El cajetín de la Lengua


CAÑÓNING


Dra. Ana María Vigara Tauste

Televisión Española, Primera cadena, Telediario (tercera edición), madrugada del 28 de julio de 1999. El locutor lo define (ya en la anticipación de los titulares que serán noticia en la sección de deportes, y luego otra vez en su desarrollo) como uno de esos nuevos deportes de alto riesgo que se han puesto de moda últimamente. El cañóning ha provocado, en un desgraciado accidente en Interlaken (Suiza), al menos 18 muertos.

¿Y eso qué es y cómo ha podido provocar tantos muertos de una sola tacada?, nos preguntamos los tres adultos que resistíamos a esas horas frente al televisor. Cañóning, de cañón, 'paso estrecho o garganta profunda entre dos altas montañas, por donde suelen correr los ríos' (DRAE, 1992, s. v., acepción 11), como puénting de puente: parece claro. Deducido mediante etimología («el expediente que a posteriori le abrimos al milagro»[1]) el posible significado de la palabreja, las preguntas eran ahora dos: ¿estaba ya «acuñado» por el uso periodístico el término y nosotros lo ignorábamos o estábamos asistiendo a su acuñación en español?; ¿en qué consiste exactamente ese «nuevo deporte de alto riesgo»?

Con espectaculares imágenes del rescate de los cadáveres con helicópteros, se nos explicaba en el telediario que el nuevo deporte consistía en combinar la bajada del río con la escalada (y se supone que también el descenso) de las paredes de las montañas que lo «encañonaban» (estrechísimamente, por cierto).

Nos acostamos pensando que seguramente el deporte consistía simplemente en bajar el río en canoa, porque en el desarrollo de la noticia (que no hacía el locutor en directo) no se volvía a explicar que el deporte fuera «combinado» y se habló, en cambio, de canóining, de donde dedujimos que se leía erróneamente canoing (de canoa, como puénting de puente), y quizá se había encontrado en las informaciones de agencias la palabra canyon (geog. 'cañón'), de la que podía haber surgido ese cañóning inicial; por otra parte, los testimonios de los habitantes de Interlaken lamentaban que los accidentados no hubieran tenido en cuenta las previsiones meteorológicas... O sea —seguimos deduciendo—, seguramente se trataba de lo que ya se conoce como ráfting (descenso en balsa por ríos de corrientes rápidas), pero por espacios muy reducidos (tanto, que parecía imposible que ni canoa ni ningún otro artilugio flotante pudiera bajar por ellos sin estrellarse) y, en consecuencia, muy peligrosos. Acababan de emitir en la misma cadena —curiosa casualidad, pensé— Río salvaje, una película interpretada por Meryl Streep que se centraba precisamente en esta actividad en un gran río estadounidense.

Nos hemos desayunado oyendo hablar en la radio de barranquismo ('descenso de barrancos, despeñaderos, precipicios') y ha sido inevitable la duda: ¿ráfting (descenso de ríos) especial o barranquismo especial? Si se trata de una modalidad particular de cualquiera de estos dos deportes, quizá podría incluso justificarse la existencia de un término distinto con que designarla... He llamado a mi amigo Roger Díaz a la redacción del periódico en que trabaja (sección deportes): me confirma que se está hablando de «barranquismo» para designar la actividad, pero que se trata efectivamente de un deporte en que se combina el descenso por un río con la escalada por gargantas y desfiladeros...

El accidente es una de esas noticias dignas de considerarse importantes en estas fechas (una «serpiente de verano», probablemente) y aparece tratado hoy en todos los periódicos, en los noticiarios y las tertulias radiofónicas, en los telediarios... Al parecer, lo peculiar de la actividad consiste en descender a pie por el cauce de un río y escalar (y descolgarse por) sus despeñaderos. Lógicamente, para poder hacer el recorrido a pie, el cauce debe llevar poca agua y debe ser bien conocido por los guías. En esta ocasión, una fuerte tormenta repentina (pero prevista, según los testimonios) provocó una crecida desmesurada del río y los 44 participantes en la expedición fueron arrastrados por las aguas...

Ni simplemente «descenso de ríos» ni sólo «escalada (y descenso) de barrancos»; ni «ráfting» ni propiamente «barranquismo»: cañóning, pues. O cáñoning, como se dice en el informativo de Canal+, trasladando a esdrújula española la pronunciación del deporte que la empresa organizadora de estas actividades en Suiza anuncia, junto al rafting, en sus vehículos: canyoning.

Como quiera que la pronunciemos, parece que ya tenemos aquí una nueva palabreja acabada en -ing, a la manera anglicista del gerundio «nominal». Perfectamente instalados ya en nuestra lengua están desde hace tiempo, aunque sin reconocimiento académico, términos como cámping y el cinematográfico cásting, difícilmente sustituibles a estas alturas por otros términos patrimoniales. Y siguen llegando vocablos, unos con más posibilidades de éxito (aunque sea efímero) que otros: catering (servicios de alimentación), dopping (drogar o drogarse para obtener un mejor o mayor rendimiento físico)[2], zapping (cambiar de canal; ha dado lugar al verbo zapear, de apariencia más «española»), piercing (perforar —agujerear— el cuerpo en los lugares más diversos para colgarse pendientes, anillos y otros artilugios), webbing (consejos para «navegar» por las diversas páginas web de interés que pueden encontrarse en Internet), auto-vénding (compañías de máquinas expendedoras, de autoservicio)...

Y la desinencia extranjerizante parece haberse instalado en nuestra lengua para designar actividades físicas y deportivas «no federadas», ámbito en el que se muestra especialmente productiva. Además del ya mencionado cámping, el uso aceptó enseguida footing /fúting/ ('caminar, correr') y puénting ('dejarse caer desde un puente, atado, al vacío'), El footing era también jogging (sinónimos en inglés: 'caminar, correr'); y fueron llegando rafting ('descenso de ríos en balsa salvavidas'), trekking ('pasear, darse caminatas'), stretching ('hacer estiramientos musculares'), karting (actividad de ocio que consiste en pilotar karts, pequeños «automóviles» que se asemejan a los de competición); pressing-catch (modalidad de lucha en que los contendientes, mutuamente agarrados, pugnan por derribar al contrario), kick-boxing (modalidad de boxeo en que es lícito luchar también con las piernas), parascénding (ascenso y vuelo en paracaídas sujeto mediante cuerda o cable a una lancha)... La terminación -ing parece, de hecho, tan productiva en español, que ya no sólo la usamos en anglicismos mejor o peor adoptados/adaptados, sino que se aplica también a términos patrimoniales como «puente» (puénting), «cañón» (cañóning), «paracaídas+ascender» (parascending: curiosa —y de paradójico aspecto— palabra-maleta), «vender» (auto-vénding) y «sillón», en el popular e irónico sillóning (también llamado sillón-ball), que es, dicen muchos, el «deporte» favorito de los españoles: ver, tranquilamente sentado/tumbado, el deporte en televisión. Y hasta se pone la terminación a veces, innecesariamente, a sustantivos del inglés que designan ya, por sí mismos, deporte: súrfing (<sust. surf).

Frente a lo que ocurre en inglés, en que el verbo jog significa 'correr (run)' y jogging es el sustantivo derivado correspondiente a la actividad, en español no podemos utilizar la raíz extranjera del sustantivo adoptado para referirnos a la realización de la actividad. Es decir, poder sí podemos, pero no lo hacemos; de hecho, sentimos como necesario un verbo explícito: hacer o practicar. De modo que decimos /fúting/, pero no /futear/ ni /futinear/ ni nada parecido, sino hacer o practicar o incluso irse de cámping/footing/puénting/ráfting/trékking...

Ninguno de estos términos aparecen recogidos en el último diccionario académico. Todos presentan una terminación consonántica no propia del español y son fácilmente identificables como extranjerismos (anglicismos). En carteles oficiales y letreros variados, nada los identifica ni como extranjerismos ni como términos propiamente "españoles". Los medios de comunicación, sin embargo, suelen escribirlos como si de hecho se tratara de extranjerismos: en cursiva y sin tilde. Algunos, sin embargo, no lo son propiamente, puesto que surgen, como hemos visto, sobre la raíz de términos de nuestro idioma: puénting <puente, cañóning <cañón, parascénding <ascender en paracaídas, sillóning <sillón, volquéting («Lo mío es el volquéting»: documentado en lengua coloquial —conductor de un camión con volquete— hace unos tres años). Unos son más fácilmente «españolizables» que otros, según su pronunciación y su grafía: ráfting, si recibe el correspondiente acento de palabra llana, se escribe como lo pronunciamos, de acuerdo con las reglas del español; jógging, en cambio, aunque reciba el acento, no lo pronunciamos con /j/ inicial ni con doble ge; a footing (el más usado y conocido; probablemente también uno de los primeros llegados) ni siquiera podemos acentuarlo a la española... (la alternancia de los acentos a lo largo de este trabajo no ha sido ni casual ni arbitraria). Y casi todos nos parecen, hoy por hoy, difícilmente sustituibles...

Cierto que, en lugar del sustantivo footing o jogging podríamos utilizar simplemente el infinitivo «nominal» correr, y en la lengua coloquial la actividad se describe con frecuencia como «correr por correr». Pero la verdad es que, para ser precisos en las designaciones, no tenemos en español o no hemos habilitado «tecnicismos deportivos» tan sintéticos como los adoptados del inglés. Yo puedo «correr» hasta mi casa en busca de algo necesario que he olvidado, pero correr con esa finalidad no es hacer footing; como trékking no es un paseo cualquiera y «tirarse al vacío por un puente» no es hacer puénting, ni siquiera si uno se tira atado de los tobillos, si tal cosa se hace para salvar, por ejemplo, a un niño que corre peligro abajo... En español tenemos el sufijo verbal -ear, que, añadido a la raíz del sustantivo implicado en la descripción de cada actividad, podría cumplir en algunos casos la misma función que -ing: «lanzarse por un puente», puentear; «descender por corrientes de aguas bravas», corrientear [?]... Tenemos también el sufijo nominal abstracto -ismo, que, como ha servido para barranquismo, podría servir, por ejemplo, para puentismo, pero justo es reconocer que los hablantes no tienden espontáneamente a asociar la terminación -ismo con el deporte... Y ni siquiera barranquismo, utilizado durante todo el día de hoy en alternancia con el cañóning inicial o en su lugar, designa con propiedad esa nueva y peligrosa actividad que se convirtió ayer en noticia: para hacer barranquismo basta con descolgarse por barrancos, de cualquier tipo; sólo si nos descolgamos por cañones con barrancos profundos que dan acceso al cauce estrecho de un río que también estamos descendiendo hacemos cañóning o cáñoning (si tras este desgraciado accidente el término, como tantos otros, se populariza en los medios de comunicación, habrá que esperar a ver en qué forma)...

Y así es como están funcionando, con todos sus problemas y al margen de ellos, en los medios de comunicación y en la lengua común, estos términos: como auténticos «tecnicismos deportivos», más difíciles de sustituir cuanto más utilizados. A los usuarios de la lengua pueden empezar sonándoles mal, pero no sólo no suelen saber qué otro término emplear en su lugar, sino que están tan acostumbrados a la especialización léxica en el terreno deportivo, que los aceptan con bastante naturalidad: los deportes no son «arriesgados», sino de riesgo; el fútbol (ing. football) tiene el friqui y los defensas entran en falta a los delanteros del equipo contrario; el tenis tiene el ace (/éis/, 'saque directo': ¿no sería más bien «saque eficaz», «punto directo»?); el golf, el green; el judo, el tatami; en baloncesto se hacen bloqueos, blocajes y pressing[3]; en ciclismo, muchas etapas las ganan los esprínter(s) al esprint; en automovilismo, todos desean la pool position...


Notas

[1] En palabras de Francisco Umbral, que glosa a Ramón Gómez de la Serna (Diccionario cheli, Grijalbo, Barcelona, 1983, pág. 11).

[2] El término dopping (antidopping), que se puso de moda en los medios de comunicación hace años durante la celebración de un Tour de Francia en el que unos cuantos ciclistas «dieron positivo» en los análisis que se les realizaron, ha sido sustituido mayoritariamente por dopaje (antidopaje), término, a su vez, de indudable sabor galicista.

[3] Véase «Pressing», uno de los «dardos» de Fernando Lázaro Carreter (1985); recogido en El dardo en la palabra, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, págs. 349-352.

Comentarios:

amvigara@eucmax.sim.ucm.es

© Ana María Vigara Tauste 1999

30/08/99


El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/canoning.html