Creación/Memorias


Joe Kane

El descenso del Amazonas

Barcelona, Ediciones B, 1998.


 

Desde que Humboldt recorriera el Amazonas y el Orinoco y contara su historia ha pasado mucho tiempo. Varios son los libros que se han escrito sobre este río que atraviesa todo el norte de Sudamérica. De ellos destaca el de Pedro de la Peña Las dichosas selvas (Barcelona, Juventud, 1992). El recorrido total del Amazonas consta de 6300 Km. y hasta 1985 nadie lo había conseguido atravesar. Varias expediciones lo habían intentado anteriormente, bien sin conseguirlo, o bien se habían planteado desde el inicio un recorrido parcial. Esta es la aventura que nos cuenta Joe Kane en su libro El descenso del Amazonas.

La expedición formada por nueve hombres partió desde el nacimiento del río más caudaloso del mundo, desde los antiguos territorios de los incas, en los nevados más altos del sur de la cordillera andina, hasta su desembocadura en la costa de Brasil. Un largo trayecto que recorre todo el Perú y la zona norte de la selva de Brasil.

La aventura, como es de suponer, no carece de méritos a causa de su peligrosidad. Ocho hombres y una mujer intentarán por primera vez internarse en el caudal del río. Su experiencia contada por Joe Kane será todo un éxito, a pesar de que sólo cuatro miembros de la expedición llegarán a Brasil.

Kane relata esta experiencia de primera mano, como miembro de la expedición. Su historia hace un recorrido geográfico e histórico sobre los distintos puntos que atraviesa el río. Si en un principio Kane nos describe lo que es el Alto Amazonas, esta descripción resulta compaginada con el tipo de vida que siguen los descendientes de los incas en las tierras altas de los Andes, un pueblo que sigue viviendo de modo muy parecido a como vivían antes de la llegada de los españoles. Tal vez en estos primeros capítulos del libro, el relato se ve ralentizado por la relación de los numerosos incidentes en que se ve envuelto el inicio de la expedición.

La aventura de estos hombres que viajan en pequeñas canoas a través del río se detiene excesivamente en detalles de carácter deportivo que afectan a los protagonistas de la misma cuando estos hombres atraviesan los primeros kilómetros del Medio Apurimac, zona en donde el río se vuelve un turbulento infierno para los aventureros del Amazonas. Kane revela con detalles su encuentro con los miembros de un comando del grupo terrorista Sendero Luminoso, así como numerosos incidentes con los hombres que habitan los poblados próximos al río.

Las páginas más interesantes del libro las hallará el lector en la tercera parte del libro, en donde la expedición se adentra en la zona selvática de Perú, en los estados de Loreto y San Martín, zonas problemáticas para el viajero, como pudo comprobar un servidor, por la profusión en sus tierras de varias facciones de grupos de narcotraficantes peruanos que disparan contra cualquier extraño ante la duda de su pertenencia a la DEA o la CIA. El relato del río Ucayali y el Marañón aparece así como la parte más recomendable del libro.

El autor pasa con rapidez su experiencia en la selva brasileña y tal vez sea esta brevedad lo que no permite a la narración alcanzar un mérito mayor. El libro, de este modo, podría haberse mejorado bastante. La narración adquiere un carácter verista que lo dignifica. Kane nos relata la dureza de su aventura humana detallando las numerosas dificultades de la expedición, pero, en ningún momento, el narrador se adentra en la cultura que pretende describir. De hecho, el narrador no intenta explicar muchas de las posturas extrañas que halla en los distintos hombres con los que se encuentra. Tal vez porque en el Perú las cosas adquieren su propia realidad cuando el hombre deja de buscar explicaciones lógicas a las cosas.

Sin embargo, esto no es justificación para que el autor se hubiera procurado una mayor documentación que podría haber ampliado sus conocimientos sobre el incanato, el grupo terrorista Sendero Luminoso o las ciudades de Iquitos y Manaos.

A este respecto es curioso que no se diga nada de la riqueza de Manaos en el pasado a causa de la extracción del caucho, ni de su Palacio de la Opera, cosa sorprendente en medio de la selva amazónica. Estos detalles deterioran el valor global del libro que no deja de encontrar sus virtudes en un relato bien llevado y que justifica la experiencia vital de un hombre en una de las zonas más arrinconadas del planeta. Un libro, en definitiva, que salta de los momentos de pasión a instantes en donde la narración carece del mínimo interés para lograr la atención del lector.

Luis Veres


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