Espéculo

Carmen Martín Gaite


"Siempre nos quedarán las palabras"


Ernesto Rodríguez Triviño



1.

Desolado por una circunstancia personal, triste y ambiguo recurro al teatro como una válvula de escape.

Necesito encontrar un texto que hable de lo que me está pasando, de aquello que siento, pero que tantas veces he querido escribir y nada ha salido con suficiente fuerza.

Por aquellas casualidades del destino, cae en mis manos la obra Cuentos completos y un monólogo, de Martín Gaite y me empapo de ella.

Lo había encontrado, había sido como caerse en un pajar y clavarse la aguja. Nadie hasta el momento había expresado con palabras, bajo mi punto de vista, lo que la soledad significa.

Eran frases con metáforas, con ejemplos cotidianos, con verbos de los denominados vivos, de aquellos que se entienden y que por lo tanto trasmiten.

Las sensaciones que se sienten al leer con palabras de otra persona todo lo que en una ocasión has estado pasando y sufriendo son indescriptibles.

Es por ello por lo que me lancé a la interpretación del texto como actor y se creó una unión entre lector-actor-personaje de las que en pocas ocasiones se suele dar.

Al leer el texto, cada una de las palabras escritas por la autora hacían referencia a una imagen. Trataba la soledad como si de una mujer se tratase, pero aun sabiendo que todo era metáfora, la credibilidad del texto y su comprensión estaban aseguradas al cien por cien.

Las representaciones teatrales de A palo seco fueron un éxito tanto de público como de crítica. Y desde mi humilde modestia, como mero puente de transmisión, reconozco que fueron las palabras las que gozaron del éxito, más que la propia puesta en escena.

Poco después tuve la gran suerte de poder decírselo a Carmen - y permítanme la familiaridad,- en persona, en su ático madrileño, y recuerdo que me dijo que eso era lo importante, "el que quedasen las palabras".


2.

Nueve de mayo de mil novecientos noventa y ocho.

Es tremendo el calor que hace en la capital de España.

He viajado toda la noche en una litera compartiendo compartimento con otras 5 personas, en un tren Estrella de Barcelona a Madrid.

Mi cita con Doña Carmen es a las once horas de la mañana. Me sorprendió que me citara en su propia casa, pensé que este tipo de encuentros los haría en salas públicas o bares de los históricos o literarios de los que hay por Madrid, pero no, fue en Doctor Esquerdo. Recuerdo que decidí bajar en la primera parada de metro de esa calle, y de esa manera ir paseando y observando todo lo que había por los alrededores. Siempre me pasa igual, estoy tan acostumbrado a que en mi pueblo las calles sean más cortas que pagué bien caro lo de ir andando. Llegué justo cinco minutos antes de la hora de la cita. En el portal de abajo había una pequeña tienda de comestibles y recuerdo que me pedí un botellín de agua para "desencartonar" mi lengua. Aún saboreo el olor a fresas frescas expuestas en la calle que se vendían allí.

  

Subí hasta el ático y me dirigí hacia su puerta; en ella tenía colgadas un par de matrículas americanas donde se podía leer su nombre y apellidos. Buen pie, pensé, moderno y original, adjetivos que comparto a veces.

Angelines me abrió la puerta. Martín Gaite estaba al final de un pasillo largo y me invitó a llegar hasta ella seguido de la sirvienta. Mis ojos no se perdieron detalle de aquel piso. Recuerdo una biblioteca muy larga con libros blancos a lo largo del pasillo, a la derecha habitaciones, pero la más peculiar de todas: la cocina. Era una cocina antigua con un horno de hierro forjado, en fin una preciosidad que me recordaba un cuento infantil. Cuando llegué a la habitación donde se encontraba M. Gaite, Angelines se retiró.

La escritora llevaba puesto unas mayas de color azul oscuro y una camiseta blanca y su pelo blanquecino suelto y recién peinado, en esta ocasión sin su boina. Nos dimos la mano y un beso en la mejilla y me invitó a que me sentara en un sillón antiguo de una habitación, si más, emblemática, por lo pequeñita que era y por los recuerdos que tenía para ella, según me explicó después.

Me preguntó que qué me apetecía beber, y a viva voz pidió a Angelines, que se encontraba en otra habitación, que nos trajese un vaso de agua fría para mí y un zumo de naranja para ella.

Ella se sentó enfrente de mí, en una silla, junto a una mesa pequeñita, y empezamos a hablar sobre mi proyecto. Le comenté que el monólogo había tenido mucha aceptación entre el público, que gustó mucho etc...y en seguida se interesó por ver la crítica de la prensa local, y las fotos y esas cosas. La verdad es que estuvimos muy poco hablando de A palo Seco, y pronto me empezó a hablar de la nueva novela que acaba de empezar a escribir, me contó intimidades, pequeños recuerdos y simbolismos que se encontraban en aquella habitación, y nos dejamos llevar. A mí se me "desencartonó" la lengua, y me sentía muy a gusto. Pregunté todo lo que quise y más, y ella contestó a cada una de mis preguntas. No fueron preguntas relacionadas con el mundo artístico ni literario, sino de la vida, los sentimientos, la emotividad, la comunicación y las palabras; estos dos últimos temas fueron los que más nos entretuvieron.

Yo gozaba cada segundo de aquella entrevista con "mi autora", acariciaba el sofá, me pellizcaba para saber que aquel encuentro era real, y disfruté muchísimo conversando a solas en aquella habitación del ático de la calle Doctor Esquerdo.

Ella misma me dijo que muy pocos habían tenido el privilegio de estar a solas con ella en aquella habitación, cosa que aún me sorprendió más.

Sin querer habían pasado ya dos horas y media desde que había tocado el timbre al timbre, y ella me dijo que debíamos acabar porque tenía cosas que hacer.

Me preguntó si no le iba a dejar nada como recuerdo de mi proyecto, y nervioso saqué un vídeo de la obra y se lo entregué. Cómo carátula del vídeo estaba el programa de mano de la representación y se puso a leer. A las dos frases me dijo que se lo leyera yo y eso hice, cuando acabé me dijo: "no está mal, bien... bien..." le sonreí y le pedí que inmortalizara algunas frases en mi ejemplar de Cuentos completos y un monólogo. Y esto fue lo que me escribió:

" 9 mayo 98.
Para Ernesto Rodríguez, que se ha lanzado a palo seco
a montar mi obra del mismo nombre.
Suerte y Salud.
Carmen M Gaite."

A continuación ella misma me acompañó hasta la puerta y de la misma manera que nos reencontramos nos despedimos. Salí al rellano y ella sacó la cabeza para despedirme y recordarme que nos viésemos meses después en Barcelona en la presentación de su libro.

Y alli estuve meses después, junto con E. Martinell, nosotros tres solos y algún periodista.

En octubre del noventa y nueve fue nuestro último encuentro en Barcelona. Doña Carmen vino a iniciar un ciclo de conferencias en la Fundación "La Caixa" y cuando concluyó me acerqué junto con Juan Llaneras, su actor preferido, a saludarla. Llaneras le preguntó que si me recordaba y ella dijo:

"Cómo no, es Ernesto de A palo Seco."

Se acordaba de mí y eso es a lo que más valor le di yo entonces. La memoria, de la que tanto había hablado ella, la tenía intacta.

Desde entonces, en mi vida privada, social o educacional intento transmitir esa lección que fue la que mejor viví en mis pocos, escuetos y esporádicos encuentros con Doña Carmen Martín Gaite.

Me alegro mucho, de que éste, que soy yo, haya sido una persona algo más cercana a la autora que el resto del mundo. De que me enseñase un rinconcito de su corazón y de poder observar que Doña Carmen no eran tan fría como lo creí en una ocasión, comprender que la memoria nos rejuvenece y que los recuerdos son como pan, un alimento del cual depende tu existencia.

Ahora ella y nuestros encuentros forman parte de mi memoria, a la que acudo de vez en cuando para sentirme bien conmigo mismo, y para desearle paz allí donde se encuentre. Como ella misma me dijo un día desde un rincón de su casa y de su corazón: "Siempre nos quedarán las palabras".

14/02/2001

 


© Ernesto Rodríguez Triviño 2001

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cmgaite/palabras.html

Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid) 2001

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