El cajetín de la Lengua    

Nominar

Susana Hortigosa García
susana@berlin.com


 

Desde hace unos años, tenemos la dicha de contar con un nuevo tipo de concurso, que contribuye a enriquecer la valiosa programación televisiva. Sí, esos interesantísimos “documentos sociológicos”, como algún anónimo ha dado en llamarles. Me refiero, como el lector ya habrá deducido, a Gran Hermano, Hotel Glamour y otros (¡tantos!) del mismo jaez. Pero si algo tenemos verdaderamente que agradecer a estos programas es su apoyo al colectivo afán por morderle las canillas a nuestro idioma. Dejando a un lado el vocabulario de los concursantes (merecedor de un tratado completo sobre burradas idiomáticas o, como dirían los susodichos, superburradas), veamos un nuevo vocablo con que esos programas y otros, como Operación Triunfo, nos han obsequiado: nominar. El público, el día de nominaciones, nomina a este o el otro, que pasa a estar nominado. Si consultamos el diccionario de la RAE en su última edición, podemos ver:

nominar. (Del lat. nominare). tr. Dar nombre a alguien o algo. || 2. Designar a alguien para un cargo o cometido. || 3. Presentar o proponer a alguien para un premio.

El tercer significado aparece por primera vez en la edición del Diccionario de uso de la Academia de 1984; hasta entonces, se recogía solamente como sinónimo de nombrar. Así, en 1734:

Nominar: v. a. Lo mismo que nombrar.

Definición que se mantiene intacta hasta 1822, en que se queda en:

Nominar: v. a. Nombrar.

Por si las dudas, se entiende por nombrar:

Nombrar: v. a. Decir el nombre de una cosa, o persona. 2. Hacer mención particular y honorífica de alguna cosa. 3. Elegir, o señalar a alguno para algún cargo, o empleo. [1721]

En 1970 se redefine nominar como “Dotar de un nombre a una persona o cosa”, y se mantiene hasta 1984, año en que cambia a “Elegir o señalar a uno para un posible cargo, dignidad, premio, etc.”

Sin embargo, ya en la edición de 1989 se advierte que, en esta acepción, se trata de un anglicismo.

Diez años más tarde, decía el profesor José Luis Sampedro en el programa radiofónico Hoy por hoy, el 24 de abril de 1999:

“[...] que no se dice nominar, que se dice seleccionar. Pero no hay manera, me parece que no. Se dice, se dice y no se debería decir, pero como ya lo ha hecho el uso, la Academia no obliga a nadie ni impone, la Academia registra, pero es lamentable que no utilicemos los propios vocablos nuestros. No, pero cuando los términos terminan incorporándose a la normalidad vital de la sociedad la Academia los bendice [...]”.

En efecto, este nuevo significado de nominar, profusamente usado (y muy difundido gracias a los premios del cine), se lo debemos al vocablo inglés nominate (“Nombrar, proponer como candidato”). Pero cuidado: recordemos que, tal y como la Academia lo admite, el uso de esta palabra se restringe a contextos positivos: cuando se trata de proponer a alguien para un premio (o incluso para un cargo o un empleo, según recogía ya en 1721; o para una dignidad, que decía en su diccionario de 1984). Sin embargo, los guionistas de los programas mencionados han querido ir un paso más allá: utilizan nominar cuando se selecciona a un concursante para abandonar el juego; lo cual, a juzgar por el torrente de lágrimas que suele provocar, no les debe de parecer ningún premio a los afectados. Lo correcto, en este caso, sería utilizar seleccionar o proponer, por ejemplo.

Como dice Fernando Lázaro Carreter en El nuevo dardo en la palabra (Aguilar, Madrid, 2003, pág. 151): “Resulta forzoso innovar en el idioma para vivir en nuestro tiempo; pero debemos esforzarnos --la escuela, la universidad, las academias, los parlamentos-- por evitar que se nos hagan más indistintos los conceptos y más chicos los cerebros”.

   3/04/2003

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© Susana Hortigosa García 2003


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