Biblioteca Quijotesca

  

Francisco Ayala

E l regreso

  


, iría a la peluquería de Benito Castro. Por algún agujero tenía que asomar la cabeza al mundo, y aquél no era malo: una peluquería es un mentidero público. Lo único que me preocupaba era no recordar a punto fijo si me tuteaba con Castro o nos tratábamos de usted, aun cuando estaba casi seguro de que nunca existió entre nosotros confianza bastante para el tuteo, bien que, en España y entre gente joven, poco motivo hace falta... De todas maneras, yo no tenía con él más trato que el de la barbería... Claro que, muchas veces, a fuerza de frecuentar un establecimiento... Aunque ¡frecuentar! ¡Bueno, problema tonto!, ¿qué importaba?; ¿qué importaba eso? Ya veríamos... Y dándole vueltas en el magín, llegué sin sentir hasta la esquina donde pendía la muestra, aquella misma bacía deslucida, mohosa, que siempre estuvo colgada al lado de la puerta para recordarle a uno el yelmo de Mambrino.



Francisco Ayala (Granada 1906), El regreso, de La cabeza del cordero (1949)

4/10/98



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