El cajetín de la Lengua    

Privacidad

Dr. José Antonio Díaz Rojo
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(Valencia)

 

El término privacidad1 es uno de los más censurados por los libros de estilo periodísticos, pero no por ello está ausente de las páginas de nuestros diarios. El libro de estilo de El País señala que es un barbarismo y recomienda emplear intimidad, vida privada o confidencialidad, según los casos.2 El Departamento de Español Urgente de la agencia de noticias EFE prescribe evitar la palabra -que considera innecesaria-, y recomienda que se utilice en su lugar intimidad, en privado, vida privada o independencia.3 El manual de estilo de ABC indica que en vez de privacidad se use intimidad, vida privada o aislamiento.4 Frente a estas opiniones contrarias al empleo de privacidad, la Real Academia Española ha admitido el término en la última edición de su diccionario,5 con el significado de ‘ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión’.

La admisión de esta palabra por parte de la máxima autoridad normativa oficial del español no zanja el debate de su aceptabilidad, puesto que muchos expertos en el lenguaje periodístico -como es el caso, por ejemplo, de Álex Grijelmo6- no se muestran dispuestos a aceptar las últimas decisiones académicas en materia de léxico, ya que consideran que la RAE viene manteniendo una postura muy permisiva en la admisión de neologismos y extranjerismos a partir de la 21ª edición de su diccionario (1992). Por su parte, Víctor García de la Concha, director de la RAE, alega que en la nueva edición del diccionario académico (2001) solo se han incluido unos 150 extranjerismos en cursiva sobre un total de 85.000 entradas. Anuncia, además, que la actitud beligerante contra los extranjerismos se reserva para el Diccionario Panhispánico de Dudas, en curso de elaboración.7 Si esto es así y en este diccionario de dudas se va a rechazar el uso de palabras admitidas por el DRAE, la confusión será aún mayor.

Ante esta discrepancia entre los libros de estilo y el diccionario académico sobre el empleo de privacidad, ¿qué debe hacer el periodista?, ¿qué autoridad debe reconocer, la de la Academia o la de los libros de estilo? Como es el propio redactor quien, en definitiva, ha de tomar la decisión de emplear o no una determinada palabra, el periodista debe decidir de forma reflexiva, tras analizar los argumentos a favor y en contra del uso de las palabras conflictivas, sin considerar ninguna prescripción o recomendación como norma absoluta, sino más bien como una orientación útil.

 

¿Es correcta la palabra privacidad desde el punto de vista morfológico?

La palabra privacidad es una creación léxica a partir del inglés privacy y del francés privacité, cuya terminación -(c)ité ha servido de modelo para la terminación -(c)idad. En general, casi todas las palabras acabadas en -cidad derivan de adjetivos que terminan en -z (atroz-atrocidad, procaz-procacidad, mendaz-mendacidad, mordaz-mordacidad) y en -co (opaco-opacidad, específico-especificidad, elástico-elasticidad, tóxico-toxicidad). Según esta regla, parecería que privacidad es una anomalía, pues su adjetivo correspondiente, privado, no termina ni en -z ni en -co. Sin embargo, además de estos dos grupos de palabras, existen en español otras voces que proceden de adjetivos con otras terminaciones, como mendicidad (de mendigo), multiplicidad (de múltiple), duplicidad (de doble), simplicidad (de simple), casticidad (de castizo), complicidad (de cómplice), robusticidad (de robusto), que derivan de adjetivos que no terminan ni en -z ni en -co. La existencia de estas palabras hace que privacidad no se sienta como un término incorrecto morfológicamente, puesto que tenemos sustantivos análogos perfectamente admitidos.

 

¿Se puede sustituir privacidad por intimidad o vida privada?

Según los libros de estilo, el concepto que se designa con privacidad está ya cubierto por sus supuestos sinónimos intimidad y vida privada, y en algunos casos por confidencialidad; incluso defienden que podría reemplazarse por aislamiento (manual de estilo de ABC) e independencia y en privado (Departamento de Español Urgente de EFE). La sustitución por la expresión adverbial en privado exigiría modificar la construcción de toda la frase. Por otra parte, independencia y aislamiento son palabras semánticamente próximas a privacidad, pero no suelen ser intercambiables sin que el texto sufra algún cambio de significado.

Es un hecho que el español distingue desde siempre entre los adjetivos privado e íntimo, por lo que no es extraño que esta distinción se haya proyectado recientemente a los sustantivos. El adjetivo íntimo significa ‘relativo a lo más profundo del alma’ (sentimientos íntimos, íntimo convencimiento), ‘reservado’ (ceremonia íntima, partes íntimas del cuerpo), ‘relativo a una relación estrecha’ (amigo íntimo; las relaciones sexuales son por antonomasia las relaciones íntimas); en plural, se emplea para designar a los familiares y amigos más cercanos (los íntimos). Por su parte, privado significa: 1) ‘particular, personal’ (vida privada, reunión privada, zona privada, uso privado, acceso privado); 2) ‘relativo a aquello que se ejecuta en soledad o a la vista de unos pocos’ (en privado); y 3) ‘de titularidad particular, no estatal’ (sector privado, propiedad privada, colegio privado, sanidad privada, televisión privada, etc.). En su segunda acepción, en privado tiene un matiz de menor reserva que la locución en la intimidad, que implica un mayor grado de aislamiento y la idea de un mayor goce y disfrute de la soledad o de la compañía de unas pocas personas próximas. Por tanto, no parece que privado e íntimo sean sinónimos. Íntimo se aplica a las cosas profundas del alma humana, así como a lo cercano, mientras que privado se refiere a lo personal y lo particular, esto es, a aquello que se mantiene alejado del público y que ha de estar libre de intromisión. Así, una reunión íntima es un encuentro muy cercano, donde existe gran proximidad afectiva, mientras que una reunión privada es un encuentro alejado del público, o bien una reunión para tratar asuntos de tipo particular.

Si a partir del adjetivo íntimo se ha creado intimidad, ¿no es coherente que sobre la base de privado se forme privacidad? Las diferencias entre los adjetivos pueden trasladarse a los sustantivos correspondientes intimidad y privacidad. La intimidad es el conjunto de sentimientos, pensamientos e inclinaciones más internos -la ideología, la religión o las creencias-, las tendencias personales que afectan a la vida sexual, determinados problemas de salud que deseamos mantener en total secreto, u otras inclinaciones (p. ej. «Es muy celoso de su intimidad»). Generalmente, a los asuntos que forman parte de ese ámbito -que es el más reservado del individuo y que solo en determinadas ocasiones se cuentan a un confidente-, se los denomina intimidades, en plural (p. ej., «Me sonrojo al oír sus intimidades»). Por extensión, la palabra designa también la relación estrecha entre las personas (p. ej., «Entre Pilar y yo existe una gran intimidad»). Asimismo, la palabra se emplea para referirse al ambiente o la situación en que disfrutamos de la soledad o de la compañía de un reducido círculo de personas próximas, de forma reservada, especialmente para realizar determinadas acciones que requieren aislamiento (p. ej., «Necesito intimidad para trabajar y pensar»; se decía del presidente José María Aznar que había declarado que hablaba catalán en la intimidad). La privacidad, por su parte, es el ámbito de la persona formado por su vida familiar, sus aficiones, sus bienes particulares y sus actividades personales, alejadas de su faceta profesional o pública. Todos estos aspectos, además de los íntimos, constituyen un esfera de la vida que se tiene derecho a proteger de intromisión. Como se ve, el ámbito de la intimidad forma parte de la privacidad, pero no al contrario. Tanto la intimidad como la privacidad son reservadas, pero de distinta forma. Para las cosas íntimas hay personas que son reservadas incluso con los seres más próximos, pues se hallan en lo más profundo de nuestro interior, mientras que la privacidad es preservada de la mirada de quienes no forman parte de nuestro entorno personal, constituido por los familiares, y en algunos aspectos por nuestros amigos personales. Estos pertenecen a nuestra vida privada, pero solo algunos son íntimos.

A este respecto, el Libro de estilo de El País, en la entrada privacy, indica que nuestra lengua distingue entre íntimo, privado y público, y añade que privacidad rompe la «genética del español», pues «mezcla dos conceptos en nuestro idioma». La citada distinción es cierta, pero privacidad no es precisamente la palabra que mezcla los conceptos de ‘cualidad de íntimo’ y ‘cualidad de privado’, sino que es la propia propuesta de El País de utilizar intimidad con ambos sentidos la que confunde los dos ámbitos o esferas. Es más: privacidad viene a deshacer en la clase de los sustantivos la polisemia creada al emplear intimidad con los significados señalados, que nuestra lengua distingue perfectamente en los adjetivos.

En el siguiente ejemplo extraído de El Mundo (17-2-2002) podemos observar que el concepto al que se refiere el término privacidad no es el de ‘intimidad’. El escritor Luis Antonio de Villena critica la actuación de las autoridades públicas en materia del llamado botellón (consumo de alcohol por los jóvenes en plena calle), lo que considera un «alarde represivo a la vieja usanza». Según el autor, las medidas adoptadas por los gobernantes se han llevado a cabo

[...] no para atacar el binomio suciedad/ruido, que es el que más incube a la autoridad pública, sino metiéndose en otro binomio (que también habita el botellón), pero que está más cerca de la privacidad y que sólo en casos excepcionales debe resolver esa autoridad pública. Hablo del binomio alcohol/menores.

El ámbito al que se refiere el escritor no es la intimidad, es decir, los sentimientos profundos de los jóvenes del botellón, sino una costumbre que, en opinión del autor, pertenece al ámbito privado de los mismos y en la que los poderes públicos no deben inmiscuirse.

Otra de las opciones que ofrecen los libros de estilo es la sustitución de privacidad por vida privada. En efecto, esto es posible en muchos casos, puesto que ambas variantes son sinónimas con el significado de ‘conjunto de asuntos y facetas personales o particulares del individuo’. He aquí un ejemplo:8

En medio de los revuelos en torno a la privacidad del Rey, este no parece inmutarse personalmente, aunque su Casa ha anunciado posibles acciones legales ante la publicación de las fotos en Italia (se refiere a unas fotos en que el Rey aparece realizando actividades personales, ajenas a su función pública).

Sin embargo, existen algunos contextos en que tal sustitución resulta forzada. En estos casos, el término privacidad adquiere el significado más abstracto de ‘propiedad o condición del individuo de poseer vida personal ajena a lo público y libre de injerencias’. En los siguientes ejemplos, el término se refiere más a esa condición que a un ámbito de actividades y aspectos de la persona:9

—   Nunca fue demasiado cariñosa conmigo, pero yo sabía que, a su manera, me amaba. Todo en ella era privacidad y secreto.

—   Pero, por más que disfrutase de mi vida hogareña con Friedrich, de mis amistades, del hermoso piso que había comprado y decorado y de mi trabajo, la tranquila privacidad de nuestras vidas se vio interrumpida.

 

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[1] En algunos países hispanoamericanos, especialmente en México, se emplea preferentemente el término privacía. El uso de privacidad es poco frecuente en la lengua coloquial.

[2] V. El País, Libro de estilo, Madrid, Santillana, 2002.

[3] V. Agencia EFE, http://www.efe.es. [Consulta: 26-5-2002].

[4] V. ABC, Libro de estilo de ABC, Barcelona, Ariel, 2001.

[5] Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, Madrid, Espasa, 2001

[6] Cf. Grijelmo, Á. "Un diccionario más rico y más pobre", El País, 1-5-2002.

[7] V. León-Sotelo, T., "Las Academias del español, en pie de guerra contra los extranjerismos", ABC, 27-5-2002; http://www.abc.es. [Consulta: 27-5-2002].

[8] Este ejemplo está extraído de la base de datos CORDE de la Real Academia Española, que puede consultarse en: http://www.rae.es.

[9] idem

15/08/2002

 

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© José Antonio Díaz Rojo 2002


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