El cajetín de la Lengua    

Armas de “destrucción masiva”

Eduardo P. Kragelund
Editor del servicio español de Reuters
eduardo.kragelund@reuters.com
epeka@bellsouth.net

 

Los tambores de guerra que retumban por todo el mundo han vuelto a llenar las páginas de los diarios con nombres de armas y una serie de errores, algunos originados por nombres genéricos confusos, otros por malas traducciones del inglés y otros por desconocimiento de un tema que es, de por sí, complicado. Así, vemos que se habla y escribe sobre misiles sin mayor precisión, como si todos los misiles fueran iguales, de guerra bacteriológica cuando en realidad debiera llamarse biológica o química, de armas de destrucción masiva cuando exterminan seres vivos sin destruir un solo edificio o de armas de exterminio masivo sin detenerse a pensar siquiera en una redundancia tan obvia como la que encierra esta última expresión.

En la resolución 687 del 3 de abril de 1991, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estableció, entre otras condiciones para no seguir bombardeando a Iraq, que Bagdad debía eliminar todas las weapons of mass destruction and ballistic missiles with a range greater than 150 kilometers.

Weapons of mass destruction significa literalmente “armas de destrucción masiva”. Pero conviene saber que los organismos internacionales, como la ONU o la OTAN, incluyen dentro de esta definición genérica armas capaces de producir una gran destrucción y/o causar un gran número de víctimas. Es decir, entre las armas de destrucción masiva se encuentran las:

- Nucleares:
Bomba A o bomba atómica (fisión nuclear)
Bomba H o bomba de hidrógeno (fusión nuclear)
(ambas producen una gran destrucción y exterminio de seres vivos)
Bomba de Neutrones (bomba H modificada)
(produce destrucción parcial y exterminio de seres vivos)

- Químicas: elaboradas con sustancias químicas.
(no producen destrucción, pero si exterminio)

- Biológicas: elaboradas con agentes naturales suceptibles de ser cultivados en laboratorio, como virus, bacterias, hongos, parásitos y toxinas.
(no producen destrucción, pero sí exterminio)

El nombre original en inglés (weapons of mass destruction) y su traducción literal (armas de destrucción masiva) es, por lo menos, confuso, dado que incluye armas que no “destruyen”, sino que sólo exterminan a los seres vivos. Varios medios de comunicación se percataron de este problema e intentaron resolverlo acuñando las ya citadas “armas de exterminio masivo” sin darse cuenta de que el exterminio es, por definición, masivo.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia (2001), exterminar significa ‘Acabar del todo con algo. || 2. Desolar, devastar por fuerza de armas’. María Moliner, en su Diccionario de uso del español, precisa que “Se aplica corrientemente a especies animales o vegetales”, pero aclara que también se puede usar para indicar la destrucción total de una cosa, como puede ser una ciudad.

En otras palabras, lo que en inglés se llama weapons of mass detruction debería traducirse al castellano como armas de exterminio. Técnica y semánticamente es lo correcto, aunque no sea literal, dado que el denominador común de todas estas armas no es la destrucción, sino el exterminio.

Como hemos visto, hay tres tipos de armas de extermino. Por absurdo que parezca, un error que se encuentra con cierta frecuencia es la inclusión de las armas químicas dentro de la categoría de biológicas o viceversa, cuando su mismo nombre indica una gran diferencia: unas están compuestas por agentes vivos y otras por productos químicos.

Otro error más común es hablar de guerra o arma bacteriológica cuando en realidad debería decirse biológica. Como su mismo nombre lo indica, un arma bacteriológica es la que se hace con bacterias. Pero si se utilizan hongos, virus, parásitos o toxinas ya no se la puede clasificar como “bacteriológica”. De ahí que a este tipo de armas o de guerra se las llame genéricamente biológicas (dentro de las cuales están las bacteriológicas).

Respecto a los misiles -del inglés missile y éste del latín missilis (arrojadizo)-, se trata del medio por el cual se hace llegar una bomba hasta el objetivo. Es un “proyectil autopropulsado, provisto de una carga nuclear o altamente explosiva, generalmente controlado por procedimientos electrónicos”, según la definición del diccionario de uso Clave. Un misil, por tanto, puede ser nuclear o estar cargado con explosivos convencionales.

En el caso de Iraq, la resolución de la ONU se refiere a misiles balísticos, lo que implica que siguen una trayectoria balística, parte de la cual puede estar fuera de la atmósfera de la Tierra, cuando el empuje se termina. Esta definición permite diferenciarlos, por ejemplo, de los llamados misiles crucero, que pueden volar a altitudes muy bajas o siguiendo el relieve del terreno.

En suma, si como periodistas lo que buscamos es transmitir una realidad, debemos hacerlo evitando las ambigüedades o conceptos que puedan dar lugar a la confusión. En el conflicto que tiene como eje a Iraq, lo que los inspectores de armas están buscando en ese país, según el mandato otorgado por la ONU en la resolución 687, son armas de exterminio -entre las que se encuentran las de destrucción masiva, las químicas y las biológicas- y misiles balísticos con un alcance superior a los 150 kilómetros.

16 de marzo del 2003

    17/03/2003

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© Eduardo P. Kragelund 2003


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