El cajetín de la Lengua


SIN PALIATIVOS


Dra. Ana María Vigara Tauste


Las imágenes presentaban en primer plano a la duquesa de Alba en las escaleras de acceso al teatro Bellas Artes de Madrid con motivo de la asistencia a un «encuentro flamenco». El locutor explicaba todo esto y, además, cómo los periodistas del programa habían aprovechado la oportunidad para preguntar a la duquesa por un tema de «actualidad»: el embarazo de su hija, cuya boda con el torero Francisco Rivera fue transmitida en directo, en su momento, por televisión. Y la duquesa —leía con cierto entusiasmo y parecía que completamente en serio el locutor, antes de concederle la palabra en el reportaje— «declaraba que su hija está teniendo un embarazo sin paliativos».

¡Sin paliativos! Seguí escuchando, no obstante el estupor inicial, no fuera a ser que, por algún motivo que yo inicialmente no alcanzaba a comprender, el género «rosa» pudiera permitirse la expresión: quizá el embarazo había sido «prematuro»; quizá la noticia de la nueva criatura (se sabe ya que será niña) no fue bienvenida en la casa de Alba; quizá sencillamente la madre (María Eugenia Martínez de Irujo) estaba teniendo un embarazo horrendo.

—Fenomenal, está fenomenal... —decía la duquesa, visiblemente satisfecha, refiriéndose a su hija y sacándonos de dudas.

Y seguí escuchando, con la curiosidad de conocer si aquel embarazo sin paliativos (en este caso, «parto sin paliativos» más bien) había salido de la boca de la duquesa entrevistada o sólo de la del locutor —y no sé si también redactor— de la pequeña crónica televisiva.

No, al parecer Cayetana de Alba, la duquesa, no había pronunciado esas palabras con que se resumía, tan gallarda e inadecuadamente, la situación. Transcribo a continuación, para mejor comprender lo disparatado de la expresión, las definiciones que de paliar y paliativo dan el DRAE (1992) y el Diccionario de uso del español de María Moliner (segunda edición, 1998):

 

DRAE:

«paliar. (der. del bajo latín palliatus, cubierto con un pallium, capa) verbo transitivo participio us. Encubrir, disimular cohonestar // 2. Mitigar la violencia de ciertas enfermedades // 3. fig. Mitigar, suavizar, atenuar una pena, disgusto, etc. // 4. Disculpar, justificar una cosa.»

«paliativo, va. (De paliar) adj. Dícese de lo que mitiga, suaviza o atenúa. Dícese especialmente de los remedios que se aplican a las enfermedades incurables para mitigar su violencia y refrenar su rapidez. Ú. t. c. s. m. [úsase también como sustantivo masculino]»

María Moliner:

«paliar (del b. lat. "palliatus", tapado) 1 tr. Encubrir o disimular. 2 MED. Aliviar el padecimiento causado por una enfermedad o cualquier efecto de ella: 'Paliar la tos'. Hacer menor o más soportable cualquier dolor físico o moral, un disgusto, una pena, o el efecto dañoso o perjudicial de cualquier cosa: 'Le dije eso para paliar el efecto de la noticia. El agua palía el efecto del ácido'. Aminorar, atenuar, mitigar, moderar, suavizar. Atenuar la importancia de cualquier cosa. 3 Disculpar, justificar o quitar el aspecto culpable a una acción de alguien.»

«paliativo, -a adj. y n. m. Se aplica a lo que sirve para paliar.»

El que el locutor no estuviera citando palabras literales de la duquesa descartaba la ironía y, en consecuencia, el intencionado escarnio público de la mujer, eso que tanto se ha hecho —y se sigue haciendo— en los medios de comunicación con una afamada modelo que, en la inmediatez y el apresuramiento de una rápida respuesta, dijo en el candelabro en vez de «en el candelero». Tal escarnio hubiera parecido, ciertamente, impropio del programa en que se emitía el reportaje, un programa tan «rosa» de carácter como sus contenidos: Corazón de verano (TV1, 21 julio 1999).

Y si la duquesa no había hablado de un embarazo «sin paliativos», ¿por qué aparecía expresión tan contextualmente (y sin paliativos) inadecuada en el texto que leía el locutor? Parecía obvio que el significado que se le quería atribuir era el de sin problemas: es decir, esencialmente un significado contrario del que, en rigor, debería aplicarse a la expresión. ¿Quiso el redactor aparentar más cultura, mejor dominio técnico de su oficio eligiendo un sustituto léxico «con nobleza» para los comunes «problemas»? ¿Simple vanidad?

Naturalmente que el error del periodista, tan difícil de perdonar para muchos, se puede justificar en el apremio con que suele redactar sus escritos. Pero antes de llegar a nosotros, probablemente el texto había pasado con impunidad al menos tres o cuatro filtros: el del redactor, el del locutor-lector y el del montador, el director o el realizador encargados(1) del resultado final del programa. Muchos más filtros, sin duda (y con muchas más oportunidades de reflexión), que aquellos de los que, en la inmediatez e improvisación de la respuesta oral, dispuso la cada vez más famosa modelo del «candelabro». ¿Ignorancia?

Y añado, por si no ha quedado claro todavía, que en modo alguno pretendo culpabilizar al periodista, disculpar a la modelo, enfrentar al espectador (lector, oyente) con sus «mentores». Todo el mundo pareció darse cuenta de la anormal —pero al fin y al cabo inocente— sustitución de «candelero» por candelabro, y el error y la burla han dado tanto de sí, que una cadena privada de televisión emite actualmente uno de esos programas «veraniegos» con este título: En el candelabro. Para muchos —quizá para la mayoría del público «medio» al que van dirigidos programas como Corazón de...—, sin embargo, el empleo incorrecto e inadecuado de embarazo sin paliativos ha pasado inadvertido: en general, y puesto que se trata de una expresión poco usada y poco conocida para ellos, interpretaron de hecho que su significado era el de «embarazo sin problemas». Y, previsiblemente —aunque será el tiempo el que lo dirá—, no sólo ha pasado inadvertido para el público: también para todos esos profesionales y medios de comunicación que se apresuraron a ridiculizar a la modelo y se recrearon difundiendo y rememorando su error...

Entiéndase que si aludo a todo esto aquí no es para escarnio de mal-hechores ni desahogo de ira, sino porque considero que, en general, es más fácil defenderse de lo que se percibe («candelabro») que de lo que no («sin paliativos») y, al fin y al cabo, como es sabido, puntada a tiempo ahorra remiendo.

 

 


NOTA:
(1) El locutor-lector era hombre; la modelo a la que se alude, mujer. Desconozco el sexo del resto de los profesionales mencionados (¿realizador o realizadora?), pero evito la engorrosa y problemática duplicación masculino-femenino en cada uno de ellos.

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© Ana María Vigara Tauste 1999

22/7/99


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