El cajetín de la Lengua


ABREVIATURAS DOBLES (CC. OO.)


Dra. Ana María Vigara Tauste

El sindicato Comisiones Obreras, que hemos propuesto como ejemplo en el título, abrevia así su nombre: CC. OO. Además del nombre propio oficial de este sindicato, en los medios de comunicación se abrevian sistemáticamente otros sintagmas similares: Estados Unidos, Fuerzas Armadas, Juegos Olímpicos, Comunidades Autónomas, Relaciones Públicas...

Cada medio, cada rotativo, lo hace, sin embargo, a su propio modo, ignorando casi siempre la tradición gráfica de nuestra lengua, en lo que se puede interpretar como un intento de encontrar soluciones nuevas a algo que, al parecer, no les satisface: la grafía de las llamadas abreviaturas dobles:

CC. OO. (Comisiones Obreras)

EE. UU. (Estados Unidos)

FF. OO. (Fuerzas Armadas)

JJ. OO. (Juegos Olímpicos)

CC. AA. (Comunidades Autónomas)

RR. PP. (Relaciones Públicas)

...

Algunos, los menos, escriben —como el sindicato, como manda la tradición y como los expertos consideran, unánimemente, «correcto»— CC. OO., EE. UU., etc.: una abreviatura convencional de un nombre propio compuesto de dos palabras, abreviatura que, como se acepta que se haga en este tipo de abreviaciones,

a) se reduce a la inicial de cada una de las palabras (Comisiones Obreras),

b) la duplica para indicar el plural correspondiente,

c) utiliza el punto indicativo de abreviatura (ningún otro tipo de abreviación gráfica lo lleva) y

d) deja un espacio en blanco después de cada uno de sus componentes, como habría que dejarlo después de cada palabra si se hubieran escrito completas.

Otros, como el ABC, suelen eliminar el espacio intermedio (CC.OO., EE.UU.), aunque a veces lo respetan (CC. OO.). El País escribe sistemáticamente (y así lo refleja su Libro de estilo) CC OO, EE UU, etc. Y esta parece la opción preferida entre las «no ortodoxas», pues es también la adoptada por el recientemente creado La Razón y una de las de Diario 16, que, poco sistemático, alterna EE UU y EEUU. Ésta (sin punto ni espacio tras cada palabra abreviada) es precisamente la grafía que aparece siempre en El Mundo: EEUU (Estados Unidos), CCOO (Comisiones Obreras), CCAA (Comunidades Autónomas), etc.

Como puede verse, todas las «nuevas» abreviaciones periodísticas tienen dos cosas en común:

—se desvían del estándar convencionalmente admitido (con punto y espacio tras cada palabra abreviada);

—mantienen la duplicación de la inicial como indicativo de plural.

¿Qué es lo que molesta a los periódicos de las tradicionales abreviaturas dobles? ¿Por qué se han complicado la vida los responsables de los distintos medios proponiendo y usando alternativas que no sólo se desvían de la solución tradicionalmente aceptada, sino que además fragmentan la deseable unidad gráfica de la lengua y crean desconcierto entre sus usuarios? ¿Han pretendido acaso convertir un asunto puramente gráfico (esencialmente normativo, de ámbito social común) en «rasgo de estilo» propio?

Desde el punto de vista de un observador-estudioso preocupado por el funcionamiento de la ortografía, hay alguna respuesta que razonablemente se puede dar a estas preguntas, a modo de justificación...

La Real Academia Española, máxima autoridad reconocida por la mayoría de los usuarios del español, no ha emitido nunca hasta ahora doctrina clara al respecto. Donde no hay norma de la que reconozco como autoridad máxima —interpreta el usuario—, puedo hacer lo que mejor me parezca: FF.AA. (Fuerzas Armadas) y no FF. AA.; o FF AA, o FF.AA, o incluso FFAA. Sin embargo, hay que reconocer que, en general, nuestros periódicos —algunos más que otros, y con diferentes resultados— se preocupan por el buen uso del lenguaje y el reflejo correcto de su ortografía. Consultan con filólogos, pagan asesores lingüísticos, contratan correctores, elaboran libros normativos de estilo para sus redactores y colaboradores, se hacen eco de las andanzas y publicaciones académicas, de las opiniones y quejas que sus lectores les hacen llegar en sus cartas, se autoflagelan incluso a veces(1)... Más allá de la falta de una norma clara y contundente al respecto, la elección de escribir de uno u otro modo la abreviatura doble no pudo (no puede) ser arbitraria.

Es probable que, seguramente sin saberlo, los periódicos buscaran (busquen) una sigla doble, algo que, en principio, no existe, porque

—las siglas no llevan punto,

—no reflejan plural,

—no dejan espacio intermedio entre sus componentes,

pero que puede considerarse necesario, para hacer con Comisiones Obreras, Estados Unidos, Fuerzas Armadas, etc., lo mismo que con otros nombres propios de las mismas características como Unión General de Trabajadores (UGT) o Ejército de Tierra (ET): aprovechar las iniciales de sus distintas palabras para hacer un bloque gráfico y visual equivalente de hecho, en mayúscula, al nombre propio unitario que representan.

Y es que, en efecto, en español algunas cosas normalmente «se abrevian» (con su punto indicador de abreviatura correspondiente); otras, normalmente «se siglan» (sin punto, sin espacio intermedio). Entre las primeras se encuentran, por ejemplo, los tratamientos (cuya abreviatura lleva además, por norma, inicial mayúscula):

Uds. (ustedes)

Dr. (doctor)

SS. MM. (sus majestades);

y los nombres propios de persona, que no pueden prescindir del espacio intermedio entre las iniciales:

C. A. (Cristina Almeida)

L. P. R. (León Pato Riera).

Entre los segundos, en general, todos los nombres propios «oficiales» (sindicatos, partidos políticos, instituciones sociales, etc.): a esta categoría «semántica» pertenecen precisamente también, por derecho propio, Comisiones Obreras, Fuerzas Armadas, etc., que, sin embargo, no pueden —por duplicar la inicial, convención unánimente admitida en estos casos— «siglarse».

Tal como escriben las abreviaciones de estos nombres la mayoría de nuestros periódicos, éstas no son ni abreviaturas ni siglas; y además no contribuyen, por añadidura, a la deseable unidad ortográfica de nuestra lengua. De entre todas las variadas «siglas dobles» que no lo son, una ni siquiera respeta la convención de diferenciar las dos unidades significativas abreviadas, por lo que nos parece inadmisible: CCOO, EEUU, FFAA (la utilizada por El Mundo y por Diario 16 a veces). Las restantes, al menos, diferencian claramente dos bloques, con lo que, aunque no utilicen el procedimiento ortodoxo para hacerlo, en estos casos no inducen a confusión al lector. De todas, la del ABC (CC.OO.) es la más cercana al modelo original (CC. OO.), que a veces también aparece.

Hay que admitir, además, que periodistas y lectores de periódicos no son los únicos que sufren con estas dudas ortográficas y acaban escribiendo auténticas tonterías de difícil justificación. En los carteles de alguna facultad de Ciencias de la Información es normal encontrar la especialidad de Relaciones Públicas abreviada como R.R.P.P., lo cual parece tan disparatado y poco adecuado como RRPP, que tampoco diferencia dos unidades en el conjunto. En los carteles y señales que Renfe (o RENFE) tiene desperdigados por todo el país, es muy fácil encontrar esta otra joya:

f.f.c.c. (ferrocarril).

Obsérvese que, en este caso, ni siquiera se trata de nombre propio, ni siquiera se pretende reflejar plural (y no entramos ya en el hecho de que se trata de una sola palabra, representada nada menos que por cuatro unidades distintas).

 

-----------------

NOTA
(1) Así sucede con cierta frecuencia en El País por medio del Defensor del Lector, en su sección dominical. En la del 23 de mayo de 1999, titulada «Y ustedes, ¿de qué se quejan?» se recogía explícita y resumidamente la tendencia de sus lectores:

El bloque genérico más numeroso de quejas se centra en cuestiones gramaticales. La preocupación por el lenguaje es muy alta, y las advertencias, muy distintas.

[...]

El tercer paquete de reproches que ustedes formulan con más ahínco se llena con los errores —siempre demasiados— que el periódico comete: imperdonables faltas de ortografía, fechas equivocadas, nombres extranjeros mal escritos, datos erróneos o imprecisos, mapas confundidos y, peor aún, confundidores, algún titular inexacto sobre la guerra de Kosovo... La sección de información internacional y el suplemento cultural Babelia acaparan el mayor número de reproches en este campo.

Tras algunas lógicas justificaciones, el Defensor añade:

Pero el lector tiene derecho a exigir corrección y exactitud de la primera a la última palabra impresa en el periódico.

Hay que reconocer, no obstante, un gran mérito a El País, que por el momento no puede atribuirse —que yo sepa— a otros rotativos: con su atención por estas cuestiones y sobre todo con esta sección en que se da voz pública a los lectores, ha conseguido que sus criterios sean tenidos en cuenta y su Libro de estilo sea quizá, entre todos los publicados, el más influyente y uno de los mejor valorados por el público medio español. Un lector que se molesta en escribir, enfadado, a su periódico porque éste no le ha puesto acento a óptimo, por ejemplo, o incumple alguna norma de su propio libro de estilo, es, sin duda, un lector que ama ese periódico y está dispuesto a invertir energía, tiempo y afectividad en él, en conseguir que crezca, que mejore, que se consolide...

Comentarios:

amvigara@eucmax.sim.ucm.es

© Ana María Vigara Tauste 1999

22/07/99


El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/cc_oo.html