El cajetín de la Lengua


SUDAMÉRICA, O SEA


Dra. Ana María Vigara Tauste

La noción de lo que es o no "políticamente correcto", esa moda que al parecer se ha difundido desde Estados Unidos y se ha instalado con éxito en tantos otros países, influye probablemente más de lo que creemos en nosotros, como usuarios del español. A ella creo, precisamente, que podemos atribuir un curioso fenómeno que vengo advirtiendo desde hace un par de años, quizá tres: la progresiva desaparición de nuestros diarios (y en general de nuestras publicaciones periódicas) de los términos sudamericano, Sudamérica y de la locución conjuntiva o sea.

Aunque todavía pueden encontrarse, como en este ejemplo de El Mundo (6-1-2000, pág. 25):

Este frenesí anglófilo —común en Centroamérica y en bastantes países sudamericanos— no ha sido nunca un vicio brasileño,

los dos primeros están dando paso a la otra versión con que cuenta desde antigo el español, minoritaria en el común de sus usuarios (al menos en los peninsulares): suramericano, Suramérica. La locución conjuntiva o sea, en cambio, lleva camino de desaparecer por completo de la lengua escrita periodística, donde resulta ya muy difícil de encontrar. Y las razones no parecen ser estrictamente lingüísticas en ninguno de los casos, ni da la impresión de que la preferencia de la Academia por una u otra forma en el primero de ellos haya influido especialmente en los usuarios. En ambos casos se detecta una inclinación "sociolingüística" que no parece inducida ni impuesta desde arriba, sino más bien espontánea, pero consciente, en los usuarios de español peninsular.


Sudamericano, Sudamérica

De la última edición de su diccionario (1992) podría deducirse que la forma con -r- era la preferida por la Academia por el modo en que registra los términos: de sudamericano envía a suramericano, y en esta entrada da la definición; en la edición anterior, sin embargo (vigésima, 1984), duplicaba la entrada con exacto contenido; y en ambas ediciones refleja sud, sud- (y no sur-) como "elem. compos. que significa "sur"". Sabemos por Ángel Rosenblat que la Academia Colombiana solicitó en 1961 a la Española la legitimación del término suramericano[1].Manuel Seco proporcionaba en su ya clásico Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (manejo la edición de 1976) una buena descripción de la situación en que ambas versiones competían en el pasado:

SUD-. Forma prefija de Sur: Sudamérica, Sudeste, sudafricano.

SUR-. Según el uso normal y la Academia, la forma prefija de Sur es sud-: Sudáfrica, Sudamérica, Sudeste, Sudoeste. Pero en Venezuela, Colombia y otros países vecinos, se prefiere la forma sur-: Suramérica. Esta forma no es desconocida en otras partes, incluso en España; pero se considera vulgar y poco correcta. Sin embargo, no debe desdeñarse. Rosenblat (Buenas y malas palabras, 263) señala en el empleo de sur- por sud-, por un lado, la liquidación de una divergencia de formas (Sur en el sustantivo, sud- en el prefijo); por otro, una reacción castiza, antigalicista y antianglicista.

Planteadas así las cosas (es decir, en términos lingüísticos), el comentario "sin embargo, [la forma sur-] no debe desdeñarse" debemos entenderlo como una invitación a no menospreciar una opción que, aunque no era la nuestra, debía considerarse bien formada (como la de sud-) y no merecía la consideración de vulgar y poco correcta que aquí, en España, tenía.

Ahora la situación es distinta. Cuando se trata de decir/escribir "sudamericano", el término que era usual entre nosotros para aludir a lo propio de América del Sur (personas o cosas)[2], son ya muchos (cada vez más) los hablantes que ponen en marcha un mecanismo de autocensura que les lleva a pronunciar/escribir la palabra con -r- (suramericano), como se hace tanto con los sustantivos como con el adjetivo en estos ejemplos periodísticos:

Al menos 61 emigrantes africanas, suramericanas y de Europa del Este fueron localizadas en tres prostíbulos (El País, 14-7-99, pág. 24)

Madrid retrocede un 1,67% arrastrada por las empresas españolas presentes en Suramérica (El País, 14-7-99, pág. 52)

Se trata de un local de música de salsa, frecuentado habitualmente por personas de procedencia suramericana (Abc, 22-11-99, pág. 9)

El local donde se produjo el altercado es frecuentado por suramericanos (ibídem)

"De repente, aquí en el Pirineo, me tengo que preocupar de la economía mundial, la crisis de Suramérica o la nueva legislación de impuestos en Estados Unidos" (empresario oscense que vende por Internet, con éxito. El País Semanal, 9-1-2000, pág. 44)

La lectura de las poetisas suramericanas en boga (Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni y Delmira Agustini) le instilará el veneno de la creación literaria (J. M. de Prada, Los Domingos de Abc, 9-1-2000, pág. 22).

Lo hacen, según propia confesión cuando se les pregunta, para evitar la asociación con un término que lleva quizá menos de dos décadas afincado en español peninsular, pero que se siente fuertemente despectivo para con los hispanoamericanos: sudaca o sudoca. Y por extensión, el hablante consciente de tal posibilidad dice/escribe también Suramérica, lo que parece coherente con su elección.

Para Francisco Umbral, sudoca era un término cheli[3], que definía y comentaba escuetamente en su diccionario, publicado en 1983: "sudoca. Sudamericano. También se usa sudaca"[4]. Nunca menciona, ni en esa ni en ninguna otra entrada, que ni uno ni otro tuvieran carácter despectivo o peyorativo. Y probablemente en su origen no lo tenían (de hecho, creo recordar que a mí no me lo pareció las primeras veces que oí sudaca, en Madrid); es muy posible que tanto sudoca como sudaca fueran simple deformación juvenil del término sudamericano (aunque referido sólo a personas), con la que además se abreviaba de un modo un tanto lúdico. En el uso hablado se generalizó el término con -a-: sudaca. Y a degradarlo semánticamente pudo contribuir en su momento la probable asociación con las otras dos palabras que solían usarse con la misma terminación (recogidas también en el Diccionario cheli, sin anotación de uso alguna): masoca y sadoca (`masoquista´ y `sádico´, respectivamente).

De la generalización, relativamente reciente, del término sudaca dan testimonio ahora los diversos diccionarios generales, que lo recogen sólo con -a- (sudaca): con la anotación de familiar en Vox. Diccionario actual de la lengua española (primera edic., 1990, a cargo de Manuel Alvar Ezquerra; no aparecía en el anterior Vox. Diccionario general ilustrado de la lengua española, de 1973); con la de despectivo, la segunda edición del diccionario "de uso" de María Moliner, de 1998 (Gredos, Madrid) -la primera no lo registraba- y el Diccionario de argot [común], de Julia Sanmartín (Espasa, Madrid, 1998)[5]; con la anotación de coloquial se registra en Clave. Diccionario de uso del español actual (SM, Madrid, 1996) y con la de coloquial, despectivo en el reciente Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos (Aguilar, Madrid, 1999).

Las normas deontológicas y de estilo de los periódicos proscriben, lógicamente, todo término despectivo o peyorativo. Y para muchos periodistas, como para muchos hablantes de a pie, la -d- de sudamericano conduce, por asociación, a sudaca, considerado fuertemente despectivo. Y, por contagio, el propio término sudamericano, que nunca lo ha sido, recibe cada vez más, tanto en la lengua hablada como en la escrita, la atenuación (¿eufemística?) de la -r-: suramericano y Suramérica, antes considerados "raros", quizá vulgares, ganan terreno a buen paso en español peninsular. (¿Está ocurriendo algo similar en otros países de Hispanoamérica o Sudamérica?) Con buen criterio, el Diccionario breve de dudas y dificultades (Manuel Seco y Elena Hernández, Espasa Calpe, Madrid, 1999) cambia el punto de vista en la descripción, y habla de "uso normal en España" y de formas prefijas "en competencia":

sud-. Según el uso normal en España, la forma prefija de sur es sud-: Sudáfrica, Sudamérica, sudoeste, sudeste, sudvietnamita, sudcoreano. También existe, pero con aceptación algo menor, la forma sur- (Suráfrica, etc.). Esta forma sur- se prefiere en casos, como los de sudvietnamita y sudcoreano, en que se forma una secuencia de consonantes [...] de pronunciación incómoda para el hablante de español.

sur-. Forma prefija, en competencia con sud-.

En efecto, como ya se sugiere aquí, la forma con -r- se está extendiendo de hecho, tanto en lengua hablada como periodística, a términos como sudafricano y Sudáfrica, que nunca se han visto directamente influidos por un despectivo sudaca (el ejemplo procede de El País, 23-1-2000, última página):

El lenguaje "correcto" llega a Suráfrica

Los medios de comunicación surafricanos se han visto envueltos estos días en un debate novedoso: [...],

y así se refleja ya en dos de los diccionarios generales consultados (Clave y el de Seco, Andrés y Ramos)[6].


O sea

El caso de o sea, locución que parece actualmente proscrita del uso periodístico, refleja particularmente bien, como el de suramericano, la potente influencia que las creencias y los (pre)juicios "sociales" pueden tener sobre el uso lingüístico.

No puedo afirmar que se evite en el habla, donde su uso no es, en cualquier caso, muy abundante. Paradójicamente, dado su valor explicativo-argumentativo, es precisamente en la lengua escrita, tan necesitada de nexos variados con que expresar las variadas relaciones lógicas entre enunciados, en donde se prescinde de ella. Opera también, al parecer, un mecanismo de autocensura por parte del periodista, que pretende evitar la asociación del lector con dos usos "especializados" de o sea que se consideran inadecuadamente connotativos para el lenguaje periodístico "estándar": uno oral, en el que se identifica el os[e]á "pijo" con una proliferación pedante e innecesaria de la locución[7]; el otro escrito, como rasgo identificador de Francisco Umbral, columnista de singular estilo que acaba(ba) muchas frases (en vez de comenzarlas) con o sea, al modo en que lo he usado yo —con intención bien distinta— en el título de este trabajo ("Sudamérica, o sea"). El periodista, que probablemente no quiere ni parecer un hablante "cursi" ni ser eco del estilo de otros autores, tiende a hacer desaparecer o sea de su escritura.

No es fácil predecir si algún día estas tendencias triunfarán definitivamente en el uso oral o escrito (o en ambos). Hoy por hoy, ambas se nos antojan, al parecer, "políticamente (más) correctas" y adecuadas a la particular intención comunicativa a la que sirven. Las cosas pueden cambiar, naturalmente. Como tantas veces se ha dicho, la lengua está viva y en continua ebullición (feliz metáfora que debemos a don Emilio Lorenzo); ni más ni menos que como nosotros mismos, sus hablantes, que somos sus parásitos y a la vez sus auténticos creadores.



NOTAS

[1] Véase Ángel Rosenblat, "¿Sudamericano o suramericano?", en Buenas y malas palabras en el castellano de Venezuela, Editorial Mediterráneo, Madrid, 1982 (6ª edición), tomo II, pp. 43-45. La siguiente cita procede de la página 45:

[...] hoy alternan sudamericano (también Sudamérica), que es lo académico y lo preferido desde la Argentina hasta el Perú, y suramericano, de Venezuela, Colombia, etc., que es lo analógico (en 1961 la Academia Colombiana pidió su legitimación). Hay que tener en cuenta que todos los derivados hispanoamericanos de sur conservan la r" [cita en este párrafo surazo, surero, sureño, suriano o surano, surestada] [...] En la actual reacción a favor de suramericano hay algo de antigalicismo y de antianglicismo. Se tiende a restablecer la regularidad a favor de la r, que, como es una innovación hispánica (en su origen era un "disparate", como la l del portugués Sul), parece más castiza.

[2] Así se nos dice en los libros que ocurría (véase, además de los citados, el Diccionario de usos y dudas del español actual, de José Martínez de Sousa, Vox, Barcelona, 1998, 2ª edic., s. v.) y así me lo parece a mí misma por propia experiencia. Sin embargo, de la conversación con algunas personas de más edad (hombres, intelectuales, 65-75 años) parece deducirse una situación ligeramente distinta. Para muchos de ellos, al parecer, "así [con r] ha sido siempre", y fueron los años posteriores a su juventud los que nos trajeron la "moda" de imitar lo foráneo y emplear la d.

[3] Cheli: jerga juvenil (urbana, callejera) que alcanzó su máximo desarrollo y esplendor a principios de los ochenta, en la llamada sociedad "pasota" y en los ambientes de la "movida" (fundamentalmente madrileña).

[4] Francisco Umbral, Diccionario cheli, Grijalbo, Barcelona, 1983, sub voce. La voz no aparece, por ejemplo, en el Diccionario de expresiones malsonantes del español, de Jaime Martín (ni en la edición de 1974 ni en la de 1979); tampoco en las primeras ediciones del Diccionario de dudas de Manuel Seco. Todo esto da una idea de la cronología del término sudaca, que data probablemente de principios de los ochenta o muy finales de los setenta.

[5] Otro tanto puede decirse de masoca, que, aunque todavía no en el DRAE, puede encontrarse hoy en casi todos los diccionarios (en la última edición del de uso de María Moliner, con la anotación de informal -como sudaca, tampoco aparecía en la primera edición-; en el de español actual de Seco, Andrés y Ramos, con la de juvenil); no así sadoca ni sudoca, que apenas se usan (éste se registra únicamente en el Diccionario cheli de Umbral y en El tocho cheli, de Ramoncín; no lo encuentro en ningún otro diccionario de argot de los que tengo a mano).

[6] Más aún: el programa corrector del lenguaje que tiene el procesador de textos con que escribo en este momento ni siquiera me marca Suráfrica, aunque sí, curiosamente, surafricano.

[7] Este os[e]á coloquial, con su pronunciación casi sincopada, la -a exageradamente abierta y su cambio acentual, es probablemente el recurso más utilizado para caracterizar el llamado lenguaje "pijo" o "de niños bien". Se utiliza, por ej., seguido de ¿no?, en el programa de Canal+ Las noticias del guiñol como carta de presentación de uno de sus personajes habituales: Enrique Iglesias.

20/02/2000

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