Creación/Memorias


Adolfo Bioy Casares

Una magia modesta

Barcelona, Tusquets, 1998, 159 pp.


El argentino Adolfo Bioy Casares, nacido en Buenos Aires en 1914, tiene en su haber una larga existencia como escritor que fue reconocida en 1990 con la concesión del Premio Cervantes. Su nombre, íntimamente unido al de Borges por lazos de amistad y al de las hermanas Ocampo por vínculos familiares, se dio a conocer en los primeros números de la revista Sur, uno de los títulos claves del desarrollo de la vanguardia en el país del Río de la Plata. Junto a Borges, Bioy escribió diversos cuentos que en la actualidad propician un grueso volumen de narraciones, recogido por Emecé, publicado en 1972, y cuya última y definitiva edición consta con fecha de 1981, sin que hasta el momento sean posibles otras reediciones. Al parecer el maestro argentino no quedó muy satisfecho de muchas de estas colaboraciones y la Fundación Borges de Buenos Aires, dirigida por María Kodama, no autoriza dicha publicación. Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), con el seudónimo de B. Suárez Linch, Los orilleros-El paraíso de los creyentes (1955), Crónicas de Bustos Domecq (1967) y Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977) son los títulos que vieron la luz como consecuencia de esta relación literaria.

Consecuencia de estas colaboraciones es el hecho de que el nombre de Bioy Casares siempre haya figurado a la sombra del de Borges, realidad que no hace justicia al valor y mérito que reúne su obra, especialmente su serie de cuentos fantásticos y cuentos de amor, que constituyen un corpus autónomo de la obra borgiana dentro de la literatura argentina. A esta injusticia ha contribuido el propio Bioy al reconocer en sus Memorias que el hecho más importante de su vida fue el conocer al autor de El Aleph.

Sin embargo, es en las dos últimas décadas cuando la obra de Adolfo Bioy Casares se revalúa como una de las grandes muestras narrativas de la literatura en lengua española. Los estudios de Emir Rodríguez Monegal, Ofelia Kovacci y Trinidad Barrera así lo atestiguan y refrendan una carrera literaria.

La carrera literaria de Bioy en solitario se incia en los años cuarenta con la publicación de su gran novela La invención de Morel, novela en donde se muestra un artefacto capaz de inventar mundos y realidades posibles en una isla maldita que recuerda la isla del doctor Moreau. Con Silvina Ocampo publicó en 1946 la novela policial Los que aman, odian y, junto con Borges, los tres autores habían sacado a la luz dos antologías: Antología de la literatura fantástica (1940) y la Antología poética argentina (1941). Autor de un buen número de novelas entre las que destacan Dormir al sol, El sueño de los héroes, El héroe de las mujeres, La aventura de un fotógrafo en La Habana y Una muñeca rusa, es autor de un centenar de cuentos que se encuentran entre lo mejor de la literatura universal de carácter fantástico de este siglo.

Autor nonagenario que ya ha mostrado toda su producción, en la actualidad lleva aquejado de continuos achaques un retiro glorioso en Buenos Aires del cual dice: "Por aquí dijo alguien que él era escritor cuando escribía. Yo soy escritor cuando estoy despierto y cuando sueño. No digo esto por vanidad; quiero simplemente indicar una manera de ser". Una salida de este retiro es el libro que nos ocupa. Bioy Casares nos muestra una nueva entrega de su talento creador en el volumen Una magia modesta, título que reúne cuarenta narraciones, algunas de ellas muy breves, apenas ocupan una página, en donde Bioy extrae la magia de un escritor que ha rehuido, a veces por obligación, de la gloria de los grandes que conoció en su vida. Excepto en los cuentos Ovidio e Irse, que suponen cierta extensión, Bioy concentra la valía de su experiencia como escritor de relatos fantásticos en narraciones inverosímiles que hacen honor a la trayectoria del novelista argentino.

Aunque pueda parecer en ocasiones que el autor repite métodos y estrategias de sus títulos anteriores, cosa que en realidad hace, la compilación merece la pena, pues Bioy en cuentos como Otro punto de vista, El último piso o El hombre artificial arrastra al lector hacia la sorpresa de un desenlace que sólo se vislumbra en la última frase. Mediante personajes sacados de la vida real o de la imaginación, Bioy muestra una intensa preocupación por sus entes de ficción, ya que, como en el caso de Borges, la preocupación metafísica sirve al personaje para situarse ante un interrogante. Lo fantástico sitúa a los personajes frente a cuestionamientos que sirven para demostrar sus personalidades. Por ello, como ha señalado Manguel,, "las situaciones extrañas son, más que testimonio de lo oculto, pruebas de entereza". Y este extrañamiento, esta causa de la sorpresa que motiva el interés del lector se plantea a veces, con unas pocas líneas, dada la brevedad del relato, en las que el autor argentino nos descubre el absurdo de la vida cotidiana mediante una ruptura de la ley causal de la acción y el mimetismo de la realidad, y a su vez, una técnica realista que sucumbe ante lo inverosímil nos sume en un estado de inquietud que suena a magia, la magia que se desprende de un texto redactado por un autor de mérito poco habitual.


Luis Veres


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