El cajetín de la Lengua    


Chapapote

Pablo López Medel
pablo-lm@wanadoo.es

 

Suele pasar que, leyendo las noticias de los periódicos, añadimos a nuestro vocabulario nuevos términos (generalmente de otras lenguas) sin cuestionarnos mucho de dónde vienen o cuál es su significado real. A veces, ni tan siquiera nos paramos a pensar si el nuevo término lo es o no realmente. Tal parece ser el caso de chapapote. Bien es cierto que en gran parte del norte peninsular el término ya era conocido en su acepción de ‘alquitrán’ o, por variación metonímica, de ‘asfalto’. Pero en el resto de España, "chapapote" ha sido para muchos -para casi todos- una voz nueva. No hace falta aclarar que todo se debe a su difusión en los medios de comunicación. Pocas palabras hasta ahora habían adquirido tamaño protagonismo en noticias, reportajes, editoriales, etc., como ésta, a raíz de la catástrofe del petrolero Prestige hundido incomprensiblemente en aguas gallegas. Basta si no con hojear los periódicos de un día cualquiera al azar en ese período. Esto es lo que encontramos en los del domingo 29 de diciembre del ya pasado año capicúa (2002)...

El Mundo arranca una de sus noticias bajo este titular: "Cuando el chapapote se esconde bajo la arena" (p. 14). El titular de la entrevista que publica La Voz de Galicia a Emilio Pérez Touriño, secretario general del PSOE de Galicia, reza así: "El Gobierno echa chapapote a la oposición deliberadamente" (p. 6). En El Periódico de Cataluña leemos: "Detectados otros dos regueros de chapapote en la zona del hundimiento" (p. 18). Y, por poner un último ejemplo, en La Vanguardia, Laia Pérez habla en su artículo "La ira del mar" de una playa "cubierta con una manta de chapapote" (p. 26).

Lo mismo ocurre en los respectivos suplementos. En el Dominical de El Periódico leemos en un breve: "Don chapapote de la mancha" (p. 77)1. Uno de los pies de foto de El Magazine de El Mundo dice así: "Una mujer recoge el fuel de las playas y un voluntario muestra sus guantes cubiertos del ya conocido como chapapote" (p. 27)2. En el suplemento EPS de El País, leemos en uno de sus artículos: "[...] De norte a sur, el litoral gallego se ha teñido de negro. Negro chapapote, un líquido pastoso y maloliente que se adhiere con saña, ávido de destrucción". E incluso con un tratamiento más didáctico debido a la novedad del término, Ignacio Camacho explica en Los Domingos de ABC:

"Desde finales de noviembre, los españoles se han familiarizado con una palabra poco usual: chapapote. La pasta viscosa, oscura y pestífera que forma al contacto con el agua marina el fuel vertido por el petrolero Prestige en la costa de Galicia se ha convertido en el símbolo de las dificultades encontradas por el Gobierno de José María Aznar a lo largo de un año de abundantes problemas" (p. 4).

Está claro que nos encontramos ante una de las palabras que, a raíz del accidente, más se usa en los medios de comunicación. Pero, ¿qué es realmente el chapapote y de dónde procede el término con que se designa?

Usualmente, ante una palabra nueva tendemos a buscar en su raíz otras palabras de la misma familia, a hacer un "rastreo" etimológico de su forma y de su significado. Pero en este caso lo que encontramos son términos de forma similar, pero que se alejan bastante del significado de “chapapote”. Así ocurre con voces consideradas onomatopéyicas tales como "chapa" o "chapotear"; o americanismos del tipo de "chapo" (‘persona de baja estatura’), "chapear" (‘limpiar la tierra de hierbas’) o "chape" (‘trenza de pelo’), todos ellos de etimologías distintas. Difícilmente llegaríamos así a relacionar, por ejemplo, una de las pocas palabras que comparten raíz con “chapapote”, como veremos a continuación: chicle.

"Chapapote", como no ha pasado inadvertido, es, por su aspecto fonético, una palabra que "suena" distinto. Tiene algo especial, algo exótico. Quizá esa es la razón por la que se ha tendido a pensar desde el principio que, fuera de círculos muy reducidos (como es el de los marineros), no era, hasta el desastre ecológico del Prestige, de uso común. Y lo cierto es que, echando una ojeada al pasado, uno descubre no sólo que no es así, sino las variantes del término y su curiosa evolución.

La referencia más antigua encontrada sobre este término, llamado entonces chapopotli, parece ser la del español fray Bernardino de Sahagún, el padre de la antropología americana, a mediados del siglo XVI en una compilación de doce tomos de memorias titulada Historia general de las cosas de Nueva España3, donde se explica (realzamos en negrita el término):

El chapopotli es un betún que sale de la mar, y es como pez de Castilla, que fácilmente se deshace, y el mar lo echa de sí, con las ondas, y esto ciertos y señalados días, conforme al creciente de la luna; viene ancha y gorda a manera de manta, y ándanla a coger a la orilla los que moran junto al mar. Este chapopotli es oloroso y preciado entre las mujeres, y cuando se echa en el fuego su olor se derrama lejos. Hay dos maneras de este betún, el uno es con el que se mezcla la masa o la resina olorosa, que se mete en los cañutos con que dan buen y trascendente olor (t. III, p. 72).

Se define así inicialmente el "chapopotli" como un betún ('nombre genérico de varias sustancias, compuestas de carbono e hidrógeno, que se encuentran en la naturaleza y arden con llama, humo espeso y olor peculiar': El pequeño Espasa, s. v.); y fray Bernardino de Sahagún, sin duda para hacerla más fácilmente reconocible por los receptores naturales de su texto, la compara con la "pez de [conocida en] Castilla", que es 'sustancia resinosa, sólida, que se obtiene de la destilación del alquitrán' (ibídem, s. v.), precisamente otra 'sustancia untuosa y oscura, de olor fuerte y sabor amargo, que se obtiene como residuo de la destilación de la brea y de algunas maderas'. ¿Y qué es la brea? El diccionario enciclopédico que usamos como fuente aquí nos da tres interesantes acepciones del término (ibídem, s. v.):

Substancia viscosa que se obtiene de varias coníferas. Se emplea en medicina como pectoral y antiséptico. 3. Arbusto chileno compuesto del cual se extraía resina. 4. Mezcla de brea, pez, sebo y aceite de pescado que se usa para calafatear ['cerrar las junturas para que no entre agua'] y pintar las maderas y jarcias.

La pista lexicográfica nos conduce, como puede verse, del chapopotli mexicano al genérico betún y al específico (la) pez por aproximación comparativa; a su vez, la pez se obtiene del alquitrán (por destilación); y el alquitrán se obtiene (también por destilación) de la brea, que, como el genérico betún (chapopotli), es sustancia que se encuentra en la naturaleza (éste en el mar, la brea en las coníferas) y es también "viscosa" ("resinosa", untuosa"), como lo son sus derivados (alquitrán y pez). Y son precisamente, como veremos, estas dos características, junto con una tercera (el color), el hilo conductor que nos permitirá entender qué ha ocurrido y está ocurriendo con el significado y el uso del término "chapapote".

Pero volvamos al texto de fray Bernardino de Sahagún.

Chapopotli quedaba definido como una sustancia oscura (como el betún, la pez, la brea o el alquitrán) de propiedades no sólo aromáticas, sino lenitivas. Al parecer, según explica el autor más adelante, la palabra deriva de tzictli (término del que deriva nuestro ya anunciado "chicle", otra palabra traída del Caribe): una masa que mascaban las mujeres "para quitar el reuma y limpiar los dientes" (p. 73). Así lo explica también Pancracio Celdrán:

"[Al chapapote] se le llamó chicle prieto, es decir, negro, siendo su uso más notable como limpiador o blanqueador de dientes" (p. 72).

Por su parte, el profesor Lázaro Carreter aclara en una reciente entrevista publicada en "El País" a raíz de la publicación de su libro El nuevo dardo en la palabra que, en efecto, "chapapote"

es una palabra mexicana antigua, que ya cogieron los cronistas de las Indias. Con ella nombraban algo misterioso que llegaba del mar y que tenía elementos curativos.

Pero, ¿de dónde surge el término "chapapotli"? Como aseguran los profesores Hernández y Mendoza, de la universidad de México, el término proviene del náhuatl, lengua primitiva de los aztecas, de la que hemos heredado palabras como cacao (<“cacahuatl”), cacahuete (<“tlacacahuatl”), aguacate (<“ahuacatl") o chicozapote (<“xicotzapotl"), el árbol del que se obtenía esa masa de mascar y cuya raíz nos lleva directamente al término aquí analizado.4

Parece claro que xicotzapotl viajó desde México, llegó a España a través de las costas gallegas y nuestra Academia se encargó de adaptarlo a nuestra fonética dando lugar al hoy conocido "chapapote". En su forma actual, se trata, pues, de un haitianismo que el Diccionario de la Real Academia definió por primera vez en su edición de 1884 (s. v.) como

Brea natural que se encuentra más o menos líquida en las islas de Cuba y Santo Domingo y en otros puntos del globo. Frecuentemente se la ve sobrenadar en las aguas del Atlántico intertropical".

Quince años más tarde, en 1899, el término se modificó en el diccionario académico reducido a su significado de "Asfalto más o menos espeso que se halla en las Antillas", y formaba ya parte de nuestro vocabulario; pero no precisamente en la significación actual de "asfalto", como atestiguan algunos de los ejemplos encontrados. Así ocurre con Benito Pérez Galdós. En su novela Trafalgar, publicada a finales del siglo XIX, se utiliza el término con su significación primigenia (como describen fray Bernardino de Sahagún y Pancracio Celdrán), como parte de una metáfora sobre una noche oscura en alta mar:

[...] La noche estaba más negra que un barril de chapapote (p. 24).5

Cerca de medio siglo después, para ser más exactos en 1926, sorprende encontrar la palabra con un cambio más que notable (galipote) en El curandero de su honra, del ovetense Ramón Pérez de Ayala:

[...] Mala cosa es una sangría de los brazos, en el solsticio de estío y bajo el signo de Géminis. Gracias que la sangre perdida no es mucha, y esa era mala, que estaba de más en mi cuerpo. Si con ella se hiciesen morcillas, reventaría como un triquitraque quien las comiese. ¿No ven ustedes que es sangre negra, como galipote de las calderas de Pedro Botero? [...]" (p. 350).6

La transformación de la raíz chapa- a gali- parece bastante misteriosa. La Academia lo resuelve explicando que se trata de otro término de origen francés, galipot, que queda definido por primera vez en la edición de 1936 como "Especie de brea o alquitrán [que se usa] para calafatear", mientras que en ese mismo año chapapote seguía definido como "Asfalto más o menos espeso que se halla en las Antillas".

A pesar de la diferencia de significados, las dos palabras (chapapote, galipote) convivirán hasta nuestros días (en muchas zonas de España se prefiere hablar de galipote en lugar de chapapote) aunque es más común el uso de la primera. Valgan como ejemplos "El son entero" (1947) de Nicolás Guillén (cubano), donde se habla de "la selva untada de chapapote" (p. 119); o el caso de Gonzalo Torrente Ballester (gallego) en su novela capital, La saga/fuga de J.B., de 1972, donde se nos describen "cuerpos embanastados que desaparecían bajo el olor del chapapote" (p. 438), esta vez sí como sinónimo de "asfalto".

La evolución del término, por otra parte, dio lugar a la variante chapopote, curioso retorno a la raíz original del náhuatl, con -o- (chapopotli), como podemos leer en la novela La muerte de Artemio Cruz (1962), del mexicano Carlos Fuentes, donde recrea "[...] los llanos de chapopote", por su abrumadora oscuridad (p. 273), o en su obra Cristóbal Nonato, donde, usándose el término en su acepción directa de sustancia viscosa, se describen:

"Lagos muertos, eso ve, los canales convertidos en sepulturas industriales, los ríos tatemados, una coraza ardiente de cemento y chapopote devorando lo que iba a proteger: el corazón de México" (p. 451).

Así como en otras obras, en su mayoría mexicanas, como es el caso de María Luisa "la China" Mendoza: en su novela El perro de la escribana se escudriña un horizonte "color caoba y chapopote" (p. 117).

Una variación, ésta de chapopote, que la Real Academia incluyó por primera vez en el diccionario de 1927 como forma mexicana de chapapote en entrada independiente. Y lo cierto es que en los ejemplos anteriormente mencionados todos los autores mexicanos optan por esa opción7. De hecho, esto es lo que encontramos en el Diccionario básico del español de México, definición, por cierto, bastante más precisa que la nuestra:

Chapopote. s.m. Sustancia negra, pesada y espesa que forma parte del petróleo, que se encuentra en distintos lugares, particularmente en el mar, y se utiliza para asfaltar caminos, impermeabilizar techos y paredes, etc.

A pesar de tratarse de un americanismo, diccionarios de uso como el "Clave" adscriben el término al “español meridional”:

Chapopote. s.m. En zonas del español meridional, alquitrán.

En cuanto al uso del término de origen francés galipote (variación usada actualmente en algunas zonas mediterráneas, quizá por su cercanía con Francia), lo podemos en­con­trar, curiosamente, en la obra de Emilio Rodríguez Dominicanismos y haitianismos [Informes y artículos sobre lengua y folklore de Santo Domingo], de 1975 en la que se enumeran los siguientes haitanismos:

"[…] anaban, baché, calimete, carabiné, clerén, coconete, colier, contraparcó, corbé, galipote, papá-bocó, pebir, petisalé, petiseco, potisa, rigola y surumuná." (p. 34).

Y aún existe otra variante más: chapote. Este término, quedó registrado por la Academia por primera vez en la decimoquinta edición de 1925 con el significado primigenio de "chapopotli" descrito en la obra de fray Bernardino de Sahagún:

Chapote. m. Especie de cera negra que mascan los americanos para limpiarse los dientes.

El término se mantuvo hasta la edición de 1989. Desde entonces, en la actualidad chapote sólo lo podemos encontrar en diccionarios de uso como el María Moliner con el mismo significado.

Pero aún la duda sigue sin resolverse. ¿Qué es realmente el chapapote aparte de "asfalto", significado con que el término es usual en el norte de España? Habrá que esperar, por asombroso que parezca, hasta la vigésima edición del Diccionario de la Real Academia, fechada en 1984, en la que se incluye una segunda acepción que se solapa con la de "galipote":

2. : "Cantabria y Gal[icia]. Alquitrán".

Aun así, sigue sin quedar claro su uso. ¿Se trata sólo de "asfalto" y "alquitrán" o también puede utilizarse como "sustancia pegajosa en general"? Conscientes, tal vez, de la necesidad de aclarar su uso, en la siguiente revisión del DRAE, la vigésima segunda, de 2001, los académicos añaden una tercera acepción:

"Colq. Ven[ezuela]. Sustancia viscosa de cualquier tipo extendida por el suelo".

Visto lo visto, sólo queda una duda. Qué debemos decir: ¿"chapapote", "chapopote", "chapote" o "galipote"? Los periódicos, casi en su totalidad, se han decantado por "chapapote" en lugar de "chapopote" y han ignorado las voces "chapote" y "galipote". En un principio, se puede llegar a concluir que esta elección venga motivada por dos factores: uno, evitar una posible cacofonía; y dos, aceptar el uso que aconseja el Diccionario de la Real Academia y utilizar la palabra más usada por el común de los hablantes (al menos en las zonas afectadas por el accidente).

En cuanto a su significado, parece acertado el uso que se le está dando. Pero, ¿puede utilizarse chapapote, como ocurre en Galicia, dándole un uso de hiperónimo con el que podamos designar indistintamente el asfalto de las carreteras y a la vez la sustancia viscosa que aún sigue expectorando a toneladas el Prestige? Etimológicamente, sí. Si buscamos una definición algo más ampliada de asfalto encontramos que

se llamaba también betún de Judea, porque se recoge desde antiguo en el Asfaltites o mar Muerto. Hoy se produce principalmente como un residuo por la destilación al vacío de las fracciones pesadas de ciertos petróleos crudos. Tuvo diversos usos, incluso farmacéuticos, y actualmente se utiliza como pavimentos de calles y carreteras, así como en la fabricación de productos impermeabilizantes” (El pequeño Espasa, s. v.)

Si recordamos la primera definición de chapapote, dada por Fray Bernardino de Sahagún, allí se nos hacía referencia a "un betún que sale de la mar". Esto es, lo mismo que el asfalto o betún de Judea sacado del mar Muerto. La sustancia es la misma: un residuo del petróleo que se obtiene del mar. Pero el uso es distinto. De ahí que para hablar del "pavimento de calles y carreteras" decimos asfalto y para referirnos a "la sustancia viscosa que sale del mar" -el ejemplo ante el que nos encontramos en la actualidad-: chapapote.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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Notas:

[1] Nótese el doble sentido de este titular obtenido por intertextualidad. El breve en cuestión hace un repaso al programa de humor "Caiga quien caiga". Los términos en comparación (don Quijote/chapapote y La Mancha/mancha) resumen con bastante acierto (y no menos ironía) la filosofía del magazine televisivo que Telecinco, presionado por el gobierno, fulminó de su programación el pasado mes de diciembre de 2002.

[2] Obsérvese la anotación metalingüística (y social): “del ya conocido como ‘chapapote’”, que el texto ofrece como sinónimo de “fuel" (fracción del petróleo natural, obtenida por refinación y destilación, que se destina a la calefacción), término, transcrito directamente del inglés, que designa a nuestro petróleo crudo. El texto de El País la hace mediante la aposición explicativa (“un líquido ... destrucción”); y de forma más explícita (“una palabra poco usual: chapapote”), el carácter “novedoso” del término aparece también en el texto de Los Domingos de ABC.

[3] Fray Bernardino de Sahagún (1500-1590) viajó por primera vez a las Américas en 1529 con otro veinte frailes de la orden franciscana para iniciar su ministerio en Thalmanalco, lo que es en la actualidad el estado de México. Gracias a su labor de investigación y docencia en el colegio de indígenas de Santa Cruz en Thateloloco (trabajo que reunió en La historia general de las cosas de la Nueva España) sabemos hoy más sobre las costumbres, historia, religión y lengua de los primeros mexicanos. Nótese, pues, que el término chapapote es tratado como algo propio de los mexicanos.

[4] Lo mismo ocurre con el término chicle. Según el actual diccionario de la Academia en segunda acepción queda definido como gomorresina que fluye del tronco del chicozapote haciéndole incisiones al empezar la estación lluviosa. Es masticatorio, usado por el pueblo y se vende en panes.

[5] El uso comparativo del chapapote con el negro de la oscuridad quizá tenga sus orígenes en el uso de la comparación más negro que la pez, término éste utilizado en la primera definición de chapapote. En Gallego, del cubano Miguel Barnet, se nos presenta a un personaje "negro como el chapapote" (p. 122).

[6] Camilo José Cela utilizará ya en los años setenta una imagen parecida a la de Pérez de Ayala, en Oficio de tinieblas, una de sus novelas más vanguardistas, salvo que optará por chapapote en vez de galipote: "Le han condenado a morir en la caldera de la pez, en la vieja caldera que cuece el chapapote" (p.132).

[7] Tiene sentido que se mantenga como voz mexicana "chapopote", ya que "chapopotli" fue el término usado originalmente según el testimonio de Fray Bernardino de Sahagún en Thateloloco (véase nota 3). Lo que no queda muy claro es la necesidad de mantener en el actual diccionario de la Real Academia las dos acepciones (chapapote y chapopote) en diferentes entradas, pero con el mismo significado si las dos son adaptaciones de una misma palabra de origen mexicano. Por otro lado, resulta curioso que el término "chapopote" sea el que registren los programas de corrección informáticos como el de Microsoft Word.

  27/12/2002

Revisado: 6/04/2003

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© Pablo López Medel 2002, 2003

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