El cajetín de la Lengua


BAVIERA, A CORUÑA, LIZARRA Y OTROS TOPÓNIMOS


Dra. Ana María Vigara Tauste

 

Como ocurre con los antropónimos (véase el "cajetín" dedicado a Bernabéu...), ocurre con los topónimos no castellanos: que la Academia no se pronuncia explícitamente sobre ellos (ni ortográfica ni "políticamente") y nuestros medios no muestran acuerdo acerca de cómo escribirlos. En realidad, si hiciéramos una encuesta entre los lectores, es posible que encontráramos una distribución de usos –y un desacuerdo– muy similar.

Hay en el caso de los topónimos una norma de uso antigua (que afecta a la mayoría de los idiomas, no solo al español) que casi nadie discute explícitamente, pero difícil de seguir, hoy por hoy, con objetivo rigor en nuestro país:

cuando un lugar tiene ya un nombre conocido (históricamente, por tradición) en español, debe seguir usándose este; por ejemplo, Londres, Nueva York, París, Múnich, Oporto, Florencia..., y no London, New York, Paris, München, Porto, Firenze...

Cierto que la regla parece sencilla y fácil de cumplir, pero tampoco aquí (por motivos ideológicos, políticos, ortográficos...) parece posible, por el momento, el acuerdo.

La nueva Ortografía de la lengua española publicada por la Real Academia (Espasa Calpe, Madrid, 1999) contiene un apéndice (el número 3) con la lista de los «topónimos cuya versión tradicional en castellano difiere de la original». En él se incluyen, ordenados alfabéticamente, topónimos tanto extranjeros como españoles-no castellanos: Baviera (al. Bayern), Braganza (port. Bragança), Champaña (fr. Champagne), Carballino (gall. O Carballiño), Carcagente (val. Carcaixent), Figueras (cat. Figueres.), Fuenterrabía (vasc. Hondarribia)... Se trata, aparentemente, de una información puramente lingüística, en la que se presenta, junto al topónimo original (en otra lengua), el "tradicional castellano". Ni en el anexo en que aparecen ni en ningún otro lugar se pronuncia explícitamente la Academia sobre la conveniencia, obligación o posibilidad de usarlos de una u otra manera... Sin embargo, la información ha trascendido el plano lingüístico y ha dado lugar a reacciones para todos los gustos (protestas formales de las Academias Catalana, Gallega y Vasca incluidas), interpretando quizá que el simple hecho de hacerlos constar en el listado significa su recomendación de uso por parte de la Española[1]. Y este sigue siendo, sin duda, uno de esos temas en que todos tenemos algo que decir, son posibles argumentos (ortográficos e ideológicos, inevitablemente imbricados además) para todos los gustos, y cualquiera que sea la postura que adoptemos o la preferencia que sigamos, esta excluirá a otra u otras y a casi nadie le parecerá «inocente» la elección hecha...

El desacuerdo en nuestros medios, en los usuarios en general, es un hecho; y, por el momento, el que las posturas parecen irreconciliables, también. Así que unos escriben/dicen (y defienden) Lleida, A Coruña, Donostia..., y otros Lérida, La Coruña, San Sebastián...; y seguramente hay lectores españoles que tienen la impresión de que el pacto de Estella no es el mismo que el de Lizarra, porque, tratándose de un topónimo menor, algunos defienden que, precisamente por serlo, debe mantenerse en vascuence (Lizarra) aunque se utilice la versión castellana para los topónimos importantes; otros que, teniendo versión castellana tradicional, debe escribirse en castellano (Estella) en los medios que utilizan esta lengua, y otros, en fin, que todo topónimo no castellano debe escribirse en su lengua original... Curiosamente, la versión castellana de los topónimos extranjeros que, por tradición, la poseen no suele suscitar dudas ni rechazo, y en general se usa Baviera, Gotemburgo, Gales, Filadelfia, Estrasburgo, Oporto, Milán..., y no Bayern, Göteborg, Wales, Philadelphia, Strasbourg, Porto, Milano... (aquí podemos exceptuar unos pocos como Rumanía/Rumania, Sidney/Sydney, Pekín/Beijing..., en cuya escritura tampoco hay acuerdo).

El problema no es solo ortográfico ni solo "político", aunque las opciones tienen de hecho distinta valoración "ideológica" (casi siempre discutible desde un punto de vista puramente lingüístico). En "Ortografía e ideología: los nombres propios no castellanos en los medios de comunicación", trabajo publicado en el núm. 15 de esta revista (Espéculo), tratamos con un poco más de profundidad estas cuestiones.

 


Notas

[1] Tal simplificación nos llevaría a otra implicación con las mismas posibilidades de certeza: puesto que Carcaixent y otros topónimos valencianos, castellonenses y alicantinos aparecen en el listado junto a todos los demás (extranjeros, catalanes, gallegos, vascos) con su anotación propia ("val."), la Academia, sin duda, considera al valenciano una "lengua" de la misma categoría que las otras reseñadas –discusión acabada, pues, naturalmente si los defensores del bable, el castúo, etc., dejan estar así las cosas, por acuerdo u omisión...

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© Ana María Vigara Tauste 2000


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