Entrevista

Nadie ama a
Cuba más
que Eliseo
Alberto

       

Gabriel Contreras
Escritor*
México

Monterrey NL. 28 septiembre. El sistema cubano ha demostrado que no sirve para un carajo, dice el novelista Eliseo Alberto alzando la voz. Eso rumbo al final de esta conversación. Pero antes... antes el ganador del premio Alfaguara habló sobre la escritura fílmica en la isla, sobre las relaciones entre teatro y cine, sobre la poesía y el fantasma de su padre...

Eliseo Alberto está muy seguro de que los poetas al cabo no se mueren. Así se lo dijo a Marisol Schulz en una entrevista reciente, apoyado en la idea de que el fantasma de su padre, Eliseo Diego, a veces, callada, tímidamente, entra en las habitaciones ajenas, en los cuartos de sus amigos de antes, y se sienta en la cama a ver la televisión.

El sacerdote que recibió la última confesión de Eliseo Diego en Cuba se llama Carlos Manuel de Céspedes. El podría constatar todo esto, dice el autor de Caracol Beach. El mismo le dijo a Eliseo Alberto que aquel hombre, su padre, aquel poeta, era tan inocente, tan tierno, tan blando como un niño.

Y si uno mira detenidamente los ojos de Eliseo Alberto, uno sabe que este hombre, de casi dos metros de altura, cabello entrecano y manos inmensas, también es como un niño, porque vive solamente, decididamente, tercamente para sus obsesiones y sus preferencias, porque tiene más fé en sus ideas que en las cosas, porque tiene la memoria atrapada en una jaula de palabras...

Hace bastantes años, en La Habana, un amigo me regaló un libro del cual, por principio de cuentas, no tenía noticia alguna. El libro, negro y pequeñito, había ganado el premio nacional de la Crítica y era una especie de biografía novelada, se llamaba La fogata roja y la firmaba un tal Eliseo Alberto.

La fogata roja cuenta la transformación de un niño en guerrillero en Nicaragua... Por ese entonces, el sandinismo era una mención, un tema recurrente en las mesas de café por todas partes. Así que una novela de corte sandinista no estaba de más, ni de menos...

Lo leí rápidamente, me gustó y eso fue todo. Después no supe más de ese señor desconocido llamado Eliseo Alberto... Luego, el tiempo quiso que Eliseo Alberto se comprometiera grandemente con la escritura cinematográfica (Guantanamera, Para Elisa) y la reflexión política (Informe contra mí mismo). De modo que fui a encontrármelo otra vez, ahora en las pantallas y en las librerías, dueño ya de cierto éxito...

Los embates de la vida cubana, tan llena de contrastes y misteriosas, ridículas acciones autoritarias, fueron a convertirlo en una especie de amable disidente, amable pero peligroso, tanto que el escritor tuvo que refugiarse en México.

Y ahora, en pleno 1998, ahí está otra vez el mismo Eliseo Alberto de antes, esta vez de carne y hueso, acompañado precisamente de uno de los rebeldes que, alguna vez, estuvieron a la cabeza del movimiento sandinista.

Eliseo Alberto y Sergio Ramírez están en Monterrey, invitados a participar en la Feria Internacional del Libro. Ambos han sido distinguidos como ganadores del premio Alfaguara y los presenta en el micrófono Sealtiel Alatriste.

Al término de la ceremonia, Eliseo Alberto facilita una breve conversación, que ahora se ofrece a nuestros lectores.

Eliseo Alberto participó en los inicios de la industria cinematográfica cubana. Y aunque por estos días la producción fílmica de ese país es más bien pequeña, se distingue como una gran productora de planes y guiones cinematográficos.

—Es un fenómeno muy particular. Mucho tiene que ver en eso la inteligencia de su más grande organizador, un revolucionario llamado Antonio Guevara. El supo acercar a la industria fílmica a muchos de los mejores artistas cubanos, no sólo escritores, sino también músicos y pintores. Recordarás el caso de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, que allí se formaron, en el trabajo fílmico... Gracias a Guevara, la historia del cine cubano cuenta con elementos como Gutiérrez Alea y Santiago Alvarez. El ICAIC, en Cuba, fue algo mucho más grande que una productora fílmica, fue un centro que nos enseñó a pensar...

El cine cubano nunca ha logrado tener una producción notable en términos de cantidad, dice Eliseo Alberto mientras pide un poco más de café, pero sí ha sabido auspiciar el surgimiento de una nueva camada de escritores.

—Si tú observas con detenimiento, te darás cuenta de que, en estos momentos, en las librerías españolas y en cualquier librería actualizada, los cubanos llevan mucha delantera... Senel Paz, Estévez, Zoé Valdez, yo mismo, todos, sin excepción, pasamos por la ruta de la formación cinematográfica. Es algo muy curioso.

Uno de los grandes dolores de los escritores cinematográficos es que su obra jamás llega a ser conocida por el público sino es a través de la realización para la pantalla. Eliseo Alberto nos habla de ese drama.

—Eso es lamentable, pero así es. Yo he escrito algunas de las peores películas que se han hecho en el mundo, y algunas buenas, gracias a los directores... Un guión de cine, te voy a decir, no sirve para nada, salvo para hacer una película. Eso es muy triste, y se debe a que el cine, siendo tan poderoso, tiene una debilidad... El cine necesita que otro arte se sacrifique por él, y ese arte es la escritura... Entre el cine y la escritura existe la misma relación que existe entre el gusano y la mariposa. El gusano tiene que desaparecer para que en su lugar surja otro animal, que muchos creerán que es más bonito, la mariposa... Es muy raro, pero eso nunca pasa con el teatro, porque el teatro existe como literatura y como espectáculo escénico. Con el cine no, el cine es cine y nada más, no es, no puede ser texto... Tú puedes leer el teatro de Hugo Arguelles, y también puedes verlo en muchos montajes distintos.. Pero el cine... el cine se pone una vez y ya, si queda bien o queda mal no hay más remedio, no hay segunda oportunidad...

Sin embargo, Eliseo Alberto deja abierta una ventana para el guión como materia prima.

—Yo les digo, a los que escriben cine, que de ese guión, de cualquier guión puede surgir un cuento, una novela, todo mientras no pretendan que alguien lo lea como guión en sí mismo.

Eliseo Alberto ha procurado el ejercicio de la crítica ante la política gubernamental cubana desde hace muchos años. Ahora nos señala el perfil posible de su ruta disidente.

—Me cuesta trabajo hablar de eso. Yo he vivido siempre en la Revolución cubana. Y he leído lo que muchos escriben sobre ella. Yo, atodos llos, los divido en dos grandes grupos. Los apologistas de la virtud y los apologistas del defecto.... En ambos casos, caen en la misma trampa, porque el camino de las apologías es muy poco creíble y acaba jodiendo los argumentos del contrario...

Eliseo Alberto se frota una mano con la otra y luego se lleva la mano derecha a la boca, como si quisiera quedarse callado.

—La Revolución es algo más que un gobierno, y en el caso particular de Cuba la Revolución es también la gente, el pueblo... Ellos han hecho muchas cosas más allá de sus gobernantes... Yo soy de los que piensan que, ahora, lo que necesita Cuba no es el ejercicio de la apología, sino una concordia, el establecimiento de la paz... En ese sentido, los norteamericanos y muchos de los cubanos que viven afuera se han equivocado al tratar de hacer la guerra a través del bloqueo, el sabotaje, el terrorismo... El unico camino, para la Cuba de ahora, es la paz. Tenemos que aprender a vivir en paz. Los cubanos, desde hace cuarenta años, vivimos en guerra. La vida entera de mi generación ha sido la guerra. Y ahora se precisa un nuevo ciclo, un proceso de continuidad y de ruptura. Continuidad con nuestras conquistas y ruptura con nuestro sistema económico e ideológico, que ha demostrado que no sirve para un carajo...

Los exiliados cubanos, desde Miami, desde Nueva York, suelen ofrecer la alternativa de la nostalgia como posibilidad de vida a los cubanos que viven en la isla. Eliseo Alberto opina a ese respecto.

—Aunque quisieran, no pueden. El regreso es imposible. Siempre se va. Uno va y va y va. El regreso es una metáfora, un recurso literario. Y el que quiera regresar al pasado de Cuba, no podrá hacerlo, porque ese pasado no existe más. Eso se acabó... Yo he sido muy crítico con Fidel y con el gobierno de mi país. Yo, además, he recibido numerosas críticas de parte del gobierno cubano, críticas hasta insultantes, pero yo no escribiré nunca nada que le haga daño a Cuba. Antes de eso, mejor me corto la lengua y los brazos... A mí me gusta decir, y estoy dispuesto a demostrarlo, que nadie ama más a Cuba que yo. La pueden amar como yo muchos, millones, no digo que no, pero más no, más no... porque eso es humanamente imposible...


© Gabriel Contreras 1998
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid


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