Espéculo

Carmen Martín Gaite

 


 


Resumen del estudio

En la narrativa de Carmen Martín Gaite " el miedo a perder su identitad " se manifiesta ya en su primera obra, El balneario, publicada en 1955 y clasificada como cuento. Del temor a la incapacidad de definirse a la necesidad que uno siente de demostrarse que existe, la frontera es tenue y fácilmente se franquea. Así, en las primeras novelas de Carmen Martín Gaite, la noción de identidad aparece ya de modo recurrente. Sus personajes siempre sufren una crisis existencial. Pero, sólo podrán superar su malestar concibiendo la construcción o la re-construcción, según el caso, de su propia identidad.

Las siete novelas publicadas entre 1958 y 1994, fundamentos de este estudio, marcan la evolución del pensamiento de su autora ya que, desde Entre visillos a La Reina de las Nieves, éste va enriqueciéndose de diversos factores que se volverán indispensables para la búsqueda de sí mismo. En primer lugar, se trata, pues, de destacar estos diferentes elementos y su progresión en la narrativa de Carmen Martín Gaite. La segunda etapa permite el análisis de la relación entre dichos factores y la búsqueda de identidad de los personajes, conforme van apareciendo las novelas. Las conclusiones de estos sucesivos enfoques y estudios conducen lógicamente, en una tercera parte, hacia la teoría de la narración que la autora desarrolla ampliamente en El cuento de nunca acabar, ensayo publicado en 1983.

No obstante, la elección del análisis cronológico de las obras escogidas presentado en siete capítulos que corresponden al título de cada novela supone, primero, captar la mirada de Carmen Martín Gaite sobre la juventud de provincias, hacia los años cincuenta, gracias a Entre visillos. Esta primera novela describe, sin disimulo, pero sin rebeldía manifiesta, el universo rígido que agobia a las muchachas y del que buscan librarse Natalia y Elvira, cada una a su modo, con sus convicciones, sus frustraciones y sus límites. Ritmo lento, escrito cinco años más tarde, expresa ya cierta tendencia de la autora a la introspección por medio de su héroe David Fuente. De niño, el personaje se siente marginado y aislado de una sociedad que juzga demasiado normativa y que acabará por enajenarlo. Una vez adulto, David tratará de definirse, ayudándose de un pasado que reconstituye, en vano. Fracasará, sin que haya podido encontrar al verdadero interlocutor, capaz de comprenderlo y de compartir sus angustias.

Reconstruir sus recuerdos para ofrecerlos a un interlocutor ávido y aficionado a unas historias contadas con pasión cobra una importancia fundamental en Retahílas, publicada en 1974. El intercambio verbal, fuente de vida, constituye el aliento de esta novela: para insertarse mejor en el presente, Eulalia y Germán desarrollan, cada uno a su vez, bajo la forma de "monodiálogos", el hilo de su existencia ; cada protagonista lo tiende al otro dándole motivo para seguir evocando a su vez su propio pasado, indispensable para alimentar la búsqueda de sí mismo. Este pasado, a menudo ocultado, por ser doloroso, traduce el deseo de huir de una realidad en la que los personajes no consiguen encontrar su sitio. Para Eulalia, por ejemplo, la literatura se convierte en un refugio ideal contra un universo frío y hostil al desarrollo de la imaginación. Pero, los personajes de Carmen Martín Gaite pueden ser frágiles. Fragmentos de interior, que se publica en 1976, relata el difícil combate que llevan los protagonistas para dar significado a su vida. Luisa, la joven criada de los Alvar, descubre que la incomunicabilidad es el punto de desunión de esta familia; casi todos sus miembros, incapaces de escucharse unos a otros, se ahogan en su propia soledad, llegando así a la negación de su ser.

Sin embargo, la angustia del silencio se desvanece, en 1978, con la grata y bienhechora visita de Alejandro, el interlocutor adecuado, perfecto, ideal, a quien recibe Carmen en El cuarto de atrás. Vuelven a surgir los recuerdos de infancia, esta vez bajo una forma autobiográfica apenas disfrazada. El espacio que la protagonista-narradora otorga a la literatura, subrayada ya por las impresiones de juventud de Eulalia en Retahílas, cobra entonces una importancia que el interlocutor -tal vez el doble de la narradora- se complace en apoyar y cultivar. Por otra parte, sin que de verdad lo sepa la narradora Carmen, el diálogo entre ambos protagonistas toma el aspecto de una obra escrita, perfectamente real. Este paso de la oralidad a la escritura se confirma con la publicación en 1992 de Nubosidad variable. A los cincuenta años, Mariana y Sofía, dos amigas que alejó un amor en su juventud, también se sienten excluidas de una realidad a la que sólo en apariencia y a falta de otra solución, pertenecen. Conscientes de que su identidad se fue diluyendo con el tiempo, conseguirán encontrarse de nuevo y aceptarse una a otra, al ofrecerse mutuamente, y por medio de la escritura, la reconstitución de su pasado. Cada una descubre entonces que su identidad se descompuso en un puzzle y que la otra posee algunos "cachitos" del juego. La noción de desdoblamiento, ya presente en El cuarto de atrás, se desarrolla del todo en esta novela, concebida y estructurada a partir de la necesidad y del afán que ambas protagonistas sienten por reconstruir su propia historia que… bien podría titularse Nubosidad variable; las narraciones separadas de Sofía y Mariana reflejan la imagen que cada una conserva de la otra: un espejo doble que suscita la creación de la novela dentro de la novela ; es la continuidad de la metaficción ya creada en El cuarto de atrás. En La Reina de las Nieves, publicada en 1994, el modo de actuar de Leonardo recuerda el de Mariana y Sofía. El chico, a su vez, decide reconstituir un pasado que confusamente le atrae. Como el pequeño Kay de Andersen que alimentó su imaginación infantil, se ha vuelto insensible. Sin embargo, consigue salir del infierno adonde bajó, adentrándose en la narración escrita de la historia de su vida : una verdadera novela. Los recuerdos de niñez, atados a la pasión por las palabras lo llevan hacia una desconocida, una escritora enigmática. Curiosamente, la lectura de sus obras remite al muchacho a su propia identidad. Aclarar el misterio que rodea a Casilda, así nombrada, significa para Leonardo llegar al desenlace de su búsqueda existencial. Por su parte, al guiarle de modo irremediable hacia su persona, la soprendente interlocutora-escritora, obviamente, le facilita la definición de sí mismo.

Casi siempre, los personajes de Carmen Martín Gaite resuelven su malestar, sus angustias, adentrándose en la búsqueda de su identidad. Pero esta búsqueda no se puede concebir sin la ayuda de la memoria, dispuesta a exumar sin complacencia unos recuerdos teñidos a veces de frustraciones y heridas y que revelan una infancia o una adolescencia disfrazada de sueños, historias inventadas o leídas, únicas armas contra la monotonía diaria, la realidad incomprendida. Casi siempre también, la afición a la palabra ofrece a los personajes la posibilidad de dominar su crisis. Reconstituir el pasado supone emprender paralelamente el camino de una narración escrita lúdica, vital y salvadora que, espontáneamente, los personajes ofrecen a un interlocutor, protagonista, narrador e incluso, a veces, escritor él también.

El último capítulo del estudio enfoca de modo sintético y temático esta evolución en la narrativa de la autora. El recurso reiterado al Cuento de nunca acabar subraya el estrecho lazo entre la teoría literaria de Carmen Martín Gaite, evocada de modo explícito en esta obra, y sus múltiples aplicaciones en una novelas cada vez más elaboradas.

© A. Paoli 2001

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/cmgaite/paoli_t.html

Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid) 2001

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