El cajetín de la Lengua    

Cómo denominar a las «otras» medicinas

José Antonio Díaz Rojo

CSIC

 

En las últimas décadas se ha producido un auge de las llamadas medicinas complementarias, medicinas alternativas o medicinas naturales, un heterogéneo y vasto conjunto de sistemas médicos, terapias y métodos curativos que no pertenecen a la medicina científica moderna u oficial. Estas terapias incluyen prácticas tan dispares como la acupuntura, la homeopatía, la naturopatía, la fitoterapia, las terapias energéticas, la medicina tradicional china, la medicina ayurvédica, las flores de Bach, la quiropraxia, la reflexodología podal, la osteopatía, la iridología, el reiki y las terapias florales, entre otras.

La relación entre estos dos grandes ámbitos dedicados a la curación (medicinas complementarias frente a medicina científica) no es totalmente armónica, y la pugna entre ellos es visible en la terminología que cada sector emplea para designar o describir al otro. La prensa, que se ocupa cada vez más de los asuntos relacionados con la salud, debe estar atenta a los términos con que se denominan estas medicinas, ya que el periodista no puede olvidar que el vocabulario encierra una carga valorativa que le obliga a realizar elecciones léxicas adecuadas.

Las terapias curativas surgidas fuera de la medicina científica empezaron llamándose por parte de los médicos medicinas alternativas, con una cierta carga despectiva. Más tarde recibieron el nombre de medicinas complementarias, término acuñado por sus propios defensores, que califican sus métodos como terapias dulces o blandas. Los más críticos con las terapias alternativas utilizan el término pseudomedicinas, denominación que contiene la carga más negativa.

Por su parte, los terapeutas complementarios suelen llamar peyorativamente medicina oficial o medicina convencional a la medicina científica moderna, pero rara vez medicina tradicional, pues este adjetivo se ha cargado de resonancias positivas cuando se aplica al mundo de la salud. Además, los cultivadores de las medicinas complementarias califican a la medicina científica mediante adjetivos peyorativos como agresiva, antinatural, deshumanizada, dominante y hegemónica. A su vez, los médicos emplean a menudo la denominación biomedicina para referirse a su actividad, así como el término medicina ortodoxa, para enfatizar su convencimiento en su superioridad intelectual y técnica.

Así pues, la variada terminología es reflejo de la diversidad y confrontación de los sectores médicos en pugna, además de ser producto de la desigual naturaleza y estatus de los diferentes sistemas y terapias complementarias. La complejidad de estas medicinas produce rechazos y prejuicios mutuos, posturas de prepotencia, abusos y fraudes, lo que hace que reine la confusión en la sociedad en torno a la eficacia y fiabilidad de las terapias situadas al margen de la medicina científica.

Desde el punto de vista académico y profesional, por un lado, es frecuente que existan recelos y rechazos de las medicinas complementarias por parte de muchos médicos. Por otro, no es raro que algunos colegios profesionales de médicos creen secciones de «medicina natural», que incluyen terapias como la homeopatía, la naturopatía, la acupuntura o la fitoterapia; asimismo se convocan cursillos, cursos de posgrado y máster sobre estas materias, organizados por universidades y otras entidades, además de ofrecerse asignaturas de libre elección en algunas facultades de medicina.

Desde el punto de vista científico, por una parte, van en aumento los estudios clínicos que avalan la eficacia y seguridad de algunas terapias y métodos complementarios; por otra parte, la mezcla de elementos mágicos, esotéricos, pseudorreligiosos, ocultistas e irracionales en el caso de algunas medicinas complementarias no es precisamente un aval que nos garantice su bondad [1]. Desde el punto de vista legal, existe un gran vacío en torno a la formación y titulación académica, ejercicio profesional, técnicas, medicamentos y organización asistencial, si bien algunas comunidades autónomas, como Cataluña, ya están elaborando leyes que regulen el ejercicio de las medicinas complementarias que sean autorizadas.

Como consecuencia de esta compleja y confusa realidad social, la terminología aparecida en las noticias periodísticas sobre las medicinas complementarias es variada y no siempre clara y precisa. En algunos textos, el término genérico con que se agrupa el heterogéneo campo de las terapias no científicas es medicinas alternativas:

Sin competencias en medicinas alternativas (El Periódico de Aragón, España, 20-5-2006).

En otros casos se prefiere el término medicinas alternativas y complementarias, con la conjunción y uniendo dos conceptos diferentes:

[...] separación que ahora se trata de superar en parte por el empuje incontenible de las denominadas medicinas alternativas y complementarias (La Verdad, España, 2-4-2006).

Hay artículos que utilizan el término medicina natural, y no siempre con el mismo significado. En algunas noticias, medicina natural se emplea, en sentido amplio, para denominar a todo el conjunto de medicinas complementarias:

La medicina natural tiene beneficios.

[...] también tenemos acupuntura, médico naturópata, esteticién con tratamientos de belleza de productos naturales y quiromasajista. (Las Provincias, España, 16-5-2006).

El Colegio de Médicos de Guipúzcoa califica ‘de interés general’ normalizar la práctica de la medicina natural.

‘Hemos tenido una solicitud para acreditar las terapias alternativas que realizan médicos licenciados’, ha comentado Iosu Beitia (El Médico Interactivo, www.elmedicointeractivo.com, España, 21-2-2006).

Asimismo, en otros casos medicina natural (o naturista) hace referencia a la medicina indígena de un pueblo específico, por lo que en ocasiones el término va acompañado de un gentilicio:

Medicina natural busca diálogo con la oficial.

[...] encuentro que busca fortalecer y consolidar la aplicación de la medicina natural en todo el país [...] «Yo puedo hablar como médico tradicional [científico] y como médico naturista kallawaya», dijo Quispe, quien pidió más organización y más apoyo al trabajo de la medicina natural (Los Tiempos, Bolivia, 20-6-2006).

No falta tampoco el uso del sintagma medicina tradicional, que también se emplea de forma ambigua; algunas noticias se refieren con este término a las medicinas indígenas:

Tenecat está formada por 22 asociaciones, entre las cuales se hallan disciplinas tan diversas como la medicina tradicional china [...] (www.ugt.es/actualidad, España, mayo 2006).

La Sociedad Boliviana de la Medicina Tradicional inició ayer la realización del VI Congreso Nacional [...] (Los Tiempos, Bolivia, 20-6-2006).

En otras noticias, el adjetivo tradicional hace referencia a la medicina científica:

Ha dedicado su vida al estudio de plantas y sustancias medicamentosas como un complemento interesante y una alternativa a la medicina tradicional (El Correo, España, 9-4-2006).

En algunos textos, a las medicinas complementarias se las denomina terapias médicas no convencionales, considerando como convencional a la medicina científica:

Ante esta petición, el Consejo General hizo en 2004 un baremo de méritos para acreditar el ejercicio de los médicos en Terapias Médicas no Convencionales (TMNC) y otorgar un visado (El Médico Interactivo,

Ante esta variedad terminológica, es aconsejable que los periodistas empleen con precisión las distintas denominaciones, para evitar confusiones creadas por las sinonimias, las polisemias, las connotaciones y las cargas valorativas de los diferentes términos. He aquí algunos comentarios al respecto:

1) Existen adjetivos evaluativos aplicados a las terapias complementarias que están cargados de connotaciones positivas, como medicinas suaves, blandas o dulces, que implican que la medicina científica es agresiva o dura. Se trata de un punto de vista no neutral que muestra una postura favorable a las medicinas alternativas o complementarias y un juicio de valor contrario a la medicina científica. Asimismo, términos como pseudomedicinas aplicado genéricamente a todas las terapias complementarias implica una valoración negativa generalizada.

2) Según el National Center for Complementary and Alternative Medicine (NCCAM), de Estados Unidos, uno de los centros mundiales de referencia, el término más común para referirse al conjunto de las terapias no consideradas como medicina científica es medicina complementaria y alternativa, término que engloba y diferencia entre medicina complementaria y medicina alternativa. El NCCAM las define como el conjunto diverso de sistemas, prácticas y productos médicos y de atención de la salud que no se considera actualmente parte de la medicina «convencional» [2]. La medicina complementaria es aquélla que se utiliza conjuntamente con la medicina científica, como, por ejemplo, la aromaterapia empleada para mitigar las molestias postoperatorias, además de otros tratamientos. La medicina alternativa se aplica en lugar de la medicina científica, como puede ser la dietoterapia en vez de la quimioterapia en algunos casos de enfermos de cáncer. Según estudios antropológicos y sociológicos, a estas terapias suele recurrirse preferentemente como complemento a la medicina científica, y no tanto como sustituto, por lo que el término más adecuado sería el de medicina complementaria [3].

3) El término medicina natural como sinónimo de medicina complementaria presenta algunos problemas. El adjetivo natural suele entenderse erróneamente como sinónimo de ‘inocuo’, ‘libre de contaminantes’, ‘libre de daño’, por lo que a menudo se emplea interesadamente explotando las connotaciones positivas de la palabra. Para no transmitir al lector la idea de que las terapias complementarias son inocuas -pueden ocasionar efectos secundarios adversos, al igual que la medicina científica-, sería preferible evitar el uso del término medicina natural. En ocasiones se emplea medicina natural para designar una terapia concreta basada en la teoría del poder curativo del organismo, cuyas raíces se hunden en la medicina hipocrática del siglo IV a. de C. La doctrina sostiene que el cuerpo dispone de una fuerza interna para sanar, la llamada vis curatrix, que establece, mantiene y devuelve la salud. Está basada en un estilo de vida sano, alimentación equilibrada, plantas medicinales y elementos diversos procedentes de otros sistemas médicos. Sería más acertado utilizar el término medicina naturista o naturopatía para denominar dicha terapia.

4) El término medicina tradicional, siguiendo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), convendría emplearse para denominar únicamente a los sistemas médicos indígenas, basados en plantas, animales, minerales, terapias espirituales, técnicas manuales o ejercicios. La OMS utiliza el término para referirse a los sistemas de medicinas indígenas de África, Latinoamérica, sudeste asiático y Pacífico occidental. Incluye la medicina tradicional china, el ayurveda hindú y la medicina unani árabe, entre otras [4]. Con el fin de evitar confusiones, para referirse a la medicina oficial basada en el método actual de la ciencia, la denominación más precisa sería medicina científica, o más exactamente medicina científica moderna, para diferenciarla de la medicina científica clásica, que es la medicina grecolatina antigua.

5) La denominación terapias no convencionales se crea describiendo aquello que no son estas medicinas, es decir, enfatizando que están excluidas de la medicina «convencional», es decir, científica. El adjetivo convencional es un anglicismo semántico. En español, significa ‘relativo al convenio o pacto’, ‘que resulta o se establece por costumbre o consenso’, lo que carece de sentido aplicado a la medicina. Por influencia del inglés conventional, el español convencional ha adquirido el sentido de ‘común, ordinario’, que es el significado que pretende significar el término aplicado a la medicina científica, la más habitual.

6) Existen varias decenas de términos más para denominar a las terapias complementarias, tales como medicina holística, medicina no académica, medicina no científica, medicina no ortodoxa, medicina no racional, etc., que podrían ser evitados en aras de una mayor uniformidad y normalización terminológica.

 

Notas:

[1] Basta fijarse en términos y conceptos utilizados en las publicaciones y en la publicidad de algunas terapias, tales como martillo neurológico, energía de los planetas, neutralizadores de las geopatías, medicina cuántica universal, fuerza secreta de los cuarzos, sanación de la nueva era generacional, masaje magnético o medicina ortomolecular.

[2] Las comillas son nuestras.

[3] Fresquet Febrer, J. L.; Aguirre Marco, C. (2006). Salut, malaltia y cultura. Valencia, Universitat de València.

[4] Organización Mundial de la Salud, Estrategia de la OMS sobre medicinas tradicionales 2000-2005. OMS, 2002. www/edm/trm/2002.1 [Consulta: 30-9-2006].

24/10/2006

 

   Comentarios:

amvigara@ccinf.ucm.es

© José Antonio Díaz Rojoe 2006

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/medalter.html