Espéculo

Carmen Martín Gaite


LA IMPRESIÓN DE LAS INSTANTÁNEAS
DE CARMEN MARTÍN GAITE


Carol López Pérez



Estamos inventando falsos paraísos
y aun teniéndolo todo no vemos el regalo:
el instante es lo eterno; lo real, el prodigio.
GABRIEL CELAYA. Buenos días, buenas noches.


Me han propuesto que explique la primera impresión sobre Carmen Martin Gaite…

La primera impresión fue sobre lienzo duro con pincelada rápida sin firma. En medio de COU y mis líos familiares y la edad, presionó su nombre en la tela del cerebro sin decirlo…

Las mañanas rutinarias pero llenas de ilusión con la cartera a cuestas, la carpeta de papeles siempre medio ordenados y un libro, recorriendo el camino hacia los ferrocarriles de Muntaner. El andén medio vacío, el vagón a reventar y el calor asfixiante de anoraks y jerseys anchos con la calefacción saliendo a chorro del lateral de mi asiento. Repasos finales de Historia o Matemáticas y, de fondo, una banda sonora que se cuela entre apuntes y me susurra con acordes muy tímidos, casi desconocidos, "Carmen Martin Gaite" y me tatarean algo así como "Lo raro es vivir".
(…)

¿ Una segunda impresión?

Nos mantenemos en COU, con más líos familiares, más nervios "selectivos", y más asignaturas para engullir. Trabajos arriba y abajo, y Emma que se cuela entre las frases de estos y me las ordena. Éstas y muchas más que vendrían después, que no fueron precisamente de trabajos… o del trabajo de la vida… Y, en la mesa enorme, con balcón precioso y miles de testigos en las estanterías, con la tele arrinconada en un sillón pequeño, Emma me presenta a Carmen Martín Gaite.

De acordes pequeños, de susurros en las mañanas de ferrocarril y calor asfixiante, Carmen alcanza la melodía alta de su amiga.

La tercera fue la más grande. Fue una diapositiva enfocada desde lejos, en toda una pared ancha de un salón. Fue una fotografía de esas tan modernas de ahora que son estrechas y alargadas. Fue la vista del Gran Cañon del Colorado…

Fue su encuentro (¡ a la tercera va la vencida!). Círculo de Lectores organizaba una conferencia: "La mujer y la literatura" … El director de orquesta era ella.

Aquellos acordes sí fueron inmensos…

Traspasan mi alma, me dejan la boca pequeña, los ojos abiertos por intentar coger todo… La observo, la escucho y ella me abre el camino de intentar abrir la boca por la mano. Me va dando alas en cada una de sus sílabas, me atrapa, me entusiasma, me apasiona…

Carmen Martín Gaite es eso para mí. Enredarnos en su vida, atraparnos en sus libros de entusiasmo, mientras ella apasionada se come la vida y tiene el don de poder darnos bocados con sus libros. Esa tercera impresión, esa tercera fotografía hizo un día con el flash convertido en foco. Hizo un día especial.

Héctor y yo nerviosos en una cola porque nos firmase C. M. Gaite un libro. El primero, nuestro encuentro: "vivir raramente". Y desde allí, la siento, la voy viendo entre cabezas, me voy acercando y finalmente -¡ qué tonta me puse! - el libro en la mesa, quererle decir de todo y no decir nada (¡qué me cuesta a mí resumir y coger la esencia!) y sólo atreverme a darle una nota con cuatro palabras desordenadas intentando agradecerle lo que me acababa de dar en esa charla.

Precioso principio y glorioso final.

La cuarta impresión fue en un colegio de Aribau-Vía Augusta, previo aviso de Emma, con mucha lluvia fuera y Héctor de nuevo a mi lado.

Leyó unos poemas, alternó con sus risas y bromas, su espontaniedad, y para qué engañarnos, me volvió a atrapar. Y me volvió a dejar con unas ganas locas de poder hablarle… aquí no hubo nota.

Esta foto fue pequeña y rápida, fue de esas que se revelan solas y salen al instante de la cámara. Como siempre tuvo mucho flash. Aunque afuera lloviera, hubo luz.

Las demás impresiones que se sucedieron lo hicieron en los trenes, en los metros, en las esperas. Me dio por escribirle sobre mis intentos literarios, sobre derramar el alma, sobre querer conocerla y fue así como la fui convirtiendo en una especie de amiga, a través de mis monólogos, y en mis sueños, diálogos. La cafetería de nuestras charlas monotemáticas eran hojas de la libreta azul pequeña de mis viajes.

Llenó mis días, conversaciones reales con amigos reales (ahora sí), mi "cuarto de atrás", mis noches, mi huida por intentar "irme de casa" y lo inundó todo de una especie de "nubosidad variable"…

Yo, ahora, ¿qué quieren que les diga sobre ella?

Para mí en poco fue mucho. Fue muchas coincidencias porque apareció en fotografías muy distintas de mi vida, que sin querer tejió y les dio forma. Fue ir desde COU hasta segundo curso de Universidad, desde Héctor a estar lejos de él, desde Anna hasta Alicia, desde Raúl hasta Iván, Bernardo, Raquel, Manolo y David, desde Aribau-Vía Augusta hasta Granollers…

Y, la quinta impresión, ¿para qué contarla?

La sorpresa, la rabia, el partir mi ilusión, mi trozo de vida, de inspiración, mis ganas, mis "medio- poemas", mi razón, mis porqués… en lo absoluto de no verla más… Pero ella me volverá a dar su ilusión y sus ganas, porque ella es así, por volverlo a intentar, por devolverle a las partes de lo anterior el todo, porque "lo raro es vivir" y quedan las impresiones del alma, de los momentos, de las fotografías y sobre todo, de sus libros…

Y así ella vuelve a estar aquí, como desde el principio, raramente fuerte, ilusionista, sorprendente y, claro, muy, muy, viva…

Carol López Pérez
Granollers, verano 2000.


© Carol López Pérez 2001

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cmgaite/c_lopez.html

Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid) 2001

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