El cajetín de la Lengua    


Nuestra particular Babel (publicitaria)

Justina Sánchez Prieto
justi@mercamicro.es

 

Cuando apareció en Madrid el primer periódico, en 1758, éste anunciaba en sus pocas páginas el traje que crece según crece el individuo: tan curiosa prenda la ofrecía la Real Fábrica de Medias de la Puerta del Sol. Y es que la publicidad siempre ha sido noticia y ha buscado su sitio entre nosotros: en las tablillas, en los pregones de ciego y hasta en los pliegos de cordel, en la prensa y los espectáculos, y, hoy más que nunca, en el cine y la televisión. Ahora incluso en el ordenador, ¡y cómo!. La publicidad ya está en casa. Y todos sabemos que el tenso ritmo de vida urbana apenas permite salir de compras “a ver qué hay”...

Así que las empresas publican sus propios catálogos publicitarios, se esmeran en presentar de forma atractiva sus productos y se afanan por hacerlos llegar a los consumidores (¿sabían ustedes que pueden comprar por catálogo esperma para inseminar a sus vacas o a sus yeguas?). Los que inundan periódicamente nuestros buzones suelen ofrecer productos de la vida cotidiana: ropa, discos, pequeños electrodomésticos, alimentos, papel higiénico... Todos somos sus potenciales clientes y, sin embargo, están plagados de palabras que no siempre podemos entender y que casi nunca encontraremos en los diccionarios al uso: extranjerismos (lambswool `lana de cordero´), tecnicismos (pseudo)científicos (multisíncrono), neologismos (estares `distintos ambientes en cuartos de estar´)... y hasta puras invenciones (ziritione, seguramente). Llegan despacio, pero sin pausa, y muchas se quedan. Llevamos años encontrándolas en nuestra publicidad; nos son, sin saberlo, familiares. A fuerza de verlas, han dejado de causarnos extrañeza: miramos la foto y aceptamos resignados lo que nos ponen debajo (o al lado). Menos mal que está la imagen para ayudarnos. ¿Puede el lector “visualizar” mentalmente el color rosa valencia?, ¿y el gris antracita vigoré?, ¿el sapelly, el stone, el fantasía...? Seguro que de alguno de esos exóticos colores posee ya cotidianas prendas...

¿Sabe usted realmente, sufrida ama de casa, la diferencia entre los bóxer, los slips y los calzoncillos que compra para sus hijos? ¿Podríamos, sin la foto o el dibujo, estar seguros del tipo de cuello que luce la prenda que buscamos: cuello barco, cisne, camisero, de pico, de tortuga, vagabundo, palabra de honor (este es mi favorito para la noche), drapeado, mao, a la caja...? ¿Podremos, aun después de haber adquirido los productos, explicar la diferencia entre un blister de disquetes, un pack de cintas audio, un bloc de 3 (tres) cajones de mimbre, un set ordenación antipolilla y un kit completo acuario? Si no ve usted detenidamente el catálogo, ¿comprenderá la magnitud de la oferta que, tuteándole, se le anuncia a todo color?: Ahora, al comprar un pack de Gran Lanjarón, participarás en el sorteo de 28 kits completos de aventura Kipling. Y para otros “grupos de cosas” aún nos quedan lote, conjunto, colección, batería, sistema, serie, equipo, juego, surtido...

Mi vecino, que es buen amo de su casa y una excelente persona, me aconseja que compre los espárragos en bote, la mermelada en tarro y el paté en tarrina, pero yo casi nunca puedo sustraerme a las ofertas del foie gras en lata y las salsas en frasco. Nos llevamos bien, y creo que nuestra relación es prometedora, pero ya estoy segura de que no puede ser perfecta, porque cuando le he dicho que me he comprado esta mañana una funda sintética para el sofacito del salón, me ha preguntado con toda naturalidad si era de poliamida, poliuretano, poliestireno, polipropileno, polinósica o poliestileno (creo que es adicto a los catálogos de bricolaje). Bien pensado, a lo mejor incluso le aprecio más por eso: oyéndole hablar y viéndole comprar no puedo evitar una intensa sensación de aventura y misterio... Ha llenado su salón de recias estanterías alistonadas y adecentado su pasillo con papel pintado espumante; siempre utiliza detergente con micropartículas, pero de ecopack, para lavar su ropa y está decidido a ahorrar para comprarse un colchón flockado. Y estoy segura de que es un hombre limpio y cuidadoso, porque se declara muy feliz con su horno con autolimpieza catalítica y se ha comprado un pongotodo para aparcar en algún lugar discreto el subwoofer para graves, que se le estropeó el domingo pasado, junto a un calientapiés que dice que ya no necesita. Pero es que además es campechano y sensible, porque desayuna con Galletas Mª como yo y sabe tener en cuenta que el recambio de la fregona sea de algodón nº 3, lo que siempre es un detalle. Y si..., bueno, si..., ¡ejem!..., seguro que será un buen padre: ya sabe que el bebé es el rey de la casa y se sienta en trona; el otro día estuvimos viendo y comparando catálogos y casi dejamos decididos los bodies de primera puesta, unos coquetos cubretodos, el marsupio, varias ranitas de colores y la gandulita... No me atrevo a pedirle más a un vecino.

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GLOSARIO MÍNIMO: blister: hace referencia al tipo de empaquetado (envasado al vacío); pack: contiene varias unidades de un mismo producto, empaquetadas conjuntamente (por ejemplo, tres latas de atún); bloc: alude a varias cosas que forman, en conjunto, un bloque; suelen ser apilables; set: juego de cosas que tienen la misma función, pero difieren en tamaño, color o forma (bolígrafos, por ej.); kit: equipo de cosas o herramientas que coadyuvan a un mismo fin (cantimplora, plato, cubiertos y vaso para llevar de excursión, por ej.); colchón flockado: colchón hinchable, de textura aterciopelada; subwoofer para graves: altavoz de (sonidos) graves.

 

  6/03/2003

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© Justina Sánchez Prieto 2003

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