Biblioteca Quijotesca

  

Leopoldo Alas "Clarín"

La fantasía de un delegado
de Hacienda

  


Don Sinibaldo de Rentería había llegado por sus pasos contados, y sin deber los ascensos a intrigas ni aldabas, a ocupar el puesto de jefe en las oficinas de Hacienda en una provincia de primera clase. No había mejor empleado en el ramo, y nada tenía que ver con su aptitud para el cargo la acalorada fantasía que Dios le había concedido. Dividía la vida en dos partes: de un lado los expedientes con toda su horrible realidad, apremios y embargos inclusive; de otro lado la loca de la casa, que hacía vivir a don Sinibaldo en perpetua novela interior, en continua hipótesis histórica. Porque él llamaba así a su manía invencible.
«En la hipótesis --empezaba a pensar- de que yo fuera esto y lo otro, y me sucediera tal cosa ... »
Y seguía imaginando aventuras, incidentes, episodios, lugares, diálogos, actitudes; en fin, creando un mundo en que se enfrascaba, y a poco, ya tomaba por el único positivo. Esta transformación de la hipótesis en soñada realidad era involuntaria. En esto se parecía el delegado de Hacienda a no pocos sabios que empiezan inventando también modestamente una hipótesis, y al cabo juran que es la verdad pura y que «no le mana, canalla infame ... », con todo lo demás que Don Quijote aseguraba de Dulcinea o de la modesta Madasima. De su embelesamiento, de su universo fantástico, solía sacarle a don Sinibaldo algún encuentro brusco con... una esquina, o un pisotón de un mozo de cordel; y el soñador volvía al triste mundo de los demás, exclamando:
-Animal, ¡mire usted por dónde anda!
Sin ver que, por andar él por los espacios imaginarios, era por lo que le pisaba un humilde gallego. De esto hay mucho en la vida, y también en el Don Quijote, al que la vida tanto se parece.
(...)



Leopoldo Alas "Clarín" (Zamora, 1852-1901), La fantasía de un delegado de Hacienda (fragmento)

09/01/99



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