El cajetín de la Lengua


*INFLINGIR


Dra. Ana María Vigara Tauste (UCM)
Dra. Carmen González Vázquez (UAM)

El asterisco representa en el título, como suele hacerse en las publicaciones lingüísticas, la "irregularidad" o "incorrección" del término. En teoría, el verbo "inflingir" no existe: no está en los diccionarios, no forma parte del sistema de nuestra lengua. Sus formas, que aparecen, sin embargo, con cierta frecuencia en la lengua escrita, son híbridos producto del cruce de dos verbos parónimos (de parecido significante) cuyo significado se confunde, o quizá se desconoce: infringir ('quebrantar leyes, normas, preceptos, mandatos, etc.') e infligir ('causar daño, imponer un castigo'):

"Las penas previstas para los [menores de 18 años] que inflinjan la norma [el toque de queda en Washington entre las 11 de la noche y las 6 de la mañana] son 25 horas de servicios comunitarios, que pueden ir desde la recogida de basuras al borrado de pintadas."

(El País, 13/9/99, pág. 27; Washington)

El error es antiguo en español. Recuerdo que ya se nos advertía contra él en (algunos de) los libros de texto de bachillerato y COU que usábamos en mi generación; y se siguió advirtiendo en muchos otros posteriores. De modo que éste parece uno de esos errores que, por "cultura general", no deberíamos cometer. Sin embargo, la pareja léxica (infligir, infringir) aparece, para prevenir su confusión, en prácticamente todos los diccionarios de dudas, en la mayor parte de los libros de estilo periodísticos o destinados a universitarios y, en general, en los manuales "normativos" que contienen sección de léxico[1]...; los observadores y estudiosos del uso lingüístico denuncian de vez en cuando su presencia en algún medio de comunicación oral o escrito[2]... Y si confusión entre los dos verbos sigue haciéndose explícita, es, sin duda, porque ha echado raíces en el uso.

Y no es de extrañar que así ocurra, pues el uso refleja una de esas paradojas difíciles de evitar: el estudio de estas cuestiones lingüísticas tiene lugar en los cursos de enseñanza media (ahora llamada secundaria), cuando los chavales tienen 12-17 años y no usan estos términos, que pueden considerarse de registro "formal" o "culto" (incluso "literario"): la prevención/corrección del error llega cuando el error no se comete y cae, así, en saco roto con cierta frecuencia. Desde que, en teoría, aprendemos la diferencia entre infringir e infligir hasta que usamos alguno de los dos verbos con cierta asiduidad (sólo el primero; muy raramente el segundo) suelen pasar generalmente años; años que propician el olvido de la regla y, en consecuencia, su infracción, lo que nos convierte, sin quererlo, en inconscientes infractores. Eso contando, claro está, con que lleguemos a usar el verbo infringir, con que el contacto que el común de los hablantes llega a tener con el vocablo vaya más allá del conocimiento "pasivo" en contextos como infringir las normas de tráfico (el uso del sustantivo, infracción, y el adjetivo, infractor, son más corrientes)...

Por eso tal vez, el error se detecta sobre todo en la lengua escrita; o al menos ésa es claramente la impresión que tenemos, dado que en la oral (leída, recitada o hablada) no sólo se usan menos, sino que resulta difícil percibir con claridad, en la premura de la descodificación-interpretación, la exacta articulación de las consonantes líquidas r y l, así como la presencia/ausencia de la nasal n en estos dos términos, que tienen la misma secuencia silábica (vocálica), pero que deben ser usados, por su significado, de modo tan diferente.

Para evitar el error, para identificar inequívocamente cada una de las secuencias fónicas con su correspondiente significado, puede ser útil acudir a su etimología y a otros derivados que contengan la misma raíz que infligir o infringir:

a) Infligir procede del latín fligere 'golpear', infinitivo al que se añade el preverbial (o prefijo verbal) in-, con valor "direccional". Aunque fligo es forma verbal de poco uso en latín, se puede documentar con los mismos valores con que deberíamos usar infligir en castellano: físico ('golpear contra': "causar daño") e intelectual-moral ('castigar, avergonzar')[3]. Derivados de este verbo (fligo, fligere flictum) son también afligir, aflicción (ad-fligere: 'sufrimiento físico o pesadumbre moral') y conflicto (con el prefijo sociativo con-: 'combate, lucha, pelea entre dos o más').

b) Infringir procede del latín frangere 'romper', infinitivo que muda en i, por asimilación, su vocal a en contacto con su preverbial "direccional" in- (que tiene también valor "direccional": in-fringere. Otros derivados de este mismo verbo (frango, frangere, fractum) no han sufrido, al parecer, la presión fónica del prefijo verbal y han conservado la vocal a de la raíz latina: el propio sustantivo infracción y el adjetivo infractor, a pesar de compartir con la forma verbal el prefijo; fracción ('cada una de las partes separadas de un todo'), fraccionar; fractura ('rotura de huesos'); fragmento ('parte o porción pequeña de algunas cosas quebradas o partidas'), fragor ('ruido de algo que se rompe')...

Así, pues, a partir de ahora los jóvenes menores de 18 años que no respeten el toque de queda en Washington, los que lo infrinjan (que no "inflinjan"), serán, en consecuencia, infractores (que no "inflingidores") y, como tales, debidamente castigados por sus autoridades...

 


[1] Véanse, por ejemplo, el Manual de español urgente, de la Agencia EFE; los libros de estilo de El Periódico de Cataluña, el Abc, El País...; el Libro de estilo para universitarios de M. A. Santos Guerra y otros (Miguel Gómez Edics., Málaga, 1995); el Libro de estilo universitario de C. Arroyo y F. J. Garrido (Acento, Madrid, 1997); el Manual general de estilo de Firmas Press (Playor); el Manual de español correcto de Leonardo Gómez Torrego; etc.

[2] Fernando Lázaro Carreter lo hace, por ejemplo, en dos de sus "dardos" de actualidad publicados en periódico: los dedicados a "Punto y final" (1988) y "Kuwait city" (1991). Recogidos, ambos, en el libro-recopilación El dardo en la palabra (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 1997).

[3] La Academia recoge DRAE de 1884. Según Corominas, se introduce por influjo del francés, donde se documenta desde el siglo XIV y estaba muy generalizado en el siglo XVIII (aunque este dato nos parece dudoso) (Diccionario crítico etimológico, Gredos).

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© Ana María Vigara Tauste & Carmen González Vázquez 1999


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