El cajetín de la Lengua    

 

¿Anderas? ¿Y eso qué es?

Dra. Soledad de Andrés Castellanos
msandres@ccinf.ucm.es
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

 

En los últimos días me han preguntado varias veces sobre el uso de ‘anderas’; la gente quiere saber si es correcto o incorrecto el uso de tal término, especialmente en femenino.

Yo misma me he sentido desconcertada —creo que nunca antes lo había oído— , aunque por el contexto comprendíamos enseguida que se refería a la misma actividad que también se denomina con la palabra ‘costaleras’, es decir, mujeres que llevan en hombros las andas en las procesiones.

Ya me ocupé del femenino ‘costalera’, y de su plural ‘costaleras’, cuando el lunes 7 de agosto del año 2000, en el programa Madrid directo de Telemadrid, hacia las 19.30, aparecieron en pantalla dos mujeres jóvenes, que iban a portar las andas en la procesión madrileña de San Cayetano, junto a los habituales y tradicionales costaleros varones; y así efectivamente lo hicieron. La locutora que realizaba la entrevista nos informó de que también en Córdoba existían ya costaleras, pero en Madrid seguramente se trataba de una novedad [1].

Comprobé que ni el diccionario académico (el último entonces era el DRAE92), ni el de María Moliner (DUE98), ni el de Seco, Andrés y Ramos (DEA99) recogían el femenino ‘costalera’; evidentemente, el hecho de la presencia de mujeres en tal actividad era algo demasiado inesperado para la mayoría, con frecuencia también algo que provoca indignación o al menos desconcierto. Sucede que durante siglos se había reservado sin excepción tal tarea a los varones, considerados por todos y todas más fuertes y capaces, sin pararse a considerar que cualquier persona conoce a lo largo de su vida a varones débiles y a mujeres fuertes. Y es que el prejuicio sobre el sexo débil ha sido y sigue siendo tradicionalmente lo habitual, lo normal en nuestra cultura.

Tampoco el femenino ‘nazarena’ aparecía entonces en el DRAE92, ni después en el DRAE01 en la acepción correspondiente, la 6, donde consta el masculino excluyente, y suponemos por ello que la definición se refiere tan solo a varones:

Penitente que en las procesiones de Semana Santa va vestido con túnica, por lo común morada.

Sí aparece el femenino ‘nazarena’ en DUE98 y en DEA99. Y con razón, pues la discriminación por razón de sexo ya se había resuelto, suponemos, en distintos lugares. Tengo documentado el dato de la hermandad sevillana de la Macarena, en donde se aprobó la participación de las mujeres mediante votación: 354 votos a favor, 293 en contra y tres nulos (El País, 6 de marzo de 2001, última página. Bajo el título “Nazarenas en la ‘Madrugá”, y el subtítulo “La hermandad sevillana de la Macarena aprueba la participación de mujeres en las procesiones de Semana Santa”). En este reportaje, firmado por Tereixa Constela desde Sevilla, se insiste en el dato de la indignación de Pepe Rusillo, a quien “le ha sentado fatal, porque, ante todo, es un amante de la tradición”. Pero sucede que Carlos Amigo, el arzobispo de Sevilla, aprobó ya en 1997 las normas que suprimen la discriminación contra las mujeres en estos casos; persisten las trabas solamente en 26 hermandades, de las 247 que participan en las procesiones de Semana Santa en las ocho capitales andaluzas. De todo esto nos informa el citado reportaje.

Parece sorprendente el dato recogido por Seco, Andrés y Ramos (DEA99, s/v nazareno -na, acepción 3, referida precisamente a las procesiones de Semana Santa), en el Diario de Burgos, nada menos que en 1956: “Como nota singular hay que citar el hecho de que en este año no salieran mujeres nazarenas, según lo dispuesto por la Real Hermandad” (DBu 1.4.56, 6); cabe suponer, ante esta curiosa referencia, que antes sí salían.

Para mí la novedad en este primavera de 2005 ha consistido en la noticia de que en Madrid, en la procesión del Silencio, que tiene lugar el Viernes Santo por la tarde, son mujeres, en exclusiva, las que llevan en andas sobre sus hombros la imagen de Nuestra Señora de los Dolores; y se las denomina ‘anderas’. Tengo a la vista el Abc, Madrid, pp. 30-31, viernes 25/3/2005; en la página 30 se afirma lo siguiente:

También a las siete de la tarde saldrá la Procesión del Silencio, en la que, por primera vez en la Semana Santa de Madrid, serán mujeres -anderas- las que porten, en exclusiva, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, cuya talla se contempla con verdadera devoción a su paso por la Puerta del Sol. Según los expertos, sólo se conoce un paso parecido, portado únicamente por mujeres, en Córdoba.

Y en El País de ese mismo día, en la portada del suplemento Madrid, se recoge la noticia -pero precisamente en este diario se elude el uso de la palabra ‘anderas’, extraña para muchos- bajo el titular “Madrid saca hoy en procesión una nueva talla a hombros de 32 mujeres”.

El término ‘andero’ consta en los diccionarios de la Academia desde 1726 (Diccionario de Autoridades, p. 290,2), aunque no referido a persona sino a objeto, y con la advertencia de que es voz poco usada:

ANDERO. s. m. Lo mismo que vara, ò palo en que se afijan las litéras, sillas de manos, y furlónes.

En las dos últimas ediciones académicas, las que nos interesan para referirnos al español actual (DRAE92 y DRAE01), la entrada ‘andero’ se refiere a personas y no a objetos; lleva la marca de m[asculino], y la definición es excluyente para las mujeres: ‘Cada uno de los que llevan en hombros las andas’. Seco, Andrés y Ramos (DEA99) no lo recogen, ni siquiera en masculino, acaso por considerarlo poco usual; sí incluyen el masculino ‘costalero’, pero no el femenino ‘costalera’. María Moliner (DUE98) incluye, como la Academia, la entrada ‘andero’, aunque solamente en masculino; la definición aparece en cursiva, procedimiento utilizado en este diccionario para indicar que no es usual.

En resumen, que las mujeres van ocupando espacios que antes les fueron vetados, a pesar del desconcierto e incluso la indignación de sectores conservadores; de tal manera que los lexicógrafos no tendrán más remedio que elaborar sus trabajos sin olvidar los femeninos, y revisando con paciencia las definiciones excluyentes del pasado para ajustarse a la realidad de la sociedad actual y a la presencia de mujeres en actividades de las que se las ha mantenido excluidas demasiado tiempo.

 

Nota

[1] Soledad de Andrés Castellanos, “¿Sexismo en la lexicografía española? Aspectos positivos en el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos (DEA99)”, en Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación, UCM, clac 9, febrero 2002, pp. 1-32. Véanse especialmente los puntos 4.1.6.costalera, costaleras y 4.1.7. nazarena, nazarenas.
www.ucm.es/info/circulo/no9/andres.htm

Universidad Complutense, 28 marzo 2005

30/03/2005

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© Soledad de Andrés Castellanos 2005


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