Espéculo

Carmen Martín Gaite


Entrevista con Carmen Martín Gaite

Emma Martinell
Universidad de Barcelona

 

EM: Tus lectores saben que prefieres escribir a mano, en pluma estilográfica, porque te reconoces en una letra regular, que te parece bonita y que no ha cambiado a lo largo de los años —lo hemos visto en los manuscritos reproducidos en Al encuentro de Carmen Martín Gaite—. Sin embargo, has vivido el auge de la máquina de escribir y, más recientemente, del ordenador personal. ¿Cómo has vivido estas etapas, si es que pueden llamarse así? ¿Has cambiado de útil de escribir?

CMG: Soy persona abierta a lo que va ocurriendo en el mundo. No me cierro en banda a las cosas nuevas; no soy tan necia que no reconozca su utilidad. Ahora bien, a mi edad, ya no voy a aprenderlo, a utilizar el ordenador, la Web... Si alguien trabaja con ese sistema, y puedo ayudarlo, lo hago. Pero me sentiría triste si tuviera que escribir directamente ante una pantalla. Como medio de difusión de la cultura, que llega a muchos y con rapidez, lo veo muy bien. Por ejemplo, que ahora dediquéis un número de una revista electrónica a mi obra. Siempre ha habido una primera vez, en ponerse al teléfono y hablar, o en montarse a un avión. Yo me muevo en el mundo y, claro, evoluciono. No me faltan la curiosidad ni la amplitud de miras; edad de aprender, en cambio, no la tengo ya. Te diré: he pasado horas, hace pocos meses, en la Biblioteca de Washington, y los amigos me mostraron, en la pantalla, una lista de trabajos sobre mi obra. Reconozco que es una grandísima ayuda, y la agradezco en la medida en que prueba que hay interés por mi obra, y en tantos lugares. Me quita años de encima, alienta mi talante curioso y activo.

EM: Las recopilaciones de bibliografía que venimos publicando te han confirmado lo mucho que se trabaja sobre tu obra. Has sido traducida a otras lenguas, y tienes, a muchos quilómetros, un público constante que te lee en traducciones o en español; además, muchos críticos investigan sobre tus trabajos en diversos países. Cuéntame algo de lo que sientes ante todo ello.

CMG: Sí, te refieres al alcance internacional de un autor. Siempre que he tenido una traducción —labor de buenos traductores, desde luego—, he experimentado una gran satisfacción. Pero, mira, quizá no tanta como al saber que soy leída en mi lengua. Yo misma he sido traductora y sé que algo se pierde en el camino. Yo utilizo mucho un lenguaje coloquial; mis textos tienen un humor verbal que quizá pierde algo de su fuerza al ser traducido. He hablado de ello con colegas a los que les entusiasma que se les traduzca; a mí, me gusta, pero prefiero que se me lea en español. Tengo una sensación cercana de las cosas; por ello prefiero lo cercano conocido a lo lejano por conocer. Cuando estoy fuera, si no paso más de quince días en un sitio, no llego a cogerle el aire. He estado en América muchas veces, pero he escrito poco de América, porque creo que para hablar de las cosas tienes que haber alcanzado la sabiduría que da el contacto cotidiano. En América, empezando con la labor crítica de la prof. Joan Lipman Brown, se me ha estudiado mucho. El texto From Fiction to Metafiction [...], con los trabajos de R. Gullón y de G. Sobejano, entre otros, representó el inicio, de España, de una valoración diferente de Carmen Martín Gaite.

Sabes que la naturalidad me acerca a las gentes de otros países, que no me causan extrañeza. Pero, por lo que respecta a la internacionalización, no me doy más importancia que la que reconozco a un profesional de otro campo. Quiero hacer bien lo que hago, y agradezco como un don el poder hacerlo y que, luego, me lean desde tantos lugares, y que investiguen en mi trabajo desde tan lejos.

 

EM: Carmen, ganaste el Premio Nadal en 1958, y estamos en 1998. Son cuarenta años los que han pasado. Me gustaría que expresaras de algún modo los sentimientos que has experimentado en este tiempo al ver, por una parte, que no dejabas de escribir, que te salía la escritura; por otra, que el número creciente de lectores daba fe de tu buena escritura. No debías de esperar necesiariamente eso en ese diciembre de hace cuarenta años. Cuéntanoslo un poco, lo que sientes, por favor.

CMG: Me parece un milagro. Eso. No me puedo explicar, cuando acabo algo, que vuelva a ocurrírseme algo más, diferente. Pero, sin embargo, reverdeces, se te ocurre esa otra cosa. En eso no he perdido nada. Otras cosas he perdido en la vida, pero no la capacidad de enfrentarme a una nueva historia, de inventar algo dejándome llevar por el ritmo de la propia historia, que tiene su ritmo, desde luego. Son cuarenta años, con la misma ilusión de hace cuarenta años.

Hay tres tipos de satisfacción. Una es la de cuando escribes. A mí lo que me gusta es escribir. No manejo el tema hasta que lo tengo bien cogido. Con mis notas, mis apuntes, y mi memoria compongo ese tema. Ya sabes cómo aludo en mis textos a coser, a los hilos, a ese quitar y poner las cosas, a componerlas... No contarlo todo de golpe, eso es lo esencial para mantener el interés del lector...

Otra es la satisfacción de la crítica que se te hace. Las leo y las recibo bien. Unas veces, pienso que no se han fijado en algo a lo que yo concedo importancia, pero otras veces veo que los críticos han hecho puntualizaciones que me sorprenden por lo atinadas, a veces notan cosas que yo no veía del mismo modo, y que están bien. De hecho,el libro ya está en manos de los demás. Y es el momento del trabajo de los críticos.

Otra satisfacción es la que da el lector. Constato que le gusto a bastante gente, no voy a decir otra cosa. Y no me ven como una escritora que haya tirado la toalla, una escritora consagrada. Esta gratificación de la venta, digamos, no lo es en sí misma, si uno no está contento consigo mismo. Lo que he hecho lo he hecho lo mejor que he sabido. Con la limitación que tenga en los temas, porque escribo de lo que conozco, y tampoco tengo demasiada tendencia a explicar cómo hago lo que hago. El lector ya lo entenderá. Por eso matizo la realidad, y no doy toda la información de golpe. Me satisface que el lector valore que lea poniendo de su parte.

He vivido los cuarenta años con la suerte de poder hacer lo que me gusta, escribir, y con la suerte de que lo que escribo les gusta a mis lectores, y alienta a los críticos. Lo veo como un milagro.

EM: Te agradezco que hayas querido conceder esta entrevista para Espéculo. Se recibirá en un nuevo soporte, la pantalla, y los lectores seguirán teniendo una imagen cercana de Carmen Martín Gaite.



El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/cmgaite/entr_cmg.htm

Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid) 1998

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