El cajetín de la Lengua    

Cánnabis, cannabis

Dr. José Antonio Díaz Rojo
Investigador Titular, CSIC
Valencia (España)

 

La reciente legalización del cánnabis como medicamento en Holanda ha reabierto el debate médico y social sobre el uso terapéutico de la planta. Los medios de comunicación difunden noticias, artículos y opiniones sobre el tema que exigen el uso correcto de una terminología que presenta algunos problemas lingüísticos. El término cánnabis -con sus variantes cannabis, cánabis y canabis- es un nuevo anglolatinismo del español general que se emplea para designar a la variedad de la planta herbácea de la que se obtiene la marihuana y el hachís. La palabra, que está desplazando al término tradicional cáñamo índico -también llamado cáñamo indiano y cáñamo indio-, se ha incorporado a nuestra lengua a través del inglés, y corresponde a la denominación científica latina de la planta, Cannabis sativa. Dos cuestiones surgen ante este hecho: 1) ¿Está justificado el empleo de este nuevo término?; y 2) En caso de que se considere necesario, ¿cuál es la forma más correcta? Para responder a estas cuestiones, es preciso tener en cuenta algunas consideraciones previas.

La planta Cannabis sativa indica es solo una de las tres subespecies del cáñamo. Las otras dos son las variedades Cannabis sativa sativa y Cannabis sativa rudelaris, esta última de menor importancia. Cada una de ellas posee características botánicas, condiciones de cultivo propias y aplicaciones diferentes. Cannabis sativa sativa es una variedad de la que se emplea la pulpa y la fibra para la obtención de papel, fibra textil y otros productos industriales, además de utilizar sus semillas -los llamados cañamones- para usos alimentarios. Cannabis sativa indica es la variedad cuyas flores se emplean para elaborar marihuana y hachís, ya que son ricas en el llamado THC (tetrahidrocannabinol), que posee efectos hipnóticos y sedantes, por lo que también se emplea como recurso terapéutico.

Estas dos subespecies reciben nombres populares diferentes. La variedad textil e industrial posee las denominaciones de cáñamo común -por ser la más corriente entre nosotros desde hace siglos-, cáñamo agrario, cáñamo industrial y cáñamo textil -por sus aplicaciones. Como ya indicamos, la variedad empleada como droga recibe los nombres de cánnabis -con las variantes señaladas-, así como cáñamo índico, cáñamo indiano o cáñamo indio -por su origen geográfico- y cáñamo medicinal-psicoactivo y cáñamo para fines lúdicos o recreativos -por sus aplicaciones como droga y como recurso terapéutico-. El problema puede surgir si empleamos el término genérico cáñamo para designar específicamente a cada una de las dos variedades, ya que es posible que se produzca una ambigüedad semántica que induzca a malentendidos. Puede incluso que se haga un uso deliberadamente confuso de la terminología, con objeto de tergiversar y manipular el mensaje, como veremos en el siguiente ejemplo.

Se trata de una polémica entre una periodista del Diario de Ibiza y una empresa de productos cosméticos y alimenticios, originada por la terminología sobre las distintas variedades de cáñamo. La empresa anuncia el lanzamiento de cerveza y golosinas elaboradas con «las hermosas y aromáticas flores y hojas de las puntas de las variedades de la planta del Cannabis sativa, de bajo contenido de THC, autorizadas y subvencionadas por la Comunidad Europea», según sus propias palabras1. La periodista publica un artículo titulado «Las posibilidades del cáñamo» con una entradilla donde se lee: «Cannabis. Una empresa comercializará en bares y tiendas diversos productos, entre ellos golosinas y cerveza, realizados con plantas de cáñamo recolectadas en Alemania». En el texto se afirma que los productos están «elaborados con plantas de cánnabis» y, en otro lugar, con «plantas de cáñamo o marihuana». El artículo recoge también las declaraciones del responsable de la empresa, que aclara que los productos están elaborados con «cáñamo industrial», al que también llama «cáñamo agrario». Por su parte, la autora afirma: «En España también existen cultivos de marihuana agrícola» y, reproduciendo palabras del propietario de la empresa, señala que «las leyes permiten el uso del cáñamo industrial siempre que su meta comercial no sea el empleo como droga de abuso».

Obsérvese que la autora, para referirse a la planta de la que se han extraído los productos comercializados por la empresa, emplea, además del término genérico cáñamo, las palabras cannabis y marihuana, utilizadas habitualmente para la planta destinada a su uso como droga; de forma claramente confusa emplea también el compuesto marihuana agrícola, mezclando las dos aplicaciones del cáñamo, como estupefaciente y como materia prima para productos industriales. Sin embargo, cuando recoge las declaraciones del propietario, emplea los términos cáñamo agrario y cáñamo industrial. Ante esto, la empresa aclara en su página electrónica que la redactora del Diario de Ibiza «intenta manipular la opinión pública», pues «confunde intencionalmente (ya que se le aclaró la diferencia) el cáñamo industrial, o de fibra, con la marijuana, [...] con alto contenido de THC».

Teniendo en cuenta, pues, que existen dos subespecies de cáñamo con fines bastante dispares, parece necesario que cada variedad mantenga denominaciones particulares, por lo que la planta empleada como droga, así como la variedad industrial, habrá de recibir su denominación clara y precisa. La denominación cáñamo índico era la más común hasta hace pocos años, pero está cayendo en desuso, al ser sustituida por cánnabis, como ya señalamos. Este término aparece también en los textos con las variantes ortográficas cannabis, sin acento, así como canabis o cánabis, con simplificación de la n doble. Esta reducción consonántica no es necesaria, pues el grupo -nn- es propio del español. El término cánnabis es un latinismo que está perfectamente integrado en español, no solo desde el punto de vista funcional o de uso, sino también formalmente, ya que se ajusta al sistema fonético, ortográfico y morfológico de la lengua. La doble nn latina pasa a ñ en español en las voces evolucionadas (annus > año, pinna piña), mientras que en los cultismos se suele conservar, y en pocas ocasiones se simplifica.

Existen cultismos y voces patrimoniales derivadas formadas con los prefijos in- (innato, innecesario, innegable, innoble, innovación, innatural, innominado, innumerable, innombrable), en- (ennoblecer, ennegrecer), con- (connatural, connotación, connubio, connivencia, connovicio, connombrar), sin- (sinnúmero) y circun- (circunnavegación), en las que la n doble no se ha reducido. Son pocos los casos en que la simplificación se ha llevado a cabo, como en inocuidad (< latín innocuitas), conexo (< latín connexus) y conexión (< connexio). Además de las anteriores palabras formadas por prefijación, existen otros términos científicos en que se conserva la nn, tales como pinna ‘folíolo’, pinnado, pinnípedo, perenne, perennigélido, perennifolia, gunnerácea ‘familia de plantas’, estannífera, linneano, annado ‘nacido antes’, cannácea ‘familia de plantas’, etc., además de gentilicios como giennesense (de Jaén) -también se admiten jienense y jiennense- y hannoveriano (de Hannover), y el epónimo annamita ´relativo a Annam’.

En cuanto a la acentuación, el término cánnabis debe llevar tilde en la primera a, pues es una palabra esdrújula, ya que procede del latín cannabis, con la penúltima sílaba breve. En dicha lengua, se pronuncian como esdrújulas las palabras que poseen la segunda sílaba breve. En latín era una palabra de género femenino, de ahí que en los compuestos concuerde con adjetivos de este mismo género, como cannabis sativa ‘cultivada’, y no *cannabis sativo. Dado que el término ha entrado modernamente en la lengua general a través del inglés -lengua en la que, como es sabido, los sustantivos carecen de género-, en español ha adquirido género masculino, entre otras razones porque se ha asimilado al género masculino del sinómino cáñamo. Esta voz patrimonial evolucionada procede de la variante latina cannabum, y que ha dado origen a otras palabras, como cañamazo, cañamero, cañamiza o cañamón.

En resumen, al referirnos al cáñamo, debe quedar claro, por tanto, a qué variedad de la planta nos estamos refiriendo: a la subespecie Cannabis sativa sativa, que es el cáñamo con fines industriales (que podemos llamar cáñamo común, cáñamo industrial, cáñamo agrario o cáñamo textil) y alimentarios (cáñamo comestible); o, por el contrario, a la variedad Cannabis sativa indica, que, para fines terapéuticos, podemos seguir llamando con el nombre tradicional, cáñamo índico, si bien, dado que esta denominación está cayendo en desuso, es también aceptable llamarla cánnabis -con tilde y n doble-, como suele hacerse actualmente. Para referirnos a la droga, emplearemos, además del nombre genérico cánnabis, los términos habituales para los derivados, marihuana y hachís. La palabra cáñamo se reservaría para denominar a la planta en su sentido más genérico, en aquellos contextos en que hablemos de la especie en general, sin especificar variedades ni aplicaciones.2

 

Notas:

[1] Dupetit [en línea]. Dupetit Natural Products http://info.uibk.ac.at/info/oecd-macroth/es [Consulta: 25 mayo 2003].

[2] Quisiera expresar mi agradecimiento a Margarita Cantarero, Titulada Superior Especializada del Instituto de Lengua Española (CSIC, Madrid), a Alfonso de la Figuera, presidente de la Sociedad de Estudios del Cáñamo de Aragón (SECA, Zaragoza), a Gaspar Fraga, director de la revista Cáñamo, y a Fernando Lara, profesor del Colegio de México, por sus oportunas aclaraciones a mis preguntas.

4/09/2003

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© José Antonio Díaz Rojo 2003

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