La Hispanidad
un acercamiento
deconstructivo

       

Dra. Mercedes Carbayo Abengózar
Nottingham Trent University (UK)



"Entre los grandes navegantes y descubridores de estas épocas citaremos en primer lugar al portugués Bartolomé Díaz, que bordeando las costas africanas, consiguió pasar la punta meridional de África. Pero el portugués más glorioso, el que consiguió llegar a las Indias dando la vuelta alrededor de África, es Vasco de Gama. Después de vencer penalidades sin cuento, en el año 1498 llegó a Calicut, que era uno de los centros comerciales de la India para el tráfico de especias. Y mientras esto hacían los portugueses, los españoles, al mando del marino Cristóbal Colón, realizaban una cosa más importante; en su afán por encontrar un camino para ir a las Indias a través del Océano Atlántico, descubrieron un nuevo continente: América".

 

Cuando escribí el abstract para esta conferencia, allá por el invierno de 1996, la Enciclopedia de Álvarez aún no se había re-editado. La tenía en casa como uno de esos libros que una guarda con cariño a pesar de su contenido. Allí se encontraban impresas muchas de las ideas que habían configurado mi niñez y mi adolescencia; ideas que aprendí muy pronto a rechazar por absurdas y sobre todo, discriminatorias por decir algo suave.

Cuando empecé a tomarme en serio el tema de la tesis doctoral, me acordé de la Enciclopedia y la rescaté de la caja de libros polvorientos que yacen debajo de la cama en casa de mi madre. La publicación de El florido pensil de Andrés Sopeña Monsalve en 1994, me hizo de nuevo volver la vista hacia aquel libro que era un compendio de disciplinas y donde (y esto era lo que más me interesaba en ese momento) la Formación Político y Social era distinta para niños y niñas.

Uno de los conceptos que se definen dentro del apartado de Lecciones commemorativas, tanto en la Enciclopedia de Segundo Grado como en la de Tercer Grado es el concepto o celebración del día de la Hispanidad, el 12 de octubre. En ambas enciclopedias se resalta la idea de la misión evangelizadora y civilizadora de España en las tierras del nuevo mundo, a donde los reyes españoles llegaron aparentemente llenos de generosidad y crearon escuelas, universidades, iglesias y adelantos de todo género por lo que las naciones de América, llenas de gratitud, tuvieron a bien formar parte de lo que ellos llamaron cariñosamente la Madre Patria como sus hijos y crear una comunidad espiritual. En la enciclopedia de tercer grado se acaba dando una definición de Hispanidad basada en todo lo dicho: "Hispanidad es, pues, una especie de imperio espiritual que determina en el mundo un mismo modo de ser, de obrar, de sentir y de creer".

Voy a partir de esta ida para empezar mi exposición a la que voy a considerar como un ejercicio de clase de los que hacía cuando era pequeña. En las tareas que la enciclopedia proponía se nos pedía siempre que leyéramos varias veces la lectura de la lección e hiciéramos luego un ejercicio de redacción sobre ella. El encabezamiento de mi redacción será por lo tanto: LA HISPANIDAD.

 

El día de la Hispanidad tiene su origen en las celebraciones de la fiesta del 2 de mayo, día de la libertad, por decreto de las Cortes de Cádiz, en el que se celebraba la defensa de la soberanía española sobre las tropas de Napoleón. Se celebraba el día en que los españoles pagaron con su sangre la defensa de la patria/nación, por lo tanto era una fiesta política en la que se ensalzan los primeros mártires de la libertad. Esta idea de mártires proveniente de una cultura católica, junto con la abundancia de creación de símbolos patriótico-religiosos en los años veinte, como por ejemplo, la consagración de España al Sagrado Corazón, hace que este día adquiera desde principios del siglo XX un cariz religioso.

La unión de la religión católica y la historia ha sido expresada por numerosos estudiosos. Es particularmente interesante el libro de Carolyn Boyd Historia Patria, en el que se hace un repaso del concepto de nacionalismo desde la educación, desde 1875 hasta 1975 y donde se puede ver hasta qué punto la religión católica ha influído en la creación de una conciencia nacional.

Siguiendo en esta línea, según la Enciclopedia, el Cristianismo entró en España de la mano del apostol Santiago al que cuando se encontraba a las orillas del Ebro descansando de tanto predicar, se le apareció la Virgen sobre un pilar para darle ánimos y mandarle edificar allí mismo un templo en su honor. También le dijo que España iba a ser su nación preferida por eso cuando se decide crear un día de la Hispanidad, un día de celebración de lo hispano, se elige a la Virgen de Zaragoza como patrona de España y de los ejércitos que luchan por salvaguardarla, concediéndosele al mismo tiempo el título de capitana de los ejércitos de la Independencia del 2 de mayo debido a las batallas que por esta causa se lidiaron allí. Ya tenemos todos los elementos necesarios para entender el sentido del día de la Hispanidad: se trata de la celebración de lo hispano, de esa "raza" como se le llamó también al día, favorita de la Virgen, valiente y emprendedora capaz de realizar una acto tan patriótico-simbólico como es descubrir un nuevo continente y llevarle su espiritualidad. Es, en una palabra, la afirmación de la identidad nacional.

Es de esta manera como se pasará la fiesta de la libertad y el patriotismo del 2 de mayo al 12 de octubre, día que se celebra la llegada de Colón a tierras americanas junto con la celebración del día de la capitana de los ejércitos, la Virgen del Pilar. Así, lo que en principio tenía una identidad laica y política pasa a formar parte de la moral católica tradicional.

Es interesante la idea de "raza" unida a la celebración patriotico-religiosa. Ya Menéndez y Pelayo en 1880, había interpretado la identidad nacional como un concepto esencialista donde la idea de "raza" o "casta" se inclinaba hacia la ortodoxia religiosa: Dios es católico, es hombre y es blanco (y español si me apuras). Es esta mezcla explosiva de patriotismo, raza y religión, la que va a dominar la intelectualidad conservadora de principios de siglo y la que definitivamente se elegirá para regentar la España franquista. Por lo tanto, la conexión entre el patriotismo de la Independencia y el del llamado Descubrimiento reside precisamente en esa insistencia por darle a todo un carácter religioso. Cuenta la Enciclopedia de Tercer grado de Álvarez, que aunque la aparición de los Borbones en España de la mano de Felipe V mejoró la administración pública y se recobró gran parte de la moral que los españoles habían perdido con los Austrias, construyendo edificios, academias y bibliotecas y hermoseando las ciudades, en el orden espiritual se perdió mucho: "pues el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra historia, fue sustituído por el indiferentismo francés" (p. 472). De ahí parece venir el que los españoles se rebelaran contra ese espíritu laico e indiferente a la religión y se sublevaran el 2 de mayo de 1808, adquiriendo, como hemos dicho, ese componente de guerra santa que caracteriza a todos los encuentros bélicos del imperio: "Este día los madrileños se cubrieron de gloria, pero tuvieron que sucumbir ante un enemigo tan despiadado que, además de ser más numeroso, poseía mejores armas" (p. 475). Otros nacionales ganarían a los franceses en posteriores ocasiones, una de las más legendarias fue precisamente la batalla de Zaragoza, que dió lugar a una canción, El sitio de Zaragoza, y a una leyenda, Agustina de Aragón, la cual tomó una mecha de la mano de un artillero moribundo y "comenzó a disparar con tal denuedo que los franceses tuvieron que retirarse". Lo que le ocurrió a esta joven heroína parece ser que fue felicitada por el general Palafox y tras concederle un sueldo vitalicio se le concedió el grado de alférez. Sin embargo, finalizada la contienda se casó con un militar y se dedicó a sus labores. No obstante Agustina de Aragón fue un ejemplo para las niñas que siglos después estudiábamos la historia de España como lo fue su precursora Isabel la Católica bajo cuyo reinado se descubrió America. Los dos hechos históricos a los que estamos aludiendo, la guerra de la Independencia y el descubrimiento de América tienen como protagonistas a dos mujeres unidas entre ellas por la presencia mariana. Ambas mujeres eran estudiadas como representantes del prototipo de espíritu español consistente en una fortaleza casi inhumana, precisamente porque venía directamente de la Virgen de Zaragoza y su deseo de que España fuera su nación preferida, lo que les confería una situación muy especial. Como ejemplo, la descripción que La Enciclopedia hace de la reina Isabel:

Mediana de estatura, bien compuesta en su persona y en la proporción de sus miembros, muy blanca y rubia, los ojos entre verdes y azules, el mirar gracioso y honesto, las facciones del rostro bien puestas y la cara muy hermosa y alegre. Señora instruidísima, dotada de altas cualidades de gobierno, animada por grandes ideales e influída por entusiasmos patrióticos y religiosos; prudente y generosa, influyó de una manera decisiva en el desarrollo de los sucesos que se realizaron en su época y en el giro que tomaron los asuntos políticos de su tiempo (p. 443).

No hay que leer muy detenidamente para darse cuenta que tanto la descripción física como la de sus virtudes, asemeja mucho a la de la imagen de la Virgen típica del momento, rubia, de ojos claros, blanca y hermosa. Siempre me ha llamado la atención la representación de la imagen de la Virgen en la literatura y el cine de la época como una mujer blanca vestida de azul celeste, más parecida al estereotipo nórdico que al sureño, algo interesante si pensamos en la cantidad de vírgenes negras que hay en España (llamadas eufemísticamente "morenas"), particularmente la Virgen de Guadalupe, protectora junto a Santiago del espacio nacional. En un mundo dominado por la raza blanca, en un momento en que los esclavos negros eran utilizados por la mayoría de los europeos en sus viajes al Nuevo Mundo, se impone la imagen de lo bueno, lo claro, lo apolíneo en contraposición a lo negro, lo oscuro, lo dionisíaco. Craso error, porque como veremos, los españoles nunca pudieron ni podrán por más construcciones que quieran crear desembarazarse de su parte negra, de sus raices bereberes, moras, judía, gitanas, de su mestizaje.

Podemos así unir estos dos hechos históricos que curiosamente tienen como protagonistas a sendas mujeres y un ideal común: la recuperación de una construída espiritualidad española y a su vez, la expansión de esa espiritualidad por el resto del mundo, algo que los historiadores Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga llaman "marca hispánica".

Las conexiones femeninas en la interpretación de la historia desde el catolicismo se han hecho siempre teniendo como figura principal a la Virgen María en su papel de Madre de Dios y del mundo, en su representatividad como madre de familia. Como apuntó Manuales Manjón, el embrión de la Patria podemos encontrarlo en la familia patriótica, cristiana, honorable y bien organizada. Por eso el franquismo, como recuperador del discurso católico tradicional, se cuidó mucho de aleccionar a las futuras madres del papel que España había jugado en la historia del mundo para que así se lo transmitieran a sus hijos, como podemos ver en este extracto de una revista femenina de 1940:

Ya te he dicho que por la situación estratégica España ha sido víctima de malsanas apetencias extranjeras. La última tentativa de conquista la ha realizado el comunismo bolchevique. Pero ahora como en la Reconquista, como en la Guerra de la Independencia, el genuino pueblo español se puso en pie, e identificado con su ejército lanzó a sus juventudes a una lucha titánica y sublime en la que se disputaba con la existencia de la Patria, la cultura y la civilización cristiana.

Una vez más es la Patria y la civilización cristiana lo que tenemos que defender y lo hacemos a través de la familia. De esta manera, las mujeres, dentro de este discurso, se convierten no sólo en base de la reproducción física, al ser las responsables de los futuros héroes de la Patria, sino también de la reproducción ideológica, por lo que se convirtieron así en parte y a la vez, víctimas del sistema. Este poderoso discurso de lo femenino hizo que las mujeres ser convirtieran en representantes de un único nacionalismo matriarcal haciéndolas aparecer como las heroínas de una metáfora esencialista, mujeres madres de la nación. Así, la palabra Patria, adquiere una especie de dramatización sensiblera y en cierto sentido, femenina (me refiero a las referencias femeninas). Amar a la Patria es amar a la madre, a la que pertenecemos por sangre, nacimiento y creencias, es el amor puro, virginal, como podemos ver en el poema de L. Díaz que aparece en la Enciclopedia:

Dulce nombre que vibra y centellea
es el nombre de patria bendecido;
él mueve en el corazón, late en la idea
y arrulla con su mágico sonido.

La patria es lugar donde nacemos,
la patria es el rincón donde morimos,
la plegaria primera que aprendemos,
la caricia postrer que recibimos.

Patria es el suelo venerable y santo
que el hombre siempre embellecer procura;
el habla maternal y el primer canto,
el aire bienhecho, la luz más pura...

La patria es fe, la patria es heroísmo,
fe del mártir, emblema del soldado,
lazo del porvenir que une al pasado
como puente de luz sobre un abismo.

 

Me estoy refiriendo a un discurso oficial, monolítico y autárquico, basado en lo que he dado en llamar el discurso barroco de las tres "pes": pureza, poesía y patria. La palabra barroco, como palabra de origen español y portugués, describe a la perfección un tipo de discurso elaborado, grandioso, enérgico, que utiliza expresiones grandilocuentes con la intención de llamar la atención por medio de un dramatismo innecesario y mal dirigido. La poesía hace referencia directa al barroquismo, como vehículo para entender los mitos de la cultura común, al expresar memorias históricas, símbolos y tradiciones. Es la poesía de los himnos, que en palabras de la enciclopedia de Álvarez: "nos recuerdan que el sentido poético va siempre unido a los acontecimientos históricos (p. 488)". La pureza la entendemos en el sentido de unidad, exclusividad, representado en el eslógan franquista "una, grande y libre". Se refiere a una en el mando, una en la religión y una en el territorio (también incluye la pureza virginal). Y finalmente, la patria es el lugar simbólico donde se albergan la poesía y la pureza. Es un discurso que lo abarca todo, penetra en todo y lo impregna todo como afirma Foucault:" reaches into the very grain of individuals, touches their bodies and inserts itself into their actions and attitudes, their discourses, learning processes and everyday life". Pero no es en ningún caso, como veremos, un discurso que no admite resistencia.

Como hemos dicho, el descubrimiento tuvo siempre ese carácter religioso que le dio la presencia de los reyes católicos y la ancestral idea de que junto a la espada va la cruz. En la Enciclopedia de Álvarez se habla de la obra de España en América y la leyenda negra. Dice cosas como que "ninguna nación del mundo puede presentar una hoja de servicios tan limpia como la de España referente a la conquista, civilización y evangelización de América" (p. 451) y habla de enemigos tradicionales e implacables que con sus acusaciones ayudaron a crear la leyenda negra: "que ciertos países extranjeros, apoyados por algunos malos españoles, han venido vertiendo sobre España a lo largo de los siglos". En primer lugar, estos países extranjeros son precisamente los que paradójicamente van a ayudar a crear esa marca hispánica de la que hablábamos antes al crear una línea divisoria entre "lo hispano" y lo "sajón" como afirma Abdoolkarim A. Vakil, porque si bien entre portugueses y españoles siempre hubo diferentes e irreconciliables caracteres ét nicos, lo que si es cierto es que:

An alternative trend celebrated their `Iberian genius’ accentuating, instead, the parallels in the expansion of the two nations and particularly its spiritual and civilising mission, against the prosaic rapacity and commercialism of Anglo-Saxon expansion, -the `other’ of Hispanic civilization.

Por lo tanto, esa idea de espiritualidad hispana (o ibérica) es la que va a crear esa marca, esa raza, ese alma basada en la importancia de la Virgen, del espíritu religioso y de la común misión de deshacerse de sus raíces mestizas y crear una imagen ibérica blanca y limpia como la imagen. Por su parte, la idea de malos españoles, no patrióticos, no creyentes, alude de nuevo a la interpretación de la historia de España como la historia de su Iglesia, una historia en la que la trilogia de la Trinidad parecía tener su homónimo en la otra Trinidad nacionalista: Dios, Patria y Rey, como concepto de lo español, donde los monarcas son la personificación de las virtudes cristianas, la nación, un concepto que se confundía con el de Patria, era una comunidad de creyentes y por tanto los no creyentes quedaban excluídos. Un patriota siempre rechazará a los revolucionarios, innovadores y europeizantes (es decir, sajones) que pretenden destruir la esencia de lo español y esta idea es precisamente la que se intentó exportar a América.

En 1898, año del cual celebramos ahora el centenario, la crisis de identidad provocada, entre otras cosas, por la pérdida de las últimas colonias o tal vez por la pérdida definitiva de ese imperio espiritual que había supuesto la creación de la Hispanidad, Rafael de Altamira y Crevea propone la recuperación ideológica del pasado para los españoles de manera que puedan proyectarse en el futuro y desembarazarse de la mala reputación en el extranjero y propone empezar por la leyenda negra americana. Como embajador del hispanismo, en 1898 Altamira propone un programa cultural de cooperación e intercambio en la educación para reestablecer los lazos rotos con América. Desde su punto de vista, el mayor defecto del carácter nacional era la falta de solidaridad entre los españoles y como buen institucionalista creyó que sólo mediante una modernización en la educación, España sería capaz de formar parte del mundo moderno, o sea europeo y sajón. Mientras que para Altamira lo importante era mirar en la historia las contribuciones que la nación española había dado a la humanidad, para los historiadores católico-nacionales de su tiempo lo importante era de nuevo resaltar ese particular genio de la raza (o en términos religiosos) alma española, su diferente espiritualidad, su forma de ser diferente. Es precisamente este concepto de lo diferente, el que le va a interesar a los ideólogos del franquismo y a los que se rebelaron contra la idea de un gobierno aconfesional republicano que pusiera en tela de juicio el concepto de Trinidad: Dios, Patria y Rey. Con ellos se desenterraría de nuevo la idea de autoridad, Estado integrador y contrario a la concepción liberal de los partidos políticos y la idea de que sólo a través del catolicismo sería posible la vertebracion de España. Martín Gaite en su libro Usos amorosos de la posguerra española cita un artículo de Antonio Castro Villacañas escrito en mayo de 1948 en el que se expresa en estos términos:

Que sea español nuestro amigo y nuestro criado y nuestra novia, que sean españoles nuestros hijos. Que no haya sobre la bendita tierra de España otras costumbres que las nuestras. Y si esto es un feroz nacionalismo, pues mejor. Y si el que defiende esto es un absurdo retrógrado, pues mucho mejor. No queremos el progreso, el romántico y liberal, capitalista y burgués, judío, protestante, ateo y masón progreso yanqui. Preferimos el atraso de España, nuestro atraso [...] que nos lleva a considerar la familia como una sociedad jerarquizada en que los padres tienen el deber de educar a sus hijos al servicio de Dios y de la Patria, y los hijos no tienen derecho a vivir su vida, sino a que su vida sirva para algo.

Así que la esperanza de muchos historiadores liberales sobre la idea de la Hispanidad, como prueba Maeztu en su Defensa de la hispanidad, interpretada por Ferrari que dice: "Pronto no sería necesario hablar ya de la defensa de un orden social católico, ni tan siquiera de la monarquía tradicional, sino simplemente de un Orden Nacional", quedo ahogada y destruída por la contienda de 1936 y los valores tradicionales católicos. La identificación de España con los principios del catolicismo volvió con toda su fuerza al mundo de la educación.

Sin embargo, lo de ser español es mucho más complicado de lo que reza en estas afirmaciones. En 1998 no podemos conformarnos con la idea de que hace cinco siglos, Cristóbal Colón desde España y Vasco de Gama desde Portugal, llegaron a América e impusieron una cultura pura basad a en las tres "pes" a las que he hecho referencia. En el 98 posmoderno o pos/posmoderno nos aplicamos a la idea del institucionalista Altamira de mirar en el pasado las posibles contribuciones que hayamos podido hacer a la humanidad y con él nos hacemos embajadores de un nuevo hispanismo, un hispanismo que como reza en toda la prensa que cubrió la última conferencia de hispanistas celebrada en Madrid el pasado mes de julio, es el hispanismo de la reconciliación entre lo nuevo y lo viejo, "el final de la confrontación entre hispanismo interior y exterior" según Miguel Ángel Garrido, un hispanismo reconocedor de las diferencias, como afirmó Agustín Redondo, un hispanismo más representativo y renovado, cuya renovación empezó según Susana Reisz en los años setenta con la aparición de los estudios culturales, los estudios del género y la vuelta de las miradas hacia los que eran las minorías o marginados. Por eso, ser español/a hoy significa ser parte de lo hispano, de un mestizaje y una mezcla que ya está superando los principios del posmodernismo. La espiritualidad que transportamos a America no era, como nos han hecho creer, una espiritualidad monolítica y uniforme. Los conquistadores que llegaron a América habían convivido con judios y moros durante muchos siglos y antes como dice Andrés Martínez Lorca:

La formación de Al-Andalus se basó en un original mosaico de razas. A lo largo del siglo VIII se instalaron en la Península aproximadamente 50.000 árabes y unos 200.000 bereberes... la mayoría abrumadora de los habitantes de al-Andalus, conversos o no, muladíes o mozárabes, eran de origen hispano-romano, y al cabo de varias generaciones de mezcla racial los diversos elementos exógenos acabaron fundiéndose en el crisol hispano.

El pensamiento español no ha sido nunca el pensamiento metódico basado en una metafísica sistemática como la anglosajona precisamente porque ha sido un pensamiento hispano, con una marca, la del pensamiento mestizo, negro, africano, moro en sus raíces. Por lo tanto, el discurso católico ha sido siempre esencialmente contradictorio porque por una parte intentaban exportar la imagen de una comunidad construída para la ocasión limpia y libre de cualquier referencia que no fuera blanca, pura y católica, y por otra parte luchaba con las mismas armas para desembarazarse de lo que ellos consideraban como ideas europeas o sajonas, las mismas ideas blancas que ellos reivindicaban. A los hombres del 98 de hace un siglo les preocupaba la idea de una España arcáica anclada en la tradición, esperpéntica, deformada en espejos cóncavos. Vieron que las respuestas podrían estar en la modernización de la educación, en la europeización de España, considerando el bendito atraso del que hablaba antes Antonio Castro Villacañas como el peor de los males del país y por eso fueron considerados malos españoles, malos patriotas y de alguna manera fueron excluídos de los estudios de bachillerato por su constante referencia a la angustia y al pesimismo en el que se suponía era el país de la alegría. Y sin embargo muchos de estos escritores volvieron los ojos a Castilla, de donde salió lo bueno y lo malo, a sus campos, a sus gentes, a su intrahistoria. Supongo que esta es la contradición que nos toca solucionar en el siglo XXI, un siglo que me gustaría pensar como el siglo del duende, de ese duende lorquiano, que recogen los hermanos Rabassó como una forma de entender el mundo:

El duende se encuentra en el espíritu de las colectividades, los ritos y las manifestaciones artísticas. El duende y la tierra frente al logos y el cielo, espiritualidad orgánica frente a tecnologías mecánicas, naturaleza contra artificialidad, lo negro sobre lo blanco, las fuerzas del mal como medio para iniciar la búsqueda y regeneración, el caos y lo transitorio frente al orden y la eternidad.

El descubrimiento de América proporcionó a los españoles una identidad que antes no tenían e influyó la creación de "lo hispano" que hasta entonces no existía de manera tan elaborada. Los conquistadores se empaparon de ideología católica y unitaria exportando una imagen que dentro de España no existía aún de manera tan definida. Según reza en The Guide to the People’s of Europe, editada en 1994, España históricamente desde fuera parece un país mediterráneo y sin embargo, en su posición dentro de Europa divide el territorio entre el "arco atlántico" que va desde Portugal a Irlanda y comprende a gallegos, cántabros, asturianos, canarios y vascos los cuales comparten características ambientales, históricas y lingüísticas comunes. Añade que: "Today, the atlantic communities have been among the first to assert a regional identity, based on geographical unity, transdending the old boundaries of nation-states" (p. 54) y por otra, la parte del Mediterráneo central y occidental con navarros, aragoneses, catalanes, valencianos, andaluces, castellanos, gibraltareños y de Baleares portadores también de rasgos comunes. Hoy el 12 de octubre no significa en la mayoría de los casos más que un día de vacaciones. Hoy ya no hay necesidad de definirnos como españoles. Tal vez aunque sólo sea de una manera un tanto esencialista, España existe como nación. Sin embargo la identidad nacional se me parece más diluída que la de otras comunidades como catalanes o vascos o andaluces cuya existencia parece necesitar mayor atención pero su identidad está mucho más asumida. Todos sabemos que Serrat nació en el Mediterráneo.

Le damos la vuelta a la afirmacion del principio: la hispanidad no es el imperio espiritual que determina un mismo modo de ver, sentir y creer. La hispanidad es una construcción discursiva que aparece como consecuencia de las aportaciones que el descubrimiento de America trajo a una sociedad ya mestiza. No se mueve desde España a América, no es un imperio, sino lo contrario, el movimiento es de América a España, es un intercambio de ideas y sentimientos, no es uniforme ni único, sino multiforme y plural puesto que no fue una España unitaria la que llegó a un solo país sino lo contrario, fue una España mestiza y desmembrada la que llegó a múltiples países. La España imperial como construcción no existía, sino que era el proyecto de los reyes católicos para el futuro.

El cordón umbilical del hispanismo, o el estudio de la hispanidad, es la lengua, una lengua también diferente y variada. Según Redondo, un hispanista es el que habla, enseña y difunde el español y sus legítimas diferencias, su interdisciplinaridad. Sin embargo, contrariamente a lo que dijo el mismo Redondo en la misma sesión de apertura del congreso de hispanistas de Madrid, no creo que los hispanistas tengamos que echar las bases de otro Humanismo intentando buscar una nueva dimensión del hombre porque el Humanismo basado en el hombre como centro del universo ha fracasado. El concepto de Hombre se ha diversificado como lo ha hecho el del hispanismo, ha cambiado su grafía: ya no es hombre sino hombres, y ha añadido nuevos elementos: las mujeres. Se dice por ahí que el siglo XXI será el siglo de las mujeres. Yo preferiría que fuera el siglo del duende, donde ese volver la vista atrás buscando nuestra contribución a la historia se haga con duende, porque con duende según Federico García Lorca, del que también se cumple en este 1998 el centenario de su nacimiento: "es más fácil amar, comprender, y es seguro ser amado, ser comprendido". Para todos los que amamos la lengua española, para los hispanistas del siglo XXI: echémosle un poco de duende.


© Mercedes Carbayo Abengozar 1998
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid


El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/numero10/hispanid.html