El cajetín de la Lengua


El teletipo que difundió 'monopolio' por 'Monipodio'..
y los diccionarios


Dra. Soledad de Andrés Castellanos
Dpto. Filología Española III (UCM)


Con el título Monopolio, Monipodio publicaba Federico Jiménez Losantos un amargo comentario en el ABC del jueves 28 de octubre de 1999 (OPINIÓN, p. 17), incitado por las personalísimas declaraciones de Alfonso Guerra sobre la conveniencia de cerrar la Audiencia Nacional, porque le parecía el mismísimo «Patio de Monipodio». Pero el agrio e indignado comentario de Jiménez Losantos guarda en realidad más relación con los hechos periodísticos y los frecuentes descuidos en que caen sus autores:

«...cayó en las redacciones un teletipo de agencia que contenía un soberbio acierto conceptual dentro de un garrafal error semántico. Había dicho el antiguo Vicetodo que la Audiencia parecía, por los tejemanejes de jueces y fiscales, el Patio de Monipodio. El avispado cronista que recogió la cogitación verbal, el jefe de sección que la controló y el superjefe que la certificó para su envío a prensa, radio y televisión desconocían la obra de Cervantes, singularmente la novela, por tantos motivos ejemplar, que relata las hazañas de Rincón y Cortado. Pero su ignorancia, que navega el piélago de idiocia y de ignorancia habilitado por la Reforma, la Logse y demás inventos de Marchesi, Rubalcaba, Solana y adláteres, enemigos de la Humanidad escrita, alumbró un diagnóstico sobrecogedor, amén de una descripción afiladísima. Lo que transcribieron a cuenta de Guerra fue que la Audiencia se había convertido en Patio del Monopolio. Y así circuló y se retransmitió por toda España».

Los habituales lectores de periódicos, así como los adictos a la radio y la televisión, hemos vuelto a encontrarnos con la palabra 'monopolio' muy pocos días después. El 5 de noviembre de 1999 nos sorprendió la noticia de que un juez norteamericano, Thomas Penfield Jackson, acusaba a Microsoft, la empresa de Bill Gates, de monopolio o presunto abuso de su posición dominante en el ámbito de la informática; según los más optimistas, este pleito, recién iniciado, podría acabar en el 2002 o 2003, así que seguiremos familiarizándonos con la palabra 'monopolio' durante algún tiempo. Parece conveniente, por tanto, recurrir a los diccionarios para refrescar nuestra memoria.

El Diccionario de la Academia (vigésima primera edición, 1992), en la entrada monopolio (cuya etimología remonta al latín monopolium, que a su vez viene del griego), incluye la acepción 6, como «convenio de personas que se asocian con fines ilícitos, monipodio», indicando que es término desusado; y en la entrada monipodio, que se considera alteración de 'monopolio', encontramos la misma definición. Pero es que ya en el primer diccionario académico, el dieciochesco de Autoridades (TOMO QUARTO, 1734), se recoge MONIPODIO como «Convenio ú contráto de algunas personas, que unidas tratan algun fin malo. Es corrupcion de Monopólio». Encuentro curioso que los académicos, en 1734, no citen como autoridad al propio Cervantes, pues las referencias que ofrecen como autoridades son estas dos: la primera corresponde a La nueva Recopilacion de las Leyes del Réino («Otrosi que no usen de las ligas y monipódios y ayuntamientos, pleitos homenages, juramentos, contrátos y firmezas que han hecho hasta aquí», lib. 8. tit. 14. 1. 1); y la segunda, a la Cronica del Rey Don Juan el II («Esta es la justicia que manda hacer el Rey nuestro Señor à estos hombres que hicieron ligas y monipódios en su desservicio», cap. 241). Así que parece que en este caso Cervantes no inventa la corrupción vulgar de monopolio en monipodio (acaso sí el correspondiente tránsito de nombre común a nombre propio, en la creación del magnífico personaje), sino que simplemente la recoge de un uso coloquial y literario probablemente bastante extendido; y, por supuesto, la fija y difunde para siempre a través de la novela ejemplar, «Rinconete y Cortadillo», y por medio del respetadísimo ("por la cofradía") señor Monipodio, «el más rústico y disforme bárbaro del mundo».

También María Moliner recoge los dos términos: monopolio, reducido a tres acepciones, prescindiendo de lo que ya se considera desusado; y Monipodio, que remite a «PATIO de Monipodio». Podríamos suponer que quienes utilizaran este diccionario sin consultar el de la Academia perderían la referencia a la relación entre ambos términos; pero Doña María indica clara y escuetamente que Monipodio procede de «monopolio», como explicitan las fuentes en que se inspira, especialmente las académicas. En cambio, sí perdemos la citada referencia en el ya hoy mismo, recién publicado, indispensable Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos (Aguilar, 1999), pues estos autores prescinden de las etimologías: encontramos patio de Monipodio definido como «lugar de reunión de ladrones y rufianes».

Sean bienvenidas las referencias a los clásicos, la pasión por la literatura, pero acompañémosla de otra pasión, la consulta de los diccionarios, herramientas indispensables, necesariamente plurales y variadas.

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Soledad de Andrés Castellanos: msandres@eucmax.sim.ucm.es

© Soledad de Andrés Castellanos 1999


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