El cajetín de la Lengua    


arquitectas, ingenieras, ministras, obispas, toreras...
(Nueva versión actualizada, 11 julio 2002)

Soledad de Andrés Castellanos
msandres@eucmos.sim.ucm.es
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

 

...la maîtrise de soi et du monde implique le droit de se nommer...
La phase phallique de la conquête du pouvoir où les femmes demandaient avant tout qu'on les traite comme des hommes serait-elle donc terminée?
      Marina Yaguello, "Madame la Ministre", Petits faits de langue, Éditions du Seuil, 1998, pp. 118-119.


A mi hija ELENA, que puede hoy elegir, a su gusto, entre el genérico arquitecto y el específico arquitecta.

 

«¿Es correcto el femenino? ¿No te suenan mal 'arquitecta', 'jueza' o 'médica'?»

Es habitual oír preguntas como las anteriores; pero sucede que la respuesta no siempre es tan escueta o rápida como esperan quienes las emiten. El acceso de la mujer a profesiones y actividades antes exclusivamente reservadas a los varones ha planteado en el ámbito hispánico las tres posibilidades que Álvaro García Meseguer [1] admitía en 1994:

a) feminización del término masculino: «la jueza», «la obispa» (por analogía con «la abogada», «la maestra»);

b) comunización del término masculino: «la juez», «la obispo» (por analogía con «la fiscal», «la testigo»);

c) androginización del término masculino: «el juez», «el obispo» ( por analogía con «el ser», «el personaje»).

Con muy buen criterio, reconocía García Meseguer que por cuestión de gustos se podía preferir una u otra opción, puesto que en este asunto influyen diversos factores: fonológicos, morfológicos y semánticos. Y que además,

...quienes defienden la opción a) difícilmente podrán evitar que muchos hablantes prefieran decir «mujer piloto» y «mujer cabo» a «mujer pilota» y «mujer caba»; y quienes defiendan la opción b) difícilmente podrán evitar que muchos hablantes prefieran decir «la minera», como forma más natural que «la minero» para referirse a la mujer que trabaja en una mina.

En cuanto a la opción c) es, probablemente, prematura, pero podría terminar imponiéndose a largo plazo en gran número de casos.

Parece que, a lo largo de los años transcurridos desde la fecha de publicación del citado libro en 1994, tanto los usuarios de la lengua española como los medios de comunicación, que tantísima influencia ejercen sobre lectores y oyentes, se han decantado mayoritariamente, de manera natural y con sorprendente flexibilidad, por la primera solución, la feminización de la forma masculina; acaso también haya contribuido a la implantación de esta solución la perversa habitual pereza que impulsa a demasiados usuarios de nuestra lengua hacia las formulitas rápidas y simples, sin ejercitar la mínima reflexión, prescindiendo de cualquier esfuerzo intelectual, desconfiando de sus propias capacidades y conocimientos lingüísticos.

Es evidente que las mujeres actuales van ocupando lugares antes prohibidos. En palabras de Félix de Azúa:

Y si abres cualquier diario te encuentras con ministras, conductoras de autobús, empresarias, guardias civiles, catedráticas, pilotos, teólogas. Hace veinte años, esa comunidad de seres autónomos no existía. En las noticias sólo aparecían tonadilleras, asesinas y esposas. [...] En sólo veinte años se ha producido una revolución mucho más eficaz que la soviética. Las mujeres han conquistado su soberanía sexual, política y laboral. Esta nueva soberanía las afecta a ellas, pero hace mucho más interesante la vida de millones de varones (El País, 15.11.00, última página).

La presencia de la mujer en los altos cargos de la política y en los distintos espacios de la vida profesional va siendo habitual, va dejando de llamar la atención de la mayoría. En el primer gobierno del actual presidente, José María Aznar, cuatro mujeres ejercieron el cargo de ministras, y solamente una de ellas, Loyola de Palacio, de Agricultura, eligió el masculino ministro para el acto solemne de la jura el 6 de mayo de 1996, dando con ello prioridad al valor genérico de la función, o bien ejerciendo su derecho, consciente o inconscientemente, al mantenimiento de la denominada fase fálica de la conquista del poder. Algo queda, todavía, en sectores de nuestra sociedad, de la atribución de mayor prestigio al uso de la forma masculina o, por el contrario, de desprestigio o ambigüedad -algunos pueden suponer, ¿todavía hoy?, que la ministra sea, en realidad, la mujer del ministro- cuando se elige el femenino.

A pesar de las dificultades apuntadas, las formas femeninas para nuestras actuales ministras se han extendido de modo casi absoluto en los medios de comunicación. También se ha preferido el femenino para designar a las nuevas ministras nombradas en julio del 2002: Ana Pastor, ministra de Sanidad, y Ana Palacio, Ministra de Asuntos Exteriores. Tenemos además dos mujeres como presidentas en el Congreso y el Senado, Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre, y ya parece que a casi nadie se le ocurre utilizar la forma presidente. Tampoco nos sorprendemos al abrir los periódicos y tropezarnos con titulares como

La presidenta de Filipinas declara el «estado de rebelión»

en la página 27 de Internacional en el ABC del miércoles 2.5.2001 (a continuación aparece otras seis veces el femenino presidenta referido a Gloria Macapagal de Arroyo).

También el femenino figura en el titular de El País de la misma fecha, en la página 4 de Internacional:

La presidenta filipina declara el «estado de rebelión» para controlar las protesta.

En el mismo ejemplar de este último diario encontramos más formas femeninas: la ex comisaria europea, para referirse a Emma Bonino (Internacional, 6); la eurodiputada Rosa Díez y la diputada Begoña Lasagabaster (España, 13); la ministra de Sanidad, Celia Villalobos (Sociedad, 25); la poeta Concha Méndez (La cultura, 35).

En la revista Diez minutos, el 11.5.2001 (pp. 36-39), en una entrevista a Esperanza Aguirre, firmada por Rosa Villacastín, se utiliza igualmente el femenino: «presidenta del Senado desde febrero de 1999», «¿No le gustaría llegar a presidenta del Gobierno?»; al exponer el currículo de la entrevistada, se alternan masculino y femenino: abogada, técnico de la Administración del Estado, edil de Madrid (1983), presidenta del Partido Liberal (1986).

Manuel Seco [2] afirma rotundamente en 1998:

El femenino es presidenta, no presidente, como a veces se ve: «La Presidente del Ateneo de Madrid» (invitación del Ateneo, 21.5.1974); «excelentísima señora Presidente de la nación argentina» (nota oficial argentina, reproducida en Informaciones, 9.7.1974, 4).

Advierte en 1998 el mismo autor [3] que no son aceptables «la ministro de Educación de Honduras» (ABC, 28.11.72, 33), ni «la primer ministro israelí» (Radio Nacional, 23.8.72); menos aún, «la señor ministro» (Gaceta del Norte, Supl., 4.8.1974, 12), o «la ex primer ministra» (El País. 27.8.1977, 1). Estas incongruencias gramaticales, que atentan contra las leyes de la concordancia, mezclando arbitrariamente masculino y femenino, reproducen la misma incongruencia de «Madame le Ministre», recomendado con absurda insistencia durante años por diccionarios y académicos en Francia; Marina Yaguello [4] nos recuerda que en 1981, cuando se nombró a Marguerite Yourcenar, los académicos insistieron en la necesidad del mantenimiento del genérico o funcional masculino académicien, incluso para mujeres, rechazando el especificador genérico académicienne, algo que hoy, a muchos, nos parece radicalmente absurdo. ¡Qué lejos nos parece ya aquello de «la primer ministro» para Golda Meir, Indira Gandhi o Margaret Thatcher!

El femenino la doctora es ya general; pero, en cambio, la médica convive aún con el común la médico, a pesar de la explícita recomendación de Seco [5]: «El femenino ... es médica. No tiene por qué ser médico ni mujer médico». Es, sin embargo, frecuente la alternancia, tanto en la lengua escrita como en la oral; en un mismo periódico, El País, encontramos los femeninos el día 28.4.01 («Un paciente mata a una médica en plena calle por negarle una baja... Una doctora salmantina e inspectora médica... murió ayer apuñalada» Sociedad, 29), y el masculino, («DOÑA ELENA GINEL DÍEZ MÉDICO EVALUADOR JEFE»), vestigio de la fase fálica, elegido por la Asociación Profesional de Médicos Evaluadores de la Seguridad Social, suponemos que en este caso con la mejor intención, por considerarlo más prestigioso, en la redacción de la correspondiente esquela, publicada en el citado diario el 6.5.01, Sociedad, 40.

Dentro de este mismo espacio de profesiones prestigiosas, van siendo frecuentes los femeninos para ingeniera y arquitecta. Respecto al primero, veamos ejemplos:

Isabel Pérez Grande e Irene Fernández, ingenieras aeronáuticas españolas, recibirán [...] los premios Amelia Earhart [...] en honor de la famosa piloto [6] (El País, 23.4.97).

CAYETANA GALBETE, INGENIERA EXPERTA EN JARDINERÍA
(El País, 13.4.99, Madrid, 24).

GUILLERMINA
FRANCO
PIGUEIRAS
INGENIERA AGRÓNOMO (en una esquela, El País, 29.1.01).

Una ingeniera agrónoma ocupa la presidencia de la organización [Greenpeace] (El País, 13.2.01, Sociedad, 29).

Dolores Romano, de 35 años, ingeniera agrónoma, es desde el pasado fin de semana la nueva presidenta de Greenpeace España (El País, 14.2.01, Sociedad, 29).

Una pareja venezolana, neurólogo él e ingeniera agrónoma ella (El País, 6.4.01, última página).

Es frecuente el rechazo del femenino arquitecta con el argumento de que se trata de un término horroroso, o bien porque 'suena mal'; ¿acaso el masculino arquitecto o el femenino arquitectura, que todos admitimos sin inquietantes reparos, son palabras fonéticamente mucho más agradables? A pesar de los prejuicios nada científicos o de la sobrevaloración del masculino, hemos encontrado el femenino en una esquela (repetida dos días después, modificado el apellido paterno):

ROSA
BARRA
CASANOVAS
ARQUITECTA Y PAISAJISTA (El País, 15.2.00).

ROSA BARBA
CASANOVAS
ARQUITECTA Y PAISAJISTA (El País, 17.2.00).

Y, en el mismo diario:

La arquitecta y diseñadora de origen iraní Zaha Hadid (16.7.99, La Cultura, 34).

Margarethe Schütte-Lihotzky, arquitecta iba a cumplir 103 años el próximo 23 de enero [...] la primera arquitecta de Austria (20.1.00, Agenda, 41, en la sección Necrológicas).

35 arquitectas viajan con sus proyectos a “los espacios construidos”[...] 35 obras realizadas por mujeres arquitectas (13.4.00, La Cultura, 46).

Pero hemos encontrado también testimonios del masculino:

El heredero de Agnelli se casará con una arquitecto norteamericana (El País, 20.10.96).

ÁNGELA SOUTO ARQUITECTO Y PAISAJISTA (El País, 6.12.00).

Hace tiempo que los diccionarios recogen correctamente en entradas únicas igualitarias arquitecto, ta e ingeniero, ra; y con definiciones encabezadas por la fórmula ‘persona que’. En la última edición del diccionario académico (DRAE01) se han corregido ya los masculinos excluyentes que aparecían en ediciones anteriores en arquitecto técnico y en aparejador.

 

«¿Y 'obispa' o 'torera'? ¿A ti no te dan risa?»

En un trabajo publicado en 1992, Fernando Lázaro Carreter [7] se preguntaba, sumido en la incertidumbre, cómo deberíamos denominar a las mujeres admitidas por la Iglesia anglicana al sacramento del orden sacerdotal; entre la extrañeza y la ironía, tras recordar que sí tenemos diaconisas -término admitido por los lexicógrafos- y con la convencional evocación de la papisa Juana, dudaba el académico entre sacerdotisa, el o la sacerdote, sacerdotesa o acaso sacerdota,

que ya he visto impresa en algún periódico, no sé si en broma o en serio, y que es opción al alcance de indocumentados. [...] Y sacerdota no puedo escribirla sin que el ordenador me lance timbrazos de alarma. Es palabra sencillamente horrorosa, y la razón estética suele ir aliada con la razón lingüística.

Son muchísimas las personas que, todavía hoy, se desconciertan y sorprenden -también parece que la situación aludida pueda provocarles risa o, en otros casos, verdadera ira- ante el hecho de que las mujeres ocupen cargos o se dediquen a actividades tradicionalmente reservadas a los varones.

El diccionario académico, hasta 1992, definía de manera escandalosamente desigual el masculino y el femenino, y en entradas independientes:

sacerdote. m. Hombre dedicado y consagrado a hacer sacrificios. | 2. En la Iglesia católica, hombre consagrado a Dios, ungido y ordenado para celebrar y ofrecer el sacrificio de la misa.

sacerdotisa. f. Mujer dedicada a ofrecer sacrificios a ciertas deidades gentílicas y cuidar de sus templos.

La última edición del DRAE (2001) ha rectificado, y allí encontramos (s/v sacerdote) una segunda acepción (la 1ª se refiere, naturalmente en masculino, exclusivamente a sacerdotes católicos), de género común, referida a ‘persona dedicada y consagrada a hacer, celebrar y ofrecer sacrificios’. Subsiste la entrada independiente sacerdotisa, pero se ha modificado notablemente su definición:

sacerdotisa. f. Mujer que ejerce el sacerdocio.

No aparece la entrada sacerdota en los diccionarios académicos, pero tampoco en otros muchos.

No podemos seguir ignorando la realidad de que existen mujeres con esta función, ni tampoco debemos olvidar que hoy podemos elegir la solución ignorada por muchos, como la ha elegido un varón, pensando en su hija y en su nieta, en el siguiente texto, en el que sacerdota no se utiliza, por supuesto, en broma:

El Vaticano ha decretado la prohibición definitiva por “ahora y siempre”, repito “para siempre”, para que las mujeres no puedan ser sacerdotas católicas.

Con 2.000 años de historia, ningún Papa se había atrevido a matar “la Esperanza” que [sic] la Iglesia Católica pudiera algún día dar luz verde, porque mi hija Julia y mi nieta Mia [...] pudiesen ser sacerdotas católicas. Este “para siempre” me hiere y desorienta mi sensibilidad; y no me extraña que me haya de esforzar en reprimir mis instintos para no calificar dicha decisión de machista y racista. [...]

Este “para siempre” no te deja entender que siendo tan pocas las vocaciones para el sacerdocio se desprecie la mitad de los efectivos católicos para poder escoger personas humanas (sacerdotas) suficientes, para atender parroquias necesitadas de enseñanzas y prácticas religiosas, a todos los niveles. (Miquel Noguer i Auladell. Bescanó, Girona, en Cartas al director, El País, 4.1.96).

Una voz de prestigio, la de Juan José Tamayo-Acosta, director de la cátedra de Teología y Ciencias de la Religión en la Universidad Carlos III de Madrid, ha publicado en El País (miércoles, 10.7.02, Opinión, 14) un documentado informe sobre el asunto de la ausencia de las mujeres sacerdotes en la Iglesia católica. Lleva el título «Cuando las mujeres eran sacerdotes», el mismo título de un libro de Karen Jo Torjesen, catedrática de Estudios sobre la Mujer y la Religión en Claremont Graduate School. Utiliza Tamayo-Acosta el término de género común, sacerdote, pero también la aposición mujeres sacerdotes, y los femeninos obispa, presbytera y diaconisa (obispo y presbítero siguen apareciendo exclusivamente en masculino en el DRAE01).

En el mundo actual algunas mujeres han llegado a ocupar cargos superiores dentro de las iglesias que las aceptan. Veamos algunos ejemplos. El lunes 6 de octubre de 1997 encontramos en El País la noticia, procedente de Estocolmo, de que una mujer había sido ordenada obispo en Suecia:

Christina Odenberg se convirtió ayer en la primera mujer ordenada obispo por la Iglesia luterana de Suecia [...], en presencia de varios miembros del gobierno sueco y dignatarios eclesiásticos, entre ellas [sic] la norteamericana Barbara Harris, que fue la primera mujer que llegó a ser obispo en la Iglesia episcopal de Estados Unidos.

A comienzos del año 1998, surgió en Austria la noticia de la presentación de una mujer, Gertraud Knoll, obispo protestante, a las elecciones para la presidencia del gobierno, noticia de la que nos informaba Julieta Rudich desde Viena en El País el sábado 28 de febrero de 1998 (Internacional, 8):

Gertraud Knoll, de 39 años, está dispuesta a emprender la campaña electoral con el menor de sus hijos, Levi, de cinco meses, en brazos [...]. La obispo protestante, candidata independiente, no sólo encuentra apoyo entre quienes carecen de partido predilecto, sino también, individualmente, entre miembros de todos los partidos con la excepción del liberal derechista Joerg Haider [...]. El protagonismo de la pastora podría contribuir a la popularidad de los protestantes.

En el DEA99 [8] sus autores recogen dos citas (la obispa, la primera obispo), igualmente procedentes de periódicos:

Jerarcas anglicanos rechazan la ordenación de la obispa Barbara Harris (Ya 27.3.89, 1).

Una pastora progresista y feminista es la primera obispo de la Iglesia protestante alemana (País 7.4.92, 60).

El 2 de febrero de 1999 encontramos la siguiente noticia:

Siri Sunde, una sacerdotisa de la Iglesia luterana en Noruega, a quien se suspendió de su ministerio en 1997, cuando contrajo matrimonio con otra mujer, podrá seguir ejerciendo sus labores sacerdotales, según decidió ayer la obispa Rosemarie Koehn, su superiora, para quien “no había motivo teológico alguno” para que Sunde no pueda ser sacerdotisa por el mero hecho de ser lesbiana (El País, 2.2.99, Agenda, 41).

Las sacristanas actuales, que ejercen por sí mismas trabajos mal remunerados que antes se reservaban a los varones, han dejado anticuados los diccionarios que las definen como esposas de los sacristanes. El DRAE01 sigue sin fundir en única entrada igualitaria los términos sacristán y sacristana; las definiciones del femenino sacristana, que tampoco han rectificado todavía, siguen siendo inadecuadas para la realidad actual (la 1ª, ‘mujer del sacristán’; la 2ª, ‘religiosa destinada en su convento a cuidar de las cosas de la sacristía y dar lo necesario para el servicio de la iglesia’.

Los diccionarios que he consultado ignoran también a las costaleras, pues recogen este término exclusivamente en masculino. En Madrid directo, programa de tarde de Telemadrid, el lunes 7 de agosto del 2000, hacia las 19.30, entrevistaban a dos costaleras de la procesión de San Cayetano; en efecto, poco después salía la procesión, y ahí estaban las dos jóvenes portando las andas, junto con sus compañeros varones. La locutora aseguró que también había mujeres en esta actividad en Córdoba. Más reciente es la noticia de la incorporación de las mujeres a las procesiones de la hermandad sevillana de la Macarena como nazarenas, vistiendo la túnica y el capirote. Los sectores más conservadores se indignan ante la presencia de estas mujeres en funciones en las que reivindican su derecho a la igualdad; Carmina Ordóñez ha declarado, cuando le han pedido su opinión sobre estas novedades, que ‘ella no está dispuesta a tolerar que las cosas cambien, que dejen de ser como han sido siempre’.

Es curioso que en un espacio aparentemente tan machista como el de «la fiesta nacional», la presencia de las mujeres como ganaderas, novilleras o toreras sea bastante frecuente a lo largo de la historia. En las últimas ediciones del diccionario académico, 1992 y 2001, encontramos perfectamente registrados los términos novillero, novillera y torero, torera, con la doble moción de género y con la más adecuada definición igualitaria: 'Persona que lidia novillos', 'Persona que acostumbra torear en las plazas'. Paradojas de nuestros diccionarios... Mucho nos sorprende tratamiento tan correcto, pues son todavía muchos los casos en que los lexicógrafos cometen pecado de sexismo, redactando para los nombres de seres animados entradas diferentes, omitiendo el femenino, o bien utilizando, en lugar de 'persona que' el excluyente masculino 'el que' en las definiciones.

La más famosa novillera de los últimos años, Cristina Sánchez, tomó la alternativa en Nimes el 25 de mayo de 1996. A lo largo de su carrera, hasta octubre de 1999, en que se produjo su retirada, pedía siempre a los periodistas que la llamaran torero, la torero, pues a ella no le gustaba nada lo de torera; suponemos que en sus preferencias algo tendría que ver el hecho de que el femenino torera posea también el significado de ‘mujer liviana’, recogido, por ejemplo, en el DEA99, acepción 7, como coloquial. En realidad, muchos reporteros han ignorado sus preferencias, utilizando el femenino muchas veces: la torera madrileña (El País, 2.6.96, 20), la torera... la diestra Cristina Sánchez (¡Hola!, 31.7.97), Cristina Sánchez, la última señorita torera de la historia (Francisco Umbral, El Mundo, 15.10.99), la ex torera Cristina Sánchez está ya en la recta final de su embarazo (Lecturas, 1.12.2000, 34).

 

Notas:

[1] Álvaro García Meseguer, ¿Es sexista la lengua española?, Paidós, Barcelona, 1994, 50-51. Reimpresión, 1996.

[2] Manuel Seco, Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, Espasa Calpe, Madrid, 1998, 354. [DDDLE]

[3] DDDLE98, 297.

[4] Marina Yaguello, «Madame la Ministre», Petits faits de langue, Éditions du Seuil, 1998, 120.

[5] DDDLE98, 291.

[6] El DDDLE98 considera que el fem. de piloto es invariable, y aporta la cita «Esta precoz piloto» (País, 5.6.1996, 33). Tengo registrado un curioso copilota en el mismo diario (4.4.00, AGENDA/ 55), bajo una simpática foto de EFE: La campeona del mundo de salto de longitud, Niurka Montalvo, corrió ayer por el circuito de Montmeló como copilota de Carlos Sainz.

[7] Fernando Lázaro Carreter, El dardo en la palabra, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, 612.

[8] Seco, Andrés y Ramos, Diccionario del español actual, Aguilar, Madrid, 1999. [DEA]

Versión revisada julio del 2002

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26/08/2002

© Soledad de Andrés Castellanos 2002


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