El cajetín de la Lengua    

 

Variación tipográfica en el uso de las "abreviaturas dobles"

Félix Rodríguez González
Depto. de Filología Inglesa
Universidad de Alicante
frodriguez@ua.es

En el artículo titulado “Abreviaturas dobles (CC.OO)”, contenido en la sección El cajetín de la lengua (www. ucm.es/info/especulo/cajetin), su autora, Ana Mª Vigara, analiza la fluctuación en el empleo del punto con las abreviaturas que aparecen en la prensa, especialmente cuando se contrastan los periódicos de mayor tirada. Tomando la abreviatura de la denominación del sindicato Comisiones Obreras, que ella propone como ejemplo, cabe destacar la tipografía que ha venido proponiéndose tradicionalmente en la literatura (CC. OO.) --duplicación de la consonante inicial con punto y espacio intermedio--, y que, curiosamente, cada día es más arrumbada en los medios de comunicación en beneficio de otras soluciones menos ortodoxas, pero más económicas en su grafía, como CC.OO (en el ABC), CC OO (en El País) y CCOO (El Mundo).

Con buen criterio, Vigara señala que el punto no debiera omitirse en este tipo de formas abreviadas, por no pronunciarse como tales sino en su forma plena, a diferencia de las “siglas”, tipología esta que es fundamental para entender este y otros problemas, y a la que me referido en otro lugar.1

Bien mirado, uno debería sostener esta postura, por apoyarse en una base lingüística de lo más coherente, sin embargo, desde una perspectiva más descriptiva o menos normativa, debe reconocerse que el comportamiento supuestamente “desviado” de algunos medios también encuentra cierta lógica, como intentaré explicar a continuación. Básicamente, me ha parecido descubrir dos hechos sobre los que descansa la omisión de los puntos y cuya etiología encuentra sentido y fundamento analizando el desarrollo histórico de las abreviaciones en general así como otros aspectos.

1. En primer lugar, hay que tener en cuenta que este tipo de abreviaturas dobles (CCOO, y otras como EEUU) son ejemplos más o menos aislados dentro de secuencias más amplias de formas abreviadas escritas con mayúsculas y pertenecientes a un mismo ámbito, en este caso político-social (EEUU, al lado de las siglas USA y UK; y CCOO, al lado de otros nombres de sindicatos, como UGT, CNT, USO). Esta “isografía” y “analogía” dentro de un mismo campo semántico nos lleva a plantearnos la utilidad de emplear una denominación genérica común para ambos tipos “formas siglares”, que encontramos ya a veces en la literatura especializada. Al ser pocas estas abreviaturas, el periodista las siente, efectivamente, como “formas siglares” (en el sentido etimológico y ciceroniano de singulae [litterae], es decir, de letras aisladas, que destacan visualmente como un solo bloque) sin plantearse la distinción técnica que nosotros, lingüistas, establecemos en razón de su pronunciabilidad como palabras o letras. Al tratarse de grafemas geminados, las abreviaturas dobles difícilmente podrían perder su condición de impronunciabilidad, con lo que no hay peligro de que se produzcan “ruidos”en la comunicación. Y si, en ocasiones, hay peligro de confusión, ahí sí que observo un mayor cuidado en el uso de los puntos “ de todos modos debiera extremarse” como sucede cuando algunos periodistas emplean EE.UU. como abreviatura de `Escuelas Universitarias'.2

2. En segundo lugar, las abreviaturas en general, ya se trate de dobles o simples, a lo largo de la historia han ido simplificando los signos gráficos que las acompañaban, en calidad de signos diacríticos, a la par que desaparecía el peligro potencial de la homonimia. En efecto, las letras horizontales y trasversales del sistema abreviativo latino desaparecieron al hacerse inecesarias con la imprenta (salvo el vestigio ornamentado de la que representa a la libra esterlina), las letras “voladas”se redujeron hasta casi extinguirse (en español subsisten [= doña], [=Primero]; en el sistema inglés, en cambio la incomodidad de escribirlas con la máquina de escribir o el ordenador ha ido arrumbándolas3: normalmente se escribe 5th en lugar de 5th, pero no en vano en los sellos de correos encontramos 5P [= 5 pence `peniques']). Si queda el punto, éste se hace innecesario cuando las abreviaturas son muy conocidas, como lo vemos a diario en los símbolos de unidades de medidas -técnicamente perteneciente al tipo abreviaturas- que a veces van sin punto (5 km, 5 kg; también en 5 pts). En este caso, cabe considerar que por razones “grafotácticas” no hay peligro de colisión homonímica, toda vez que la secuencia de dos o tres consonantes hace más fácil su reconocimiento como tales abreviaturas.

Otro ejemplo ilustrativo de la evolución gradual de la grafía lo tenemos en inglés americano con la conocida abreviatura inglesa de New York. Según David Gold (comnicación personal), la variante más antigua, N. Y. , con punto y espacio, fue empleada frecuentemente, si no de modo universal, en 1895, y hoy sería muy raro encontrarla; más reciente es N.Y., sin espacio y con punto, posiblemente la más frecuente y utilizada de manera sistemática en algunas publicaciones, como el prestigio diario The New York Times; y, finalmente, llegamos a NY, sin espacio ni puntos, probablemente posterior a 1961, cuando el Post Office americano empezó a automatizar la clasificación de las cartas y a recomendar cómo deberían escribirse las direcciones postales de manera que el ojo electrónico que las leyera no confundiera los puntos y las comas con algunas letras o números. siguiendo con esta misma práctica, el Postal Service (nuevo nombre del Post Office) recomienda hoy prescindir de la puntuación.

Si echamos ahora unamirada a las siglas propiamente dichas, observaremos que se han visto sometidas a un mismo proceso de reducción y “condensación” gráfica -en paralelo a una compresión semántica-, al suprimirse los puntos y perder el carácter mayúsculo algunas de sus iniciales, transformándose en ciertos casos en “acrónimos” (R.E.N.F.E. > RENFE > Renfe).

Con respecto a las abreviaturas dobles, hay que considerar, igualmente, la comodidad y el ahorro de tiempo que supone esta simplificación gráfica para el periodista que a diario tiene que escribir una noticia y para quien la utilización de los puntos en abreviaturas que se repiten sin cesar a lo largo de un texto --y más si es de estilo “informativo”, como el caso de una crónica política-- sería sin duda una pesada carga. De manera que el redactor de una noticia se siente tentado a omitirlas, cual si de una licencia tipográfica se tratara, contraviniendo las recomendaciones de algunos libros de estilo.

A esta luz, puede pensarse también en otras “licencias” que tienen lugar a diario en los medios de comunicación escritos y que se justifican por razones de espacio; por ejemplo, el uso de abreviaciones o siglas sin explicar entre paréntesis su significado la primera vez que aparecen en el texto --como recomiendan los libros de estilo-- cuando se trata de denominaciones muy conocidas por el lector. O el fenómeno de los “pseudoanglicismos”, que a menudo tienen su origen en la elipsis de formaciones compuestas: el periodista se refiere a las tops, en correferencia, para lograr una variación estilística pero también por economía, después de haber escrito top models, o la beautiful, por la beautiful peple, acuñando así neologismos que no coinciden con el original inglés´.4

 

Notas:

1Sobre ese punto, véanse mis artículos "Taxonomía de la siglación", Proceedings of the 7th World Congress of Applied Linguistics (extracto), ed. J. Den Haese y J. Nivette, Vol. 3, Bruselas, ITO/VUB (1984), 1221, y "Las siglas como procedimiento lexicogenésico", Estudios de Lingüística de la Universidad de Alicante, 9 (1993), 9-24.

2 Sobre la historia de las abreviaciones, véase mi artículo (en colaboración con Garland Cannon) "Remarks on the history and evolution of English abbreviations and acronyms", English Historical Linguistics. Papers from the 7th International Conference on English Historical Linguistics. Philadelphia y Amsterdam: John Benjamins, 261-272.

3 Aunque ahora algunos procesadores de textos (por ej. el Wordperfect para Windows) las convierten en "voladas" automáticamente.

4Sobre este punto, véase el artículo "Anglicisms in contemporary Spanish. An overview", Atlantis, 21, 103-139. Abundantes ejemplos pueden encontrarse también en el Nuevo diccionario de anglicismos, de Félix Rodríguez y Antonio Lillo (Madrid, Gredos, 1997).

29/11/2002

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© Félix Rodríguez González 2002


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