jamillan.com
O cómo me convertí paulatinamente en sitio web

José Antonio Millán

   
  

Me piden los coordinadores de este monográfico que hable sobre el nodo, sitio web o página personal que gestiono, y lo hago con mucho gusto. El sitio nació a finales de 1995 o principios de 1996 (¡hace ya cuatro años!), y surgió básicamente por ganas de jugar, aprovechando que Compuserve, la compañía que entonces era mi proveedora de correo electrónico y acceso a Internet, daba espacio de web gratuito a sus abonados (quizás un mega), y proporcionaba un programita, Home Page Wizard, para crear rudimentarias páginas.

Hoy en día, cuando cualquiera te regala megas y megas para colgar lo que quieras, y tienes programas gratuitos para editar HTML, puede ser difícil entender el tremendo salto que significaba de golpe, para un usuario particular, tener ocasión de publicarse fácilmente. Abro un paréntesis para decir que la labor de educación pública que ejerció Compuserve sobre los usuarios de EEUU y Europa en la era pre-Web fue muy grande...

Pues bien: inicié mi experimento en la horrible dirección http://ourworld.compuserve.com/homepages/jamillan, y nunca he sabido qué impulsó a Compuserve a dificultar de esa manera que la gente llegara a los sitios de sus afiliados. Ourworld era la especie de Geocities avant la lettre que tenía la compañía. Creé una página de entrada que servía de bifurcación para las páginas de mi mujer y las mías propias, aunque no tardé en darme cuenta de que su afición por el ciberespacio era muy inferior a la mía, y acabé por monopolizar el sitio...

Lo primero que colgué fue uno de mis poemas, Atlántico, con ilustraciones del pintor Joan Cruspinera, que le pedí ad hoc para la Web, y me quedé tan contento. Quizás nadie nunca lo visitó (y además, Compuserve no daba información sobre número de entradas), de modo que era una experiencia un tanto anticlimática. O no: en cualquier momento, navegando con un amigo (para presumir), o yo solo (por ver si seguía allí) tecleaba afanosamente la larga dirección, ¡y allí estaba yo, al alcance de la mano!, ¡y cualquiera podía verme!

La segunda y terrible cosa que pasó fue que se me ocurrió colgar alguno de los artículos que había escrito. Luego otro, y otro más. ¡Era tan fácil! Pero había muchos... Mi vida agitada me había ido convirtiendo en autor de géneros breves (lo que quizás no importa en absoluto), y como además he tratado siempre de no repetirme, me encontraba en posesión de un motón de materiales para (re)publicar. De modo que empecé por aquellos que me daba la impresión de que podían interesar a más lectores potenciales.

Al publicarlos, normalmente no los reelaboraba (aunque más de una vez tuve el placer de restituir el texto íntegro que la redacción del medio donde apareció originariamente se había visto obligada a podar), pero sí que tracé puentes hipertextuales de unos a otros, e intenté darles alguna ordenación desde una primera página. Descubrí entonces —editorialmente, por así decir— algo que realmente ya sabía: que mis escritos se iban agrupando en torno a tres o cuatro temas, que funcionaban como atractores, y con frecuencia discurrían por sus intersecciones.  Y hete aquí que, ligados por el hilván azul de los saltos hipertextuales, mis textos renacían bajo una nueva personalidad.

En plena tarea de ir editando, relacionando y publicando mi obra pasada (y parte de la que iba generando) se me ocurrió sacarme alguna espina lejana. Fue mi tercera gran idea. Yo era, desde hacía muchos años, coleccionista de carteles encontrados en la calle, carteles extraños, en los que personas con fines a veces poco claros transmitían de forma a veces oscura cosas con frecuencia poco comprensibles a no se sabía muy bien qué destinatario, pero, ¡qué prodigios de lenguaje y de poesía involuntaria!, ¡qué abismos de pensamiento y motivación se dejaban entrever en esos pasquines azotados por las inclemencias del tiempo!

No me avergüenza decir que había intentado alguna vez publicar en medios tradicionales reproducciones, comentarios de estas obras... sin ningún éxito, por cierto. ¿Ah sí? (me dije), pues ésta es la mía... Y empecé Flor de farola, la sección que ha nacido en el sitio, y que sólo conoce la existencia electrónica. Lleva por el momento 10 entregas, porque —hay que señalarlo— las hago, como el resto de las cosas, cuando puedo, cuando me apetece, cuando me lo pide el cuerpo, o cuando un hallazgo especialmente afortunado me remueve las ganas de compartirlo con el mundo. Pero volvamos sobre el material reciclado...

Varios de los trabajos que podía poner en línea eran potencialmente muy útiles para los estudiosos de español, ya fuera como primera o segunda lengua. El Vocabulario de ordenadores e Internet lo inicié casi desde el principio de su publicación en El País, hace dos años, en la dirección http://personal.redestb.es/joseami llan (por aquel entonces estaba simultaneando mi espacio en Compuserve con un espejo local). Es una sección dedicada a explicar al lector medio el significado y la posible traducción del vocabulario de estas áreas. Tampoco me privo de hacer digresiones etimológicas, históricas o metafóricas, cuando hace falta. Se puede acceder a cada entrada por la forma inglesa o por distintas alternativas españolas. Una preocupación constante ha sido reflejar las variantes hispanoamericanas, porque probablemente en mi sitio estén entrando tanto desde América como desde la península (véase un poco más adelante).

Una idea paralela al poner la sección en línea era devolver a la Red gran parte de la documentación que había utilizado para comentar los términos. Por eso su entrada se ha convertido en una auténtica página de recursos sobre el vocabulario informático, en varias lenguas. Muchos términos tienen también documentación propia o debates (como web) e imágenes (como ratón). El texto está también ocasionalmente ampliado con respecto a la versión publicada. Unas pocas veces al mes recibo correos de los visitantes, a veces puntualizando fechas o datos, a veces discutiendo traducciones, y a veces pidiendo que incluya alguna palabra. Con frecuencia incorporo sus observaciones a la entrada.

Por lo atomizado que es el contenido del Vocabulario (casi 600 términos, en las dos lenguas), y por lo enojoso de la referencia, es la zona que me es más costosa de editar. Sin embargo hay indicios de que es útil: casi el 15 por ciento de las visitas a mi sitio van a alguna página del Vocabulario. Si a ellas añado los artículos sobre distintos aspectos de la Red, agrupados en Internet y mundo digital, podríamos decir que una quinta parte de las visitas de mi sitio buscan materiales relacionados con la Red (lo cual no me parece mucho, para lo "ombliguista" que suele ser el medio...)

A la Página de los diccionarios... le di su forma actual ya en el dominio jamillan.com (que compré harto de la degradación del servicio de Compuserve, y viendo la faena que era que la papelería que había hecho con mi dirección electrónica y URL se volviera inválida por el cambio de proveedor). La idea de la sección fue también agrupar e indizar toda una serie de comentarios sobre obras de referencia, en soporte papel y en CD-ROM. Predominan los diccionarios de lengua española, generales o de alguno de sus aspectos. También hay muchos diccionarios y enciclopedias de disciplinas diversas. En total llevo comentadas casi setenta obras.

En esta sección meto también contenido plenamente inédito: reseñas de ciertas obras que por no ser de actualidad estricta (o aparentemente demasiado específicas, aunque deliciosas) no puedo publicar en la prensa. Además he incorporado un apartado nuevo, "Voces del pasado", para comentar piezas históricas. Como tengo una buena colección personal de diccionarios, espero que vaya creciendo ("Haz una reseña de esta obra, por favor", me dijo hace poco un amigo, a quien le enseñé un precioso vocabulario del siglo pasado, "Aunque sea en Internet..."). El 11 por ciento de las visitas a mi sitio consultan alguno de los contenidos de la "Página de los Diccionarios".

Las secciones de Lengua y Literatura agrupan muchos materiales variados, entre los que destacan una zona dedicada a aspectos lingüísticos de los Insultos, que va creciendo poco a poco y tiene mucha popularidad; otra a las metáforas, a la obra de Umberto Eco, a cuestiones de teoría literaria (o incluso ciberliteraria), etc... Un apartado de Creación agrupa una muestra de mis propias obras. Los Diccionarios más los otros contenidos lingüísticos y literarios se llevan otro quinto de los accesos al sitio.

La sección de Edición electrónica es estrictamente profesional, y está orientada a editores hispanohablantes con interés por el libro electrónico, aspectos legales de la edición en los nuevos medios, etc. Es de creación reciente, pero en ella he empezado a incorporar trabajos de colegas míos (un agente argentino, un editor madrileño, el director de una editorial hipertextual argentina, otro editor salmantino, etc.). Por los accesos —limitados, pero no puedo imaginar que nadie no interesado visite estas páginas tan específicas— y por la correspondencia que recibo sobre ella, está cumpliendo su cometido. Está animada por una pequeña newsletter que envío al sector profesional cada vez que incorporo algún contenido notable...

Esta sección más la parte curricular y de presentación de mis proyectos en el sitio tiene un 10% de los accesos.

Queda el otro 50 por ciento de los accesos, que se reparten entre muy distintas cuestiones: la Página de los artistas (donde figuras consagradas están al lado de la obra de artistas populares o de otros que a mi modo de ver habrían merecido mejor suerte), una pequeña sección Antinatalista, palíndromos y juegos de palabras, relatos de encuentros con amigos, artículos sobre el calendario, los trenes o sobre arqueología industrial, sobre lo bonito que es andar, o Flores de farola. En resumen: las otras cosas que me interesan...

Y ahora los datos que me demandan las organizadoras: mi sitio está compuesto por 325 páginas, que incluyen sorprendentemente 160 imágenes (nunca las había contado: son más de las que me imaginaba). Lo tengo alojado en Rapidsite, y MKStats hace las estadísticas. Según éstas, mi proveedor sirve en estos momentos más de 20.000 páginas al mes, pero realmente cuando más ha crecido ha sido en el curso de los últimos 5 o 6 meses, en los que las páginas servidas prácticamente se han duplicado. No hago especial promoción de sus contenidos (salvo informar a los amigos de cuando cuelgo algo especial), pero sí que he detectado su aparición en buscadores y su mención en listas dedicadas a la lengua, a la terminología, al hipertexto y a temas de la cultura de las Redes.

Lo visitan sobre todo desde (por orden de importancia) España, Estados Unidos, Argentina, Alemania, México, Holanda, Luxemburgo, Reino Unido, Colombia, República Dominicana, Suecia, Brasil, Canadá, Francia y Chile. Estos 15 países agrupan un tercio del trafico total, pero los cinco primeros reúnen la cuarta parte, también del total. España y Estados Unidos están igualados nominalmente, pero la estadística atribuye a EEUU todos los .com, .org y .edu, con lo que su peso real podría bajar mucho. Las comunicaciones que vengo recibiendo de visitantes provienen en primer lugar de España, y luego, con mucha diferencia y dispersión, de cualquier otro sitio... Por ellas veo que el vocabulario de informática, la información sobre diccionarios y la relacionada con los insultos son las partes más utilizadas por estudiantes extranjeros.

Mi dedicación a la edición de mi nodo es espasmódica e intermitente (como no podría menos de ocurrir con algo que es prácticamente un hobby): a veces lo olvido durante meses. A veces lo mimo durante meses.

Si tuviera que resumir (y quizás debiera) por qué gestiono este sitio, diría: a) porque sí, porque me da placer; b) porque a través de él, y por un coste marginal, cosas que ya tengo hechas están siendo útiles a muchos; c) porque en él publico las cosas que me interesan, sin depender de nadie; d) porque me permite experimentar en asuntos de edición electrónica: v.g., ¿serviría una pseudo VR de interfaz estilo "teatro de la memoria"?, veámoslo; ¿se puede jugar con el color de los hiperenlaces para orientar sobre la pertinencia de hacer clic?, etc.; e) porque se me ha convertido en una plataforma profesional (sobre todo en la sección de Edición Electrónica); f) porque (confieso un tanto avergonzadamente) a través de él he puesto un gran orden en mis documentos, enlaces y fuentes: soy un gran usuario de su versión off-line...

Concluyo el cuestionario: ¿cómo se manifiesta en este nodo la cultura española? Me gusta pensar que además de en aspectos evidentes (vocabulario técnico, novedades bibliográficas de consulta) es una ventana a variedades de español no estándar, a aspectos del arte popular, y que su misma existencia (como la de cualquier otro sitio independiente, creado y alimentado "por amor al arte") es buena, benéfica y necesaria.

José A. Millán
31 de enero del 2.000

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