Espéculo

Carmen Martín Gaite


La mirada del escudero


Ángeles Solsona


 

 



I.

La editorial EUNSA de Pamplona me ha pedido unas palabras que puedan servir de introdución al libro de Mª Ángeles Lluch sobre los cuentos de Carmen Martín Gaite. El lector se preguntará quizá por qué es Ángeles Solsona la persona ideal para presentar este estudio, que surge de una tesis doctoral. ¿Es ella misma estudiosa de la obra de la autora? ¿Será, quizá, como Ana Mª Matute o Josefina Aldecoa, una escritora de la "generación de los cincuenta"? No, la razón de que se me haya invitado a prologar este libro y a hablar de Carmen, cuando su muerte se halla aún tan cercana, es de un tipo diferente. Ni soy académica ni una autora consagrada pero, en cambio, sí puedo decir algo de la persona sobre quien ha escrito Mª Ángeles Lluch, porque he convivido con ella a diario durante catorce años.

   

Hacia el año ochenta y seis yo me encontraba en una situación personal muy delicada, pues estaba a punto de perder mi puesto de trabajo. Por aquel entonces yo sólo conocía a Carmen de vista o, si se quiere, a través de un trato rutinario. Ha de decirse que Carmen, aun siendo cortés en sus maneras, podía parecer un tanto reservada. De ahí que me sorprendiera enormemente que el mismo día en el que debía abandonar mi empleo, se presentara en la empresa y, con un gran cariño, me dijese: "Tú te vienes a casa conmigo". Quería que yo fuera su secretaria, sin saber cuáles eran mis conocimientos ni qué es lo que yo podía hacer. Así se inició nuestra relación, una relación que me resisto a llamar "profesional".

Desde aquel instante Carmen comenzó a transmitirme sus múltiples cualidades. Si debo evocarlas, tengo que hablar de humildad, de ganas inmensas de vivir, de alegría y de optimismo, de dedicación al trabajo, de generosidad con todos los que la vida le ponía a su lado. Porque Carmen sabía demostrar esa generosidad tanto con las personas más insignificantes como con aquellas que supuestamente poseían relevancia pública. Mi amiga –porque no puedo llamarla de otro modo— tenía además el don de hacer que todo a su alrededor fuera mágico. Y así, por paradójico que parezca, ella, que tanto habló de la rutina en sus novelas (y en alguno de sus cuentos), tenía la virtud de desterrar de su entorno cualquier forma de rutina para llenar el día de sorpresas.

Cuando se produjo su muerte, el pasado veintitrés de julio, no podía creérmelo, y eso que conocía bien la enfermedad que padecía. Supongo que me resistía a imaginar muerta a una persona tan vital. Eso sí que era para mí una verdadera paradoja.

Lo que Carmen me ha dejado es una colección de experiencias, una comunicación frecuente que tiene mucho de personal e intransferible. Lo que Carmen nos ha dejado a todos es su obra, en la que nos invita, y nos seguirá invitando, a ser su interlocutor buscado.

Mª Ángeles Solsona
Madrid, agosto de 2000


Nota: Emma Martinell ha comunicado a la sra. Lluch el deseo de que este texto tuviera un lugar en la página web de Carmen Martín Gaite, y ni a ella ni a quien lo ha escrito les ha parecido mal. También ha pedido a Ángeles Solsona que explique algo más, algo que sólo ella ha conocido de cerca. Muchas gracias por aceptar darle forma escrita.

 

II. La mirada del "escudero"

Describir con palabras o por escrito, la sensación que operaba en mí, mezcla de emoción e impaciencia, cada vez que Carmen Martín Gaite me mandaba fotocopiar una tarjeta postal. Tarjeta que había sido seleccionada por ella, con esmero, y que casi siempre provenía de su correspondencia personal. Era un síntoma inequívoco de que a partir de ese momento y en los próximos meses, Doña Carmen —como yo la llamaba—, se iba a aventurar a escribir un nuevo libro.

Todo el que haya seguido la trayectoria personal y profesional de Carmen Martín Gaite habrá percibido la personalidad tan arrolladora que poseía. Pero yo me voy a centrar en la parte profesional, para sacar a flote dicha personalidad.

Si ya de por sí es un privilegio ir viendo crecer día a día una historia que luego finalmente terminará en manos de un lector en forma de libro, el privilegio era doble en mi caso, ya que tengo que reconocer que Carmen Martín Gaite era muy generosa —en esto y en todo— porque me dejaba ir viendo crecer un proyecto en el cual me permitía dar mi punto de vista.

Pero tengo que hacer un pequeño inciso y explicar la forma que iba tomando esta historia en los cuadernos que Carmen Martín Gaite utilizaba para escribir. Ya que esto era norma de la casa, es decir, escribir toda la historia a mano en unos cuadernos que nada más abrirlos te decían que la persona que estaba haciendo uso de sus páginas amaba su profesión. Empezaba poniendo con una letra impecable desde el título del capítulo hasta algún dibujo que tuviera similitud con lo que en esa hoja se estaba diciendo, aparte de poner alguna pegatina que había cortado y pegado en sitios estratégicos de dicho cuaderno. La sensación al abrirlos era siempre de sorpresa por lo que he dicho anteriormente. Y también por identificarlo con algo, como cuando ves un cuadro por primera vez y te empiezan a llamar la atención todos los objetos que forman parte de él y, en conjunto, es una obra que te deja sorprendida.

Retomando la creación y forma que ya iba tomando el libro, también hay que destacar (y forma parte de la personalidad de Carmen Martín Gaite) que nadie se enteraba de este proyecto hasta que casi estaba terminado —cuando me refiero a "nadie" quiero decir que ni tan siquiera su editor lo sabía— y esto me hacía sentir mucho más privilegiada.

Eso sí, tanto el lector como el editor y todas las personas que estábamos detrás de este proyecto siempre le agradecíamos y le agradeceremos cada libro.

Dicen que las personas no se mueren si seguimos acordándonos de ellas. Por eso Carmen Martín Gaite siempre estará viva en todos los que lean un libro suyo y en todos los que hemos tenido la inmensa suerte de conocerla.

Gracias, Carmen Martín Gaite, por todo lo que has aportado a mi vida.

¡Gracias! ¡¡Gracias!! ¡¡¡Gracias!!!

Ángeles Solsona
"El Escudero"

Nota: Emma Martinell recuerda a los lectores que Irse de casa lleva esta dedicatoria: "Para Ángeles Solsona, mi fiel escudero en la lucha contra los fantasmas".


© Ángeles Solsona 2000

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cmgaite/lamirad.html

Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid) 2000

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