El cajetín de la Lengua    


O REI! (PELÉ, RONALDO)


Dra. Ana Mª Vigara Tauste
Dpto. Filología Española III
Universidad Complutense de Madrid

Antes que Ronaldo fue Pelé, uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia. Coronado (metafóricamente, en los medios de comunicación y en la admiración y el cariño de los aficionados) como o rei ('el rey', 'el mejor entre los mejores'). Ambos, Pelé y Ronaldo, son brasileños y ambos fueron/han sido tan laudatoriamente "bautizados" en su idioma, el portugués. En esta lengua, el artículo determinado masculino (el) tiene la forma o (y con esta forma aparece fundido con algunas preposiciones como em 'en' y de, en una sola palabra: no 'en el', do 'del').

Para desconcierto de (seguramente) muchos telespectadores, estos días, recién acabado el mundial de fútbol, hemos podido oír en los informativos de diferentes cadenas -esta misma noche, en Antena 3, por ejemplo- una lectura desconcertante (y bastante forzada) de este sintagma nominal ('el rey'), lectura que revela que ha sido erróneamente interpretado como exclamación (oh) más vocativo (rey): "oh, rey": "El nuevo oh, rey, Ronaldo, ha sido recibido con auténtico entusiasmo" (ejemplo inventado, pero que reproduce el contexto verbal-semántico-pragmático en que se ha hecho la deficiente lectura de "o rei").

Y como las cosas no ocurren porque sí, parece bastante fácil encontrar justificación a este error. Seguramente la lectura ha estado inducida sobre todo por dos factores:

a) la supuesta homofonía del artículo portugués (o) y la interjección española oh; y

b) la presencia de ese admirativo signo de exclamación con que aparecía el cariñoso apodo (O REI!), a todo color y en grandes titulares, en los medios de comunicación brasileños.

Los dos, sin embargo, revelan, a su vez, algo más que el desconocimiento del idioma portugués por parte de los locutores (bastante lógico, si se piensa que, aun siendo para nosotros idioma vecino, nos resulta mucho menos usual que el inglés, que nuestros niños aprenden ya en la escuela y está omnipresente en la publicidad, etc.): una falta de "conciencia lingüística" en el lector que puede disculparse por la premura de una primera, sorpresiva información, pero no debería haberse extendido ni repetido:

a) Pese a las apariencias, el artículo portugués o, átono como el español (en el sintagma artículo+nombre se oye sólo el acento del nombre; "el niño" /elníño/), no puede sonar como la interjección española oh, que es palabra con pleno significado: monosílaba y tónica ("oh, niño" /ó níño/). (Por otra parte, ¿quién garantiza al locutor que en portugués la supuesta interjección debería ir separada con coma -pausa y bajada de entonación- del supuesto vocativo? -en inglés seguramente no se pondría esa coma.)

b) El empleo de "exclamación+vocativo" implica de hecho una apelación directa a ese interlocutor (que puede ser real o figurado, pero que aparece como destinatario del mensaje) a que el vocativo se refiere. Esta sería, sin duda, la interpretación pragmática más corriente: si digo oh, Juan, casi seguro que estaré hablando con Juan (transmitiéndole una queja, por ejemplo); "¡Oh, Dios!, si he de morir quiero tenerte / despierto", escribió, en un magnífico soneto (titulado "Hombre"), Blas de Otero (y obsérvese que ese "Dios" del vocativo está representado en la segunda persona enunciativa en "tenerte"). Puede haber alguna posibilidad más, como por ejemplo que me queje en voz alta del comportamiento de Juan sin estar él presente, pero tampoco tal expresión sería adecuada para el contexto, claramente enunciativo, de las noticias en que ha aparecido la expresión.

Los telediarios y los informativos radiofónicos nos regalan a diario curiosas lecturas "inconscientes" en las que, si tuviéramos tiempo para reflexionar, encontraríamos cambios acentuales, entonaciones que dejan a medio expresar el sentido o que revelan, como mínimo, un texto deficientemente puntuado en su origen, etc. Pese a todo, en general, entendemos las noticias, es innegable. Seguramente el error de lectura (que implica error previo de interpretación de lo escrito) que aquí se analiza ha dejado estupefactos a unos pocos, desconcertados "oscuramente" a unos cuantos, indiferentes a la mayoría y sin explicación a casi todos. Sería deseable que errores así, quizá inevitables, pero más difíciles de detectar, explicar y corregir que otros, pues son simultáneamente errores de forma, de sintaxis y de sentido (y además de confusión entre lenguas) se atajaran en esos informativos antes de que llegaran al público por segunda o tercera vez.

2 julio 2002

16/10/2002

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© Ana María Vigara Tauste 2002


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