(continuación)


4. El caso de los eslavos del sur: Suposición contextual frente a argumentación

4.1. Un punto de vista croata: el nacionalismo como pérdida de tiempo

El gobierno francés ha sido en la historia europea reciente aliado de Serbia: está bien por tanto que una revista francesa presente de manera liberal el punto de vista croata sobre el desastre yugoeslavo:

Il [Tito] a bloqué le développement d'une identité européenne, c'est-à-dire démocratique et moderne. Et il a encouragé les perceptions traditionnelles des intérêts nationaux. Il nous a fait perdre vingt ans, peut-être même soixante-dix.

(Drago Roksandic, entrevistado por Jean-Marc Gonin. 'L'Express' 3.7.92: 37.)

En la traducción española sería posible emplear el perfecto compuesto ('ha bloqueado'), y 'hasta setenta' en lugar de 'incluso setenta', entre otros:

[Tito] Bloqueó el desarrollo de una identidad europea, es decir, democrática y moderna. Y estimuló las percepciones tradicionales de los intereses nacionales. Nos hizo perder veinte años, quizá incluso setenta. Porque esta idea yugoeslava, utópica en su comienzo, había nacido entre los liberales croatas y serbios. Es decir, en medios restringidos.

Desde la idea de que el progreso se opone a la tradición, en el texto se afirma que Tito ha hecho perder muchos años a los croatas y serbios:

Il nous a fait perdre vingt ans, peut-être même soixante-dix.

Nos hizo perder veinte años, quizá incluso setenta.

Antes de seguir, notemos el efecto de 'peut-être' y 'quizá': el hablante expresa que no está seguro acerca de la exactitud de lo que dice, o simplemente manifiesta falta de compromiso epistémico para no resultar tajante, y así no despertar la impresión de que se está imponiendo a su interlocutor. Podemos considerar 'même', 'incluso' desde el punto de vista de la estructuración de la oración en foco y fondo. El foco se destaca sobre el fondo; expresa uno de los posibles valores y lo enfrenta a los otros. 'Incluso' y 'même' son marcas de foco (partículas de foco las llama König 1991): la expresión con la que se construyen se constituye en foco de la oración. Hay otras formas de enfocar un componente:

Lo que nos hizo perder fue veinte años, quizá fue incluso setenta.

Para representar la proposición, partamos de la construcción sin focalización. Emplearemos un predicados de tres argumentos; el sujeto y los complementos corresponden a los argumentos, y el verbo a la función o predicado:

Tito nos hizo perder setenta años.

p(a,b,c)

perder (Tito, setenta años, nosotros)

Después realizamos la operación correspondiente en el lenguaje proposicional a la focalización. En el ejemplo lingüístico actuamos como si no supiéramos el número de años, y sí todo lo demas; en el lenguaje proposicional construimos mediante el operador lambda un predicado a partir de la proposición, empleando una variable, 'x', en lugar del dato de los años, 'c' (cf. Garrido 1988, 3.4.3):

Los años que nos hizo perder Tito fueron setenta.

lambda x [p(a,b,x)] (c)

[los años que nos hizo perder Tito] (setenta)

Abreviadamente escribimos 'x' en lugar de la expresión con el operador lambda:

[los años que nos hizo perder Tito] (x)

lambda x [p(a,b,x)] (x)

x

Otra manera de ver las cosas es considerar que 'même' marca la idea como mejor argumento en un razonamiento (Ducrot 1972):

Perder setenta años es mejor argumento que perder veinte años.

¿Cuál es la conclusión que se quiere demostrar? La palabra 'même' no la expresa: solo pide que el oyente busque por sí mismo. En este caso ha aparecido antes: Tito ha parado el reloj del progreso yugoeslavo, según el entrevistado. (Como ejemplos de otras orientaciones de análisis argumentativo, véase Grize 1982 y Eemeren y Grootendorst 1992.)

Por último, podemos aplicar la anterior idea de que hay suposiciones en el contexto, en la información adicional en que se inserta la de la expresión y que se emplea para interpretarla: existen en el contexto datos para suponer que no se perderían setenta años. El entrevistado se prepara de antemano a hacer frente a posibles objeciones, quizás las suyas propias, y rebate la posibilidad de que a partir del contexto se dedujera que el tiempo perdido no llegara hasta los setenta años. Nótese que en el contexto no figura el dato de que no fueran setenta años: lo que aparece, porque estuviera ya o porque lo introduce el hablante, es que haya datos, los que sean, a partir de los cuales se dedujera lo contrario de lo que se dice. En el contexto no puede haber el dato de que no fueron setenta años; solo habrá datos, que no aparecen, que induzcan a pensar que si se dice que fueron setenta años no parezca plausible esta afirmación.

Con 'incluso' se presupone que hay otras cantidades, y se implica que se llega a la cantidad en cuestión, es decir, que las otras cantidades son menores. Podemos pensar en la cantidad de años como si intervinieran los veinte primeros años, y se añadiera el dato de que están en juego también los cincuenta años siguientes. De este modo coincide 'incluso setenta' con otros usos, como 'Incluso Juan ha venido', en que se presupone que han venido otros que Juan y se afirma que ha venido Juan. Por otra parte, se rechaza la suposición contextual de que no se llegara a esta cantidad (o de que no viniera Juan). De este modo, podemos considerar 'incluso' como operador:

i(x) -> presup[o(x)] & sup[no(x)] & x

Se presupone (se acepta sin discusión) que han intervenido otros distintos a 'x', es decir, en este caso, que Tito les ha hecho perder algunos años (o que otros distintos de Juan han venido); se afirma que interviene 'x', es decir, que son setenta los años perdidos, o que es Juan el que ha venido; se rechaza, por último, la suposición contextual de que haya datos que hagan pensar que no se alcanzaran los setenta años, o que Juan no viniera.

A partir de esta información semántica (es decir, constante, presente siempre que se use 'incluso'), se obtiene una información según el proceso de inferencia mencionado. Los datos que harían pensar en que Tito no haría perder setenta años son de conocimiento general: por ejemplo, es difícil perder tantos años en la vida de un país. El efecto conseguido es el mismo que propone el análisis argumentativo, pero tiene la ventaja de que vale también para casos en que no hay argumentación ninguna, y de que el concepto empleado, la suposición en el contexto, permite explicar otros operadores. 'Incluso', como 'même', es, en este sentido, un conector de lo expresado con la información contextual.

Hay otros recursos de elaboración textual de conceptos. La idea de identidad europea se construye obligando al lector a hacer equivalentes 'europea' y 'democrática y moderna', mediante 'es decir'. De nuevo nos hallamos ante un operador epistémico, que obliga a una cierta valoración de la información. El análisis argumentativo parece hecho a la medida para este caso: decir 'europeo' equivale a decir 'democrático y moderno', sostiene el hablante. Es una manera de defender su concepción. Pero en realidad el hablante no está defendiendo la idea: hace algo más que exponer argumentos a su favor. Usando el conector 'es decir', impone en el oyente la equivalencia entre los términos conectados. El dato de la equivalencia pertenece al conjunto de orientaciones acerca de qué valor tiene la información tratada. Estas orientaciones no se exponen al juicio del oyente: se le dan ya hechas.

De manera análoga a la forma de imponer la idea de que lo europeo es lo moderno, se contrapone la idea de que los intereses nacionales se pueden percibir de forma tradicional. Hay así una manera buena de concebir dichos intereses, la europea, la moderna, la democrática, y una manera, o muchas, mala, malas: las percepciones tradicionales. Sin embargo, el lector puede tener otra concepción del asunto. Puede pensar que los intereses nacionales, en general los intereses propios, solo se conciben de una manera: como propios, como nacionales. En otros términos: como diferentes de los ajenos, de los extrajeros. Si no, dejan de ser propios o nacionales, y son simplemente intereses.

4.2. Un punto de vista serbio: nacionalismo y separatismo

Está bien que una revista alemana dé la palabra a un serbio, teniendo en cuenta la historia reciente de alianza de alemanes y croatas. 'El espejo', 'Der Spiegel', se decide a reflejar un punto de vista serbio, el de un renovador en los años setenta de las ideas socialistas:

Seinerzeit hat die Komintern (und auch Tito in ihrem Dienst) alle möglichen Nationalismen und Separatismen - sogar jene mit faschistischer Provenienz - genützt [...].

(Svetozar Stojanovic, 'Die serbische Tragödie', 'Der Spiegel' 26, 29.6.1992: 163.)

De nuevo aparece Tito, y, en la versión española, el conector 'incluso':

En su época el Komintern (y también Tito a su servicio) utilizó todos los nacionalismos y separatismos posibles - incluso los de origen fascista - [...]

(S. Stojanovic, 'La tragedia serbia'.)

Mediante el conector 'y', se presentan como entidades distintas el nacionalismo y el separatismo, pero como constituyentes de una misma categoría cognoscitiva. Es interesante tener en cuenta que con el término de 'separatismo' se designa el mismo fenómeno que con el de 'nacionalismo', como antes observábamos con 'Europa' y 'el continente'. La diferencia es de perspectiva: el nacionalismo es la postura política del grupo como tal, que defiende o impone su identidad a otros grupos. El separatismo, sin embargo, es la postura política de un grupo considerado parte de otro, desde el punto de vista del grupo más amplio: de ahí la idea de que su afirmación o imposición de identidad es en realidad deseo de separación. En el caso español, lo que un vasco o un catalán podría denominar nacionalismo sería separatismo para quien lo considerase una agresión a la integridad nacional española. En el caso yugoeslavo, algunos serbios pueden considerar separatistas a los croatas y llamarse a sí mismos nacionalistas, mientras que ciertos croatas se proclamarán nacionalistas. (Además lo harán en la misma lengua, pero unos la llamarán croata y otros serbio, y la escribirán con letras del alfabeto latino o cirílico, según los casos.)

Fijémonos en ese 'sogar', en 'incluso' en la traducción española:

sogar jene mit faschistischer Provenienz

incluso los de origen fascista

Aplicando el análisis anterior, con 'sogar', o con 'incluso', el hablante presenta los nacionalismos y separatismos de origen fascista como presentes a pesar de los datos del contexto que, si se menciona este tipo, harían pensar en que no se diera. Presupone los otros, que ha mencionado ya, al decir 'todos los posibles', y añade los que, siguiendo su exposición, serían imposibles. ¿Qué datos hay en el contexto de interpretación que hacen comprensible este planteamiento? El lector recordará que el enemigo declarado del fascismo era la Internacional Comunista, el Komintern (nótese el procedimiento tan extendido hoy de abreviar los nombres propios enojosamente largos; como ejemplo, el anterior 'LDOCE', el nombre 'COBUILD' que proponen los propios autores del 'Collins Birmingham University International Language Database'). Por ello no es de esperar que la Internacional Comunista, y Tito a su servicio, utilice en su propio beneficio los nacionalismos y separatismos de origen fascista, en lugar de combatirlos.

Aprovechemos la ocasión para señalar que 'auch' y 'también' tienen la misma presuposición que 'sogar' e 'incluso', implican lo mismo, pero no aportan el rechazo de una suposición contextual:

t(x) -> presup[o(x)] & x

Efectivamente, 'también Tito' presupone que otros diferentes lo han hecho, y sirve para afirmar que Tito lo ha hecho; pero no se indica que haya dato alguno en el contexto que indujera a pensar que Tito no lo habría hecho.

Así, en pocas palabras, el hablante pone a Tito al servicio de la mencionada organización comunista, y acusa a ambos de hacer lo contrario de lo que estaría de acuerdo con los datos contextuales, los datos de la historia europea. Al mismo tiempo, dado el desprestigio de la palabra 'fascista' para quienes no la usan como seña de identidad, su mera presencia sirve para desacreditar a Tito. (Algo queda claro: ni al anterior croata ni al presente serbio le merece gran opinión el recuerdo de Tito.)

5. Conclusiones: las palabras no están del todo hechas

Las ideas de nacionalismo y Europa se reelaboran en los textos mediante procedimientos lingüísticos, como el uso de la metáfora o de los aquí llamados conectores contextuales. De este modo, las palabras que las designan no son instrumentos terminados, usados por todos con el mismo sentido. Los hablantes imponen ciertas interpretaciones de estas palabras al construirlas en los textos, como por ejemplo que el nacionalismo es una enfermedad.

La valoración de la información está representada explícitamente, y es constante: aparece siempre que se usen los correspondientes conectores contextuales, como por ejemplo en la afirmación de que Europa no es ya solo blanca y cristiana, en que se conecta lo expresado con la suposición contextual de que lo siguiera siendo. La información semántica de este tipo de palabras permite conectar la idea explícita en el texto con los datos del contexto que se requieren para entender su sentido. Da lugar, por tanto, a procesos pragmáticos de inferencia.

Los procesos de inferencia que los conectores contextuales ponen en marcha forman parte de un fenómeno más general, el de la interpretación. El hablante construye su discurso con una determinada interpretación, a partir de cierta información contextual; el oyente, a su vez, al entender el texto construye su interpretación, guiado y en realidad obligado a ello por el propio texto. En los ejemplos analizados, los textos proponen e imponen una concepciones determinadas de las ideas de Europa y de nacionalismo.

Nota

Este texto es reproducción, con leves retoques, de la ponencia presentada en el II Seminario de Alcalá de literatura inglesa contemporánea (moral y escritura), por invitación que agradezco a Mercedes Bengoechea y Ricardo Sola, el 13 de noviembre de 1992. Desafortunadamente no recoge el animado coloquio que siguió. El apartado cuarto traduce parte de mi intervención en el Taller doctoral de verano sobre comunicación, medios e identidades, que tuvo lugar en Grenoble en septiembre de 1992, según invitación que agradezco a Enrique Bustamante, Bernard Miège y José Luis Piñuel, así como a Manuel Parés i Maicas sus observaciones en el coloquio subsiguiente.

Bibliografía


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