El cajetín de la Lengua    

 

Las palabras de relleno

Jairo Valderrama V.

Periodista - Profesor de la Universidad de la Sabana
Bogotá, Colombia
jairo.valderrama@unisabana.edu.co

 

La presión a los reporteros para que originen noticias, como si éstas se fabricaran en serie, obliga a muchos de ellos a cometer errores cuando redactan o hablan. Quizás, los estilos de cada uno y la premura por publicar con rapidez la información funcionan como causas directas en este proceso. No obstante, quienes se dirigen a un público indiscriminado y amplio deben considerar que conforman un modelo de aplicación para lectores y televidentes. Aunque los desaciertos pasan por gazapos sintácticos o semánticos, éstos se descubren, sobre todo, en prácticas recargadas o reiteradas, y en la falta de concisión. Los contenidos y significados periodísticos casi siempre los intuye el público en la manera como se exponen, a pesar de que sólo en muy pocas situaciones aparezca el pulido estilo que engalana. Al igual que los muebles finos, los textos impresionan por el buen gusto, sin que deslumbren.

Primero: las noticias no se producen, sino se cubren, se registran. Segundo: en ese afán por satisfacer las demandas de los directores de medios, mucha de la información resulta prefabricada: reinados, torneos, desfiles, convenios, declaraciones concertadas, etc. Estos hechos se conocen mucho antes de publicarse. Por tanto, la autenticidad de tales emisiones debe cuestionarse. Sin embargo, aquí el asunto es otro: cuánto estiran los periodistas sus notas con el objetivo de cubrir tiempo y espacio, en medios impresos y electrónicos, según el caso; por qué algunos evitan expresiones sencillas y otros recurren a clichés, a palabras brillantes, pero vacías. El veterano periodista colombiano Juan Gossaín lo recuerda:

Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en el Congreso de la República, que consiste en un hombre que habla de pie, no dice nada y los demás no lo escuchan, pero todos están en desacuerdo. A esas personas habría que repetirles aquella recomendación medieval: cállate, o di algo mejor que el silencio (Gossaín, 2001).

 

“Entremos pa’dentro”

Cuando se atentó contra el Club El Nogal en Bogotá, en los apartes de la transmisión de un noticiero de televisión, la periodista encargada de cubrir la información dijo el 7 de marzo en la emisión de las siete de la noche: RCN logró ingresar al interior del Club El Nogal… Al parecer, este cubrimiento resultaba una primicia, pues hasta ese momento ningún otro medio había entrado al inmueble derruido después del atentado. Sin embargo, la “exclusiva” se convirtió en tímido “corderito” debido al gigantesco pleonasmo. Ello resulta del acomodamiento reiterado y elegantón (quizás, cursi) de usar al interior en lugar del simple en. Dos razones funcionarían como pretexto para este uso: impresionar al público y llenar el tiempo cuando se transmite al aire. Dos fallas: ingresar al interior, una redundancia; y logró ingresar se acomoda como una obviedad, pues si “ingresó” es porque lo “logró”. Sobra ese verbo. Fácil es la solución: RCN ingresó en el Club El Nogal… De nuevo se extiende una invitación: “La sencillez llevada al extremo se convierte en elegancia”.

No obstante, a pesar del nerviosismo propio de quien está en vivo y en directo, se supone que quien toma un micrófono y se sitúa frente a una cámara de televisión se ha dispuesto para ello. Y el problema aumenta cuando algunos colegas declaran que su misión consiste en informar y no en educar. ¡Mentira! “A los periodistas también se nos ha olvidado que somos educadores”, señala Héctor Troyano Guzmán, especialista en deportes y ex director cultural del convenio Andrés Bello. (Cacua y Priess: 2000, 141).

La audiencia y los lectores comunes, por lo regular, asumen como verdad cualquier contenido de los medios y admiten como correctas las formas utilizadas allí: palabras escritas o pronunciadas; confían en la función educadora de los periodistas. Los ciudadanos hablan ahora como los periodistas en la radio o en la televisión; mucha gente desea escribir como los redactores de periódicos y revistas. Y los imitadores se multiplican.

En el caso del comunicador social, en cualquier área de su actividad cotidiana, resulta indispensable que a su formación integral y a su vocación por el oficio agregue su dedicación al conocimiento de la lengua materna… en un país que goza de la bien merecida fama de tener una prensa bien escrita, y de ser aquél donde mejor se maneja el idioma, dentro del conjunto de la naciones hispanohablantes (Cacua y Priess, 135).

En ese afán por comunicar aparecen algunos casos que merecen examinarse. “Tienen que tener en cuenta los mandatarios…”, decía más o menos un periodista mientras informaba acerca del encuentro de presidentes en Ciudad Guayana, Venezuela. Remplazar esa reiteración del verbo tener por un deben considerar… o deben tener en cuenta… sería lo adecuado. Y añadamos a estas falencias los trillados verbos realizar (al parecer, el único conocido en la sección de espectáculos de los telenoticieros), hacer, lograr… “Los verbos deben ceñirse con precisión a lo que deseamos trasladar. No caigamos en verbos que desempeñan la función de chicos para todo”, recomienda el periodista español Álex Grijelmo (1998: 342).

“Para poder obtener el premio…”, comentaba un reportero de farándula. En esos términos, que son puro relleno, hay dos fallas: la cacofonía (disonancia de las palabras): Para poder; y sobra ese mismo verbo. Dígase: Para obtener el premio…. En casi todos los casos sobra el poder. Otros ejemplos: Para parar…, para preparar..., pero para…, al concurso concurrieron…, con contestaciones….

Y qué tal el caso de una dama en la radio con el tarareo del “parapara”: “Trabajó para recoger dinero para la construcción de una escuelita para su barrio”. La solución resulta sencilla: “Trabajó para recoger fondos y construir con éste un escuelita en su barrio”. Sigamos: “La noticia publicada por los medios masivos causó revuelo en la opinión pública”. Una noticia, para que lo sea, debe ser publicada (créanme, colegas). ¿Y cuál opinión surgirá de vamos a ir a Japón y China para acompañar al presidente Uribe…? Magno error: ¡dos veces seguidas se usa el verbo ir: vamos a ir! Y lo dijo el director nacional de una cadena radial.

 

Marcando autogoles

En este país los comentaristas y narradores deportivos coleccionan esnobismos idiomáticos, quizás para impresionar a las audiencias criollas con los estilos argentinos de Fox, o mexicanos de Espn, sin investigar los usos correctos, o por lo menos ajustados a la naturaleza de la lengua. Eso sin contar los reiterados adverbios terminados en mente, para rellenar (otra vez) los espacios, sobre todo en medios impresos y en la radio. Por ejemplo: El delantero Enclenco Pocapata, del cuadro azulverdegranarrosáceo, sufrió una lesión en su pierna derecha. ¿Alguien sufrirá una lesión en la pierna de otra persona? Pues no. Sobra el su. Dígase: …sufrió una lesión en la pierna derecha. ¡Se supone que en la pierna derecha de él¡ Una curiosidad: la camiseta debe de ser llamativa.

Muchos sustantivos en español mantienen un verbo correspondiente: camino, caminar; comunicación, comunicar; teléfono, telefonear; uso, usar; recepción, recibir, etc. Campeonar (verbo azaroso) mantiene una cercanía fonética con el sustantivo campeón; sin embargo, calificamos de arbitrariedad extraer, a fuerza, un verbo de cada sustantivo, como es habitual entre el gremio de periodistas deportivos. Ahora recepcionar lo pronuncian y escriben en el país varios narradores y cronistas, para remplazar el sencillo recibir: “Recepcionó el balón en la mitad de la cancha”. Y hasta algunas secretarias: “Hemos recepcionado su carta”. Existe referencia, y de allí surgió referenciar; quizás, de una asociación de marca con marcar. Estos dos últimos términos, sí, de aplicación frecuente y admitida.

Resultados onceava fecha era uno de los intertítulos del Diario Deportivo el 3 de junio de 2005. A partir de allí, se relacionaba el número de equipos de fútbol profesional y los resultados correspondientes de cada partido. Desconocer la diferencia entre los adjetivos partitivos y ordinales distorsiona el mensaje. Una fecha ¿cómo se divide en once partes?. Undécima o, con simplicidad, fecha once resultarían las opciones precisas, aparte de la ausencia de la preposición de antes del adjetivo, que se constituye en otra falta de estilo. Al escribir de acuerdo con el contexto, esto es lo recomendable: Resultados de la undécima fecha.

Esa publicación diaria es muy útil para los estudiantes de periodismo. En ésta se encuentra una cantidad inagotable de formas claras y precisas, amplias y variadas, ¡de cómo no escribir! He aquí más detalles, en otra edición: “Peñalosa, Macea y Alvear integraron la defensa y la verdad es que ahí le falta peso al Júnior”. ¿…Integraron la defensa y la verdad…? Faltó una coma después de defensa. (Diario Deportivo. Bogotá, 3 de febrero de 2003, p. 4).

-De la misma fecha, se lee en la página 8:

En una gran encrucijada se encuentra el técnico samario Eduardo Retat para poder conformar una titular ideal para afrontar de una mejor manera el campeonato que recién se ha iniciado.

Suman más de tres los errores en tan poco espacio. Veamos: para poder es una cacofonía; titular sólo es adjetivo en esa acepción y exige sustantivo: el redactor debió escribir: línea titular, formación titular, etc.; ¿sabrá él qué es “ideal”?; repite la preposición para. Eso sin contar una mejor manera. Sugerencia:

Una encrucijada afronta el técnico samario Eduardo Retat para conformar una línea titular adecuada y participar mejor en el campeonato, que apenas comienza.

Los seres humanos somos falibles, claro. Sin embargo, un profesional de las ciencias de la comunicación ha de tomar conciencia de que las palabras deben ser el envoltorio de una idea precisa; ésas conforman su materia prima. Como en los hermosos regalos, que albergan una sorpresa, el papel colorido debe entrañar un significado apropiado.

La función de los comunicadores sociales (muy evidente) consiste en propiciar todas las condiciones para que el mensaje de interés social, la noticia, llegue de manera efectiva a los receptores. Para ese fin, los medios masivos, por supuesto, funcionan como canales permanentes y amplios. Y en esas fases participan la concisión, la claridad, la brevedad, la oportunidad y, antes que nada, el contexto donde se manifiesta tal hecho…: requisitos, todos ellos, abordados en los talleres de redacción, ámbitos donde se intenta garantizar la eficacia de la información periodística.

El maestro español de periodismo José Luis Martínez Albertos señala los aspectos de mayor consideración en el periodismo moderno: la fuente del mensaje, el mensaje en sí y el destinatario. Pero él añade:

A partir de este momento, los análisis de los mensajes informativos de cualquier medio de comunicación de masas ponen especial énfasis en la consideración del entorno social que rodea el mensaje literario, mucho más que en la simple valoración de los elementos filológicos de dicho mensaje (Martínez Albertos, 2001: 127)

 

Bibliografía:

CACUA Prada, Antonio y Priess FRANK. Ética y responsabilidad. Reflexiones para periodistas. Editora Guadalupe. Bogotá, 2000

Diario Deportivo. Bogotá, 3 de febrero de 2003 y 3 de junio de 2005

GOSSAÍN, Juan. Una palabra y mil imágenes. En La Revista, p. 23. Diario El Espectador. Bogotá, 18 de noviembre de 2001.

GRIJELMO, Álex. El estilo del periodista. Taurus. Madrid, 1997.

MARTÍNEZ Albertos, José Luis. Curso general de redacción periodística. Paraninfo. Madrid, 2001.

28/07/2005

 

Comentarios:

     jairo.valderrama@unisabana.edu.co

© Jairo Valderrama V. 2005

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/relleno.html