Cultura/Ciencia

Emilo Lledó

El silencio de
la escritura


Contenido:

    NOTA PREVIA
    PRÓLOGO
  1. HACIA UNA ANTROPOLOGÍA TEXTUAL
    1. La elaboración de la experiencia
    2. Philía y logos
    3. Memoria y escritura
    4. El texto de la filosofía y los niveles de temporalidad
    5. La necesidad hermenéutica
    6. El acto de escritura y el cauce terminológico
    7. Experiencia filosófica e historia
    8. Historia de la escritura filosófica y hermenéutica de la mediación
    9. Prejuicio histórico y verdad
    10. Speculum y mediación del texto
    11. Sobre la densidad textual
  2. ESCRITURA
    1. ¿Quién escribe?
    2. Experiencia del texto
    3. El lector y sus mediaciones
    4. El rastro del tiempo
    5. Los presupuestos del comprender
    6. El texto dialogado
  3. ORALIDAD Y ESCRITURA
    1. Temporalidad y comunicación
    2. La presencia de la letra
    3. El otro contexto
  4. SOBRE EL TEXTO Y SU AUTOR
    1. Textualismo
    2. La fórmula hermenéutica
    3. Una nota sobre Fichte, Kant y Schlegel
    4. El lector situado
  5. DESDE EL MITO DE LAS LETRAS
    1. La escritura de la mismidad
    2. La oralidad pura y el silencio de las letras
    3. La palabra como semilla

La reedición de un ensayo filosófico no deja de ser noticia a causa del escaso interés que en estos tiempos de postmodernidad y fijación por la novedad ofrece para la masa lectora un género de estas características.. La cosa resulta más sorprendente todavía si se tiene en cuenta que la reflexión del ensayo en cuestión acoge el papel del lenguaje en el desarrollo de la Filosofía. Si nos fijamos en que su autor es Emilio Lledó y que su título, El silencio de la escritura, resultó ganador del Premio nacional de Ensayo en 1992, la cosa ya no parece tan sorprendente.

Emilio Lledó en su libro analiza la necesidad de una reflexión sobre el papel de la escritura en relación con la memoria. Como se señala en la frase que se destaca en la contraportada del libro la escritura ha jugado una función importantísima en la transmisión y conservación de las ideas: "El tiempo de la vida, el tiempo que vivía en la memoria, iba aplastando esas vivencias en las márgenes del olvido. La escritura fue el gran invento para vencer esa claudicación ante el tiempo."

Lledó ahonda su análisis con incesantes reflexiones sobre la determinante importancia de la escritura como elemento guardián del pensamiento sin olvidar, por ello, la tradición. Su libro se infesta, de este modo, de numerosas referencias clásicas que remiten al mundo de los griegos, campo en el que el autor se mueve con extrema comodidad: "El lenguaje ha ido haciéndose presente a través de la escritura. Sin Platón, por poner, tal vez, el ejemplo más característico de toda la historia del pensamiento, no habría existido Sócrates. La temporalidad inmediata que respiró tan singular personaje no habría logrado resonar más allá de la orilla del río Iliso. Es posible que el estímulo producido por la ironía socrática hubiera puesto en movimiento la mente de sus interlocutores: pero el efímero tiempo de los latidos se habría agotado en la insalvable soledad de cada presente. La voz sin eco no habría inventado nunca el tiempo de la historia, o sea, el tiempo humano. Cada época sucesiva habría quedado clausurada en su propio opaco tiempo." De esta reflexión se desprende la notable importancia del elemento lingüístico como sistema de conocimiento de nosotros mismos, ya que sin el lenguaje el hombre carecería de memoria y, sin memoria, el hombre no se distancia mucho de otras especies animales.

Pero el libro de Lledó presenta muchos y valiosos significados, y su reflexión se adentra por los modernos caminos de la deconstrucción y El silencio de la escritura plantea el problema de la intencionalidad del autor en tiempos en que la sentencia de Roland Barthes sobre la muerte del autor se sigue sosteniendo como dogma. Lledó polemiza con las barreras instituidas y sopesa en su balanza la referencia a las condiciones vitales del escritor y su referencialidad en el texto: "Su acto de crear, que llega a la escritura, es una forma de intentar entenderse también a sí mismo desde otra ladera; de evocar como discurso escrito todas sus experiencias mentales y vitales, socializadas, al fin, por la suprema abstracción de las palabras. Pero en ningún momento la obra cerrada consume todas las intenciones del autor, ni hace desaparecer el campo de posibilidades que llevó a una determinada escritura y que, en el acto de escribir tuvieron, en buena parte, que desaparecer." A este mismo tema Lledó retorna en las últimas páginas del libro critica a Derrida, Foucault, Fish y Bloom, cuando dicen que "nada hay fuera del texto". Lledó pondera ese juicio mediante una opinión equilibrada que reduce la radicalidad de este aserto: "Decir que nada hay fuera del texto es, en principio, tan arbitrario como decir que todo está fuera de él. La única y fundamental diferencia consiste en algo que, al parecer, no ha sido destacado suficientemente por los autores de la muerte del autor."

Lledó ha logrado, de este modo, en esta nueva edición revisada y aumentada, aumentar el interés por los estudios sobre el lenguaje, porque hay detrás de sus palabras una tenaz defensa de la reflexión y una reivindicación del lenguaje en el sentido clásico, en el sentido que tenía para los antiguos los studia humanitatis, una defensa del lenguaje que le lleva a reivindicar el valor de lo imaginario en el hombre y la importancia del simbolismo y el pensamiento en el ser humano. El silencio de la escritura resulta un ensayo audaz, un ensayo vital, escrito con una pasión poco frecuente, un libro que derriba fronteras sin que tiemble la insondable pluma del autor y que supone uno de los mejores títulos de los últimos años: un ensayo necesario.

Luis Veres
10/01/99

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