Algunos cambios necesarios

 

Algunos lectores han intentado poner en práctica nuestras entusiastas teorías sobre la hiperficción y se han encontrado con dificultades tremendas que les han llevado a la desesperación. Creemos que sus problemas vienen de no reflexionar sobre las diferencias entre escritura lineal e hipertextual, por eso intentamos ofrecer una guía práctica de cómo escribir hiperficción desde estas páginas. A continuación reproducimos un mensaje de correo electrónico, (respetando el anonimato de su autor), que creemos resume muy bien esas dudas.

 

Estimada Susana:

Fascinado por la lectura de las obras hipertextuales que recomiendas, decidí llevar a cabo mi propio hipercuento. La idea se me ocurrió en seguida: relatar una traumática fiesta de Nochevieja que diez amigos celebran en la casa de campo de uno de ellos. El hipertexto era el vehículo ideal para reflejar todo lo que ocurriera y lo que los personajes pensaran sin tener que ajustarme a una línea de acción fija.

Un amigo enterado me prestó un programa editor de HTML y un manual, que me puse a leer con el entusiasmo que puedes suponer. A los dos días de intenso estudio comprendí que aquello era inútil: nunca me aprendería los cientos de marcas (tags) para señalizar el texto de manera que se viera bonito en un navegador. Decidí hacerlo todo a mano y dejar el ordenador para el final, porque lo que al fin y al cabo importa son las palabras, ¿no? Uno escribe siempre igual, creo yo, y yo no escribo mal, según dicen. Por la misma razón renuncié a llenar mi cuento de dibujitos como había planeado, no quería ni imaginar tener que aprender a manejar un "editor de imágenes"...

Escribía cada trozo en un papel aparte titulándolos de modo significativo para identificarlos de un vistazo. Cuando ya llevaba unos veinte trozos se me presentó el problema de cómo guardarlos, ¿en qué orden? ¿Cómo hacerle ver a mi amigo (que tendría que pasarlo al ordenador en modo hipertextual) qué trozo iba con cuál otro? Aparte de que yo mismo empezaba a liarme, porque había decidido que en cada página hubiese al menos tres opciones y aquello iba aumentando de un modo preocupante. Seguir a todos los personajes era quimérico, decidí que dos o tres se durmieran para no participar en la acción. Aún así, ¿cómo organizar aquel lío que tenía pinta de todo menos de argumento coherente? Unir el puzzle con lógica se presentaba poco menos que imposible.

Repasando los artículos teóricos esos que recomendabas para buscar una solución, reparé en que todos ofrecían ponerse en el lugar del lector para prepararle los mejores caminos alternativos previendo sus líneas de recorrido. ¿Hacerle encima el trabajo al lector? ¿Escribir varios libros por el precio de uno? De eso nada, en todo caso yo daría unas líneas y que luego siguiera las que quisiera, no me iba a poner encima a considerar todas las interpretaciones posibles que se le pudieran ocurrir a cualquiera.

En fin, que tras unos treinta folios cada vez más descorazonados, decidí dejarlo por imposible. Ya sé que otros lo han hecho, pero yo no puedo. No sé si mi agobio como escritor se extenderá a mis experiencias lectoras, de momento hoy no voy a navegar, estoy cansado de tomar decisiones.

No creas que te envío este mensaje con rencor, sólo pretendo llamar tu atención sobre cosas en las que a lo mejor no has pensado. Pónte, pónte a escribir una hiperficción, ¡a ver qué consigues!

Un saludo cansado,

XXXXXX

 

 

 

Susana Pajares Toska


marzo 1998

spajares@eucmos.sim.ucm.es