Número especial sobre Crítica Hipertextual
Journal of Digital Information

Editorial

Susana Pajares Tosca
Universidad Complutense de Madrid

La versión original inglesa de este editorial apareció en la revista Journal of Digital Information en Enero del 2001; publicamos esta traducción con el permiso de los editores.

El Journal of Digital Information se enorgullece de poder presentar su primer número dedicado a la Crítica Hipertextual, un tema multidisciplinar importante que atrae a investigadores de las areas de humanidades y la informática para formar una de las comunidades más vivaces dentro del mundo digital. Pero, ¿qué es la crítica hipertextual?

El término es bastante abierto y de hecho pretende cubrir un amplio abanico de perspectivas acerca del hipertexto desde el campo de las humanidades en general. Desde el punto de vista informático, el hipertexto podría definirse como una forma de organizar información utilizando programas que admiten diferentes tipos de estructura (se puede ir más allá de la linealidad del libro) y pueden integrar lenguajes diferentes (palabra escrita, imágenes, audio, video). Los informáticos que trabajan en este campo suelen ocuparse de implementar diferentes tipos de enlaces, de crear software que permita que los autores trabajen de modo eficiente con relaciones, etc. Los críticos hipertextuales trabajan con este software o con los lenguajes informáticos utilizados para construir estructuras hipertextuales y piensan acerca de cómo su uso puede afectar al modo en que presentamos o recobramos información como autores y lectores, e incluso al modo en que entendemos el intercambio de información. Un buen número de críticos hipertextuales se han concentrado en cómo el hipertexto desafía nuestras creencias tradicionales acerca del texto como objeto de estudio, y cómo esto se relaciona con la polémica literaria acerca del estatus filosófico del discurso y el propio lenguaje. Por supuesto, aquí "texto" significa algo más que publicaciones o que literatura, y la crítica hipertextual también se ocupa de otros aspectos tales como las implicaciones educativas, sociales o incluso psicológicas que tiene esta nueva forma de comunicar.

Diez años después (en temas de informática esto equivale a siglos) de la publicación de trabajos fundacionales como el Hipertexto de George Landow o el Writing Space de Bolter, parecería que este campo ha llegado a su madurez, pero el revuelo que causaron estas obras todavía se deja sentir en la marea de imitadores en todos los idiomas. Estos trabajos sirvieron para convencer a los humanistas de que el ordenador era un objeto digno de estudio y no el enemigo, además de para crear una historia de la evolución de las formas textuales en la que el hipertexto era el último y superior eslabón en el constante empeño humano por mejorar sus modos de comunicación. Al mismo tiempo, la crítica hipertextual se ha establecido como la "otra mitad" permanente de las conferencias de Hipertexto de ACM, y atrae humanistas a lo que de otra forma sería una reunión exclusivamente técnica. Las dos caras de la comunidad hipertextual siguen estando bastante separadas a pesar de los intentos por aproximar a ambos grupos, con alguna notable excepción personal.

Llevamos unos años en que no surge nada nuevo en el campo de la crítica hipertextual, y todavía estamos leyendo los mismos argumentos a favor o en contra de Landow, Bolter, Moulthrop o Bernstein en artículos fechados hace unos meses. De hecho, como preguntaba Mark Bernstein en su conferencia de apertura en Hipertexto 99: "¿Dónde están los hipertextos?". Independientemente de que atribuyamos este estancamiento al lastre que supone la idea extendida por algunos de que el hipertexto "encarna" todo tipo de teorías post- estructuralistas o a que el público no lee ni se interesa por los hipertextos, el hecho es que se percibe una creciente sensación de que el hipertexto ya no es tan interesante como antaño. Parece que donde pasan cosas es en otros campos , por ejemplo en multimedia para la red o en juegos de ordenador, y muchos críticos hipertextuales se deslizan lentamente hacia estos campos relacionados.

Sin embargo yo creo que el hipertexto no ha muerto. Hay muchos aspectos que no se han investigado lo suficiente, y estoy segura de que hay nuevas e interesantes posibilidades por descubrir, tanto desde el bando de los informáticos como del de los humanistas. Y esto es lo que pretende este número especial: traer un soplo de aire fresco y una perspectiva nueva al campo de la Crítica Hipertextual.

Tenemos la suerte de contar con cuatro brillantes jóvenes autores para este número, que realmente es especial debido a su contenido y forma innovadores. Los dos primeros artículos se ocupan del hipertexto desde dos puntos de vista poco habituales en este campo: la lingüística y la semiótica cinematográfica, descubriéndonos ideas novedosas acerca del modo en que entendemos el hipertexto y cómo funcionan los enlaces. Los otros dos artículos son estudios acerca de hipertextos específicos que no se han examinado hasta ahora, ofreciendo agudas y valiosas lecturas en un campo dominado por la repetición de lugares comunes acerca de unos pocos textos aislados. Además, dos de los artículos son hipertextos además de hablar del hipertexto, y su navegación les descubrirá cosas inesperadas a nuestros lectores además de probar los límites de la forma.

El artículo de Martin Engebretsen se llama "Hypernews and Coherence", y aplica una perspectiva cognitivo-lingüística (la pragmática) al estudio del modo en que interpretamos las estructuras hipertextuales. El autor insiste en las posibilidades del hipertexto para renovar el periodismo en la red, ilustrando sus ideas con ejemplos muy apropiados de lo que ha denominado "hypernews". Un ensayo muy trabajado acerca de una cuestión un tanto olvidada en los estudios hipertextuales, será sin duda muy útil para todos aquellos interesados en saber más acerca de cómo interpretamos hipertextos.

El artículo "Hypertext in the Dark: Cinematic Narration with Links", de Adrian Miles, también está relacionado con el problemático asunto de la coherencia hipertextual. Miles ha creado un enorme hipertexto que lleva a la práctica sus propias teorías. Basándose en sus trabajos previos acerca de semiótica cinematográfica, este estudio parte de la obra de Christian Metz y otros teóricos clásicos para describir una nueva aproximación a la narrativa hipertextual, más allá de la limitación de los que sólo prestan atención a la literatura impresa como paradigma. Se analizan los aspectos espacio-temporales del hipertexto con más atención de lo que se ha hecho nunca, y el resultado es verdaderamente excepcional.

Anja Rau es la autora de "Wreader's Digest - How to Appreciate Hyperfiction", un ensayo muy atractivo que nos descubre los encantos ocultos de tres interesantísimas hiperficciones, que utiliza como ejemplos de lo que la forma puede aportar de nuevo a los lectores contemporáneos. Rehusa entrar en la discusión teórica postmoderna acerca del hipertexto y se dedica a mostrar cómo el hipertexto ofrece un efectivo espejo de las preocupaciones contemporáneas y cómo esto puede resultar atrayente para un público más amplio que el que han tenido las hiperficciones hasta ahora. El artículo se lee muy bien y a menudo resulta bastante ingenioso.

Y finalmente, Jill Walker y su "Child's game confused: reading Juliet Ann Martin's oooxxxooo", un hipertexto de forma novedosa que homenajea al texto objeto de estudio adoptando un estilo poético muy evocador. Este estudio se concentra en aspectos como la poesía visual y la materialidad del medio, mostrándonos a la vez una forma nueva de interactuar con los textos como críticos literarios. Absolutamente recomendable.

Espero haber despertado la suficiente curiosidad en nuestros lectores para que se lancen a la lectura de este número especial y aprecien los destacados cuatro artículos que hemos tenido el placer de editar para ellos. ¡Disfruten el viaje!

Quiero agradecerle al Editor Jefe de JoDI, Cliff McKnight, el haber depositado en mi su confianza para editar este número especial, un honor inesperado. Este número no hubiera visto la luz sin el trabajo duro y la paciencia de Steve Hitchcock, el Jefe de Desarrollo-web de JoDI y Steve Harris, el Webmaster de la revista. También le doy las gracias a los cuatro autores, que se plegaron a nuestras exigencias en cuanto al formato de los textos y realizaron las modificaciones necesarias sin quejarse, igual que a los necesariamente anónimos investigadores que evaluaron cada uno de los artículos para ayudarnos a seleccionarlos y mejorarlos. Este número es por tanto un esfuerzo colectivo.

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