendo con este planteamiento y, a mi modo de ver, estas palabras encierran la conciencia que posee el autor de ser bilingüe en sentido amplio, es decir, de saber comunicarse de un modo efectivo en dos idiomas. Prosigue:

Mis deseos no son otros que contribuir por todos los medios posibles á sostener el honor de la nación española, y lograr que el diccionario de nuestro idioma alcance la perfección que reclama el estado actual de los conocimientos humanos en todos los ramos.

Al hacer gala de su patriotismo, D. Agustín se siente catalán integrado en la nación española. Esto, que tal vez pudiera parecer un juego de palabras, en realidad no lo es, si tenemos en cuenta que España fue, más que hoy, un país plurilingüe y pluricultural a lo largo de su historia. D. Agustín sabe compaginar a la perfección y sin ninguna renuncia ese doble sentimiento: él es español frente a un inglés, un francés o un alemán, y, de forma simultánea, es catalán frente a un vasco o un gallego.

El Dr. Yañez, una vez finalizada su introducción, ya en su primera aserción aborda la cuestión de los defectos del Diccionario desde un doble punto de vista, al mismo tiempo que limita el alcance de su estudio:

Nuestro diccionario es diminuto y algunas veces inexacto en cuanto á las voces que se refieren á las ciencias naturales.

"Nuestro diccionario es diminuto", al menos hasta la edición de 1837 -la más reciente para el autor-, porque no incluye una serie de voces, tales como cotiledón, drupa, espata, estilo, estigma, estípula, filamento, peciolo, árnica, dedalera, liquen, islándico, rábano, rusticaria, ulmaria; mamífero, molusco, roedor, hormiguero, jaguar, puma, estigma, tentáculo; feldespato, mica; gravímetro, pila galbánica, cloro, niquel, uranio, y muchas otras. Según el Dr. Yánez no existe motivo alguno para su exclusión:

...pues no se trata de nombres estraños y recientes, sino de conocidos y antiguos, usados ya en el Real Jardín botánico de Madrid cincuenta años atrás,...

...han sido repetidos millares de veces, de palabra, por escrito y en obras impresas recomendadas por el gobierno; las han usado profesores esclarecidos y alumnos sobresalientes, que han honrado la España con su saber y sus producciones,...

Por otra parte, nuestro diccionario es inexacto porque:

Otros nombres se hallan continuados con explicaciones ó definiciones que pudieron ser buenas otro tiempo, y ahora son tan inexactas que dan una idea equivocada de los objetos á que corresponden,...

He entresacado algunos ejemplos: Cáliz. ‘En las flores se llama así la campanilla en que están encerradas las hebras ó hilos de las simientes.’, Ciento pies. Insecto pequeño, venenoso, con alas y dos antenas &’, Basalto. ‘Especie de mármol, de color y dureza de hierro, descubierto por los egipcios en la Etiopía.’, Filtro. ‘La manga, lienzo ú otra cosa por donde se cuelan los licores en las boticas.’, etc.

Para concluir esta primera parte del escrito, nuestro autor realiza una síntesis de todo lo expuesto anteriormente:

...me he concretado á citar algunos ejemplos de cada ciencia, que bastan para convencer á cualquiera persona imparcial, de que faltan en el diccionario de la lengua muchas voces relativas á las ciencias naturales, que por su uso antiguo y por su generalización deberían haberse continuado en él, conforme á los principios admitidos por la Academia Española en el prólogo de la última edición; y que muchas otras voces llevan definiciones equivocadas ó inexactas, que necesitan ser rectificadas y acomodadas al estado actual de los conocimientos humanos. Es probable que existan iguales faltas é inexactitudes en orden á voces correspondientes á otras ciencias, y á las artes tanto liberales como mecánicas.

La segunda parte del documento, mucho más breve que la primera, encierra los medios oportunos para enmendar tales defectos: la consulta a especialistas y la creación de diccionarios técnicos. En palabras de D. Agustín Yañez:

Pídase el parecer de personas ilustradas en todas las ciencias, así como el de otras prácticas en los diferentes artes y oficios; reúnanse cuidadosamente todos estos dictámenes; y (...) discútanse sin prevención, (...). Aun quizás sería preferible arreglar diccionarios particulares de las diferentes ciencias y de varias artes así liberales como mecánicas, para entresacar de ellos é incluir en el diccionario general los nombres admitidos por la mayoría de profesores y alumnos de unas y otras.

Los miembros de la Academia de Buenas Letras de Barcelona escucharon con interés la lectura de este escrito, encargaron a la Sección de Literatura que lo examinara detenidamente y lo remitieron a la Real Academia Española. Esta entidad elabora en ese mismo año, el día 15 de mayo de 1839, las "Observaciones de la Real Academia Española acerca de la memoria de D. Agustín Yañez sobre las faltas que se notan en el Diccionario de la lengua castellana". En ellas la Academia confiesa tácitamente que son exactas las reflexiones de D. Agustín Yañez, a la vez que intenta defender su postura.

En cuanto a la adición en el Diccionario de la lengua castellana de muchos términos relativos a las ciencias naturales, la Real Academia manifiesta su opinión de la siguiente manera:

El estado de civilización, y el comercio social y reciproco de todos los individuos de una nación, introducen en el lenguaje común frases y vocablos técnicos de todas las profesiones, los cuales saliendo de los límites de la ciencia ó arte á que corresponden, enriquecen el idioma, y ora en su sentido recto, ora en el metafórico ó figurado, se repiten en la conversación, se leen en los escritos, llegando a ser de un uso tan general, que todas las personas de alguna cultura los emplean y comprenden, aun cuando no hayan saludado la ciencia á que debieron su origen. Estos son los que el diccionario no puede menos de adoptar; por lo cual la Academia dedica su continua observación á conocerlos y calificarlos, pues ni tiene ni presume tener otra autoridad ni otro oficio, que ir notando gradualmente el progreso de la lengua, y apuntando como un cronista las innovaciones que va introduciendo y jeneralizando el uso de las jentes instruidas y en particular los escritores que procuran esplicarse con propiedad y correccion. ¿Y de que medios se habrá de valer la Academia para admitir con la posible seguridad del acierto las voces técnicas que deban incorporarse en el catálogo del lenguaje común ? ¿Qué reglas seguirá á fin de discernirlas y notarlas? Hay una en verdad, que puede reputarse por segura, y es la de observar el efecto que producen tales voces, cuando se emplean en discursos ó escritos, ajenos del arte ó ciencia á que pertenecen, pues al oirlas ó leerlas, las aprueba, ó condena como pedantescas y ridículas el buen juicio de las jentes ó lectores ilustrados.

Manifiesta también la Academia que se propone omitir otros nombres técnicos, que se hallan en el Diccionario y que no son más antiguos ni más conocidos que los mencionados por el Dr. Yañez. Sin embargo, nada contesta sobre la propuesta del Dr. Yañez de que se deberían rectificar las definiciones de muchos términos.

D. Agustín Yañez presenta y lee en la sesión del 25 de febrero de 1840 celebrada en la Academia de Buenas Letras de Barcelona la "Contestacion á las ‘Observaciones de la Real Academia Española acerca de la memoria de D. Agustín Yañez sobre las faltas que se notan en el Diccionario de la lengua castellana’ ". En este discurso el Dr. se congratula de poder anunciar que la Academia de Ciencias Naturales de Madrid ha acordado emprender el trabajo de un Diccionario de voces pertenecientes á las ciencias comprendidas en su instituto.

De esta manera nadie podrá tachar la falta de dichas voces en el diccionario jeneral de la lengua, y se hallará este ostáculo menos entre los muchos que se presentan á los que se dedican en España al cultivo de las ciencias naturales.

Con este escrito el Dr. Yañez da por concluido el asunto y se da por satisfecho si bien no ha conseguido que la Academia Española se mostrara tan receptiva a sus razones como él hubiera deseado. Tampoco la Academia logra persuadir al Dr., pues en opinión de éste:

Desde que un objeto está bien definido y nombrado en obras originales o traducciones españolas, desde que su nombre se halla adoptado por profesores de nota, admitido en los establecimientos públicos de enseñanza y reconocido por los que se dedican al ramo, deberia incluirse en el diccionario de la lengua.

Como conclusión a esta comunicación, creo que podemos descartar la existencia de un "bilingüismo solapado" en un centro difusor de cultura, como es la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País y, por tanto, las repercusiones que este hecho pudiera haber ocasionado. Asimismo, por lo que respecta a la lengua utilizada en las actividades de dicha Sociedad, debemos deducir que la política lingüística borbónica no prosperó totalmente, pero tampoco fracasó por completo. Si bien la Academia de la Lengua consiguió que la "lengua nativa" de Castilla se pudiera equiparar al "lenguaje común" del antiguo imperio español, no pudo alcanzar el sentido inverso, que la lengua común de los súbditos españoles fuera también su lengua materna. Gracias a ese fracaso España es aún, hoy en día, un país plurilingüe7.

 

  1. Remito al lector interesado a mi memoria de licenciatura -de donde han sido extraídas estas páginas-, titulada Distribución del uso de dos lenguas en la Barcelona de la primera mitad del XIX. El caso de la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País y presentada en la Universidad de Barcelona en 1994.

  2. LLUCH, Ernest, "El caso de la no fundación de la 'Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País' de Barcelona", Revista de Occidente, XXIX, 115 (1972), pp. 51-70.

  3. MUNTAÑOLA TEY, Antonio, "Esquema del origen y desarrollo de la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País", Torre de los Lujanes. Boletín de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, 17 (enero 1991), p. 130.

  4. Fragmento de la Carta de la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País dirigida al Excelentísimo Señor Ministro de Instrucción Pública, fechada el día veinte de junio de 1900.

  5. Idem.
  6. MUNTAÑOLA TEY, Antonio, art. cit., p. 131.

  7. Selección de la bibliografía de carácter lingüístico utilizada: CASAS-CARBÓ, Joaquim: "Estudis sobre la llengua catalana V: La llengua parlada y la llengua escrita", L'Avenç, 2ª èp., any III, 4 (1981), Barcelona, pp. 145-148; FERRER I GIRONÈS, Francesc: La persecució política de la llengua catalana. Història de les mesures preses contra el seu ús des de la Nova Planta fins avui, Edicions 62, Barcelona, 1986; FRADERA, Josep M.: Cultura nacional en una societat dividida. Patriotisme i cultura a Catalunya (1838-1868), Curial, Barcelona, 1992; GENÍS, Salvador: "Enseñanza de la lengua castellana en Cataluña", Revista La España Regional, año I (1886), tomo I, Barcelona, pp. 431-437; NOMEN: "Notas sobre l'estat de la llengua catalana", Diari Català, any II, núm. 286 (10 de mars de 1880), Barcelona, pp. 522-523; ROCA I FRADERAS, Josep Narcís: "La imposició de la llengua castellana", L'Arch de Sant Martí, any V, núm. 353 (8 de set. de 1888), pp. 2-3; ROCA I FRADERAS, Josep Narcís: "La proscripció de la llengua catalana", L'Arch de Sant Martí, any V, núm. 350 (19 d'agost de 1888), pp. 2-4; SOLÀ, Joan: "L'ensenyament del castellà a Catalunya al segle XIX", Llengua i educació en una perspectiva històrica, vol. II de les Actes de les 5enes Jornades d'Història de l'Educació als Països Catalans, Vic, del 31 de març al 2 d'abril de 1982, Eumo, pp. 175-192; SOLÀ, Joan: "Nació i llengua a les terres catalanes durant el segle XIX", Patio de Letras/ La rosa als llavis, 3 (febrer de 1983), Universitat de Barcelona, pp. 41-53; VALLVERDÚ, Francesc: Dues llengues: dues funcions? La història contemporània de Catalunya, des d'un punt de vista sociolingüístic, Edicions 62, Barcelona, 3ª ed., 1981; VALLVERDÚ, Francesc: El conflicto lingüístico de Cataluña: historia y presente, Ediciones Península, Barcelona, 1981; VILAR, Pierre: "Els Barba, una família il.lustrada de Vilafranca del Penedès", Assaigs sobre la Catalunya del segle XVIII, traduïts per Eulàlia Duran, 2ª ed., Curial, Barcelona, 1979, pp. 59-82.


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