Espéculo

Carmen Martín Gaite


Mirada sobre la relación entre espejo y personaje
en algunas obras de Carmen Martín Gaite

Dra. Anne Paoli
Agrégée d'espagnol
Université d'Avignon U.F.R. de Lettres


 

La presencia del espejo aparece muy temprano en la obra de Carmen Martín Gaite, (1) pero la relación que se establece entre este objeto y el personaje va evolucionando al ritmo de las novelas que publica la autora, desde El balneario hasta La Reina de las Nieves. Al « yo » del protagonista, o protagonista- narrador, que se refleja en el espejo, se le va añadiendo la noción de fragmentación del personaje en la imagen que le devuelve el espejo en que se mira. Se sobrepasa el « stade du miroir-objet » (2), pues esta imagen fragmentada y desmultiplicada, que el personaje percibe de sí mismo, simboliza los trocitos, los « cachitos » de su vida pasada. En las últimas novelas de Carmen Martín Gaite, el protagonista, siguiendo el ejemplo de Kay, el héroe de Andersen, intentará reconstituir este espejo roto, que tiene forma de « puzzle ». Una vez alcanzada su meta, podrá volver a encontrar su imagen, ya completa, en el espejo recompuesto.

Sin extenderme demasiado, escojo a continuación unos ejemplos que me parecen ilustrar la correlación que existe entre espejo y personaje (3) en la narrativa de Carmen Martín Gaite.

En la segunda parte de El balneario, primera « novela breve » de la autora publicada en 1955, la representación de la protagonista Matilde delante de su espejo, en la habitación de un hotel - esperando en vano la vuelta de Carlos, ¿su marido, amante o compañero ? - marca un primer enfoque de desdoblamiento en la narración de Carmen Martín Gaite :

« La señorita Matilde se levanta y se va al espejo, atraída por una fuerza misteriosa e irresistible. La mujer de dentro de la luna se levanta también y avanza hacia ella, lenta, solemne y fantasmal. Se quedan paradas una frente a otra y se miran absortas, como haciendo memoria, como si no pudieran conocerse. Fijándose bien, la señorita Matilde advierte, de pronto, que la de dentro tiene en los ojos un poco de burla, como si hubiera adivinado todas las fantasías que ella está urdiendo con tanta seriedad y le siguiera la corriente por obligación. [ ¼ ] Y entonces se ríe, complacida, y señala a la imagen con el dedo y dice : « Yo soy ésa, yo soy ésa. Yo soy tú. » (4)

Matilde acaba por quedarse satisfecha de este estado de sumisión al que se ve reducida su imagen ; no prevalece la relación narcisista, sino más bien la noción de enfrentamiento entre su ego y su alter ego. La identificación entre el « yo » de Matilde y la imagen que le refleja su espejo sólo se manifiesta después de la toma de conciencia del personaje de su propio desdoblamiento. De forma que el espejo permite a Matilde prolongar en la realidad, la de su cuarto, el desdoblamiento ya concebido en el sueño de la primera parte, en el que una forma de sí misma, que aún no tenía identidad, se adentraba en un laberinto, en busca de un Carlos que no existe. Digamos que, en cierta medida, el espejo refleja su lucidez, pero no le otorga la posibilidad de ir hasta el límite de sí misma, ya que una parte de su existencia se fundamenta en el sueño; es intocable, inalcanzable.

 

La noción de desdoblamiento asociada a la imagen de la protagonista que se refleja en el espejo se intensifica con El cuarto de atrás. Al verse en el espejo, Carmen, en vez de anegarse en su imagen, que corresponde al momento presente, se aleja de ella y se ahonda en el pasado (5). Puesta delante de su espejo, levanta los ojos, pero en ese mismo instante, la sonrisa que esbozan sus labios ya no le pertenece ; la niña y la chica que fue miran ahora a la narradora. La protagonista se siente observada y, de repente, ya no domina la situación. El desdoblamiento del « yo » se asocia a la distancia temporal para facilitar la construcción del personaje :

« He terminado de limpiar el hule de la mesa, alzo los ojos y me veo reflejada con un gesto esperanzado y animoso en el espejo de marco antiguo que hay a la derecha, encima del sofá marrón. La sonrisa se tiñe de una leve burla al darse cuenta de que llevo una bayeta en la mano ; a decir verdad, la que me está mirando es una niña de ocho años y luego una chico de dieciocho, de pie en el gran comedor de casa de mis abuelos en la calle Mayor de Madrid, resucita del fondo del espejo. » (6)

Mientras tanto, la novela va elaborándose con un abanico de historias que Carmen abre a lo largo de la noche.

El espejo estalla del todo con Nubosidad variable y La Reina de las Nieves, del mismo modo que las estructuras que forman la armazón de dichas novelas. Para los personajes-narradores-escritores, se trata pues de recomponer el espejo que, a la vez, les permitirá definirse a sí mismos ; mientras tanto, la autora se divierte reconstruyendo el « puzzle » estructural de ambas obras. En Nubosidad variable, el pasado de Sofía y de Mariana bien refleja el epígrafe de Natalia Ginzburg (7). La vida de estas mujeres se asemeja a un espejo que se rompió, hace unos treinta años, al separarse las dos amigas. A lo largo de su existencia, cada uno de los pedazos de espejo se fragmentó en una multiplicidad de cachitos que ni una ni otra tuvo la gana o la voluntad de reconstituir.

« Quand un être meurt, ou cesse de vous aimer, ce qui revient au même, une partie du miroir dans lequel vous vous réfléchissez se brise irrémédiablement »,

confía Carmen Martín Gaite (8). Sofía y Mariana intentan vivir, o, mejor dicho, sobrevivir. Después de tantos años sin verse, su encuentro aparentemente fortuito, al principio de la novela, desencadena pues el proceso de reconstrucción de cada uno de los personajes. Pero, ambas amigas saben perfectamente que una parte de sí misma queda reflejada en los « cachitos » de espejo que posee la otra, y que sólo podrán recobrar su imagen gracias a un deseo y un ánimo recíproco. El día que, por fin, se crucen las dos miradas, el espejo aparecerá recompuesto del todo. Al mirarse cada una en el espejo de la otra, Sofía y Mariana habrán logrado mirarse a sí mismas y aceptarse tales como son, después de huir de su propia persona durante tantos años. La autora sigue paso a paso las narraciones respectivas de ambas mujeres. La cartas de Mariana y los « cuadernos » de Sofía constituyen los dos pedazos del espejo roto con que se halla confrontado el lector. Cada carta, cada cuaderno contiene menudos fragmentos del « puzzle » narrativo ; y uno de los aciertos de Nubosidad variable es el haber insertado en cada una de las narraciones un fragmento de vida de las dos amigas, que el lector vuelve a encontrar contado alternativamente de modo distinto, ensanchado, completado o rectificado : se da así la imagen de un verdadero « puzzle » que Carmen Martín Gaite se deleita construyendo. Una vez colocados todos los trocitos, aparece pues el dibujo de un espejo en el que se reflejan las caras de Sofía y Mariana prorrumpiendo … en risa.

En La Reina de las Nieves, los fragmentos de la vida de Leonardo se asemejan a los del espejo que quebraron los gnomos, en su reino de hielo. La historia de este chico se enfoca pues como si fuera el reflejo de la de Kay, el héroe de Andersen. Siguiendo el ejemplo de su compañerito que intenta reconstituir el puzzle ETERNIDAD que le dejó la Reina de las Nieves, Leonardo se esfuerza en reconstruir su pasado. El acierto de su empresa respectiva llevará ambos personajes a recobrar su propia identidad. El cuento danés, que sigue presente en la memoria del chico, invita Leonardo a hurgar en sus recuerdos y a tratar de clasificarlos. La historia de Andersen se convierte entonces en un telón de fondo en el que el protagonista va tejiendo su propia trama narrativa. La construcción de la novela se establece así a partir de una obra literaria que el personaje-narrador proyecta sobre su vida como un calco, y que integra en su narración, al tiempo que se vuelve escritor. Además, mientras se dedica a la escritura, descubre que algunos fragmentos de su identitad están atados de modo indefectible a los de otro escritor, mejor dicho, escritora, una mujer llamada Casilda, a quien desconoce del todo. A medida que se adentra en su búsqueda, se percata de que la narración que piensa escribir pronto se encuentra ya concebida en parte en las obras de la misteriosa escritora. Ahora bien, Leonardo concibe la reconstitución de su pasado por vía de la escritura, que sería el sentido mismo de su búsqueda. Sus lecturas lo llevan, pues, a conseguir que una parte de sí mismo se encuentre reflejada en el « yo » de aquella desconocida, que le presenta unos fragmentos de su propia imagen, como si fuesen los trocitos de un espejo roto. De modo que necesita encontrar a esta mujer para reunir esos fragmentos. Y, por una vez, Carmen Martín Gaite que otorga tanto poder a las palabras, deja petrificados de silencio a estos dos seres que, al descubrirse, se ahogan en la misma mirada verde que cada uno echa al otro ; porque Leonardo ve en los ojos de Casilda los de su propia madre, es decir los suyos. Por su parte, la autora sigue la trayectoria narrativa de los protagonistas, como si hubiera una inversión de papeles. La confusión y el desorden de los recuerdos con que choca la memoria de Leonardo se traducen voluntariamente de modo similar en la novela. En el primer capítulo, por ejemplo, Rosa Figueroa, la vieja aldeana, evoca a Leonardo y en seguida desaparece ; pero el lector aún ignora en el segundo capítulo titulado « Celda con luz de luna », que el personaje encarcelado es el mismo que el niño de quien hablaba la criada, al principio de la novela. Lo mismo ocurre con Casilda, presentada bajo forma de « puzzle », primero según la mirada de la gente del pueblo, luego con la alusión que el maestro hace de la joven Sila, y así, hasta que el lector pueda reunir todos los fragmentos de una historia que los protagonistas-narradores reconstituyen también, por su parte. Recobrada ya su identidad, Leonardo puede dejar estallar su emoción y, casi ofreciéndole sus lágrimas, trasmitir la palabra « fin » al pequeño Kay, cuyo drama había trastornado su infancia.

« Hoy día [ ¼ ] perdura [ ¼ ] en nostros esa sed de ser reflejados de una manera inédita por los demás, la sed del espejo. A todos, ya lo creo, nos gustaría encontrar ese buen espejo donde no se reflejaran más imágenes que las que se fueran produciendo al ponernos frente a él, por fragmentarias, incoherentes o indescifrables que fueran. [ ¼ ] Lo que uno querría, en efecto, a cada momento, es que lo mirasen y tuviesen en cuenta por ese momento. » (9)

escribía Carmen Martín Gaite en 1972. Esa « sed del espejo », expresada ya, como vimos, en El balneario, acompañará a la autora a lo largo de su camino narrativo, sin que por ello se apague definitivamente al final de cada una de sus obras. Los personajes de Carmen Martín Gaite se parecen a ella ; es decir que, a través de la imagen que les refleja el espejo en el que se miran, buscan al interlocutor capaz de escucharlos y de establecer con ellos el diálogo vital ; a veces incluso le prestan su voz.

« Decir "yo" es convocar al interlocutor e instaurar el espejo. » (10)

subraya Isidoro Blastein. Sin embargo, el resultado no siempre es positivo : Matilde, la chica solitaria de El balneario se ahoga en la vacuidad de su existencia ; David, el antihéroe de Ritmo lento, novela escrita en 1963, se ve excluido definitivamente de cualquier posibilidad de diálogo y, en Fragmentos de interior, publicada en 1976, Agustina, la mujer a quien desamparó su marido Diego, elige callarse para siempre. Esas tres novelas son sin duda las obras más sombrías de Carmen Martín Gaite ; cada una, a su modo, marca los intentos infructuosos de sus protagonistas por crear un diálogo que les nutra, así como las consecuencias dramáticas que acarrean su fracaso. Pero, « esa sed de espejo », o esa urgencia por encontrarse reflejado en la mirada de los demás es tal que la felicidad al verse cumplida la meta anhelada domina en la mayoría de las novelas. Para conseguir tal resultado, el personaje invita, convoca o encuentra, - ¿ por casualidad ? – al interlocutor ideal ; ambos desempeñan entonces la doble función de protagonista-narrador ; ambos se sacian a la fuente inagotable de la palabra ; así lo demuestran Carmen y Alejandro en El cuarto de atrás, siguiendo el camino emprendido ya con las « Retahílas » de Eulalia y Germán. Pero en este intercambio de palabras, enfocar el pasado y reconstituirlo queda fundamental. Para construirse a sí mismo, el protagonista-narrador tiene que poder restablecer el lazo, a menudo roto o escondido en « el cuarto de atrás » de su memoria, entre su niñez o su adolescencia y el presente de su existencia. Para definirse del todo y dar un sentido a su identidad, debe trasmitir también su propia historia a ese interlocutor indispensable ; de ahí, la necesidad de inventarse a veces a ese personaje, como pudo ser el caso - o no - en El cuarto de atrás ; de ahí también la de pronunciar y escribir unas palabras para dar la prueba a ese interlocutor a distancia de su existencia frente a sí mismo, pero también frente a él : Nubosidad variable y La Reina de las Nieves son los mejores ejemplos. La mayor felicidad de Sofía y Mariana, de Casilda y Leonardo, se traduce con el acierto de la definición de su identidad, por y para la otra / o el otro. Una vez reconciliados con el pasado, ambas amigas, madre e hijo, están dispuestos ya a mirar juntas o juntos el porvenir. Ya puede empezar su historia. Por fin se abre ; como la de Águeda, en Lo raro es vivir, quien, a la muerte de su madre, empieza por « beber olvido […] en una « marea de papeles ajenos » (11) por miedo a enfrentarse con las heridas de un pasado interrumpido. Al ir analizando la compleja relación de amor y odio que la ató a su madre, Águeda acaba por salir curada de este periplo interior, capaz ya de admitirse tal como es ; consigue desprenderse de la sombra de su madre que la ahogaba, guardando sólo su nombre y un pasado recompuesto ya. Su verdadero triunfo consiste entonces en prolongar su identidad en la de su hija, Cecilia, que nunca hubiera aceptado tener, al principio de tal prueba.

 

Notas:

  1. En un artículo dedicado a Antoniorrobles, Carmen Martín Gaite relata con emoción su encuentro con el escritor en El Escorial. Antoniorrobles, que tenía entonces ochenta años se quedó pasmado, al escuchar a la autora salmantina recordándole los cuentos para niños que él había escrito en su juventud, sin tener la posibilidad de volver a leerlos porque los había perdido durante la guerra civil : " [...] a petición suya, le conté el argumento de alguno de ellos, poniendo en mis resúmenes improvisados la emoción inherente a la situación misma que los provocaba. Le hablé [...] de la niña Cristina que no tenía amigas y llegó a conseguir que su imagen en el espejo le dirigiera la palabra y saliera del cristal para jugar con ella. ", Martín Gaite (Carmen) " Mi encuentro con Antoniorrobles ", Informaciones, septiembre de 1975, luego, en La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas, 1973, Barcelona, Destinolibro, p.183-184.

  2. Me permito deformar la fórmula de J.Lacan, sacada de su artículo " Le stade du miroir comme formateur de la fonction du Je, telle qu'elle nous est révélée dans l'expérience psychanalytique ", Écrits I, Point Seuil, n°5, Paris, 1966, pps 88-97.

  3. El lector que quiera ampliar sus conocimientos de los ejemplos que iré exponiendo, trátese del espejo o de otro objeto, leerá con mucho placer el trabajo de Emma Martinell titulado El mundo de los objetos en la obra de Carmen Martín Gaite, 1996, Cáceres, Universidad de Extremadura.

  4. Martín Gaite (Carmen), El balneario, Cuentos completos, Madrid, Alianza editorial, p. 233-234.

  5. Para Maria Vitoria Calvi, en El cuarto de atrás, " lo specchio è uno dei principali veicoli di comunicazione tra il presente e il passato, e quindi tra mondo reale e quello evocato. ", Dialogo e conversazione nella narrativa di Carmen Martín Gaite, Milano, Arcipelago edizioni, 1990, p. 127.

  6. Martín Gaite (Carmen), El cuarto de atrás, destinolibro, 1983, p. 74.
  7. " Cuando he escrito novelas, siempre he tenido la sensación de encontrarme en las manos con añicos de espejo, y sin embargo conservaba la esperanza de acabar por recomponer el espejo entero. No lo logré nunca, y a medida que he seguido escribiendo, más se ha alejado la esperanza. Esta vez, ya desde el principio no esperaba nada. El espejo estaba roto y sabía que pegar los fragmentos era imposible. Que nunca iba a alcanzar el don de tener ante mí un espejo roto. ", Ginzburg (Natalia), Preámbulo, La citta e la casa, Torino, Einaudi, 1984, citado por Carmen Martín Gaite en Nubosidad variable.

  8. Couffon (Claude), " Le retour de Carmen Martín Gaite ", Magazine littéraire, juin 1997, p. 76.

  9. Martín Gaite (Carmen), " Los malos espejos ", La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas, op.cit, p. 16-17.

  10. Blastein (Isidoro), Carmen Martín Gaite, Semana de Autores, Martinell Gifre (Emma), (coord.), ICI, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1993, p. 64.

  11. Martín Gaite (Carmen), Lo raro es vivir, Anagrama, 1996, p. 42.


Bibliografía

Martín Gaite (Carmen) « Mi encuentro con Antoniorrobles », en La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas, Barcelona, Destinolibro, 1978 .

Lacan (Jacques), Écrits I, Point Seuil, n° 5, Paris, 1966.

Martinell (Emma ) El mundo de los objetos en la obra de Carmen Martín Gaite, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1996.

Martín Gaite (Carmen), El balneario, Cuentos completos, Madrid, Alianza editorial, 1982.

Calvi (Maria Vitoria), Dialogo e conversazione nella narrativa di Carmen Martín Gaite, Milano, Arcipelago edizioni, 1990.

Martín Gaite (Carmen), El cuarto de atrás, destinolibro, 1983.

Ginzburg (Natalia), Preámbulo, La citta e la casa, Torino, Einaudi, 1984.

Couffon (Claude), « Le retour de Carmen Martín Gaite », Magazine littéraire, juin 1997.

Blastein (Isidoro), Carmen Martín Gaite, Semana de Autores, Martinell Gifre (Emma), (coord.), ICI, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1993.

Martín Gaite (Carmen), Lo raro es vivir, Anagrama, 1996.

© Anne Paoli 1998

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Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid) 1998

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