El cajetín de la Lengua    

El español e Internet

Inés Izquierdo Miller
Periodista del diario La Prensa de Nicaragua

Nadie duda de las infinitas bondades que Internet, y en especial el correo electrónico, han representado para el género humano. Si algún adelanto tecnológico pudiera representar el siglo que termina, sin vacilar un segundo pudiéramos decir que las computadoras son el logotipo que mejor identificaría todo lo anterior al 2000.

Pero este proceso no terminó ahí, sino que llega hasta nuestros días y será parte integral del futuro de la humanidad. De ahí que para quienes estudian el lenguaje, tanto oral como escrito, el tema del correo electrónico represente un filón lingüístico sumamente interesante para poder definir nuevas reglas del juego o mantener las ya existentes.

Atrás quedó la diligencia cargando aquellos sacos repletos de sobres con hermosas estampillas, atrás también quedó un coronel que esperaba todos los días una carta que nunca llegaba, atrás queda la espera, el tiempo alargándose y la impaciencia. Hoy las nuevas conexiones nos permiten comunicarnos al instante con personas que están a distancias inalcanzables con una brevedad que espanta.

La Internet lo va transformando todo. Si no, comparemos la edición gráfica de un periódico y su versión digital para que veamos cómo han aparecido características comunes tales como la brevedad y sencillez en los textos o la desaparición de ciertos géneros, como las entrevistas largas y los reportajes demasiado amplios. Junto a ello comienzan a proliferar otros recursos (como la infografía animada, cuadros y estadísticas…).


La corrección del idioma

En el vasto océano de los correos electrónicos hay un iceberg que sobresale de inmediato, y lo más preocupante de él, como un buen iceberg, no es lo que vemos por encima de las aguas informáticas, sino lo que esconde. Lo escondido en los correos electrónicos es la tala despiadada de nuestro idioma. Se hace necesaria una campaña sensibilizadora para impedir la mutilación de la lengua materna. Si alguien lee un correo electrónico puede observar en él la profusión de errores de todo tipo desde el punto de vista de la ortografía y la redacción.

El caos original está en los acentos. No todos los teclados poseen las combinaciones necesarias para colocar las tildes, y signos como el guión largo y el corto. Algunos han memorizado las famosas combinaciones de Alt+166,etc. para colocar lo que corresponde en el lugar preciso, pero otros más haraganes o desmemoriados terminan escribiendo sin colocar nada, a excepción de las consonantes y vocales. El destinatario se debe volver un verdadero traductor y buscar sus propias interpretaciones si quiere comprender lo que le escriben. Algunos, para evitar acentos, escriben todo en mayúsculas, sin saber que también ellas deben llevar el acento ortográfico.

En realidad la idea debe ser escribir nuestros correos con la mayor corrección posible, más si consideramos que la educación a distancia ya está asentándose perfectamente en la Red Mundial y existen cursos por Internet donde uno debe examinarse, enviar ensayos, responder cuestionarios, etc. Es decir, el lenguaje académico y profesional está presente en Internet.

En cuanto al correo informal o familiar, tampoco debe descuidarse, nadie sabe si un día su epistolario llegará a tener valor de interés para la humanidad y saldrá a la luz pública. Recuerde que muchas personas imprimen sus correos o los guardan en archivos. Sería lamentable dejar para la posteridad algo de lo que avergonzarnos. Nuestra lengua oral o escrita es nuestra carta de presentación.

El lenguaje utilizado en Internet es demasiado lineal. Los tiempos verbales generalmente son simples y casi no aparecen oraciones subordinadas.


La influencia del inglés

El ciberlenguaje está lleno de anglicismos. Desgraciadamente no somos creadores de tecnología, sino consumidores. De ahí que a diario penetren -debido a las malas traducciones y adaptaciones- palabras que tienen su vocablo exacto en español. En ese sentido hay una lista inmensa de barbarismos, que van desde "hardware" y "software", que no son más que el "ordenador" o "computadora" y los "programas". Ahí también incluimos "comando" en vez de "orden"; "clicar" o "cliquear" en lugar de "pulsar". Hay quienes defienden los términos en inglés porque creen que su brevedad facilita las cosas. No siempre es así; si vemos "attachment" nos daremos cuenta de que nuestro "anexo" es español y es término más corto y bonito que el inglés.

Algunas de estas palabras van a sobrevivir y se van a españolizar, otras morirán como todo en la vida. Recordemos que en las lenguas conviven la ley de la convergencia con la de la divergencia, lo que implica sustituciones y desapariciones, frente a lo permanente, lo estable en el idioma.

No debe asustarnos esta eclosión, el futuro apunta a varios niveles del lenguaje en informática. Tendremos un vocabulario más especializado y, tal como existe en la vida cotidiana, otro más privado, más personal, que admite caritas, groserías, besos simbolizados con X y todo lo que la imaginación y la PC [la computadora] permitan. No es cuestión de desanimarse, sino de seguir observando el comportamiento de este fenómeno y ofrecer las orientaciones válidas para no permitir que la lengua de Cervantes, Darío y Martí termine como los dinosaurios: extinguida por los depredadores del idioma.

1/12/2002

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© Inés Izquierdo Miller 2002

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