Entrevista


LUIS MATEO DIEZ

La conjunción de la imaginación,
la memoria y la palabra

por Carlota del Amo*

* Licenciada en Ciencias de la Información y Doctoranda del Departamento de Filología Española III


-P: ¿Estás satisfecho con el éxito de tu última novela?

-R: Sí que estoy satisfecho. Esta novela es lo que llamo una novela de llegada, primero porque estaba al final de todas las otras, por el orden cronológico razonable pero también un poco como ambición personal o como conquista estética dentro de lo que va siendo mi mundo. Era una novela tal vez más ambiciosa y compleja donde yo hacía un esfuerzo de mayor equilibrio entre un estilo más depurado y un tipo de narración más compleja. Como es una novela en la que he trabajado a lo largo de tres años, tengo conciencia de haberla rematado muy a mi gusto. Además ha tenido por ahí mucho éxito de crítica y se está vendiendo muy bien, osea que hay esa otra vertiente que a los escritores debe de interesarnos menos, pero que en el fondo nos interesa bastante, que es la difusión. El aprecio de la novela ha estado muy bien; he tenido la suerte de que es tal vez el libro mío que mejor crítica ha tenido en lo que a mí puede resultarme ilustrativo, la gente la ha visto iluminándola dentro de lo que pudieran ser mis pretensiones y eso es lo que más me ha interesado.

-P: ¿En qué se diferencia Camino de Perdición de tus novelas anteriores?

-R: Es una novela en la que he trabajado tres años muy intensamente, porque, aunque en otras novelas he tardado más, como en "La Fuente de la Edad" que tardé cinco años, lo hice trabajando de una manera mucho más informal y un mes sí y ocho no, mientras que en "Camino de Perdición" he hecho un trabajo mucho más intenso que es voy a seguir haciendo a partir de ahora.

-P: ¿Crees que has llegado con ella a tu "madurez novelística"?

-R: Aunque este es un término correoso, sí que es cierto que hay un momento en el que uno llega a la madurez en tanto en cuanto ha incrementado la conciencia de lo imaginario de forma suficiente como para saber que, sin la existencia de esto en tu vida, ésta tiene muy poco interés. A lo mejor, la vida de la realidad o la vida de lo cotidiano pierde mucho en beneficio de lo que es la vida de tu imaginación, y la vida de la imaginación de un novelista está en las novelas y la manera de actuar sobre esa vida es escribirlas. Yo creo que ese es el punto de madurez de un novelista, cuando lo fundamental para tí está en lo imaginario y no en la vida porque parece que todo lo que la vida tenía que dar de sí lo ha dado, o todo lo que siga dando a partir de ahora es exclusivamente a beneficio de tus novelas.

-P: ¿Por qué elegiste el Colegio Mayor "Empresa Pública" para presentar esta novela?

-R: Primero porque era un ámbito de amigos y un colegio mayor es siempre un sitio interesante donde hay gente joven que estudia. Me lo propusieron así y me agradó mucho la idea Todo lo que sea el acercamiento al medio didáctico de los estudios de la universidad e institutos siempre me ha gustado. He presentado muchos libros en la universidad, acudo siempre que me lo piden a los institutos a dar charlas, a estar con la gente joven. Me parece que es muy interesante, además tenemos todos un poco la impresión de que la universidad que vivimos nosotros fue mucho más precaria que la de ahora, pero la universidad del franquismo fue mucho más culturalista que la de hoy. Ahora que uno está de novelista barbudo, lo único que puede hacer es atender los requerimientos que se hagan desde esta institución.

-P: ¿Crees que la universidad fomenta la lectura en los jóvenes universitarios?

-R: Yo creo que la universidad es un monstruo de rostro más o menos desfigurado que está ahí. Lo que es importante de la universidad es que uno, cuando tiene la suerte de estudiar en ella, invierte como poco cinco años que son cruciales de tu juventud. Supongo que la universidad, como infraestrutura, no te da todo lo que quieres, ni muchísimo menos. La universidad es como la vida en general, que hay profesores que pagan el tiro y otros que no valen para nada, pero así es la vida y conviene aprovechar a los buenos. Lo que hay que hacer en esos años cruciales de tu formación es preocuparte de determinadas cosas que son fundamentales, una de ellas es toda la vertiente cultural de tu personalidad. Si en los años universitarios ni lees novelas, ni ves películas, ni vas al teatro ni oyes música, son años perdidos. Yo creo que en esos años tienes que hacer ese tipo de aprendizaje e invertir por lo menos tantas horas en la cultura como en el estudio.

-P: ¿Con qué tipo de narración disfrutas más?

-R: En cada momento con cada cosa. Con el cuento es tal vez con lo que más disfruta uno y ese tipo de cuento ultracorto como el de Los Males Menores es maravilloso, lo que pasa es que a la vez son muy peligrosos, porque es mala cosa acabar siendo dueño de una cierta facilidad, por lo que he rehuído mucho y no he querido atosigar al lector y escribir demasiado. La novela es una pasión que dura más tiempo y que acaba siendo también muy remuneradora; es una experiencia muy intensa. Lo que pasa es que los cuentos tienen a su favor lo mismo que los poemas, que los dominas y, cuando salen a tu gusto, te dan satisfaciones intensas de inmediato, mientras que las novelas te las dan tres años después, y eso es muy duro de sobrellevar.

-P: ¿Y qué pasó con tus poemas?

-R: Yo fui en un tiempo ya lejano de mi vida una especie de poeta disfrazado que jugué a ser un poeta fingido y acabé como debí acabar, como el rosario de la aurora. Escribí una serie de poemas en un mundo de amigos que publicabamos en León la revista "Claraboya", hasta cometí la tropelía de publicar un libro con aquellos poemas. Nunca más he vuelto a escribir poemas.

Sin embargo, en la poesía hay una parte muy buena del aprendizaje literario, tal vez porque, si partimos de la idea de que la poesía es el grado límite de la expresión literaria, alrededor de la poesía hay un gran aprendizaje y está muy bien hacerlo; lo que pasa es que también te lo puedes saltar siendo un gran lector de poemas y no teniendo que dedicarte tú a escribirlos. Los míos eran malos como ellos solos. También yo creo que en el arranque de una novela, en esa idea de la que parte que es una imagen narrativa, yo siempre veo en ese arranque una cierta aureola poética. Esas ideas originarias o matrices suelen ser poéticas.

-P: ¿De dónde sacas esos nombres tan característicos de los personajes de tus novelas?

-R: No son nombres rebuscados. Yo siempre he pensado que el mundo de mis novelas es un mundo imaginario y ese mundo imaginario lo he visto siempre habitado por gentes peculiares y la peculiaridad de una persona puede empezar por el nombre, sobre todo cuando estás en literatura no en la vida, por ello la peculiaridad del nombre me llena de sugerencias y le da ya al personaje una cierta aureola de extrañeza que a mí me atrae mucho.

He utilizado mucho para los nombres de mis personajes nombres de pueblos atractivos, usando ese tipo de nombres en un principio poco a poco me los he ido inventando y, es curioso, porque a veces inventas un nombre que te parece que es imaginario y luego está en la realidad, bien geográfica o bien patronímica.

-P: También tus novelas se caracterizan por la riqueza del lenguaje que hay en ellas

-R: Creo que un novelista antes que nada debe de ser dueño de la imaginación, sin la imaginación nadie escribe novelas. Pero inmediatamente después de la palabra. Hay que tener mucha imaginación y cuando más tengas mejor; con una imaginación raquítica inventas historias raquíticas. Si lo siguiente es la palabra, mal escritor debe ser el que no es dueño de ésta, y ser dueño de la palabra no es ser dueño de cuatro palabras, sino de millones de palabras. El escritor debe ser dueño de tantas palabras que ni siquiera el idioma le sirva de tantas como necesita. Aunque la suerte de escribir en español es que poseemos uno de los idiomas más ricos de la invención humana, aunque, claro, las palabras no son sólo las de ahora, las cotidianas, las que están en la calle. Las palabras de tu idioma están en la propia memoria que tiene ese idioma y la memoria está en los clásicos y en todo el devenir del español a lo largo de los siglos y de todas las imaginaciones literarias que han hecho uso de ese idioma. Yo pienso que el escritor debe ser heredero de todo eso. La literatura es también, de alguna manera, la salvaguarda del idioma y el que se acerque a las novelas lo lógico es que se enriquezca con las historias que se cuentan, con los personajes que viven en ellas y con las palabras que cuentan esa historia.

-P: Sin embargo, muchos novelistas parecen no ser dueños de este lenguaje

-R: Estamos asistiendo a un momento en el que muchos novelistas están haciendo un intento de acotar un lenguaje neutro. Parece que con este tipo de lenguaje evita uno más palabras de las debidas y con eso te puedes conformar, pero lo que se da es un empobrecimiento contundente del lenguaje. Esto del lenguaje neutro es un empobrecimiento de la realidad literaria que a lo mejor está en la vida. Yo pienso que la vida es mucho más rica que la realidad literaria de muchas novelas escritas en un lenguaje neutro y, además, tengo un poco la impresión en algunos de estos jóvenes novelistas, o no tan jóvenes, que escriben un poco con un lenguaje aprendido en la traducción.

-P: ¿Los modelos para tus personajes salen de la vida real?

-R: Tengo una convicción fuerte de que los elementos sustanciales de la novela son la imaginación, la memoria y las palabras. La imaginación es la fuente de todo, pero a ésta la excita la memoria, y luego las palabras están esperando a que la imaginación baje para exteriorizar la fábula que estás escribiendo. En mi caso, yo creo que se compaginan con bastante frecuencia memoria e imaginación, y en esa compaginación se produce a veces un cierto estallido del que nace la ocurrencia de una historia que yo voy a acabar escribiendo; suele haber el tamiz de una memoria que a mí me hace ir con frecuencia a ciertas geografías provinciales que están en mi vida y que yo las he conocido mejor o que me atraen, me fascinan más literariamente que la geografía de una gran ciudad como Madrid, que es la ciudad del mundo que a mí más me gusta, pero para recrear en ella los ambientes de mis novelas. Los modelos están en una medida grande en mi propia vida atada a la memoria y excitada por la imaginación.

-P: ¿Qué pasa en León, que no hacen más que salir de allí buenos novelistas?

-R: No hay ninguna explicación razonable, la misma que para que, a lo largo de los siglos, no exista León como ámbito de la literatura. León es una de las provincias que menos ha tenido que ver en la historia de la literatura española a lo largo de los siglos, un lejano ejemplo como el Padre Isla, probablemente un autor menor, o en el romanticismo un ejemplo como el de Gil y Carrasco, unos hitos perdidos que no tienen mucha explicación. De pronto en el siglo XX hay un nucleo tan fuerte de escritores; sí es curioso que en la posguerra haya una revista literaria muy importante que es "Espadaña" y luego lo que fue "Claraboya", una cierta tradición de revistas literarias y de pronto un panorama de escritores. No hay una explicación razonable, ahora sí es cierto que León es una provincia que ha tenido una fuerte tradición de literatura oral, de imaginación folklórica y de cosas de este tipo, aunque no creo que sea esta una explicación; yo creo que esto de ahora es una feliz concurrencia. Lo que más me gusta de este panorama de escritores de una provincia como León es que, como grupo, todos somos muy amigos y hemos compartido vivencias comunes y es bonito la referencia de lo provincial en donde se ve que el mundo de la cultura no es sólo Madrid y Barcelona. El escritor provincial tuvo muchas dificultades en la época franquista para llegar a las editoriales, en estos últimos años lo provincial se ha visto valorado por la existencia de algunos escritores fuera de las grandes urbes que tienen obras además muy variopintas.

-P: ¿Los premios ayudan a los escritores o simplemente animan?

-R: Los premios literarios no queda más remedio que deslindarlos un poco. Hay premios estrictamente comerciales en los cuales juega casi deshonrosamente que van al estricto comercio y que pretenden incidir en el panorama de la cultura para vender más y para poner de relieve la personalidad social de un escritor y darle mucho dinero, generalmente son premios que se va viendo que están manipulados, que se sabe a quien se lo van a dar y que buscan un poco la fisonomía del escritor; es un tipo de premio que literariamente tienen poco valor, a no ser que luego la novela esté muy bien y tienen el interes de intentar de convertir la literatura en un hecho sociocultural en un país donde se lee tan poco y se vende tan poco que parece que es un poco necesario..., estos no tienen mucho interés. Luego, los premios literarios y razonables suelen animar al escritor porque con frecuencia, sobre todo en los inicios, el escritor está un poco desasistido, anónimo y secreto. Generalmente sirven para editar un libro.

-P: ¿Cómo ves el panorama de la novela española actual?

-R: Yo pienso que en estos últimos años se está viviendo un momento histórico muy interesante.Por un lado, porque hay una convivencia intergeneracional importante; hay una serie casi de clásicos en vida que siguen en activo, como Torrente Ballester, Delibes,... Esa generación ha convivido con la generación de los años 50 que, desgraciadamente, muchos de ellos han ido desapareciendo antes de tiempo, como Aldecoa, Benet, Hortelano. Por otro lado, una generación a la que teóricamente pertenezco yo, cincuentones que fuimos haciendo un largo aprendizaje literario y publicamos tarde y cuando lo hicimos teníamos detrás un largo aprendizaje literario; gente como Eduardo Mendoza, Soledad Puértolas y luego gente más joven como Muñoz Molina, Llamazares o Jesús Ferrero. Enseguida, gente mucho más joven. Yo creo que el panorama es de una gran riqueza por la norme variedad que hay de opciones.


Estudios Críticas y Reseñas bibliográficas

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